viernes, 18 de enero de 2019

ESPLÉNDIDA ROSS BAJO LA MAGISTRAL BATUTA DE MARC ALBRECHT

XXIX Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alexei Volodin, piano. Marc Albrecht, director. Programa: Till Eulenspiegel lustige Streiche, de Strauss; Concierto para piano nº4, de Rachmáninov; L’apprenti sorcier, de Dukas; Suite de L’oiseau de feu, de Stravinski. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de enero de 2019 

Marc Albrecht
Rafa Castaño, magnífico y simpático concursante de los programas de televisión Saber y ganar y Pasapalabra, encaró con desparpajo y mucha profesionalidad el Érase una vez fundamental para introducir las obras basadas en cuentos y fábulas populares que Marc Albrecht y la Sinfónica cocieron con la maestría de un exigente chef de cocina y su equipo. Tras unas estrofas de Las aventuras de Till Eulenspiegel recitadas por el carismático sevillano, el director, ducho en el poemario sinfónico de Richard Strauss, a quien ha dedicado al menos dos de sus registros, no perdió detalle y se movió rápida y elocuentemente por las peripecias del joven protagonista, antaño un campesino medieval que se rebeló contra la burguesía conservadora e inspiró la rebelión flamenca contra la tiranía de Carlos V, y que en el mundo de las leyendas se convirtió en mero provocador y bromista, caracteres bien reflejados en una lectura minuciosa y precisa, con su punto justo de socarronería, aunque ahondando no tanto en la ironía y el tono burlón como en el aliento de libertad que inspira la partitura, ante la que la orquesta desplegó todo su virtuosismo y esplendor. Hubiésemos preferido que Crambes se aplicara más en sus solos de violín; le hemos conocido tiempos mejores y los añoramos.

Imagen retrospectiva de Alexei Volodin
A Elexei Volodin ya tuvimos el placer de disfrutarlo en anteriores temporadas, en un excelente Concierto Egipcio de Saint-Saens junto a la también estupenda batuta de Stanislav Kochanovsky en 2015, y unas más discutibles Variaciones Paganini de Rachmaninov junto a Edmon Colomer y la Filarmónica de Málaga en 2012, en un concierto en el que curiosamente también se interpretó Till Eulenspiegel. Con el compositor ruso y su poco frecuente Concierto nº 4, Volodin demostró ser también un fuera de serie, capaz de captar el espíritu romántico y arrebatado del autor desde sus primeros y muy majestuosos compases. Sin embargo tuvimos la impresión de no implicarse suficientemente en el primer movimiento, lo que no fue obstáculo para transmitir el lirismo y la aristocracia de la partitura. Tras un elegíaco y pausado Largo de aliento triste y melancólico, Volodin remató con un dinámico Allegro vivace en el que desplegó todo su virtuosismo y dominio técnico, además de un exacerbado sentido expresivo muy bien secundado por una orquesta que Albrecht controló hasta en los detalles más incisivos. El pianista ruso tuvo que esforzarse por no desconcentrarse a pesar de las molestias que le ocasionaron una pareja en primera fila, a la que no dudó incluso en llamar la atención.

Rafa Castaño
Stokowski estrenó este concierto de Rachmáninov, y fue él precisamente quien más popularizó el poema sinfónico de Paul Dukas El aprendiz de brujo, cuya elocuente música siempre asociaremos a Mickey Mouse. Con Castaño de nuevo introduciendo la pieza, leyendo la balada de Goethe en la que se inspira, Albrecht atacó la obra con decisión y extrema transparencia. Tempi rápidos y muchos matices en una interpretación dinámica, metálica y deslumbrante, cuyo plácido pero misterioso final, en concordancia con el del poema straussiano, malogró un impertinente móvil que despertó el gesto enfadado del director. En El pájaro de fuego Albrecht resaltó las influencias que Stravinski recibió de su maestro Rimsky Korsakov y su admirado Ravel, destacando su voluptuosa orquestación en la Danza infernal de Kastchei y el portentoso crescendo final, sin grandilocuencias gratuitas más allá de plasmar el carácter épico y fabulador de la música. Pero también resultó riguroso y lírico en pasajes como el Rondó de las princesas y la Canción de cuna. Con directores así recuperamos a una ROSS tan brillante y segura como la que solíamos disfrutar de forma ininterrumpida hace ya algunas temporadas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de enero de 2019

EL GRAN BAÑO Terapia sincronizada

Título original: Le grand bain
Francia 2018 110 min.
Dirección Gilles Lellouche Guión Gilles Lellouche, Ahmed Hamidi y Julien Lambroschini Fotografía Laurent Tangy Música Jon Brion Intérpretes Matthieu Amalric, Guillaume Canet, Benoît Poelvoorde, Jean-Hughes Anglade. Virginie Efira, Philippe Katerine, Leïla Bekhti, Marina Foïs, Alban Ivanov, Felix Moati, Balasingham Thamilchelvan, Jonathan Zaccai, Noée Abita, Mélanie Doutey Estreno en el Festival de Cannes 13 mayo 2018; en Francia 24 octubre 2018; en España 11 enero 2019

En 2010 un tal Dylan Williams decidió plasmar sus experiencias en el documental Hombres sincronizados (Men Who Swim), sobre un equipo masculino de natación sincronizada integrado por cuarentones en crisis, que dio origen a su vez a un largometraje de ficción producido por el propio Williams el año pasado y dirigido por Oliver Parker (Otelo, Un marido ideal, El retrato de Dorian Gray) que se titula Swimming with Men (Nadando con hombres). Esta misma base argumental curiosamente ha servido también, aunque no se acredite, para el debut en la dirección en solitario del popular actor francés Gilles Lellouche, con veinte años de carrera a sus espaldas y un par de largometrajes dirigidos en colaboración con otros, Narco y Los infieles. Lo cierto es que Lellouche demuestra en su debut en solitario buen pulso narrativo y buen criterio a la hora de definir traumas y frustraciones sin resultar empalagoso ni estridente, a pesar de que sus personajes sí lo son y su tendencia al exceso y la histeria resulta más que notable. Asistimos al devenir de la vida de una serie de hombres entre los cuarenta y los cincuenta, deprimidos por la crisis (Amalric), frustrados profesionalmente (un roquero Jean-Hugues Anglade, legendario protagonista de Betty Blue hace treinta años), irresponsables viva-la-vida (Poelvoorde), amargados existenciales (Canet) o simples e ingenuos (Katerine), que exorcizan sus males entrenando en un equipo amateur de natación sincronizada con vistas a participar en un campeonato internacional, cuya disciplina y rigor les sirve para mantener cierto equilibrio en sus heridas vidas y tomar el timón con mayor fortuna y decisión. Pero bajo esta premisa y desarrollo argumental, Lellouche afronta otros temas de interés coyuntural, como son los roles de género, a partir de una disciplina deportiva tradicionalmente asociada a las mujeres, a pesar de que las crónicas datan el nacimiento del deporte a principios del siglo XX como una disciplina masculina. También las frustraciones del hombre moderno son tomadas en consideración en una película que analiza de forma distendida y amable el entorno en el que vivimos, acuciados por la competitividad, la búsqueda de un éxito irrenunciable, los modelos de familia tradicionales o el feminismo pasivo, el que refleja conductas en la mujer tan reprochables como las tradicionalmente asociadas al hombre. Un sinfín de temas y cuestiones que deben ser descubiertas por cada espectador o espectadora, y analizadas según nuestro criterio y formación, ya que Lellouche, como director y guionista, se dedica a esbozarlas y dar un sentido de conjunto amable y distendido al conglomerado final. El problema hubiera sido no dar credibilidad a los personajes y sus situaciones, pero también aquí el realizador sale victorioso, mientras la vena cómica se hace esperar hasta una segunda parte en la que surge una entrenadora cuyos métodos son tan expeditivos como hilarantes, así hasta desembocar en el inevitable campeonato final en el que estos cuerpos avejentados tienen que vérselas con otros equipos más lustrosos. El norteamericano Jon Brion (Magnolia, ¡Olvídate de mí!) y un buen ramillete de canciones fundamentalmente de los ochenta y noventa ilustran también de forma agradable y satisfactoria el devenir de este conjunto de hombres con sus incapacidades, que todos y todas las tenemos.

martes, 15 de enero de 2019

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS El destino en seis pictóricos cuentos

Título original: The Ballad of Buster Scruggs
USA 2018 132 min.
Guión y dirección Joel y Ethan Coen Fotografía Bruno Delbonnel Música Carter Burwell Intérpretes Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, Liam Neeson, Brendan Gleeson, Tyne Daly, Saul Rubinek, Harry Melling, Bill Heck, Grainger Hines, Clancy Brown, Jefferson Mays, Prudence Wright Holmes. Jonjo O’Neill, Chelcie Ross, Willie Watson Estreno en el Festival de Venecia 31 agosto 2018; en Estados Unidos 9 noviembre 2018; en España (Internet) 16 noviembre 2018

La última película de los Hermanos Coen también ha sido sustraída de los circuitos habituales de exhibición para ponerla sólo a disposición de los hogareños que todo lo quieren ver en televisión, pagando cuota mensual y conformándose con una pantalla que, aunque cada vez sea mayor, sigue sin poder competir con las de las grandes salas de cine. El colmo del despropósito es rodar en panorámica como hizo Cuarón con Roma, o plasmar los grandes paisajes del salvaje oeste americano como hacen los Coen, y que su destino sea la pantalla doméstica. Son los designios del destino y la modernidad, que poca estrategia comercial parecen seguir sustrayendo al verdadero cinéfilo productos que están diseñados para satisfacer su apetito y no el del perfil doméstico al que están acabando complaciendo. Diseñada como serie de seis episodios sobre los personajes típicos y tópicos que habitaban en el antiguo oeste, los Coen finalmente decidieron convertirla en una película de episodios con todo el sabor nostálgico y melancólico que caracteriza sus últimas producciones, desde Valor de ley a Ave César pasando por A propósito de Llewyn Davis. Ese sabor añejo se plasma ya en las páginas del libro del que presuntamente surgen estas seis evocadoras y entrañables historias, dos de las cuales están inspiradas en relatos de Jack London (Cañón dorado) y Stewart Edward White (La chica que se puso nerviosa), mientras el resto surgen enteramente de la pluma de estos dos míticos hermanos cineastas, pero manteniendo todo el espíritu épico y a la vez intimista que recorre un imaginario inspirado en las grandes epopeyas fordianas y hawksianas. Empezando por los hilarantes duelos del cowboy cantarín con atuendo a lo Tom Mix o Roy Rogers que interpreta Tim Blake Nelson, siguiendo con el poco afortunado ladrón de bancos al que da vida James Franco con semejando hilaridad, poniéndose más serios con Liam Neeson interpretando a un empresario sin escrúpulos que explota cruelmente a un tullido que recita a Shakespeare, retratando con un preciosismo pictórico impresionante las verdes montañas donde el río advierte a Tom Waits de la quimera del oro, así como las grandes llanuras que atraviesa una interminable caravana de pioneros en la que surge el amor verdadero entre Zoe Kazan y Bill Heck a partir de otro de conveniencia, y termina con la inevitable diligencia en la que viajan Tyne Daly, Saul Rubinek y Brendan Gleeson al único destino posible, todo con un inconfundible sentido mortuorio que intenta recordarnos lo efímera y a menudo inútil que es nuestra existencia. Un prodigioso espectáculo colorista plagado de estrellas, disfrutable de principio a fin, que retoma el clasicismo de la puesta en escena del género más genuinamente norteamericano, bañado con una hermosísima banda sonora del tercer Coen, Carter Burwell, logrando no sólo entretener sino hacernos reflexionar con tanta emoción como pesar sobre la condición humana.

sábado, 12 de enero de 2019

VOCALCONSORT BERLIN CON LICENCIA PARA CONVERTIR

Ciclo La Europa de Murillo. Vocalconsort Berlin. Ralph Sochaczewsky, director.
Programa: Bach to Buxtehude. A Nordic Pilgrimage (Membra Jesu Nostri BuxWV 75, de Buxtehude; Cantata “Nach Dir, Herr, verlanget mich" BWV 150, de J.S.Bach).
Espacio Turina, viernes 11 de enero de 2019

Cada vez que han recalado en nuestra ciudad nos han dejado un inmejorable sabor de boca, hace seis años junto a las coreografías del cordobés Antonio Ruz y la música de Lobo, Gesualdo y Desprez, y un año después con el espectáculo multicultural La alegoría del deseo, junto al conjunto belga Zefiro Torna y la cantante tunecina Ghalia Benali, siempre adaptándose como un guante a cada particular propuesta estética. Esta vez Vocalconsort Berlin lo ha hecho con un programa más a su medida, sumergiéndose en el barroco de tintes más poéticos y piadosos, abordando una de las páginas más sobrias e insignes del catálogo del compositor y organista alemán Dietrich Buxtehude, y coronándolo con una cantata primeriza de Bach, en cierto modo entroncada con el universo del autor de Membra Jesu Nostri.

Este oratorio, considerado como el primero de la historia de carácter luterano, constituye un prodigio matemático de estructura precisa y muy meditada, dividido en siete partes correspondientes a siete miembros del cuerpo de Cristo fustigados por el tormento en la cruz y objeto de unas páginas tan conmovedoras como poseedoras de una electrizante belleza melódica y armónica. Combinando textos bíblicos en las partes corales o conciertos con fragmentos del poemario espiritual Salve Mundi Salutare o Rhythmica Oratio de Arnulf de Louvain, el coro tiene aquí posibilidades para lucir tanto en conjunto como por separado en las arias para solistas, que nos permitieron disfrutar con las encantadores voces solistas de la contralto Anne Bierwirth, cuya voz sedosa y bien articulada transmitió delicadeza y piedad en piezas como el aria dedicada a las rodillas, o el bajo Jakob Ahles, quien más tiempo permaneció como solista llevando las riendas en piezas como el bellísimo Ave, verum templum Dei correspondiente al pecho, y la soprano Amrei Beuerle entonando con decisión y aplomo el Clavus pedum en la primera de las cantatas que integran este singular oratorio. También el tenor Stephan Gähler y la soprano Kathleen Danke hicieron gala de una notable precisión y una refinada articulación, aunque algo por debajo de sus colegas solistas.

En la parte instrumental brilló el continuo de Elina Albach al órgano, con notable acompañamiento de laúd y violonchelo y un elegante y así mismo piadoso trabajo de los violines, así como el brillante refuerzo de Johanna Rose y Ventura Rico a las violas en la sexta cantata, dedicada al corazón. Todo bajo la mirada atenta y detallista del director elegido para la ocasión, el reputado Ralf Sochaczewsky, quien logró exprimir toda la belleza de una partitura que así ofrecida cuenta con más licencia para convertir a los más escépticos que los consabidos, rancios y superficiales sermones eclesiásticos. Nach Dir, Herr, verlanget mich (Hacia Ti, Señor, me elevo), la que muchos consideran primera de las cantatas conservadas de Johann Sebastian Bach, en cierto modo relacionada con el universo de su admirado Buxtehude, con más parte coral de lo habitual y ausencia total de recitativos, completó la audición, evidenciando la capacidad del conjunto para adaptarse a una estética diferente, más solemne y trascendental, así como su particular disposición para dotar de sentido teatral a una propuesta tan estrictamente musical como ésta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL VICIO DEL PODER El ejercicio de la contraventa

Título original: Vice
USA 2018 132 min.
Guión y dirección Adam McKay Fotografía Greig Fraser Música Nicholas Britell Intérpretes Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, Alison Pill, Eddie Marsan, Justin Kirk, LisaGay Hamilton, Jesse Plemons, Bill Camp, Don McManus, Lily Rabe, Shea Whigham, Stephen Adly Guirgis, Tyler Perry Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2018; en España 11 enero 2019

En la Grecia clásica, cuna de la democracia, el gobierno lo integraba la clase intelectual. Esa lógica y sana costumbre ha pervivido con sus más y sus menos hasta que en tiempos recientes nos hemos acostumbrado a que gente incompetente, sin apenas formación, y con la poca que tienen comprada o robada con influencias, rijan nuestro destino y nos impongan leyes y comportamientos que van definiendo un nuevo orden de las cosas en la que el talento y la concordia brillan por su ausencia. Dick Cheney podría situarse en ese bando de políticos analfabetos que sin embargo han resultado tan influyentes y poderosos que sus votantes y los que no lo son han tenido que adaptarse a sus desmanes. Al menos así lo describe Adam McKay en su nueva película después del éxito de La gran apuesta, que trataba también un tema de actualidad, la debacle inmobiliaria que provocó la crisis económica de 2008 que aún hoy estamos padeciendo. Brad Pitt y Will Ferrer, que ha protagonizado gran parte de la filmografía más prescindible de McKay, ejercen como productores de maestros de ceremonia de esta nueva denuncia americana a su sistema político y económico. Ellos mismos se venden, imponiendo su cultura y modo de vida al resto del mundo, y se critican, en una sempiterna y cansina operación de contraventa que a estas alturas está demostrado que no conduce a ninguna parte. En lo cinematográfico Vice (que en inglés tiene la doble acepción de vicio y vicepresidente) es un ejemplo de ese cine moderno vertiginoso y adrenalítico en el que el exceso de información y la cantidad de imágenes por segundo acaban provocando la extenuación y el caos. En este sentido no cabe duda de que, como ellos mismos aseguran en los sobretítulos del principio, se han currado la biografía de este estudiante y trabajador inepto, borracho y follonero que llegó a redefinir el cargo de vicepresidente de Estados Unidos, pasando de ser sinónimo de don nadie a ser quien tomara las decisiones más cruciales de la historia reciente, llevando las riendas de un país que su presidente, el inepto George W. Bush, era incapaz de asumir. Entre tanta imagen e información, tanta textura para mezclar noticiarios verdaderos con recreaciones (hasta Naomi Watts, que al igual que Alfred Molina no está acreditada, parece una auténtica reportera de televisión de la época) y tanta ilustración acústica y gráfica, apenas cabe apreciar la supuesta excelencia de las interpretaciones del camaleónico Christian Bale, que no duda en engordar tanto como adelgazar según el papel lo requiera, o Amy Adams, en busca siempre de ese Oscar que tanto se le resiste. Precisamente con la entrada de año se abre la veda de los estrenos oscarizables, y ésta es la primera en surgir. En fin, lo de siempre, mucho ruido y pocas nueces. Sólo nos cabe la nostalgia de imaginar qué hubiera hecho un Billy Wilder con semejante material, con su sutileza y elegancia habitual, sin tanto aspaviento y desmesura, y con el tiro mucho más certero, envenenado e incisivo que el de estos fabuladores modernos. Poca gracia hay en esta considerada comedia, porque el tema es dramático y terrible y hace falta más talento del que tiene el muy currante McKay para lograr extraer juerga del él. Hay calidad en el equipo y los componentes de esta película a la que por ese motivo no nos atreveríamos a calificar mal, pero considerada como un todo la empresa no llega a cuajar. A nuestro juicio sólo consigue hacernos reír en la delirante secuencia final que corona los créditos principales antes justo de la cortinilla definitiva; la última frase no tiene desperdicio.

viernes, 11 de enero de 2019