lunes, 6 de febrero de 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR Una descomunal decepción

Título original: Manchester by the Sea
USA 2016 135 min.
Guión y dirección Kenneth Lonergan Fotografía Jody Lee Lipes Música Lesley Barber Intérpretes Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan, Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol, Susan Pourfar, Christian J. Mallen, Frankie Imbergamo Estreno en el Festival de Sundance 23 enero 2016; en Estados Unidos 16 diciembre 2016; en España 3 febrero 2017

Kenneth Lonergan posee una filmografía desconcertante. De ser el guionista de películas tan dispares como Una terapia peligrosa y Gangs of New York, pasó a dirigir sus propias cintas, debutando con Puedes contar conmigo, una tragicomedia sentimental que reportó a Laura Linney y Mark Ruffalo la oportunidad de interpretar unos papeles sólidos y esmerados. Después vino Margaret, una fascinante disquisición sobre la juventud y sus dificultades para relacionarse con el entorno, especialmente a raíz de una tragedia sobrevenida. La película, que tardó más de cinco años en gestarse, entre rodaje, montaje y distribución, fue un rotundo fracaso de crítica y público que la llevó a ese lugar del limbo del que surgen los productos de culto, que es en lo que se ha convertido. Manchester frente al mar ha sido un hervidero de premios y nominaciones desde su estreno en el Festival de Sundance a principios del año pasado. Se ha ido haciendo con premios a todo lo largo y ancho del globo, sobre todo a finales de ese mismo 2016, con reconocimientos unánimes para su protagonista en todos los círculos críticos de Estados Unidos, premios en Gijón, nominación a los César y así incontables galardones hasta llegar a las seis nominaciones a los Oscar con los que parte su estreno en España. Y sin embargo nos ha provocado una enorme decepción en quienes no hemos visto más allá que un tristón melodrama sobre la responsabilidad que surge en el ser humano cuando actúa con imprudencia. Casey Affleck da vida a un taciturno que vive cual zombi dedicado exclusivamente a un trabajo de mera supervivencia, sin alegrías ni ambiciones, y al que una pérdida sobrevenida le hará asumir de nuevo la responsabilidad, en este caso frente a un sobrino de vida irresponsable y desordenada, y para colmo en la única ciudad a la que el protagonista no querría jamás volver. Con este material podría haberse rodado un inquietante ejercicio psicoanalítico sobre las consecuencias de la desgracia y cómo afecta a nuestro ánimo y entorno. Por el contrario, nos encontramos con una frialdad absoluta, un personaje de mirada naturalmente perdida, y una catarsis previsible sin más consecuencia que una justicia inventada que no encuentra indicios en el crimen por imprudencia, y un mundo masculino en el que la mujer es sólo un pretexto para el hombre, más cerebral y capaz de recomponer, también fríamente, su vida e incluso mejorarla rodeándola de ese conservadurismo que como todo el mundo sabe, da más seguridad. Las breves intervenciones de Michelle Williams le han reportado también exagerados reconocimientos. Y si de subrayar la tristeza y la desgracia se trata, nada mejor que convocar al Adagio de Albinoni (enterito), alguno de los pasajes más melancólicos del Mesías de Händel o un Concerto grosso de Corelli. Ambientar la historia en el crudo invierno nevado también ayuda, pero sinceramente toda esta tragedia y pretender ahondar filosóficamente en la tristeza sobrevenida por el religioso sentimiento de culpa sólo nos provoca, tal como lo plantea Lonergan, aburrimiento.

jueves, 2 de febrero de 2017

THE KING'S CONSORT EN EL LOPE DE VEGA: EL DULCE SONAR DE UNOS SONETOS INMORTALES

Concierto de The King’s Consort. Berit Solset, soprano. Cecilia Bernardini y Huw Daniel, violines. Dorothea Voge, viola. Robin Michael, contrabajo. Lynda Sayce, tiorba y laúd. Robert King, clave y dirección. Programa: El Londres de William Shakespeare (obras de Matthew Locke, Robert Johnson, John Wilson, Thomas Morley, Henry Purcell y Richard Edwards). Teatro Lope de Vega, miércoles 1 de febrero de 2017

Robert King
Precediendo en un día a la puesta en escena durante varios de la comedia Trabajos de amor perdidos de William Shakespeare, el Teatro Lope de Vega tuvo la excelente idea de programar un concierto de música inglesa del renacimiento y primer barroco a cargo de quien es uno de sus indiscutibles valedores y mejores intérpretes, Robert King, que acompañado de algunas de las personas que integran su famoso King’s Consort, hizo las delicias del escaso público allí congregado. Y decimos escaso no porque hubiera poca gente, sino porque habían demasiados huecos, algunos pisos del teatro estaban casi vacíos, y tratándose de un conjunto de su talla no deja de llamar la atención.

A fuerza de apoyarnos en el talento local, como tantas veces hemos reseñado, hoy paradójicamente el público sevillano se vuelca con la Barroca y otros conjuntos hispalenses, mientras deja pasar la ocasión de comulgar con artistas de tanto relieve y consumado reconocimiento internacional. Nos encanta que lo nuestro triunfe en casa, pero desdeñar otras citas empobrece nuestras miras. No hay justificación, ni siquiera la manifiesta falta de publicidad, para que The King’s Consort no llenara el Teatro Lope de Vega este pasado miércoles. Ni siquiera acertamos a ver otros músicos, fueran de la Barroca o de otras formaciones de la ciudad, entre el público, aprendiendo de maestros como el director y clavecinista inglés.

Berit Solset
Quienes tuvimos la suerte de escucharles nos encontramos con un exquisito concierto en el que se dieron cita algunos de los compositores más sobresalientes del final del Renacimiento y primer Barroco, además de los imprescindibles Henry Purcell y Matthew Locke, ya del pleno movimiento cultural del siglo XVII. En el programa dos partes bien diferenciadas, la primera de sabor más arcaico, con una elocuente selección de La tempestad de Locke y una serie de canciones, algunas de ellas madrigales, como la de Thomas Morley, inspiradas en otras obras relevantes del escritor de Stratford-upon-Avon, como Noche de Reyes, Otelo o Romeo y Julieta. La voz de la soprano noruega Berit Solset destacó en esa gracia y dulzura tan particular del repertorio de las islas británicas, sin ambiciones de lucimiento ni aspavientos innecesarios, destacando siempre los versos en perfecta pronunciación en un inglés antiguo, y entonando y modulando con elegancia y primor, lo que unido a un timbre exquisito logró una interpretación redonda a pesar de no contar con excesiva potencia, como demostró en piezas tan bellísimas como la anónima The Willow Song. En la segunda parte una ejemplar selección de La reina de las hadas de Purcell, basada en El sueño de una noche de verano, volvió a contar con las magníficas prestaciones de Cecilia Bernardini al violín, Lynda Sayce en la cuerda pulsada y por supuesto Solset en la voz, todas y todos en estilo, acariciando sus instrumentos de época y haciéndolos sonar sin atisbo de amaneramiento. La guinda final la pusieron las conmovedoras The Plaint e If Love’s a Sweet Passion, que cobraron con todos estos ingredientes un valor muy emotivo y perdurable.

miércoles, 1 de febrero de 2017

HIRO KUROSAKI Y LA BARROCA DE SEVILLA EN EL CONCIERTO DE STO. TOMÁS: CUERDAS A FELIZ DEBATE

Concierto de Santo Tomás. Orquesta Barroca de Sevilla. Hiro Kurosaki, director-concertino. Programa: Música europea en tiempos de Murillo (obras de Dario Castello, Bartolomé de Selma y Salaverde, Johann Rosenmüller, Heinrich Ignaz Franz Biber y Johann Heinrich Schmelzer). Iglesia de la Anunciación, martes 31 de enero de 2017

Hiro Kurosaki
Había donde elegir a ambos lados de la calle Laraña. En el Espacio Turina el joven pianista Ignacio Ojeda Romero daba un prometedor recital con obras de Beethoven, Chopin, Rachmaninov y Mompou. Justo enfrente, en la Iglesia de la Anunciación, el concierto de Sto. Tomás organizado por la Universidad de Sevilla, y con la Barroca como oficiante. Mucho tuvimos que debatirnos para decidir a cuál de los dos eventos asistir, y como lo de Santo Tomás es ya una tradición y cuesta tanto desapegarse de ellas, y además contaba con la dirección del violinista de origen japonés Hiro Kurosaki, que tan buen sabor de boca nos dejó en su participación en el Femás de 2014, finalmente nos decantamos por rendir pleitesía a nuestra Barroca y esperar con ahínco tener pronto la oportunidad de escuchar al joven y flamante ganador del concurso Ciudad de Sevilla “Julio García Casas”.

En el programa obras de compositores poco divulgados, a excepción de Biber, que trabajaron en época de Murillo, una manera de rendir homenaje al pintor sevillano justo ahora que se cumplen cuatrocientos años de su nacimiento. Otra cosa es que aquella música hubiera llegado a sus oídos, considerando que dos de los músicos convocados pertenecieron a la Escuela de Venecia (Rosenmüller huyó allí perseguido por la justicia alemana acusado de pedofilia) y otros dos trabajaron en Viena y Salzburgo como maestro y alumno aventajado. Sólo el fraile agustino Bartolomé de Selma y Salaverde era español, aunque ejerció su labor fundamentalmente en la Corte de Innsbruck. De él se interpretaron dos de las piezas más bellas y sorprendentes de la velada, una Canzon en la que el registro agudo del sedoso violín de Kurosaki se debatió en armonía y elegancia con el violonchelo de Mercedes Ruiz, y una Susana Passegiata que sirvió a Ventura Rico para explayarse en la viola de gamba, con ornamentaciones arriesgadas y un resultado espléndido y lleno de melancolía.

La Barroca en la Anunciación
Aunque los paneles colocados tras la orquesta ayudan a amortiguar el efecto diluyente del sonido en la Anunciación, es evidente que muy atrás la música se escucha de forma deficiente, por lo que el plantón de las autoridades que debían ocupar las dos primeras filas vino muy bien a auténticos melómanos que aprovecharon para conquistarlas. Curiosamente en esas circunstancias los inconvenientes acústicos del templo se convierten en ventajas, amortiguando el carácter seco y a veces chirriante de los instrumentos antiguos para dar al conjunto una sensación de mayor relieve y suntuosidad. Así pudimos disfrutar de la primera de las Sonatas del Rosario de Biber, tan placentera en el violín virtuoso de Kurosaki como rotunda en la réplica de Ruiz, y del festín desbordado de Die Fechtschule de Schmelzer convertido en auténtico combate pero no de esgrima, sino de violines entre el registro agudo del concertino y el más grave de Alexis Aguado. Y para terminar con el conjunto haciendo un verdadero tour de force en la carismática Battalia de Biber, un dechado de sorpresas, disonancias y felices ocurrencias que la Barroca convirtió en otra embriagadora experiencia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 31 de enero de 2017

DIRÉ TU NOMBRE Un amor intenso en el peor de los paisajes posibles

Título original: The Last Face
USA 2016 131 min.
Dirección Sean Penn Guión Erin Dingman Fotografía Barry Ackroyd Música Hans Zimmer Intérpretes Javier Bardem, Charlize Theron, Adèle Exarchopoulos, Jean Reno, Jared Harris, Sibongile Mlambo, Denise Newman, Oscar Best, Zubin Cooper, Sebelethu Bonkolo, Hopper Penn Estreno en el Festival de Cannes 20 mayo 2016; en España 27 enero 2017

Sean Penn no ha tenido mucho éxito como director. Éste su quinto largometraje, tras la fría acogida que tuvieron los dos que protagonizó Jack Nicholson y el ultimo, Into the Wild (Hacia rutas salvajes), desde su estreno en Cannes no ha podido cosechar peores críticas. De momento solo se ha estrenado en Francia y en nuestro país, y no tiene fecha de estreno ni siquiera en Estados Unidos. Puede que Penn no destaque como director, pero se nota que dentro y fuera de la industria, en su vida personal y profesional, tiene las cosas muy claras. Siempre ha sido alguien muy comprometido, al igual que la pareja protagonista de esta dura crónica, Charlize Theron y Javier Bardem. Nadie puede decir de ellos que sean tan frívolos como para no comprometerse y responsabilizarse en algo tan cruento como lo que cuenta esta necesaria película. Desde la atalaya que nos proporciona vivir en este tercio del Mundo privilegiado es fácil tildar de pornográfico lo que otros hacen para si no mejorarlo al menos denunciar lo que es infame e inaceptable. No tenemos altura moral ni para reprocharle ni para censurarle que lo haga con toda la crudeza posible. Bardem y Theron viven una historia de amor tan intensa como tenso es el ambiente en el que se desarrolla, en medio de las cruentas e interminables guerras que minan y desangran el continente africano, en este caso muy en especial Liberia. No se trata más que de la herencia de occidente, que descuida su educación mientras alimenta su voracidad armamentística, y de forma tan hipócrita como humanista sufraga lujosas oficinas en Europa y Estados Unidos con el pretexto de organizar ayuda y remedio a toda esa miseria e inmundicia que otros tragan. Profesionales de la medicina y del voluntariado humanitario se juegan continuamente la vida, y a esas personas va dedicada esta terrible crónica sobre la crueldad más extrema y el daño que provoca en millones de seres humanos, con especial hincapié en la inocencia de los más jóvenes y débiles. Cierto que la generosidad también es vocacional y adictiva, una bendición para quienes se sienten preparados para extenderla, pero eso no la hace menos meritoria o válida. Triste, melancólico y terrible, así deja el cuerpo esta película que no ahorra dureza, aunque a todas luces la realidad sea mil veces peor que lo que Penn se atreve a mostrar; y aún así lo llaman pornografía. Creía que eso era algo que daba placer, como a quienes les gusta pasar miedo en una película de terror. Pero disfrutar con esto, lo dudo; poco hay de pornográfico en el sufrimiento y el dolor de quienes luchan por no padecerlo, quienes pierden a sus hijos y sus madres, quienes padecen la crueldad extrema de quien imita comportamientos del mundo supuestamente civilizado, sin entender el alcance de lo que hacen. Y en medio de todo ese horror explícito y nauseabundo, dos personas se conocen, se enamoran intensamente y pelean por entenderse y respetarse. Penn no sacrifica el glamour y atractivo que tienen sus protagonistas y les da oportunidad de lucirlo, especialmente ella, con localizaciones también en nuestro civilizado mundo, sus cenas, homenajes, conciertos y buenas viviendas que hacen aún más incomprensible que en pleno siglo XXI exista todavía tanto sufrimiento en gran parte del globo, aunque no nos lo cuenten tanto como lo que ocurre en Oriente Medio y en nuestras ciudades cuando las atacan. Penn lo denuncia, se esmera en reflejarlo y le atacan. Bien, será que su actitud es execrable, no como ese señor que hace comedias gamberras que se llama Judd Apatow y que ha reescrito la historia del cine americano. No es Penn quien se toma esto a la ligera, sino quienes lo juzgan.

lunes, 30 de enero de 2017

BILLY LYNN Ingredientes contrapuestos para dar forma a la gran tragedia americana

Título original: Billy Lynn’s Long Halftime Walk
USA 2016 110 min.
Dirección Ang Lee Guión Simon Beaufoy y Jean-Christophe Castelli, según la novela de Ben Fountain Fotografía John Toll Música Jeff y Mychael Danna Intérpretes Joe Alwyn, Garrett Hedlund, Kristen Stewart, Steve Martin, Vin Diesel, Chris Tucker, Beau Knapp, Ben Platt, Mackenzie Leigh, Arturo Castro, Mason Lee, Astro, Ismael Cruz Cordova, Barney Harris, Tim Blake Nelson Estreno en Estados Unidos 18 noviembre 2016; en España 27 enero 2017

Una peligrosa y arriesgada intervención de un pelotón de guerra norteamericano en Irak convierte a sus integrantes, y en especial al que da nombre a la película, en héroes de guerra, por lo que son invitados a pasar unos días en suelo americano e intervenir en el espectáculo de intermedio de un importante partido de fútbol americano, al más puro estilo Super Bowl, a modo de homenaje aunque como comparsa de las Destiny’s Child (estamos en 2004). Al margen de ser la primera película rodada a 120 fotogramas por segundo, lo que se traduce en una calidad de imagen extraordinaria, no perceptible sin embargo en sistemas de proyección convencionales, a Ang Lee la novela de Ben Fountain le sirve para realizar un complicado experimento estructural, donde cada idea e ingrediente tiene su opuesto, como el ying y el yang. Así, nos habla de guerra y de amor (el protagonista es virgen pero un consumado guerrero); de armas y de espectáculo, las dos mayores fuentes de financiación de Estados Unidos; de amor de sangre y atracción de niñata, violencia fuera y dentro del país, fuegos artificiales y bombas… y así un sinfín de símiles y elementos antagónicos que dan consistencia a un trabajo que quizás pueda parecer la enésima ocasión en que los americanos entonan el mea culpa, cuando ya sabemos que las cosas siguen igual o peor. Pero al menos siempre hay alguien que critica, satiriza y protesta, y que lo haga el consumado maestro responsable de películas como Brokeback Mountain, Sentido y sensibilidad o La vida de Pi, proporciona una mayor garantía de credibilidad. En el conjunto nos parece ver la combinación de otros títulos como Banderas de nuestros padres de Eastwood, Un domingo cualquiera de Stone y Redacted de De Palma, pero de forma tan eficaz que esta mezcla y esa continua contraposición en la que se articula el libreto nos parece ideal para poner en pie una cinta que a buen seguro ganará con el tiempo. En el reparto sobresalen el joven y carismático debutante Joe Alwyn, Garrett Hedlund, esa mezcla de Harrison Ford y Steve McQueen, en su mejor papel, así como unos Steve Martin y Vin Diesel convencidos del trabajo desempeñado en esta sempiterna dramatización de la gran tragedia americana.

JUAN PÉREZ FLORISTÁN: UN JOVEN ANTE LA INMENSIDAD

Juan Pérez Floristán, piano. Programa: Sonata en Si menor S.178, de Liszt; 4 Preludios, de Debussy; Sonata, de Bartók; 3 Preludios, de Gershwin; Danzas argentinas, de Ginastera. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de enero de 2017

Fue en diciembre de 2007, con sólo catorce años, cuando lo escuchamos por primera vez y ya le dimos matrícula de honor. Nos sorprendió su versatilidad y destacamos su sensibilidad y musicalidad, a la vez que reparábamos en ciertos defectos de expresividad que estábamos seguros sería capaz de depurar con el tiempo. De aquella sala Manuel García saltó a la sala principal del Maestranza en tres ocasiones, acompañado por la Sinfónica, y volvió a la sala pequeña en uno de los conciertos de cámara del conjunto hispalense. Pero éste ha sido su debut en solitario en el escenario principal del lugar donde ha crecido como espectador y artista, como él mismo aseguró en el emotivo, agradecido y humilde discurso con el que terminó el programa de este concierto que dedicó a Julio Gª Casas y que se ha convertido ya sin duda en una noche para recordar.

El joven sevillano revalidó el talento que exhibió en sus comparecencias anteriores y rubricó el premio que recibió el año pasado en Santander, desde la primera y muy complicada obra elegida para este programa diverso en estilos y registros, que abordó con una personalidad muy formada y característica sin por ello traicionar el espíritu de cada pieza. La Sonata de Liszt es una obra maestra que exige tanta reflexión como concentración, y con la que el artista puede quedarse en la superficie del virtuosismo y el tan recurrente carácter maquiavélico que se le asigna, o extraer todo un poemario digno de los intérpretes más sensibles y exigentes, como hizo él, manteniendo nuestro interés desde la primera hasta la última nota, dejando fluir la música con naturalidad y flexibilidad a través de sus numerosos cambios de registro, exhibiendo una digitación precisa y cristalina y destacando sus elocuentes silencios así como sus pasajes más arrebatados, hasta conseguir una versión sincera y emocionante; y sin partitura, con toda su compleja arquitectura perfectamente diseñada en su interior.

Después puso en relieve el generoso cromatismo de los cuatro Preludios de Debussy seleccionados, del paisajismo lleno de contrastes de La puerta del vino a la turbulencia marina de Lo que vio el viento del oeste, ahondando en delicadeza y reflexión. Con la difícil Sonata de Bartók dejó bien claro su dominio del ritmo y sentido de la percusión, insistiendo en ese virtuosismo que ya derrochó en las piezas anteriores y que asomó de nuevo en unos vertiginosos Preludios extremos de Gershwin, mientras en el central hizo gala de un amplio lirismo y se permitió la licencia de improvisar al más puro estilo jazzístico, acertando. Fiesta, sensualidad y de nuevo virtuosismo, desde la sinceridad y el cariño más absoluto por el instrumento y el amor incondicional por la música, en las Danzas argentinas de Ginastera y un espectacular arreglo propio de unas bulerías jerezanas que brindó a la tierra que le vio nacer y desde la que ya ha despegado para llegar muy lejos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 29 de enero de 2017

VIVIR DE NOCHE Un gángster diferente tratado de forma clásica

Título original: Live by Night
USA 2016 129 min.
Guión y dirección Ben Affleck, según la novela de Dennis Lehane Fotografía Robert Richardson Música Harry Gregson-Williams Intérpretes Ben Affleck, Sienna Miller, Zoe Saldana, Elle Fanning, Chris Cooper, Brendan Gleeson, Chris Messina, Remo Girone, Robert Glenister, Matthew Maher, Max Casella, Miguel J. Pimentel, Anthony Michael Hall Estreno en Estados Unidos 13 enero 2017; en España 27 enero 2017

Las novelas y relatos de Dennis Lehane han seducido a Clint Eastwood (Mystic River), Martin Scorsese (Shutter Island), Michaël R. Roskam (La entrega) y Ben Affleck (Adiós pequeña adiós), que repite ahora con esta historia de gángsters no del todo convencional. Y es que su protagonista es en cierto modo un buen hombre al que las circunstancias, y especialmente una cruenta experiencia en el campo de batalla durante la 1ª Guerra Mundial, le ha llevado a delinquir y de ahí a prestar sus servicios a la escoria de la mafia. Affleck demuestra una vez más su habilidad para contar historias, muy por encima de su faceta como actor, donde exhibe registros planos y sin matices. Recupera el estilo para hablar del crimen organizado que tan bien le fue a Brian de Palma en Scarface y Los intocables de Eliot Ness, y de paso revisita el cine del género que se cultivaba en plenos años treinta, época que retrata la película, cuando Howard Hawks, Mervyn LeRoy o William A. Wellman firmaban grandes películas al servicio de Paul Muni, George Raft y James Cagney. Pero su estilo resulta demasiado aseado, como si vestuario y decorados, aunque espléndidos, fuesen demasiado obvios y faltos de verosimilitud, a la vez que nos regala momentos impactantes, pocas veces vistos, como una vertiginosa persecución de coches antiguos haciendo uso de la mejor y más avanzada tecnología. El ritmo y la estructura narrativa es satisfactoria, mientras por delante de nuestros ojos va desfilando un magnífico reparto, la luminosa fotografía de Richardson contrasta con la nocturnidad del título, y la música de Gregson-Williams nos sumerge en el aire melancólico que transpira una propuesta que se ve con interés pero sin entusiasmo.