jueves, 2 de diciembre de 2021

BIENVENIDA LA CREACIÓN VIVA

XII Festival Zahir Ensemble de Música Contemporánea. Sachika Ito, Aurora Galán y Bruna de Castro Paluzzi, sopranos; Alain Damas, tenor; Gregor Acuña-Pohl y Julio Figueredo, actores; Andrea Martínez, actriz; Juan García Rodríguez, dirección musical. Thierry Bruehl, dirección escénica e iluminación; Claudia Jung, vestuario y maquillaje. Programa: Gespensterhaus (Casa encantada), de Reinhard Febel; Ligeia, de Hüseyin Evirgen.
Espacio Turina, miércoles 1 de diciembre de 2021

Un momento de la representación de Ligeia

Hay varios motivos para celebrar con satisfacción un evento escénico musical como el que tuvo ayer tarde en el Espacio Turina. Por un lado que se estén realizando simultáneamente en la ciudad dos festivales de música contemporánea, el de Zahir Ensemble que nos ocupa y el de Taller Sonoro que encontró hace apenas un par de semanas su punto álgido con el concierto en torno a Hilda Paredes. Por otro, que esta expresión musical de nuestro tiempo vaya paulatinamente dejando de ser maldita y se vaya colando en el interés y la inquietud del público, que esta vez acudió a la cita de manera bastante generosa, de igual manera que lo hizo hace un par de años cuando se programaron en el Maestranza las primeras de estas óperas de bolsillo, también con Zahir Ensemble, la soprano Sachika Ito y el director de este proyecto de Klang21 en Salzburgo, Thierry Bruehl, colaborador habitual del conjunto sevillano. Y por último, que disfrutemos en este entorno de música de notable calidad, tan sugerente como cautivadora, con el aliciente de estar calentita, lo que podríamos considerar casi una creación en vivo, o mejor dicho una creación viva.

El diálogo con otras artes protagonizó este doble programa, a través de la pintura y la literatura, con el terror y lo inexplicable como nexo común. El cuadro de Edward Hopper Casa junto a la vía del tren, que inspiró a Hitchcock para la famosa mansión Bates de Psicosis, y que funciona como referente de esas casas abandonadas a las que muchos y muchas nos hemos aventurado cuando éramos infantes, sirve de pretexto para la pieza del veterano compositor alemán Reinhard Febel, donde unos amantes fantasmas influyen en el niño y la niña que visitan la casa para perpetuar comportamientos violentos y machistas. Música envolvente y desasosegadora, a fuerza de continuas escalas ascendentes y descendentes en la cuerda, modulaciones agitadas y viscerales y un espíritu general muy acorde a la música de terror cinematográfica, apoyada en disonancias y golpes de efecto turbadores, que Zahir Ensemble defendió con heroica profesionalidad, mientras en las voces Sachika Ito se impuso claramente a su pareja, un Alain Damas desangelado y de voz algo tirante, repitiendo ambos una y otra vez unas mismas y obsesivas líneas de texto. Los niños por su parte rebajaron naturalmente la calidad de la pieza a niveles de función de colegio, si bien destacamos la actitud un tanto bizarra del joven Julio Figueredo, que ya nos sorprendió en aquella cita en el Maestranza de diciembre de 2019.

Zahir Ensemble y el elenco completo de los dos títulos programados

La obra de Hüseyin Evirgen, que también participó en aquella cita maestrante, utiliza como base literaria un relato de Edgar Allan Poe en torno a la muerte de su amada Ligeia, mientras su espectro se pasea por el escenario con tres formas distintas pero siempre hermosas y elegantes, hasta que la aparición espectral se hace patente en el cadáver de la esposa del narrador, también muerta. A éste da vida Gregor Acuña, que demostró una vez más su compromiso con la música contemporánea y su poderoso talante como actor dramático y visceral, todo un derroche de esfuerzo emocional. Aquí el acompañamiento vocal se limitó a emisiones de sonidos breves y muy calculados, algunos levemente susurrados, pero fue la música la gran protagonista con su vocación minimalista y su estética de música tecno industrial apoyada únicamente en instrumentos convencionales, sin participación de la electrónica. Un excelente trabajo de percusión mantuvo su obsesiva línea rítmica, mientras unas elocuentes pausas en la música y la narración, a modo de variaciones sobre un mismo concepto, sin romper la unidad, el ritmo ni el interés de la propuesta, se erigieron en uno de los más imponentes alicientes de la obra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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