sábado, 30 de junio de 2012

SONRISAS Y LÁGRIMAS La emoción de la música recala en Sevilla

Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music) de Rodgers y Hammerstein
Dirección Jaime Azpilicueta Dirección musical Julio Awad Intérpretes Silvia Luchetti, Carlos J. Benito, Noemi Mazoy, Loreto Valverde, Jorge Lucas y Yolanda García
Teatro de la Maestranza. Viernes 29 de junio de 2012


De los once musicales que compusieron Richard Rodgers y Oscar Hammerstein entre 1943 y 1959, incluidos Oklahoma, Carrusel y El rey y yo, The Sound of Music es el último - Hammerstein, el letrista, falleció unos meses tras el estreno - y más popular. Mary Martin impulsó su composición impresionada por las legendarias historias de la familia Von Trapp, austriacos acosados por los nazis, y Julie Andrews la inmortalizó en celuloide, entrando desde entonces en la memoria colectiva. Ahora se ha convertido en el segundo musical clásico, tras My Fair Lady, que se produce en nuestro país; e imitando una práctica frecuente en Estados Unidos, se ha estrenado de gira antes de debutar en la Gran Vía.

El tema central de esta tragicomedia no es sino la misma música, cómo influye en nuestra vida y emociones; música que abre corazones y resuelve conflictos. Estas partituras ya nostálgicas se concebían para gran orquesta, mientras hoy se defienden con pocos músicos y mucho teclado electrónico. El resultado perjudica a las magníficas orquestaciones originales de Richard Rodney Bennett, a pesar de lo cual Julio Awad se las ha ingeniado para respetarlas al máximo con gran solvencia por parte de un excelente equipo de profesionales, a los que la acústica del Maestranza, donde es la primera y quizás única vez que se programa un musical, no ha hecho sino beneficiar. Azpilicueta, quien cuenta ya con amplia experiencia en el sector, ofrece por su parte un espectáculo dinámico y desprejuiciadamente deudor del imaginario creado para la película de Robert Wise. Apuesta por una puesta en escena poco arriesgada y muy conservadora, pero sacando el máximo provecho de todos sus recursos, incluidos los muy eficaces efectos con los que se recrea la tormenta. Quizás en los momentos más dramáticos falte tensión y los aspectos más almibarados estén potenciados, pero la alegría, fundamental en el género, está sobradamente lograda.

Silvia Lucheti, definitivamente afincada en nuestro país tras protagonizar varios musicales, luce una bonita y muy bien modulada voz, además de dar buena cuenta de ese dinamismo escénico, mientras Carlos J. Benito borda el carácter melancólico del capitán pero ofrece registros vocales más bien limitados. Noemi Mazoy sin embargo destaca con una voz de potente emisión y generosa en sobreagudos, algo que estremeció en el conmovedor himno Escala cada montaña (Climb Every Mountain) - Something Wonderful de El rey y yo, y You'll Never Walk Alone de Carrusel son los otros dos grandes himnos del tándem Rodgers y Hammerstein -. El contrapunto cómico lo dieron Loreto Valverde, encasillada en papeles de mujer sofisticada y distante, Jorge Lucas, que potenció la vena gay de Max Detweiler, que en el original sólo se intuía, y la no tan niña María Osuna y su voz pitona. Los niños, entre ellos los sevillanos elegidos para la ocasión, especialmente la pequeña María Ales, hicieron las delicias de un público entregado y participativo; padres que descubrieron la emoción de esta maravillosa historia y su exquisita música cuando eran niños, y que hoy traen a sus hijos para que también ellos descubran la magia.

EL MUNDO ES NUESTRO Sano combinado de Berlanga y Tarantino

España 2012 87 min.
Guión y dirección Alfonso Sánchez Fotografía Daniel Mauri Música Maravilla Gypsy Band Intérpretes Alfonso Sánchez, Alberto López, Alfonso Valenzuela, Joserra Leza, María Cabrera, Daniel Morilla, Olga Martínez, Francisco Torres, Antonio Dechent, Maite Sandoval, Sergio Domínguez, Antonia Gómez, Pepe Quero, José Rodríguez Quintos, Miguel Ángel Sutilo Estreno 22 junio 2012

Mucho arriesgaban el Cabesa y el Culebra con su salto al cine, tras la expectación creada con sus sketches en Internet a costa de típicos y tópicos personajes sevillanos. Y la empresa se ha resuelto con mucha satisfacción. Plantear el atraco a una sucursal bancaria en la calle San Vicente de Sevilla y en plena Semana Santa es desde luego un magnífico punto de partida. Pero que vaya derivando a todo un esperpéntico espectáculo sobre la fauna hispalense, con todas sus miserias y constantes, y que poco a poco se convierta en paradigma de todos los problemas políticos, económicos y sociales que nos acucian, como si la hubiera producido el movimiento 15M, tiene un mérito extraordinario. Nadie sin el talento de estos dos jóvenes que ya no son promesa, sino rotunda realidad, podría atreverse con un material tan explosivo, y salir tan airoso del empeño. Con un guión modélico y una planificación meticulosa y rigurosa, se ríen de todos y de todo lo relacionado con la idiosincrasia sevillana y sin molestar. José Luis García Sánchez lleva toda la vida queriendo emular sin éxito a Berlanga y llegan estos dos talentos y lo consiguen de sobra, y sin guión de Rafael Azcona. Y además lo logran con un producto fresco y moderno, en las antípodas de lo rancio, y una puesta en escena deudora de una cinefilia evidente, especialmente con los ojos puestos en Tarantino, a quien es fácil identificar desde los títulos de crédito a determinadas tomas fotográficas y el uso de la banda sonora a lo Bregovic y Kusturica. Memorable en sus numerosos gags, desde las desventuras de la reportera intrépida a los detalles de desorganización municipal, la falta de sintonía de una inspectora burgalense con la cultura hispalense, o el acierto con el que son retratados todos y cada uno de los personajes. La sobreactuación se convierte también en una herramienta de trabajo para lograr ese aspecto de esperpento ibérico que invade toda la función. No tiene desperdicio el prólogo y el epílogo, la crítica ácida y acertada que hace de la corrupción y el desorden, y la naturalidad con la que introduce temas como la solidaridad y la conciencia social. Cuidada también en el montaje, que no deja que decaiga en ningún momento la acción y resulte distraída de principio a fin, tan sólo su inflada fotografía en video se resiente de un acabado que podría haber sido modélico. Si siguen por este camino, nos quedan muchas horas de sano y conveniente divertimento, carcajadas incluidas.

martes, 26 de junio de 2012

TRÍO ARBÓS Tríos franceses evocados en los Jardines del Alcázar

XIII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Miguel Borrego, violín. José Miguel Gómez, violonchelo. Juan Carlos Garvayo, piano. Programa: Premier Trio en Sol de Debussy y Trio con piano de Ravel. Lunes 25 de junio de 2012


Desafiando un calor insoportable aún a las once de la noche, y a pesar de eso elegantemente trajeados, el Trío Arbós alivió el pasado lunes dos carencias acumuladas en nuestro reciente panorama musical, escuchar música de cámara y de calidad. Con más de quince años de historia, el conjunto vino a corroborar porqué está considerado uno de los más interesantes de la actualidad; quizás por su dominio técnico, su intachable musicalidad y su generosa expresividad, considerados cada uno por separado coquetean con la excelencia, y en conjunto destacan por su complicidad. Su repertorio abarca desde el clasicismo y el romanticismo hasta la música contemporánea, en la que son auténticos especialistas. Esta vez, enmarcado dentro del homenaje que las Noches en los Jardines rinde este año al 150 aniversario de Debussy, el conjunto ofreció una página rara del compositor francés. Una obra de juventud, primeriza, recuperada hace poco y lejos del impresionismo que le caracteriza, además de muy influida por Massenet y Franck, aunque no por ello exenta de interés. Ligera y transparente y sin desaprovechar las posibilidades en ritmo y color que ofrece su scherzo, es como la presentaron estos impecables músicos.

El Trío de Ravel es sin embargo una obra maestra de madurez, cuyas influencias provienen de danzas y folclore del País Vasco. Se trata de cuatro páginas independientes con las que Garvayo triunfó en su compleja parte pianística, mientras junto a la agilidad de Borrego y el sonido compacto de Gómez consiguieron marcar el carácter agresivo del Pantoum y los deslumbrantes trémolos del Final, logrando una interpretación exuberante que completaron con una vertiginosa La muerte del ángel de Piazzolla.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el miércoles 27 de junio de 2012

sábado, 23 de junio de 2012

EL LLANTO DE GAUTIER CAPUÇON Y LA RABIA DE PEDRO HALFFTER MARCARON LA DESPEDIDA DE LA TEMPORADA 2011-2012 DE LA ROSS

16º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
Pedro Halffter, dirección; Gautier Capuçon, violonchelo.
Programa: Fanfarria de la 4ª Sinfonía de Brahms, de Frühbeck de Burgos;
Concierto para violonchelo Op.85 de Elgar; Sinfonía nº 4 Op.98 de Brahms.
Teatro de la Maestranza, 22 de junio de 2012

Acudíamos con el ánimo predispuesto en lo político y lo musical para no disfrutar mucho con el concierto de despedida de la presente temporada; contribuyeron a ello los desmedidos emolumentos del director, aireados en la prensa, y el poco entusiasmo que la noche anterior el mismo programa había despertado en compañeros de profesión. Sin embargo ante la excelencia con la que nos pareció se acometieron cada una de las tres páginas ofrecidas, llegamos a un par de conclusiones. Primero, que algún día conoceremos la verdad sobre la supuesta confrontación que dicen existe entre los integrantes de la orquesta y su titular, toda vez que a nuestro parecer son muchas las ocasiones en las que el maridaje entre unos y otro han dado tan buenos frutos, y ésta no fue la excepción. ¿Es posible entonces tal grado de insatisfacción en la plantilla, por mucha profesionalidad que deban derrochar en el ejercicio de su trabajo? Y en segundo lugar, que la avaricia es mala compañera y que con los tiempos que corren los gestos de generosidad son tan bien recibidos como los de excelencia artística, aunque el público sevillano siga pareciendo harto complacido con las labores del titular de su joya de la corona. Pero esto lo aplicaría primero a nuestros ineptos políticos, que nos hacen la vida cada vez más difícil, a pesar de que fueron puestos ahí no para exhibir la sonrisa de la complacencia y el poder, sino para ofrecer soluciones eficaces con humildad y dignidad; y después a estos otros gremios, que funcionan según leyes de mercado y al menos nos regalan más de una satisfacción, a pesar de lo cual, repito, nunca les han de sobrar los gestos de discreción, moderación y generosidad.

Las tres fanfarrias que han precedido a cada una de las tres anteriores sinfonías brahmsianas interpretadas en esta temporada se estrenaron por la Orquesta Nacional de España en enero de 2011, igualmente como preludios a esas páginas sinfónicas y dirigidas por el veterano Rafael Frübeck de Burgos, quien para la Sinfonía nº 4 eligió entonces la fanfarria compuesta por Alejandro Yagüe, ahora sustituida por la suya propia en los atriles de la ROSS. Se trata de una obra de inspiración imperial, robusta y descomunal que descansa naturalmente en los metales, cumpliendo esta sección con holgada solvencia y evidente sentido del espectáculo, a pesar de alguna que otra entrada imprecisa. Para Capuçon creo que ésta era la tercera vez que actuaba junto a la ROSS. Precisamente en ese mismo enero de 2011 hizo el Concierto nº 1 de Saint-Saens con Víctor Pablo Pérez a la batuta, y en noviembre de 2007 interpretó junto a su hermano Renaud el Doble concierto de Brahms. El de Elgar es un concierto tan asociado a Jacqueline du Pré y John Barbirolli que parece que cualquier propuesta que se aleje de los presupuestos estéticos que ellos impusieron deba ser forzosamente errónea o caprichosa. Prejuicios fuera, la de Capuçon y Halffter fue una visión nueva, original y válida de tan hermosa partitura. Etérea en los violines hasta parecer pura ensoñación, y de marcadísimos acentos nostálgicos y románticos, la de Halffter fue una dirección meticulosa, cristalina y muy atenta a todos los detalles de orquestación, color y sensibilidad; mientras Capuçon prácticamente hizo llorar al violonchelo, prescindiendo de ese arranque desesperado al que estamos acostumbrados y prosiguiendo con una lectura arrebatada, dolorosa y sufriente de la pieza. No hubo nada que se resintiese en esta lectura personal del concierto, y la emoción fue tan evidente que a muchos llegó a dejarnos sin aliento.

Más ortodoxa fue la interpretación de la Sinfonía nº 4 de Brahms, esa que marcó definitivamente el rumbo a tomar por el sinfonismo europeo a partir de entonces, y la que más influencias acusó al mismo tiempo de épocas pretéritas, especialmente el Clasicismo. Esta partitura, que alguno bautizó como Sinfonía de otoño, refleja perfectamente el carácter huraño y solitario, a la vez que fogoso y atormentado, del compositor. Todo eso pareció entenderlo Halffter al abordar su inquieto y anhelante primer movimiento con el ímpetu de una batalla campal, resaltando su enorme fuerza narrativa en el segundo, su carácter desenfadado pero a la vez irónico en el tercero, y así hasta llegar a la rabia tumultuosa del cuarto, la mejor página de variaciones jamás acometida por el autor del Réquiem Alemán. Y para que todo eso fuera posible las prestaciones de la orquesta tuvieron que ser una vez más impecables y exuberantes, más propias de quienes admiran que de quienes detestan a su director.

LA BARROCA DE SEVILLA DESEMPOLVA LA MÚSICA DE JUAN MANUEL DE LA PUENTE

Concierto del Día Europeo de la Música. Solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla. Enrico Onofri, violín y dirección; María Espada, soprano. Programa: Sonatas Prima y Quinta Op.1 de Francisco José de Castro; 3 Cantatas y 1 Tonada de Juan Manuel de la Puente; Sonata Op.2 nº 1 de Corelli; Sonata Op. 1 nº 8 de Vivaldi.
Iglesia de Santa Ana, 21 de junio de 2012

Dentro de los eventos programados para celebrar el Día Europeo de la Música – el concierto de la ROSS y el eclipsado y muy atractivo de Ángel Luis Quintana y Carmen Martínez-Pierret en los Jardines del Alcázar, no formaban parte de ese paquete especial aunque se celebrasen el mismo día – el más singular fue sin duda el ofrecido por la Barroca. Se trataba de completar los conciertos con los que el pasado otoño se exhumaron de la mano del Proyecto Atalaya y del musicólogo e historiador Javier Marín obras de quien fuera maestro de capilla de la Catedral de Jaén, Juan Manuel de la Puente. Entonces fueron villancicos y un miserere y ahora una serie de cantatas y una tonada de carácter castellano y popular.

Bastó la propuesta para constatar una vez más que se trata de música menor, sobre todo al combinarse con obras de autores mayores para enmarcarlos en espacio y estilo, destacando la sensacional Sonata Op. 1 de Vivaldi, de quien también se ofreció un Aleluya como propina. En este sentido es asombroso el parecido de la Sonata Prima de Castro con el estilo de Corelli. No por eso deja de ser conveniente y placentero conocer las inquietudes y bondades musicales de nuestros antepasados, muy en consonancia con las corrientes imperantes, y con resultados bastante satisfactorios.

Claro que con la excelencia de la OBS, esta vez en formación reducida, estas recuperaciones de la música de nuestros maestros del Barroco acaban resultando una empresa muy feliz. Contar frecuentemente con Enrico Onofri y María Espada no es tanto un lujo para la orquesta, que se merece éstas y más ilustres colaboraciones, como para el público. El primero volvió a seducir con su elegante, sensible y expresivo toque, dominando en las piezas instrumentales y dejando que fuera ella quien lo hiciera, con su canto dulce, de emisión clara y fraseo preciso, en las vocales. Mientras, Mercedes Ruiz, Alejandro Casal, Miguel Rincón y Ventura Rico proporcionaron una base perfecta en cuerpo y seguridad.

Versión extensa del artículo publicado en la web de El Correo de Andalucía el 23 de junio de 2012

jueves, 21 de junio de 2012

LOOKING BACK Andreas Prittwitz y sus clásicos descafeinados

XIII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Andreas Prittwitz, clarinete, saxofón y flauta. Daniel del Pino, piano. Programa: Ständchen, de Schubert; Vals Op. 69 nº 1, Estudio Op. 10 nº 3 y 3 Preludios, de Chopin; Selección de Children’s Corner, de Debussy; Gymnopedies 1 y 3, de Satie; 3 Preludios, de Gershwin. Miércoles 20 de junio de 2012


Hace tiempo que el músico alemán afincado en España Andreas Prittwitz viene experimentando con la música clásica y llevándola a un ámbito más popular y presuntamente cercano al público, algo que parece haber conseguido a juzgar por el entusiasmo con el que su propuesta fue recibida por los asistentes a este singular concierto en los Jardines del Alcázar.

Bien fuera versionando clásicos del Renacimiento, del Barroco o más recientemente Chopin, Looking Back es un proyecto de Prittwitz centrado en esos presupuestos estéticos e ideológicos. El pianista Daniel del Pino, ya un veterano de nuestros escenarios, ha sido su acompañante en esta última empresa chopiniana y ahora también en otra dedicada a compositores impresionistas y contemporáneos. Pero a juzgar por los resultados, más que enriquecer u ofrecer una alternativa a las lecturas ortodoxas de las páginas homenajeadas, más bien las reblandece y trivializa a fuerza de ornamentaciones previsibles y típicas en un estilo jazzístico discreto y poco arriesgado. En este punto preferimos las versiones que de Satie, Debussy, Ravel o Milhaud grabó el saxofonista Bradford Marsalis a principios de este siglo, donde se limitaba a sustituir los instrumentos originales por aquél en el que es un genio consumado.

Mientras del Pino logra que su piano suene con algo más de expresividad de lo que es habitual en él, disfrutando incluso de algún momento de lucimiento en solitario, los esfuerzos de Prittwitz al clarinete, saxofón, incluida una versión miniaturizada, y flauta, se antojan estériles y harto convencionales para no ofrecer más que unos clásicos descafeinados más apropiados para crear ambiente que para ser degustados en plan gourmet. Queda esto dicho desde el respeto que por supuesto brindamos al público que disfrutó con la velada, y el que merece el indudable entusiasmo y cariño con el que Prittwitz aborda su proyecto, y que tradujo incluso en las amables y simpáticas palabras en perfecto castellano con las que ilustró cada pieza interpretada.

HYSTERIA Buenas vibraciones

Reino Unido 2011 103 min.
Dirección Tanya Wexler Guión Jonah Lisa Dyer, Stephen Dyer y Howard Gensler Fotografía Sean Bobbitt Música Cast Waltzing Intérpretes Hugh Dancy, Maggie Gyllenhaal, Jonathan Pryce, Rupert Everett, Felicity Jones, Gemma Jones, Sheridan Smith, Ashley Jensen Estreno en España 15 junio 2012

El caso de la realizadora de esta película es curioso, por cuanto apenas ha dirigido tres películas y ésta lo ha hecho diez años después de la anterior, sin que durante todo ese tiempo parezca que se haya dedicado a otra cosa en el medio audiovisual. Esta agradable comedia sobre una supuesta enfermedad que atacaba a las mujeres en la Inglaterra Victoriana, y los remedios que un grupo de científicos pusieron en práctica para “consolarlas”, tiene todo el aroma de esas comedias británicas que tratan con guante blanco temas supuestamente escabrosos para convertirlos en piezas de porcelana tan simpáticas como correctas. Aunque sus personajes y su argumento romántico acaban resultando demasiado previsibles e impuestos, el espectáculo se ve con agrado y sonrisa permanente, lo que en estos tiempos de comedia burda y grosera no es poco. Siguiendo la estela en estilo visual y dramático de cintas como El discurso del rey, y un tanto alejada de aquel tipo de comedias que se realizaban en el Reino Unido en los 50, donde curiosamente esta película no se estrena hasta el próximo septiembre, Hysteria se beneficia de ese buen hacer británico y de unas interpretaciones impecables, a la vez que invita a la solidaridad con los más afligidos y necesitados sin tener que viajar a África y utilizando argumentos convincentes aún en su modestia. Sumen sonrisas, buen gusto y sanas motivaciones, y aunque la realización no sea muy incisiva ni ingeniosa, lograrán un producto nada deleznable.