domingo, 31 de julio de 2016

JASON BOURNE Violencia obscena

USA 2015 100 min.
Dirección Paul Greengrass Guión Paul Greengrass, Christopher Rouse y Matt Damon, según los personajes creados por Robert Ludlum Fotografía Barry Ackroyd Música David Buckley y John Powell Intérpretes Matt Damon, Alicia Vikander, Tommy Lee Jones, Julia Stiles, Vincent Cassel, Ato Essandoh, Riz Ahmed, Scott Shepherd, Bill Camp Estreno en Estados Unidos 29 julio 2016; simultáneo en España

La saga de Jason Bourne tendría que haber sido una trilogía, la que tuvo tiempo de escribir su autor Robert Ludlum antes de fallecer y de que sus novelas se convirtieran en un enorme éxito de la mano del sagaz productor Frank Marshall. Pero ya se sabe que en Hollywood todo lo que se pueda exprimir hay que aprovecharlo, y si el relevo del personaje con Jeremy Renner y El legado de Bourne no fue el éxito esperado, le toca el turno a resucitar al protagonista principal, involucrarlo en producción y guión, y parir otro engendro para llenarse los bolsillos con una de esas propagandas que hace imprescindible acercarse al cine para dejarse embaucar una vez más por lo de siempre. Este superhéroe que vino a remozar el género de espías contextualizándolo en esta nueva época de inestabilidad mundial, terrorismo a gran escala y conspiraciones de los altos poderes económicos y políticos, nació como respuesta americana al veterano James Bond británico. Pero donde allí habían saludables golpes de humor aquí todo es tragedia y tormento, lo que hace que su violencia moleste más, no se pueda tomar a broma, como ocurre por ejemplo en las películas de Indiana Jones. ¿Qué se le va a hacer? Es el signo de los tiempos; si antes encontrábamos en el cine una vía de escape de la realidad, ahora encontramos precisamente esa realidad pero exagerada, multiplicada por mil, y con tanta y tanta violencia que todo acaba resultando manifiesta y deliberadamente obsceno y muy poco aconsejable. Las revueltas sociales por la crisis económica en Atenas, los ataques cibernéticos a la seguridad mundial o las revelaciones tipo wikileaks, desencadenan aquí larguísimas secuencias de persecución y violencia extrema en donde el daño colateral apenas importa un bledo. Se supone que el leit motiv de la cinta es que Bourne ha recuperado la memoria, pero a efectos prácticos la verdad es que el detalle importa poco, y es que si de algo carece esta película es de un guión sólido y convincente; no sorprende que entre sus guionistas esté el montador de la saga, pues eso es lo que ofrece, mucho montaje, ritmo frenético y supuesta carga de adrenalina. Que se cuelen nuevos personajes, como el interpretado por la oscarizada Alicia Vikander, sólo es un pretexto para continuar la saga y seguir exprimiendo la gallina.

MILES AHEAD En busca de la gloria a ritmo de bebop

USA 2015 100 min.
Dirección Don Cheadle Guión Steven Baigelman y Don Cheadle Fotografía Robert Schaefer Música Robert Glasper Intérpretes Don Cheadle, Ewan McGregor, Michael Stuhlbarg, Emayatzy Corinealdi, Lakeith Lee Stanfield, Morgan Wolk, Austin Lyon, Christina Karis Estreno en Estados Unidos 22 abril 2016; en España 29 julio 2016

Desconocemos la admiración que le pueda profesar el actor Don Cheadle (Ocean's Eleven, Crash, Hotel Rwanda) al legendario trompetista Miles Davis, pero a juzgar por el papel de dominio y control absoluto que se ha adjudicado en esta su primera película como director, sospechamos que es mucha, inmensa. Realizador, productor, guionista, protagonista y hasta autor de un par de temas originales de la banda sonora, son sus credenciales en esta cinta que pretende recrear la figura del genial jazzista (música social la llamaba él) no tanto a partir de su biografía, de la que se vierten episodios muy concretos y no precisamente cruciales en su periplo como artista, sino de una historia ficticia en la que se evidencia tanto su controvertida personalidad como su capacidad para crear y transformar lo real en hipnótica creatividad. Para ello Cheadle fija su atención en una de las etapas menos creativas del intérprete, una crisis que le llevó a no grabar durante cinco años consecutivos. Aunque el título de su discografía que más se repite a lo largo del metraje es Sketches of Spain, que incluye la mítica Soleá, Cheadle ha optado por recuperar un éxito de 1957 con Gil Evans como arreglista y productor para bautizar su película. Una entrevista derivará en un encuentro con un freelance que se presenta como trabajador de la revista Rolling Stone, y ambos vivirán una aventura en la que el trabajo de Davis se verá amenazado por las altas esferas de la producción discográfica, a la vez que una mezcla de alcohol y estupefacientes, como no podía ser menos cuando de retratar a un genio de la música se trata, irán tejiendo una serie de paranoias relacionadas con su vida sentimental y el entorno de prejuicios, violencia y racismo en el que se desarrolla. Todo esto sirve a su artífice para impregnar al conjunto de un ritmo tan medido como aparentemente improvisado, como si pretendiera con éxito emular la esencia del jazz, y más concretamente del arte de Miles Davis, en la creación cinematográfica. No falta el humor, imprescindible para hacer más digerible una propuesta tan intelectual como ésta, y así el personaje tan estrambótico y engreído que propone provoca más de un momento divertido y ocurrente, mientras la entrega del director y actor, como si estuviera en busca de la gloria absoluta, y el resto del elenco, incluido el eternamente joven Ewan McGregor y la hermosa y etérea Emayatzy Corinealdi, a quien hace poco veíamos en La invitación, consiguen un espectáculo tan regocijante como aconsejable, especialmente para los amantes del género y del homenajeado. Para colmo, Cheadle ha sabido además rodearse de impagables colaboraciones, como ese final rodeado de una banda de ensueño que incluye a Wayne Shorter, Esperanza Spalding y el veterano e irrepetible Herbie Hancock.

sábado, 30 de julio de 2016

EL GENIO DE BACH EN MANOS DE RUIBÉRRIZ, TURINA Y SEBASTIÁN

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Rafael Ruibérriz, flauta. Guillermo Turina, violonchelo barroco. Alfonso Sebastián, clave. Programa: Bach, en versión y original (Sonatas completas para flauta y bajo continio y otras célebres páginas de Johann Sebastian Bach). Viernes 29 de julio de 2016

La compenetración y buena sintonía entre Rafael Ruibérriz, Alfonso Sebastián y Guillermo Turina se nota de lejos. Sólo así se comprende que se pueda ofrecer un programa tan complejo como éste y llevarlo a buen puerto. Interpretar del tirón las tres sonatas para flauta y bajo continuo de Bach, aunque una de ellas hoy se considere apócrifa, es tarea difícil; hacerlo con tal solvencia aún más, naturalmente. La empresa la acometieron adornándola con otras obras muy características y populares del genio de Leipzig, en rigurosa versión original para los instrumentos para las que fueron concebidas, a excepción sólo de dos que por fuerza requirieron su adaptación, versiones caseras tal como las definió un especialmente dotado para la oratoria Alfonso Sebastián.

Sin desmerecer sus aspectos meramente técnicos y formales, hay que decir que la propuesta tuvo un mayor componente didáctico que expresivo; una muy respetuosa y sintonizada manera de acercarse a estas piezas magistrales por encima de cualquier hallazgo especial en materia de expresividad. Con muy buen criterio los intérpretes fueron apareciendo paulatinamente, primero Turina tocando el recurrente Preludio de la Suite BWV 1007, carne de prácticas para cualquier estudiante de violonchelo que se precie, de forma escolástica pero un tanto rígida, severa. Sin pausa se añadió Sebastián para abordar el Preludio y Fuga de El clave bien temperado, con el que mantuvo su difícil (más en el clave original que en el piano) ritmo y cadencia, potenciando la intensidad de su segunda parte. Así hasta encadenar con la primera de las tres sonatas, cuya escritura arcaica hace pensar que no sea realmente de Bach, que Ruibérriz arrancó con demasiada discreción y timidez, hasta que ya en el allegro exhibió más seguridad y aplomo, manteniéndose hasta los dos minuetos finales que tradujo con dominio técnico, gracia y fluidez narrativa, tras un melancólico adagio.

Ruibérriz resolvió de manera satisfactoria las complejas ornamentaciones del hermoso adagio introductorio de la Sonata BWV 1035, acentuando los aires danzísticos del allegro (rigodón) y el allegro assai final (polonesa), así como la agitada melodía del siciliano central, que clave y chelo acompañaron con notable sentido del volumen. En la Sonata BWV 1034 echamos de menos un mayor grado de elocuencia y emotividad por parte de la flauta, pero en conjunto resolvieron muy bien su estética concertística y sus audacias formales. Entre esta trilogía insertaron el siciliano de la Sonata para flauta y clave BWV 1031 con notable encanto y fluidez, y ya en versión doméstica los muy célebres Jesus bleibet meine Freunde y badineire de la Suite orquestal BWV 1067, priorizando su agilidad y carácter didáctico. No pudieron acertar más ofreciendo como propina el Ave María de Gounod, que descansa sobre el preludio para El clave bien temperado, cerrando así la velada como un círculo perfecto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 29 de julio de 2016

RAFAEL AGUIRRE: LA DEFINICIÓN DE UN ARTISTA

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Rafael Aguirre, guitarra. Programa: La guitarra española del S. XVIII y XIX (obras de Sor, Tárrega y Malats). Jueves 28 de julio de 2016

Las cálidas noches en el Alcázar han renovado considerablemente su cartel de artistas, algunos de tan dilatada y prometedora carrera como la del joven guitarrista malagueño que nos visitó el pasado jueves. Acostumbrados a las magníficas prestaciones de Antonio Duro o Francisco Bernier, habituales en estos encuentros, ha sido toda una revelación comprobar cómo tras trece años sin actuar en nuestra ciudad, como él mismo confesaba al inicio del recital, Rafael Aguirre se haya convertido en uno de los más completos y sensibles intérpretes del instrumento español por antonomasia en el mundo entero. Cuesta aceptar a la vista del extraordinario talento desplegado en esta cita que los principales escenarios hispalenses hayan obviado su presencia en todo este tiempo.

La forma que tiene de tocar define a la perfección lo que es un artista, alguien capaz no sólo de frasear y modular con una técnica portentosa, limpia y perfectamente definida, sino de transmitir además todo un glosario de sensaciones, potenciado por una sensibilidad extrema y una extraordinaria capacidad para conmover, divertir o emocionar según qué pieza. Un ejemplo perfecto lo tenemos en Lágrima del imprescindible Francisco Tárrega, con cuya excelsa interpretación llegó a extraer precisamente eso de nosotros, la lágrima. Este preludio en miniatura fue una de las muchas piezas que el guitarrista eligió del compositor valenciano afincado en Barcelona, junto a otras de los catalanes Fernando Sor y Joaquín Malats. Un programa catalán en manos de la guitarra española… da que pensar. Una de las particularidades de Aguirre reside en despachar con tanta soltura técnica como brevedad las obras que acomete, que vienen a durar menos de la media. Eso y la falta de presentaciones, salvo ya al final para confesar su admiración por Yepes y la Gran Jota de Tárrega que le abrió las puertas del instrumento, acortó la duración del concierto, que terminó con un admirable Recuerdos de la Alhambra pulsada con igual elegancia y buen gusto que el Capricho árabe, la polka Rosita, el Estudio brillante sevillano o el tango María que desgranó del repertorio de este gran maestro.

Aunque lo más sorprendente fue su destreza y agilidad para enfrentarse a la Gran Jota, cuya sección central percutida y con el sonido de la cuerda en lejanía obtuvo resultados más allá de la pura magia, directamente sobrenaturales. También con arreglo del compositor de Villarreal, la popular Serenata Española original para piano de Joaquín Malats evidenció también la agilidad y elegancia de Aguirre, mientras las Variaciones sobre un tema de Mozart de Fernando Sor, que aunque clásico admite connotaciones de un adelantado romanticismo, sonaron sencillas, compactas y con ese punto jovial y desenfadado que demanda.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 30 de julio de 2016

jueves, 28 de julio de 2016

SUNSET SONG La vida dogmatizada

Reino Unido 2015 135 min.
Guión y dirección Terence Davis, según la novela de Lewis Grassic Gibbon Fotografía Michael McDonough Música Gast Waltzing Intérpretes Agyness Deyn, Peter Mullan, Kevin Guthrie, Jack Greenlees, Mark Bonnar, Douglas Rankine, Linda Duncan McLaughlin, Ron Donachie, Stuart Bowman, Niall Greig Fulton, Daniela Nardini Estreno en el Festival de Toronto 13 septiembre 2015; en Reino Unido 4 diciembre 2015; en España 22 julio 2016

La primera de las novelas que conforman la trilogía A Scots Quair del aquí poco conocido y nada traducido autor escocés Lewis Grassic Gibbon, a pesar de haber escrito un Espartaco alternativo al de Howard Fast, nos introduce en el personaje de Chris Guthrie, una hermosa joven con especial talento para el estudio y una vida marcada por la educación férrea de un padre cruel y extremista para quien Dios y la Biblia son más que un mero credo para entrar dentro del ámbito de un estilo de vida intolerante y agresivo. La trilogía, que se completa con Cloud Howe y Grey Granite, ha sido llevada a la televisión británica, y sabemos que al director de The Deep Blue Sea, La casa de la alegría, El largo día acaba y Voces distantes le ha marcado mucho desde su descubrimiento hace ya un buen puñado de años, pero desconocemos si tiene intención de embarcarse en la adaptación del resto de la saga. Con ésta Davis ofrece su cara más clásica y tradicional, tanto estética como narrativamente, entroncando con un estilo comparable a la épica romántica e intimista cultivada en los años sesenta por David Lean (La hija de Ryan) y John Schlesinger (Lejos del mundanal ruido), algo distante de su manera de hacer cine en los títulos antes apuntados, un poco más arriesgada y atrevida. Una fotografía preciosista y detallista y una elegante puesta en escena contrastan con los limitados recursos empleados a la hora de ponerle música al asunto, con un chirriante fondo de sintetizador para acompañar las canciones que tradicionalmente ilustran sus películas, lo que sorprende dada la melomanía del autor. La cinta nos cuenta las penurias y dichas de esta joven a la que la vida le lleva, con naturalidad y sin imposiciones, a repetir los esquemas que se presuponen a una mujer de la época, convencionalismos que la retiran de cumplir sus sueños de adolescencia. En el camino de madurez conocerá el carácter despiadado de su padre, su entrega incondicional a un hermano al que adora, y la felicidad en brazos de un joven que no responde al paradigma del galán clásico pero que completa con ella una pareja que transmite amor, respeto y felicidad por los cuatro costados. En todo el desarrollo será importante el papel castrador de la Iglesia, no sólo representado en ese padre implacable sino también en el sacerdote estigmatizador. Sus largas secuencias y calculados diálogos fluyen con tal naturalidad y talento que sus dos horas y cuarto pasan rápidas, a pesar de que se echa en falta más emoción y capacidad para conmover. Menos logrado resulta la exquisitez de comportamiento de todos los personajes, a pesar de tratarse de gente de campo con pocas oportunidades y menor educación, aunque a la larga esta exhibición de buenas maneras se agradece frente a la vulgaridad que hoy estamos condenados a soportar en pantalla. En última instancia la novela y la película son un eficiente alegato contra la guerra, no tanto como para transformar caracteres de manera tan drástica como se refleja en su argumento, pero sí por su capacidad catastrofista para destruir esperanza y felicidad individuales con el falso pretexto de salvaguardar valores que casi siempre benefician a unos pocos, esa aristocracia que sigue manejando los hilos de las vidas sencillas que sólo deberían estar reguladas por su anclaje a la tierra, único Dios que determina nuestro destino y justifica nuestra existencia. Esperemos que la película sirva para abrir nuevos horizontes a Agyness Deyn, soberbia en su papel protagonista, y Kevin Guthrie, que ya coincidió en Amanece en Edimburgo con Peter Mullan, actor de Ken Loach en Mi nombre es Joe y director en Las hermanas de la Magdalena.

miércoles, 27 de julio de 2016

AMBIENTE MODERNISTA CON MARIAROSARIA D'APRILE Y TOMMASO COGATO

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mariarosaria D’Aprile, violín; Tommaso Cogato, piano. Programa: Granados en París (obras de Granados, Viardot, Boulanger y Fauré). Martes 26 de julio de 2016

Con estos dos artistas italianos residentes en Sevilla empezamos a tener un problema, el peligro de no ser objetivos dado el cariño que les vamos profesando. Su talante amable y distendido y el hecho de que de un tiempo a esta parte se hayan convertido en agentes y promotores de primer nivel del ambiente musical de la ciudad, está propiciando este sentimiento. Aún así creemos que no faltamos a la verdad si concluimos tras un concierto como el del miércoles por la noche que la pareja es capaz de transmitir mucho con su música y de envolver con cuerpo y expresividad los hermosos programas que acometen.

Una sencilla pero muy elocuente puesta en escena, en la que Cogato vistió a pesar del calor un hábito respetuoso con corbata incluida y D’Aprile lució ropa y tocado evocadores del modernismo parisino en el que se desarrollaba el programa, sirvió para poner en pie otro de los carteles que este año homenajean a Enrique Granados, centrado esta vez en su periplo parisino, donde se desarrolló otro de los capítulos que conforman su biografía más popular, su imposibilidad de estudiar en el conservatorio de la ciudad por una enfermedad que le dejó fuera de las pruebas de selección. D’Aprile y Cogato aprovecharon la ocasión para establecer una singular conexión con la familia del sevillano Manuel García, dado que una de las personalidades más influyentes en los circuitos artísticos e intelectuales del París de la época fue su hija Pauline Viardot. Un par de piezas breves de la mezzo y compositora y la sonata que Fauré dedicó a su hijo ilustraron dicha conexión. En la Romanza los intérpretes desgranaron su faceta melódica con acertados aires rapsódicos, mientras Bohemienne sirvió para que la violinista luciera agilidades al más puro estilo zíngaro. La imponente Sonata no. 1 Op. 13 de Fauré sonó sin embargo menos intensa de lo conveniente; acertaron en elegancia y acoplamiento pero no tanto en expresividad y pasión, con caídas de tensión que deslucieron el resultado a pesar de un scherzo rítmico y vibrante. Un melancólico Nocturno de Lili Boulanger completó el listado de invitados al tributo.

Con la Sonata de Granados los incondicionales de las Noches en el Alcázar pueden apreciar diversas formas de afrontarla, dada la cantidad de veces que se ha programado. La de ellos fue pausada y matizada, potenciando su carácter romántico y sentimental. Muy compenetrados, ella hizo gala de una exacerbada expresividad y un sonido homogéneo, mientras él acompañó con mimo y respeto. Sin embargo ni como elemento exótico brilló demasiado el folclore en la Andaluza, a pesar de su incontestable factura técnica. Ya en solitario y sin partitura disfrutamos enormemente con la página más célebre de Goyescas, Quejas o La maja y el ruiseñor, que Cogato atacó como si de un blues se tratase, acentuando su carácter de fantasía libre y sometiéndose al dominio de su expresividad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 26 de julio de 2016

LA LEYENDA DE TARZÁN Trágico, hipervitaminado y sin faldita

Título original: The Legend of Tarzan
USA 2016 109 min.
Dirección David Yates Guión Stuart Beattie, Criag Brewer, John Collee y Adam Cozad, según la novela de Edgar Rice Burroughs Fotografía Henry Braham Música Rupert Gregson-Williams Intérpretes Alexander Skarsgard, Margot Robbie, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson, Djimon Hounsou, Jim Broadbent, Ben Chaplin Estreno en Estados Unidos 1 julio 2016; en España 22 julio 2016

Era de prever que en plena era digital el célebre personaje creado hace más de un siglo por Edgar Rice Burroughs sufriera una nueva adaptación que aprovechara al máximo las bondades de la tecnología moderna, inflada e hipervitaminada. Muchos han sido quienes han interpretado al hijo de la jungla desde 1918, sólo seis años después de su primera aparición en la revista All Story Magazine, hasta hoy, entre quienes destacan Johnny Weissmüller, Les Baxter, Gordon Scott, Christopher Lambert y si acaso Casper Van Dien. El penúltimo protagonizó la que es hasta la fecha la más fiel y solemne adaptación del original literario, a las órdenes de Hugh Hudson, que sólo tres años antes había sido encumbrado en Hollywood con sus cuatro Oscar por Carros de fuego. Esta nueva adaptación, producida por el recientemente fallecido Jerry Weintraub, responsable de sagas como Karate Kid y Ocean’s Eleven, combina la seriedad de aquella película, Greystoke, con la aventura genuina que han cultivado los filmes producidos entre los treinta y primeros setenta. Pero en general aporta poco o nada al imaginario del personaje, abusando de efectos visuales, situando animales en entornos que no les son propios, acudiendo al convencionalismo en más de una ocasión (tribus del Congo que se defienden en inglés) y reservando para la compañera, Jane, el papel de cebo, y estorbo, que ya ha sufrido en muchas otras ocasiones. Para colmo convierte a Tarzán en otro de esos héroes atormentados y trágicos, en la peor línea de Christopher Nolan. El espectáculo no obstante resulta entretenido pero a menudo ridículo, mientras decepciona con un argumento tan previsible como pastichero, en el que caben todo tipo de reivindicaciones medioambientales, animalistas, raciales y pacifistas, aunque por supuesto no profundiza en nada, ni le interesa.