sábado, 5 de diciembre de 2020

IBERIAN & KLAVIER PIANO DUO, CON GRACIA Y RITMO

Integral de las sinfonías de Beethoven para piano a cuatro manos. Iberian & Klavier Piano Duo: Laura Sierra y Manuel Tévar. Programa: Sinfonías nº 8 en fa mayor op. 93 y nº 7 en la mayor op. 92 de Beethoven según arreglo de Wilhelm Meves. Teatro Cajasol, sábado 5 de diciembre de 2020

La gracia y el ritmo se dieron la mano en esta penúltima entrega del ciclo completo de las sinfonías de Beethoven para piano a cuatro manos que está desarrollando
Iberian & Klavier Piano Duo en el teatro de la calle Chicarreros de la mano de Juventudes Musicales de Sevilla. Todo un acierto para celebrar el doscientos cincuenta aniversario del nacimiento del compositor, que tanto la institución como la pareja de pianistas están llevando a buen puerto a pesar de las continuas restricciones en forma de obstáculos que estamos sufriendo en el tan castigado mundo de la cultura en todo el país y el resto del planeta. Motivos suficientes para valorar y apreciar aún más la titánica labor que están llevando a cabo tanto promotores como artistas en este insólito y singular episodio de la historia de la humanidad. 

En esta ocasión las dos piezas seleccionadas fueron escritas ambas en 1812 y exhiben el espíritu más desenfadado y animado de Beethoven. La gracia vino de la mano de su Sinfonía nº 8, compuesta durante una feliz estancia en el Balneario de Teplitz, en Bohemia, cuyo carácter gracioso y desenvuelto hizo que durante mucho se considerase inmerecidamente una obra pequeña y menor. Su duración efectivamente no es considerable, y para la ocasión se recortó aun más para adaptarse a las exigencias de horario de la sala, como también lo hizo la Sinfonía nº 7, prescindiéndose fundamentalmente de las repeticiones. Como en comparecencias anteriores, Sierra y Tévar exhibieron músculo y energía para desplegar las notas según arreglos en esta ocasión de Wilhelm Meves, quien también arregló sinfonías de Joseph Haydn para piano a cuatro manos, además de componer mucha música de cámara para piano y violín especialmente. En los movimientos extremos el dúo aprovechó para lucirse en virtuosismo, ritmo y vivacidad, si bien la gramática imposible del último movimiento al teclado provocó alguna pérdida de brillo y concentración. Los movimientos centrales sirvieron para relajarse en su ligereza sin por ello perder el sentido y la elegancia de su naturaleza, maridando a la perfección el espíritu de lo viejo y lo nuevo que tan bien proclama esta pieza llena de encanto y candor. 

Mucho más popular y divulgada, la Sinfonía nº 7 se considera paradigma del ritmo, aunque es mucho más que eso. Cierto que se trata de una pieza rítmica, gozosa y optimista, pero acoge también una grandeza sobrecogedora que dentro de los límites que plantea su interpretación solo al piano, los intérpretes supieron traducir a la perfección. Tras la larga y elegante introducción, Sierra en los registros agudos y Tévar en los más graves se entregaron con confianza y seguridad a los múltiples escollos en forma de cambios continuos de dinámicas y registro que plantea la partitura. El resultado fue sin duda luminoso e intenso, espectacular. Igualmente defendieron con buena nota el famoso allegretto, manteniendo con maestría su ritmo obsesivo, sus fugados y contracantos melódicos en un diálogo fluido y bien compenetrado. Magníficas también las alternancias en el scherzo entre sus juguetones pasajes y sus casi tres tríos contrastantes. El allegro con brio final se saldó con un muy adecuado carácter imperioso, que los intérpretes resolvieron con fórmulas rítmicas variadas y un exuberante torbellino de alegría. En las propinas derrocharon temperamento en la Malagueña de Lecuona y una enorme sensibilidad en el andantino de la Petite Suite de Debussy, dos registros diferentes que dejan muy clara la versatilidad de la pareja y su compromiso con la música hecha sin complejos y con una enorme responsabilidad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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