lunes, 3 de diciembre de 2018

GÉNESIS Gente triste en lugares tristes o bajo el agua

Título original: Genezis
Hungría 2018 120 min.
Guión y dirección Árpád Bogdán Fotografía Tamás Dobos Música Mihály Vig Intérpretes Milán Csordas, Anne Marie Cseh, Eniko Anna Illesi, Lídia Danis, Zsolt Kovács, Levente Molnár, Támas Ravasz, István Szilvási, Szofi Berki, Lukács Dezsö Estreno en el Festival de Berlín (Sección Panorama) 18 febrero 2018; en Hungría 12 abril 2018; en España 30 noviembre 2018

No deja de ser una sorprendente casualidad que esta película llegue a nuestras pantallas justo el fin de semana en el que una fuerza política de extrema derecha se asienta en nuestro país, amenazando con destruir todos los avances sociales y políticos que tanto trabajo ha costado conseguir en cuarenta años de democracia, y convirtiendo definitivamente a Franco en un zombi en toda regla, por mucho que se nos advirtiera. Hungría se ha postulado como uno de los países más reaccionarios e indecentes en los últimos años con motivo de la llegada de refugiados sirios a nuestro privilegiado e intocable continente, que tanta penuria provocó y tanto arrasó en el pasado reciente en todos aquellos países que hoy claman igualdad y justicia. Y ya se sabe que allí donde reina la infamia de la derecha, la izquierda reacciona con el mejor arma que tiene, la cultura. Por eso no es de extrañar que ante tanta alarma social, xenofobia, racismo y fascismo a ultranza como ha surgido en ese país hasta hace poco reprimido por el telón de acero, surja una cinta como ésta en la que tres historias convergen en una misma tragedia, el ataque cobarde contra una familia gitana, que marca a un niño de apenas nueva años, a la novia de uno de los atacantes, traumatizada por un pasado de abusos sexuales, y a la abogada del mismo, a su vez traumatizada por la pérdida de una hija en edad temprana. Personajes tristes en paisajes grises, cuando no sumergidos en la bañera para exorcizar sus traumas, un recurso muy habitual en este tipo de películas seudofilosóficas y de apariencia indie. La simbología y la metáfora está también convenientemente servida a través del amor y el maltrato a los animales, concretamente a los perros. El problema es que su director elige un camino muy trillado en este tipo de propuestas, que no ayuda a empatizar con sus propuestas y obstaculiza considerablemente la comprensión de todo su universo, con lo que al final puede más el ego del creador que la intención de llegar a cuanto más público mejor. Su afán de hacer misterioso lo que debería ser transparente, y su obsesión por hacer que todo sea tremendamente triste, lastran el resultado de un film que debería ser valioso y provocar más de un examen de conciencia. A pesar de todo logró el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Sofía y la Luna de Valencia al mejor largometraje en Cinema Jove. Nosotros nos quedamos con la mirada profunda, triste y sincera del niño Milán Csordas como el mejor llamamiento para una movilización general que impida que el fascismo vuelva a arrasar en una Europa que parece sorda, ciega e incapaz de impedir el regreso de una de las experiencias más aterradoras e indignas en la historia del ser humano.

domingo, 2 de diciembre de 2018

LA BELLEZA DE FLORISTÁN, BARRAGÁN E IONITA

Juan Pérez Floristán, piano. Pablo Barragán, clarinete. Andrei Ionita, chelo. Programa: Papillons Op. 2, Romanzen Op. 94 y Fantasiestücke Op. 73, de Schumann; Sonata para clarinete y piano Op. 120 nº 2 y Trío Op. 114, de Brahms. Teatro de la Maestranza, sábado 1 de diciembre de 2018

Según una praxis muy extendida, no está bien visto que quien se encarga de escribir las notas del programa de mano de un concierto, lo que en cierto modo le implica en él, no debe hacer una reseña del mismo. Sin embargo puedo asegurar que me siento completamente libre de prejuicios y compromisos cuando me decido a escribir esta o cualquier otra reseña, y que debido a la excelsitud del caso, no podía dejar la ocasión de compartir mi impresión al respecto. Lo que anoche pudimos experimentar en el Teatro de la Maestranza excede considerablemente nuestras expectativas, y vaya si veníamos avisados ante el excelente sabor de boca que nos habían dejado Barragán y Floristán en tantas ocasiones anteriores en las que hemos podido disfrutar de ellos en su propia tierra. Todo un orgullo por lo tanto que demuestra cuánto talento joven ha emergido en Sevilla desde que por aquí recalan proyectos tan valiosos como los que ofrecen nuestras orquestas, la Universidad o la Fundación Barenboim-Said. Estamos de enhorabuena, sumergidos en un sueño encantador del que imploramos no salir y que el nivel de entusiasmo y excelencia que nos está demostrando esta juventud imparable no decaiga.


Sorprende por ello que entre el público se divise tan poco profesorado de estas instituciones, y aún peor, que con todas las facilidades que ofrece el teatro, no acuda más juventud que curse estudios musicales a estos eventos imprescindibles para su aprendizaje y enriquecimiento. Y ahora personalizo, que es algo que normalmente no me gusta hacer, pero es que recuerdo que siendo yo joven y habiendo desaprovechado la ocasión que me brindaron mis padres de aprender a tocar el piano y la guitarra, mi afición por la música y otras disciplinas artísticas me llevaba a invertir mi paga semanal en entradas para la entonces escasa oferta que teníamos en nuestra ciudad. El profesorado de nuestros conservatorios debería encontrar la manera de motivar más a su alumnado para que no pierdan la ocasión de asistir a eventos tan imprescindibles como el que anoche nos brindaron el pianista sevillano Juan Pérez Floristán y el clarinetista marchenero Pablo Barragán, a los que se unió otro gran amigo, el violonchelista rumano Andrei Ionita.

Aún con la respiración contenida y casi con lágrimas en los ojos, y mientras escucho el excelente registro que han grabado para el sello Ibs Classical, y que contiene las piezas de Brahms que interpretaron anoche, he de reflejar aquí la enorme belleza de la que fuimos testigos en una comparecencia única e irrepetible. Floristán introdujo con gran elocuencia y saludable desparpajo el programa a interpretar, y a partir de ahí se siguió en una primera parte dedicada a Schumann un discurso musical tan coherente como emotivo. El pianista destiló fuerza, empuje y a la vez una enorme delicadeza en su lectura de los muy melódicos y danzables Papillons, y antes de terminar ya se había incorporado Barragán para juntos ofrecer unas Romanzas Op. 94 en las que el clarinete hizo gala de una enorme expresividad, facilidad en el sutil fraseo y generosa cantabilidad. De continuo, mientras abandonaba el escenario se incorporaba Ionita, y con la permanente complicidad de Floristán, destilaron unas Fantasías Op. 73 de calidades liederísticas, expresadas con la misma exquisitez y brillantez que el resto del programa. Las sensaciones se acentuaron aún más con las dos magistrales páginas que interpretaron en la segunda parte, un Brahms con el que celebraban la doble amistad que les une a ellos y a los dos compositores en los atriles. La sedosidad tanto del clarinetista como del chelista, sus transparentes y elocuentes fraseos, así como su generosa flexibilidad, acompañadas de un siempre preciso Floristán, tan respetuoso con sus compañeros como personal en sus intervenciones, jamás como un mero acompañante sino como el perfecto vértice de un triángulo al que Brahms regaló impagables oportunidades de lucimiento, lograron una sonata para piano y clarinete de rutilantes inflexiones dramáticas y un trío de avasalladores colores e impresiones sentimentales. La propina, un arreglo del propio Floristán para trío de una de las danzas argentinas de Ginastera, colmó nuestra capacidad de asombro y estremecimiento. Música de cámara servida de la mejor forma y en las mejores manos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 1 de diciembre de 2018

TRIUNFO ESCÉNICO Y MUSICAL SOBRE EL FASCISMO

Der Diktator, de Ernst Krenek. Rafael Rodríguez Villalobos, dirección de escena. Der Kaiser von Atlantis, de Viktor Ullman. Versión de Pedro Halffter Caro. Libreto de Peter Kien. Gustavo Tambascio, dirección de escena. Rafael Rodríguez Villalobos, reposición de la puesta en escena. Pedro Halffter Caro, dirección musical. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Jesús Ruiz, vestuario. Felipe Ramos, iluminación. Nuria Castejón, coreografía. Sebastián Alfie, diseño de video. Con Martin Gartner, Natalia Labourdette, Vicente Ombuena Valls, Nicola Beller Carbone, David Lagares, Sava Vemic, José Luis Sola y las bailarinas Cristina Arias y Marta Otazu. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Producción del Teatro de la Maestranza (El dictador) en coproducción con el Teatro Real de Madrid y el Palau de les Arts de Valencia (El emperador de la Atlántida). Teatro de la Maestranza, viernes 30 de noviembre de 2018

Es un placer disfrutar como público de un espectáculo tan completo y fascinante como el propuesto por Pedro Halffter en la recta final de su trabajo como director artístico del coliseo sevillano. De la misma forma que es un placer como crítico poder abrazar con orgullo y satisfacción el imponente trabajo realizado por el músico madrileño, a quien admiramos por estos más de diez años de propuestas a veces atrevidas y provocadoras, otras adaptadas a las necesidades coyunturales casi siempre conservadoras, e igualmente constatar el talento como director escénico de Rafael Rodríguez Villalobos, a quien conocemos desde mucho antes que decidiera embarcarse en esta locura que tanto reconocimiento le está reportando. Juntos han hecho posible una velada de ópera sensacional e irrepetible, que dejará huella en la memoria del teatro y de quienes se acerquen a él en cualquiera de las tres funciones programadas. Maridar a Hitler y Mussolini en una única cita operística es por sí solo digno de aplauso, y no comprendemos cómo en su estreno en Madrid hace dos años no se optó por esta inteligente solución que sí podemos disfrutar en Sevilla. Allí El emperador vino precedido de la pieza de Ullman según el poema de Rainer Maria Rilke Canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, recitado por Blanca Portillo. Aquí por la ópera de cámara El dictador de Ernst Krenek, otro de los compositores que sufrió el ostracismo nazi y cuya música también recibió la etiqueta de degenerada. Hitler y Mussolini en la misma palestra, juzgados por la Historia y sometidos al ridículo y al análisis de esa memoria histórica siempre necesaria para que las barbaridades del ser humano no se repitan, empresa harto difícil dada nuestra naturaleza depredadora.

Recuerdo el escaso entusiasmo que nos suscitó la escenografía y dirección artística de Villalobos en su Serva padrona firmada junto a la Barroca de Sevilla que pudimos ver hace unos años en el Lope de Vega. Nada que ver con la frescura y la gracia destiladas en este Dictador colorista y desenfadado, en el que no falta la provocación (ese protagonista caracterizado como Trump podría dar mucho que hablar al otro lado del Atlántico si trasciende). Ridículo y mujeriego, tanto Mussolini como el rubiales que ocupa el despacho oval en la actualidad, su anécdota vodevilesca es llevada a escena con ritmo y vivacidad, desde esa balsa y el náufrago que recuerdan la tragedia de inmigrantes y refugiados, hasta esas televisiones que emiten dibujos animados para goce del estrambótico demonio, todo muy al estilo pop que hemos visto en el director canadiense Robert Carsen (Candide) y que entronca perfectamente con la música entre sarcástica e irónica de Krenek, muy bien planteada y paladeada por la batuta de Halffter, muy atento a no ensombrecer la potente labor del cuarteto vocal protagonista, destacando el esfuerzo y la figura de Nicola Beller Carbonne, y el considerable trabajo de expresión corporal desplegado por los cuatro, otro logro del joven director escénico.

Tras un estremecedor interludio musical del propio Halffter, In Memoriam Anne Frank, que sirvió para contextualizar la atmósfera en la que Ullman y Kien crearon El emperador de la Atlántida en la ciudad de Terezin, ese falso edén que los nazis idearon para recluir a quienes no se atrevían a aniquilar de momento, subieron a escena los extraordinarios decorados y vestuario ideados por Ricardo Sánchez Cuerda y Jesús Ruiz, esta vez sin la presencia de su árbitro, Gustavio Tambascio, fallecido a principios de este año, y ante cuya figura se descubrió un muy atento y humilde Villalobos portando su retrato en los aplausos finales. Pero el buen teatro, el ritmo, la elegancia y la portentosa puesta en escena que pudimos disfrutar anoche se debe al acertado trabajo del joven sevillano, sometiendo a todos sus personajes a un extraordinario trabajo expresivo, continuas acrobacias y sugerentes movimientos, bailarinas y espadachines incluidos, que embellecieron cada rincón del riquísimo escenario. Halffter presenta aquí su particular versión de una ópera que se concibió en un campo de concentración para apenas trece instrumentos y con aires cabareteros, y que su estreno en 1975 confirió ya un aire más posromántico y modernista, suntuoso y lírico, ahora potenciado con mayor orquesta, más pasajes instrumentales y más énfasis en la melancolía y la pesadumbre, por el sensacional trabajo de un melómano incansable como es Pedro Halffter, que imprimió a su batuta de una fuerza expresiva y evocadora extraordinarias, a lo que por supuesto la orquesta se plegó con su habitual profesionalidad. Gartner fue el dictador ideal, de voz autoritaria bien proyectada y una presencia turbadora, especialmente emotivo en sus melódicos manifiestos central y final. Lagares brilló por encima de cualquier otro trabajo suyo previo en este mismo escenario, con un trabajo infatigable y una voz perfectamente colocada. Labourdette fue en la primera obra grotesca y en la segunda conmovedora, especialmente en ese bellísimo cuarteto final que por sí solo justifica la consideración de este título como un hito operístico del siglo XX, por encima de las circunstancias coyunturales de su gestación. El bajo serbio Sava Vemic prestó su imponente físico y atronadora voz a una muerte de imborrable recuerdo, ratificando el acierto de casting de este doble programa en el que también destacaron las voces y las presencias de Vicente Ombuena y José Luis Sola, el primero como soldado en ambas óperas y Sola como Arlequín en la segunda. Tras el entusiasmo que nos ha generado esta propuesta lírica, sólo cabe esperar que quien sustituya a Halffter no haga decaer su magnífico trabajo y el recuerdo que en muchos de nosotros y nosotras deja su imborrable huella.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 30 de noviembre de 2018

HALFFTER, MARTÍN Y EL ESPÍRITU DE MAHLER A CUATRO MANOS

Ciclo Música Degenerada. Pedro Hallfter Caro y Óscar Martín, pianos. Programa: Sinfonía nº 7 de Mahler (versión para dos pianos de Alfredo Casella). Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 29 de noviembre de 2018

Aunque aún le queda el día de hoy como director artístico del Maestranza, en el que abordará el doble programa de ópera El dictador y El emperador de la Atlántida, y mucho trabajo por delante hasta terminar una temporada que él mismo diseñó, Pedro Halffter aprovechó este recital a cuatro manos para visiblemente emocionado, casi sin poder articular palabra, despedir un año duro en el que ha perdido también a su madre, Marita Caro, a quien dedicó una propina muy personal, el Passacaglia y Fuga de Bach que tantas veces tocaron juntos en intimidad. Un regalo generoso, duro y dilatado tras el esfuerzo titánico de poner en pie una obra tan compleja y mastodóntica como la Sinfonía nº 7 de Mahler, en la transcripción para piano a cuatro manos que realizó el compositor y pianista italiano, contemporáneo de Respighi, Alfredo Casella.

Aplaudimos la iniciativa de contextualizar el estreno de dos óperas tan relacionadas con los totalitarismos del siglo XX a través de un ciclo de música degenerada. Pero ni podemos llamar ciclo a sólo un par de conciertos, por mucho que el Maestranza siga acuñando el término después de que con la crisis abreviara sus contenidos, ni podemos considerar la música de Mahler etiquetable como Entartete Musik sólo por su condición de judío. Ni vivió la época ni la censura que sufrieron los compositores contemporáneos al genocidio nazi, ni su labor como autor y director de orquesta se vio enturbiada, ni tuvo que emigrar ni pasar por campos de concentración y de exterminio como sí hicieron los artistas que se engloban en este por llamarlo así movimiento. Hay muchos músicos de los que tirar para haber completado esta escueta visión de lo que realmente se llamó Música degenerada, incluso algunos escribieron páginas que entroncan directamente con esta tragedia humana, como el luego reputado compositor cinematográfico Franz Waxman, que compuso una cantata en honor a los miles de niños que perecieron en Terezin, gueto en el que vivió sus últimos años Victor Ullman, el autor de Der Kaiser von Atlantis.

Hallfter y el pianista sevillano Óscar Martín ofrecieron una versión intensa y muy trabajada de la imponente sinfonía mahleriana, una de las más difíciles de su repertorio por su espíritu controvertido y contradictorio, potenciado con la renuncia a su brillante orquestación. Salvaron un primer movimiento sombrío y lleno de complejas estructuras, armonías, ritmos y texturas, sin atisbar en ningún momento el temible aturrullamiento. El diálogo fluyó sin complejos en el primer Nachtmusik, evocador y misterioso, mientras el scherzo central sonó algo dislocado y grotesco aunque de manera más moderada de lo deseable. Los pianistas captaron el espíritu amable y encantador del segundo Nachtmusik, cuyos ecos retumbarían después en la música de Korngold, y de paso captaron nuestra atención de principio a fin. Resolvieron la marcha fantasmal del rondó final de manera agitada y triunfal, potenciando de paso su efecto corrosivo y evidenciando un notable esfuerzo, exhaustos tras más de hora y media de tensión. Somos muchos y muchas quienes echaremos de menos el extraordinario trabajo desempeñado por el maestro frente a nuestro teatro lírico, lamentamos su cese y le brindamos los más sinceros y entusiastas ánimos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de noviembre de 2018

SUPERLÓPEZ Spanish Superman Movie

España 2018 108 min.
Dirección Javier Ruiz Caldera Guión Borja Cobeaga y Diego San José, según el cómic de Jan Fotografía Arnau Valls Colomer Música Fernando Velázquez Intérpretes Dani Rovira, Alexandra Jiménez, Julián López, Pedro Casablanc, Gracia Olayo, Maribel Verdú, Gonzalo de Castro, Ferrán Rañé, Mireia Portas, Berto Romero Estreno en el Festival de Sitges 11 octubre 2018; en salas comerciales 23 noviembre 2018

Tras varios intentos de llevar a la gran pantalla Superlópez, la versión cañí de Superman, finalmente ha sido Javier Ruiz Caldera quien lo ha hecho, con resultados afortunadamente más cerca de Spanish Movie que de Anacleto, también dirigidas por el responsable de Promoción fantasma y Tres bodas de más. Y es que el proyecto se define más como una parodia literal de Superman, la película de Richard Donner de 1978, que de un producto independiente. Es cierto que las viñetas de Jan nacieron con esa vocación, parodiando cada personaje, situación y espacio del célebre superhéroe de DC Comics, si bien más adelante, de la mano de su creador y de Efepé, tomó conciencia de producto autónomo y emprendió una línea en la que era más perceptible nuestra particular idiosincrasia, que sin duda es la que debería haber adoptado su adaptación cinematográfica. A Caldera se le dan bien las parodias, como demostró en la ya mencionada y delirante Spanish Movie, y sabe rodearse de cómicos competentes, Rovira, López o Berto Romero, que aparece brevemente anticipando la posible próxima aventura, El señor de los chupetes. Pero en esta ocasión se ha vuelto muy conservador, extremadamente pulcro y fiel a la letra de lo que se pretende, un trabajo para toda la familia, fácil de digerir para los más pequeños y libre de toda crítica e ironía, que era marca de la casa en los cómics originales. Así, aunque el tema parece ser la mediocridad como medio más fiable para triunfar en este país, el desarrollo apenas queda en esbozo, derivando el conjunto hacia una banal aunque entretenida aventura más reconocible en el acervo popular afín a Superman que en el más incondicional del personaje afincado en Cataluña. El esfuerzo de producción se traduce en unos aseados decorados, más remitentes del cine americano que del universo que propone la tira cómica, unos competentes efectos visuales y una épica banda sonora que combina sonidos propios de la ciencia ficción de los cincuenta y el estilo inconfundible de las marchas de John Williams. La trama sin embargo resulta tan convencional y arquetípica que no añade nada a un género que en España sólo merece destacarse por las aportaciones de Mortadelo y Filemón. Al menos la empresa le ha quedado mejor que la inefable Anacleto, e incluye un divertido guiño a Transformers como inevitable batalla final. El elenco cumple con responsabilidad y solvencia y la sensación final es de un aceptable entretenimiento que podría haber arriesgado más, a pesar de lo cual no podemos negar que mantiene un buen ritmo y un sano humor.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

A LA SOMBRA DE KENNEDY Y a la de cualquier otra película de presidentes norteamericanos

Título original: LBJ: Lyndon B. Johnson
USA 2016 98 min.
Dirección Rob Reiner Guión Joey Hartstone Fotografía Barry Markowitz Música Marc Shaiman Intérpretes Woody Harrelson, Michael Stahl-David, Jennifer Jason Leigh, Bill Pullman, Richard Jenkins, Jeffrey Donovan, C. Thomas Howell, John Burke Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Estados Unidos 3 noviembre 2017; en España 23 noviembre 2018

Es curioso que a pesar del fracaso de esta semblanza del trigésimo sexto presidente de Estados Unidos, su director haya decidido contar con el mismo guionista y protagonista en su última película, Shock & Wave, que cuenta también una historia presidencial, en este caso la investigación periodística que puso en entredicho las motivaciones reales del presidente Bush para bombardear Irak en 2003. Una cinta que también está tardando en estrenarse en nuestro país, lo que deja en mal lugar a quien dirigiera en los ochenta y noventa del siglo pasado películas de tanto éxito como Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally y Misery, y cuya suerte empezó a declinar a partir precisamente de otra historia ambientada en la Casa Blanca, aunque de corte romántico, El presidente y Miss Wade. Ahora Reiner nos cuenta las escuetas horas que transcurrieron entre el asesinato de Kennedy y el juramento de Johnson como presidente del país a bordo del Air Force One. Naturalmente este periplo está salpicado de flashbacks que demuestran el papel preponderante del vicepresidente en la política de Kennedy, incluida su influencia en la Ley de Derechos Civiles impulsada para lograr igualdad entre negros y blancos, y que fue definitivamente aprobada durante su mandato. También su permanente confrontación con Bob Kennedy es objeto fundamental de este retrato parcial, aseado, académico pero frío y poco atractivo, nada apasionante, en el que Woody Harrelson se esfuerza en hacer una interpretación correcta y comedida. Apenas sobresale el vocabulario soez del personaje, al que Harrelson apenas se parece a pesar de soportar una buena cantidad de maquillaje, como Jennifer Jason Leigh dando vida a su esposa, irreconocible bajo tanta máscara. El film apenas acierta a cumplir tan siquiera su vocación de entretenimiento, y queda sólo como otro vestigio más de la historia del país que más y mejor se vende, procurando por otro lado reivindicar la figura de un presidente que funcionó primero a la sombra del más famoso y mediático de los que ha tenido Norteamérica, y luego bajo su propio mandato, renovado con las elecciones presidenciales de 1964, un período que no se trata en este film.

domingo, 25 de noviembre de 2018

EL VEREDICTO (LA LEY DEL MENOR) Corderos bajo el disfraz

Título original: The Children Act
Reino Unido 2017 105 min.
Dirección Richard Eyre Guión Ian McEwan, según su novela Fotografía Andrew Dunn Música Stephen Warbeck Intérpretes Emma Thompson, Stanley Tucci, Fionn Whitehead, Jason Watkins, Ben Chaplin, Rupert Vansittart, Anthony Calf, Rosie Cavaliero, Nikki Amuka-Bird, Eileen Walsh Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2017; en Reino Unido 24 agosto 2018; en España 23 noviembre 2018

Recuerdo cuando emprendí la preparación de oposiciones a judicatura que me motivaba el hecho de ser una de las profesiones dentro del Derecho en la que más podía aplicar la creatividad, tratándose de una disciplina tan encorsetada en España por la letra de la ley. Aquella experiencia frustrada dejó de ser tal cuando comprendí que tal creatividad o libre interpretación distaba en este país de ser una realidad, que al final es el espíritu y la literalidad de los textos lo que se impone a la hora de aplicar justicia, y así lo hemos incluso podido comprobar en unos últimos tiempos en los que la justicia en nuestro país anda tan desligada del interés y la inquietud del pueblo, que a su vez elige de forma se supone que libremente al legislador, a quien en última instancia tan atados quedan los y las jueces. Algo parecido le ocurre a la juez protagonista de este melancólico film, una Emma Thompson extraordinaria que sabe como nadie expresar con sólo una mirada o un gesto todo tipo de emociones, aunque sean tan contenidas como las que es capaz de emitir su hermético personaje. Se trata de una mujer seca, dura e inflexible que encuentra en el emotivo caso de un joven condenado a una muerte segura por su condición de enfermo de leucemia y a la vez testigo de Jehová, un motivo para reflexionar sobre su propia vida y su relación con el hombre que más la ama, su esposo, a quien da vida con idéntica grandeza Stanley Tucci, haciendo suyo un personaje con toda la profundidad psicológica necesaria y sin aspavientos innecesarios. La magia del cine la encontramos en una secuencia crucial para la trama, cuando la juez visita insólitamente al joven en el hospital y ambos entonan una canción tradicional inspirada en textos de W.B. Yeats. Una secuencia que podría haber resultado ridícula pero que en manos de Richard Eyre, especialista en dramas intelectuales e intimistas como Iris, Diario de un escándalo y Crónica de un engaño, donde dirigió a Antonio Banderas, resulta conmovedora y reveladora, gracias también al excelente trabajo de adaptación de Ian McEwan según su propia novela, que ve el ya de por sí gran número de adaptaciones de su bibliografía (El placer de los extraños, El intruso, Expiación) aumentado este año con esta película y En la playa de Chesil. Juntos, con el inestimable trabajo de la pareja protagonista y el resto del elenco, especialmente el joven descubrimiento Fionn Whitehead y el veterano Jason Watkins dando vida al secretario de la juez, que más bien parece un criado full-time, logran un film de enorme sensibilidad, uno de los más tristes y elegantes de la presente temporada, que se beneficia además de la mejor partitura que le hemos oído jamás a Stephen Warbeck, ganador del Oscar en 1998 por Shakespeare in Love. Un film en el que parafraseando al personaje de Thompson, los corderos consiguen quitarse el disfraz y mostrar sus sentimientos. Lo raro es que haya estado escondido en el cajón desde su estreno en Toronto en septiembre de 2017 a su estreno en el Reino Unido en agosto de este año.