domingo, 12 de diciembre de 2021

LA CENICIENTA DE VIARDOT: SORPRENDENTE REVITALIZACIÓN DE UN CLÁSICO

Jóvenes Audiencias. La Cenicienta (Cendrillon), ópera de cámara de Pauline Viardot. Francisco Soriano, dirección musical y piano. Guillermo Amaya, dirección escénica e iluminación. Pablo Menor, escenografía. Raquel Porter, vestuario. Con Juliane Stolzenbach, Francisco Gracia, Ramiro Maturana, Juan Ramos, Vanessa Cera, Paola Leguizamón y Miriam Silva. Coproducción del Teatro de la Maestranza, Teatro Real de Madrid, Teatro Cervantes de Málaga y Fundación Ópera de Oviedo. Teatro de la Maestranza, domingo 12 de diciembre de 2021


Todavía recordamos con pesar aquella Cenerentola de Rossini presuntamente adaptada para públicos infantiles que pudimos ver y oír en este mismo escenario hace ya un buen puñado de años. El clásico de Perrault admite pocas oportunidades de remozamiento que sean adecuadas para una educación en valores mínimamente moderna y progresista. Sin embargo unos y otras siguen insistiendo en darle nueva vida y contenido para así no prescindir del que es sin duda un clásico absoluto, pero con tan escasa fortuna como sentido de la oportunidad, si no véase el fallido intento del último musical cinematográfico estrenado en Amazon con Camila Cabello como protagonista. Sin embargo siempre queda margen para la sorpresa, y cuando las ideas se tienen claras, el talento se derrocha y la imaginación se dispara, surgen milagros como este, que si no llega a anular todo lo que de inconveniente desde el punto de vista educativo tiene la empresa, logra maquillarla lo suficiente como para gozarla en una alta medida.

El pianista sevillano Francisco Soriano lleva muchos años empeñado en recuperar la música de Pauline Viardot, de quien este año celebramos el bicentenario de su nacimiento. Después de una considerable cantidad de recitales dedicados a su talento y memoria en escenarios como el Real Círculo de Labradores, Soriano ha encontrado el punto culminante de este ejemplar empeño en la recuperación de esta ópera de cámara que ahora podemos considerar en estreno oficial, ya que hasta el momento solo se había interpretado en las famosas veladas de salón de la polifacética artista, descendiente directa de nuestra ciudad por vínculo paterno, el tenor y compositor Manuel García. A Soriano se une en la empresa otro refulgente talento, el del escenógrafo Guillermo Amaya, que ha sabido como pocos adaptar este clásico a una idiosincrasia moderna y desprejuiciada, conjugando la educación en valores como la generosidad y la bondad, la falta de ambición en la riqueza y la sinceridad del amor, a la vez que da visibilidad a cuestiones como la diversidad sexual y de género a través de un impagable personaje con mucha pluma. A todo ello hay que añadir un trabajo extremadamente ingenioso para con pocos elementos de atrezzo crear toda una rica escenografía que se transforma con soluciones imaginativas y brillantes tales como la transformación de la protagonista de criada en elegante cortesana, o unas cajas de almacén con los logotipos del Real y el Maestranza que se convierten en elegante pared palaciega, sin olvidar el divertido carruaje y el dinamismo absoluto que respira la función como perfecto artefacto dramático. Ya quisieran muchos directores y directoras de escena de relumbrón alcanzar tanta creatividad y dinamismo con tan pocos recursos y ninguna pretensión.

Con mucho talento e ilusión

Lástima que se siga invitando a los más pequeños y pequeñas a soñar con ambientes palaciegos y fantasías monárquicas. La Cenicienta es lo que es y no se puede remediar, por eso insistimos en la necesidad de programar títulos de nuevo cuño amparados en historias modernas y diferentes para aficionar a la juventud a frecuentar estos espacios culturales y escuchar buena música. Porque eso es lo que ofrece Viardot, cuyo nombre lidera el frontón del escenario, una opereta muy bien construida, de férrea estructura, bellas melodías y serias oportunidades de lucimiento a su elenco, que participa en arias, duetos que se convierten en tríos y así sucesivamente hasta culminar en un hermoso septeto, toda una herencia musical que a principios del siglo XX debió dar como resultado un simpático y amabilísimo musical, lejos de todo lo rancio que pudiera presuponerse.

También la herencia española se atisba en su riqueza melódica y rítmica, arrancando sin ir más lejos con una romanza en la voz de la protagonista, que su elenco lleva a la máxima potencia con voces hermosas y muy bien articuladas, las que provienen del programa Crescendo de la Fundición de Amigos del Teatro Real, donde su estreno hace menos de un mes fue recibido con gran entusiasmo. La soprano Juliane Stolzenbach luce un hermoso timbre, cándida belleza, considerable proyección y exquisito gusto al modular, se afana además en vocalizar a la perfección para no perder sus líneas de texto, ya que se echó en falta la proyección de subtítulos, que aunque sean inalcanzables para gran parte del numeroso público infantil que llenó el teatro con un comportamiento ejemplar, el resto hubiera seguido mejor la no obstante conocida trama, con posibilidades para explicársela a los y las más jóvenes. El tenor Francisco Gracia observa cierta afinidad hacia el repertorio zarzuelero, las hermanastras Vanessa Cera y Paola Leguizamón aportan comicidad y desparpajo, si bien sus aspectos chonis pudieran molestar a alguien, Ramiro Maturana como el padrastro (hábil cambio de roles) atesora una estupenda voz baritonil, y Juan Ramos derrocha humor y canto bien ornamentado. La partitura, maravillosamente ilustrada al piano por el propio Soriano derrochando delicadeza y cantabilidad, ofrece tanto juego y color que logra en la voz de la hada madrina, estupenda Miriam Silva, momentos de considerable altura canora, dentro de un conjunto de lo más disfrutable y resultón gracias a un trabajo de equipo lleno de talento e ilusión.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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