jueves, 6 de abril de 2017

FEMÀS 2017. ANIVERSARIO DE ALONSO LOBO IN SITU

FeMÀS 2017. Bach Accademia. Nacho Rodríguez, dirección. Programa: Maria Magdalena, de Guerrero; 3 Himnos, Misa Maria Magdalene, y Versa est in luctum, de Lobo; Emendemus in melius, de Morales. Santa Iglesia Catedral, miércoles 5 de abril de 2017


Nacho Rodríguez en otra reciente actuación junto a Bach Accademia
Este año se cumplen cuatrocientos de la muerte de Alonso Lobo, uno de los más ilustres músicos del Renacimiento español que tuvieron su escuela y casa en Sevilla. Osuna, su ciudad natal, se está volcando en conciertos y homenajes al compositor, pero la suerte ha querido que la fecha exacta de su defunción coincidiera con la celebración del FeMÀS, por lo que estaba cantado rendir el mayor tributo a su genio compositivo aquí, el mismo día de la efemérides y en la misma Catedral en la que estuvo a cargo del Coro de Niños, fue discípulo y asistente de Francisco Guerrero, y maestro de capilla en su ausencia. La ocasión quiso además contar con tres partituras que salen ahora a la luz después de siglos prisioneras en los archivos catedralicios, y que los musicólogos Herminio González Barrionuevo, actual maestro de capilla del templo hispalense, e Israel Sánchez, profesor del Conservatorio Manuel Castillo, han rescatado del olvido.

La música de Lobo sonó de nuevo en la Catedral, con prólogo de su maestro y mentor Francisco Guerrero, y epílogo de su contemporáneo Cristóbal de Morales. Sólo faltó Tomás Luis de Victoria para completar el triángulo de oro de la composición musical española de la época, si bien éste consideraba a Lobo como un músico a su altura, por lo que quizás tendríamos que hablar de cuatro vértices de un polígono. Lo cierto es que no fue la interpretación del coro Bach Accademia la mejor forma de exponer a la luz la a menudo excelsa música del homenajeado. Su director, Nacho Rodríguez, aún reciente el sensacional regusto que nos dejó con su concierto del domingo al frente de Los Afectos Diversos, acertó en el programa y la participación de ministriles, órgano y arpa. Siempre se ha dicho que la música que se conserva de Lobo es vocal, y así se ha interpretado y grabado habitualmente, pero no cabe duda de que los estudios recientes corroboran el uso de sacabuches, cornetas y chirimías en la interpretación de estas páginas. Además contribuyeron a reforzar el cuerpo y el color de un coro que, por nutrido y por la disparidad de disciplina y talento entre sus integrantes, sonó de forma irregular. Emisiones no muy limpias, entradas tímidas e inseguras, una sección de sopranos que a menudo sacaban toda su artillería eclipsando al resto, malograron en parte la emocionante solemnidad y la sobriedad que caracteriza esta música litúrgica.

Que la Misa Maria Magdalene se ofreciera alternándose con los himnos encontrados y la sublime Versa est in luctum, fue un acierto, pero se tenía que haber respetado su unidad, interrumpida por los aplausos inoportunos de costumbre, si bien satisface comprobar que siempre hay públicos nuevos. El buen talante de Rodríguez lo sobrellevó con educación y amabilidad, e incluso llegó a aprovechar estas interrupciones para dar alguna ilustrativa explicación. Al final, una interesante recreación del Emendemus in melius de Morales, concebido para el Miércoles de Ceniza, con un rotundo efecto teatral protagonizado por un friso de voces seleccionadas para invocar el Polvo eres, puso punto y final a una cita perfecta para ir saludando a la Semana Santa en sus vísperas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 5 de abril de 2017

ÚLTIMOS DÍAS EN EL DESIERTO En la ausencia del Padre

Título original: Last Days in the Desert
USA 2015 98 min.
Guión y dirección Rodrigo García Fotografía Emmanuel Lubezki Música Danny Bensi y Saunder Jurriaans Intérpretes Ewan McGregor, Ciarán Hinds, Tye Sheridan, Ayelet Zurer, Susan Gray Estreno en el Festival de Sundance 25 enero 2016; en Estados Unidos 13 mayo 2016; en España 31 marzo 2017

Esta película en cierto modo bíblica podría resultar desconcertante dentro de la filmografía del hijo de García Márquez, cuyo cine parece centrarse en historias contemporáneas en las que las relaciones sentimentales y filiales suelen ser las protagonistas. Sin embargo a Rodrigo García parece interesarle el episodio de Jesús en el desierto más que para ilustrar las tentaciones del diablo, para analizar la relación del Hijo con un Padre frente al que se siente desconcertado y desorientado, un Padre al que parece buscar infructuosamente para servirle de referente, con el que poder identificarse y averiguar así cuál es el sentido de su sacrificio futuro. García insiste por lo tanto con las relaciones entre progenitores y su descendencia, como ya hiciera en el telefilm Padres e hijos y en la película Madres e hijas. Pero para sentar su particular tesis sobre la relación entre un padre y un hijo, tan especial en este caso, se ahoga en una serie de episodios y diálogos que no son fáciles de digerir y que confunden más que aclaran, quizás deliberadamente. Su ritmo premioso no afecta tanto al seguimiento de la propuesta como la confusión que acompaña a sus postulados. En el desierto García inventa una metáfora, otro evangelio apócrifo, en el que el Nazareno encuentra una familia en la que el hijo sí encuentra referente en un padre que le asfixia y del que necesita liberarse, mientras Jesús acarrea su particular visión de la situación con sus continuos diálogos con el Diablo que le tienta, quizás él mismo (Ewan McGregor interpreta ambos personajes con notable sentido del matiz y la distinción). Pero a pesar de la solemnidad y el innegable estilo y cariño que el realizador ha puesto en la cinta, no acierta a dejar claras sus intenciones, resultando farragosa aún bajo su apariencia de trabajo sobrio y resplandeciente, en gran medida por las estupendas interpretaciones, incluido el joven Tye Sheridan, a quien vimos en Joe de David Gordon Green y Mud de Jeff Nichols, y el veterano Ciarán Hinds, además de unas hermosísimas localizaciones en el desierto de California, brillantemente fotografiadas por el multipremiado Emmanuel Lubezki, y una estimulante y relajante banda sonora de Danny Bensi y Saunder Jurriaans (Enemy, El regalo, La autopsia de Jane Doe).

lunes, 3 de abril de 2017

FeMÀS 2017. EL CANTO DULCE Y BALSÁMICO DE LOS AFECTOS DIVERSOS

FeMÀS 2017. Los Afectos Diversos y Oniria. Nacho Rodríguez, dirección.
Programa: Missa a quattro voci da cappella, de Monteverdi; Selección de obras de Schütz. Iglesia de San Alberto, domingo 3 de abril de 2017

El contratenor de Pilas, Gabriel Díaz, y  el director de
Los Afectos Diversos, Nacho Rodríguez
Propuestas como la que trajo Nacho Rodríguez al frente de Los Afectos Diversos dan sentido a un festival como éste que pretende recrear y arrojar luz sobre las prácticas musicales de nuestros antepasados. Coincidiendo con el cuatrocientos cincuenta aniversario de Monteverdi, y en una jornada que tuvo como protagonista al genial compositor italiano y algunos contemporáneos suyos, especialmente el alemán Heinrich Schütz, se trataba de poner en pie una de sus misas menos divulgadas, escrita en un estilo poco afín al cremonense pero perfectamente adaptado a la estética eclesiástica que le daba de comer. Y a la vez echar un vistazo a la reforma luterana con nuevos ceremoniales litúrgicos que tuvieron eco en un estilo concertado del que se ofrecieron diversos ejemplos del compositor nacido en Turingia.

Lo curioso es que habiendo estudiado en Venecia con Gabrielli y más tarde también con Monteverdi, la música religiosa de Schütz refleja mejor lo que era el estilo monteverdiano que la del propio autor de L’Orfeo para la Iglesia Católica del momento, como quedó perfectamente reflejado en esta singular comparecencia de las espléndidas voces de Los Afectos Diversos, acompañadas para la ocasión por la sobria elegancia de los sacabuches y cornetas del conjunto Oniria, comandado por Daniel Anarte, y con la inestimable aportación de la organista Laura Puerto al continuo. El único inconveniente de la velada procedió del estrecho y limitado espacio escénico, que dificultó la percepción de los efectos contrapuntísticos de las voces, colocadas de forma enfrentada para provocar una sensación que sólo pudo ser percibida en su totalidad por quienes estuvieran sentados en los extremos centrales. Sopranos frente a contratenores, bajos frente a tenores, e instrumentistas alternándolos, lograron, eso sí, un efecto balsámico al que no fueron ajenos el equilibrio, buen gusto, armonía y pureza de unas voces perfectamente conjuntadas, potenciadas por la buena acústica de la Iglesia de San Alberto, caso singular entre tantos templos que empañan el buen trabajo de los músicos. Especialmente mágico resultó el canto llano que Monteverdi sitúa en el Agnus Dei, significativamente justo antes de la esplendorosa coda final.

Carmelo Sosa y Daniel Anarte, de Oniria
En la segunda parte fueron las piezas seleccionadas de Schütz las que permitieron el lucimiento de las voces ya por separado, apreciándose las virtudes de las sopranos, cuyas voces suntuosamente proyectadas encandilaron al público, como también lo hizo la muy expresiva y teatral aportación del contratenor Flavio Ferri-Benedetti en Bringt her den Herrn, a pesar de un sobreagudo algo estridente casi al final, y la amabilísima voz del propio Nacho Rodríguez en Was hast du verwirket. Fue también aquí donde la labor de los precisos y ceremoniosos ministriles fue más perceptible. El resto, abordado a dobles y triples coros, fue pura delicia, igual que las propinas a cargo del también alemán Samuel Scheidt y un Monteverdi ya más ornamentado y reconocible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 1 de abril de 2017

GHOST IN THE SHELL. EL ALMA DE LA MÁQUINA Delirios androides

Título original: Ghost in the Shell
USA 2017 107 min.
Dirección Rupert Sanders Guión William Wheeler y Jamie Moss, según el manga de Masamune Shirow Fotografía Jess Hall Música Clint Mansell y Lorne Balfe Intérpretes Scarlett Johansson, Pilou Asbaek, Juliette Binoche, Michael Pitt, Takeshi Kitano, Peter Ferdinando, Anamaria Marinca, Christopher Obi, Chin Han, Danusia Samal, Kaori Momoi, Yutaka Izumihara Estreno simultáneo en Estados Unidos y España 31 marzo 2017

Suponemos que para hacer una crítica seria y concienzuda sobre un material como éste, hay que ser como mínimo un entendido en Manga, y si se es un entusiasta mejor. Nada de eso profesamos, por lo que nos tenemos que limitar a hacer un seguimiento de este producto exclusivamente desde el punto de vista cinematográfico y narrativo, sin tener en cuenta sus referentes. Con la adaptación al cine de gran formato de este clásico del cómic japonés, ya llevado al cine de animación un par de veces y a un serial televisivo, además de contar con numerosas adaptaciones al videojuego, Hollywood aprovecha una vez más para generar un producto meramente coyuntural, otra máquina para hacer dinero y poco más, ofreciendo como siempre más de lo mismo. Y eso que para la empresa han contado con Rupert Sanders, del que recordamos hizo un buen trabajo de adaptación del cuento de Blancanieves en La leyenda del cazador, al que supo insuflar ritmo e intensidad dramática. Por su parte, Scarlett Johansson parece haberse acomodado definitivamente a los papeles de chica dura y superheroína, tras sus papeles en Lucy y Los vengadores, después de una carrera mucho más estimulante en la que despuntaba como imparable actriz de registros y talentos muy diversos, que hoy parece truncada. Treinta y cinco años después el espíritu y la iconografía de Blade Runner parecen seguir intactas e inspirar un producto que pretende ser vistoso y espectacular, pero que poco aporta en su escenografía digital de Shanghái con pinta de Tokyo nocturno y avasallador, y robots geisha con aspecto de Björk en la portada de su disco Homogenic. Allí se desenvuelven un sinfín de luchas bien coreografiadas, fotografiadas con nervio e inscritas en una trama tan simple como archivista, en la que cualquier reflexión sobre la conciencia y los sentimientos de supuestos androides queda difuminada, no digamos ya su tesis sobre la manipulación de la información para dirigir nuestra voluntad, meramente apuntada en un guión que no sabe aprovechar el potencial de su precedente. Ex Machina de Alex Garland y hasta la española Autómata de Gabe Ibáñez acertaban más a la hora de exponer estas premisas.

2º PROGRAMA DE LA VI TEMPORADA DE LA SINFÓNICA CONJUNTA, SENCILLAMENTE FORMIDABLE

VI temporada, concierto II de la Orquesta Sinfónica Conjunta Universidad de Sevilla-CSM Manuel Castillo. Manu Brazo, saxofón. Juan García Rodríguez, director. Programa: Seis piezas para orquesta Op. 6B, de Webern; Concierto para saxofón y orquesta, de Tomasi; El Bardo Op. 64, de Sibelius; Sinfonía da Requiem Op. 20, de Britten.
Auditorio de la ETS de Ingeniería, viernes 31 de marzo de 2017

Poco se prodigan estos jóvenes de la Sinfónica Conjunta para lo mucho que nos hacen disfrutar. A su director, Juan García, le debemos la fuerza arrolladora con la que afrontan cada cita, y la férrea disciplina a la que se someten sus intérpretes. Es además artífice de unos programas exquisitos y bien articulados para que no sólo disfrutemos los espectadores, sino también que la plantilla, en su mayoría estudiantes, entre en contacto con la buena música y la experiencia de tocar ante un auditorio lleno de gente piezas que no se alejen más allá de un siglo, quitándole así esa pátina de polvo y caspa que suelen tener estas iniciativas, y haciendo que los jóvenes entren en contacto con la música de nuestro tiempo. Un programa que tuvo a la muerte como leit motiv, significativamente en manos de unos intérpretes tan llenos de vida y futuro.

El conjunto abordó las Seis piezas de Webern con la misma estética casi cinematográfica que se aplicaría al resto del programa. Con mucha atención al matiz y el detalle, García aplicó buenas dosis de expresividad a esta revolucionaria página, en la que si se alcanza a ensanchar el espacio sonoro y conmocionar con su marcha fúnebre, dedicada a su madre, como así fue, la interpretación resulta todo un éxito, dejando claro que de todas las plantillas que ha ofrecido esta orquesta a lo largo de sus seis temporadas, ésta es la que cuenta con una mejor sección de metales. No teníamos constancia de las virtudes del saxofonista utrerano Manu Brazo hasta que lo escuchamos en una prodigiosa versión del Concierto del francés Henri Tomasi, en la que su fraseo cristalino y su talento para modular se vio extraordinariamente acompañado de un conjunto que hizo posible apreciar todas las texturas y detalles de una orquestación brillante, desde el misterio de la introducción hasta la vigorosa estética urbana de los pasajes centrales, con cadencias vertiginosas del solista maravillosamente punteadas por Mavi Diego al arpa. Unas variaciones sobre el gregoriano Dies Irae completaron la brillante participación del saxofonista en el concierto.

Profundo y melancólico resultó el poema sinfónico El Bardo de Sibelius, donde Diego sirvió de guía a una plantilla que se movió con fluidez y adecuada lentitud, elocuentes silencios y ocasionales explosiones de intensidad dramática, esbozando sus motivos melódicos antes de un final en el que el arpa intuye la propia muerte del autor. La Sinfonía da Requiem de Britten es una de las páginas sinfónicas de mayor envergadura del siglo XX; una misa de difuntos meramente orquestal, inspirada en la guerra y dedicada a sus padres, en la que impera el dolor, la compasión, el espanto (sensacionales de nuevo los metales, y un endiablado solo de trompeta) y la esperanza en el descanso eterno, sin solución de continuidad y con cambios de registro y color a los que la plantilla se amoldó con impecable flexibilidad, en una noche intensa y emocionante que se cerró con una bellísima interpretación del Vals triste de Sibelius.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 31 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. RACHEL PODGER Y KRISTIAN BEZUIDENHOUT: EL SONIDO POR DELANTE

FeMÀS 2017. Rachel Podger, violín. Kristian Bezuidenhout, fortepiano. Programa: Sonatas para violín KV 454, 306 y 302, de Mozart; Sonata para violín nº 7 Op. 30 nº 2, de Beethoven. Espacio Turina, jueves 30 de marzo de 2017

Bienvenido sea este festival si con él disfrutamos de grandes nombres de la interpretación, aunque sea incluyendo con calzador el Clasicismo vienés por venir ofrecido con instrumentos originales. En apenas unos días hemos podido observar un programa similar desde ángulos estéticos tan distintos como los que ofrecen Staier y Midori, muy expresivo con sus más y sus menos, o estos británicos (sudafricano él) Podger y Bezuidenhout, más atentos a la belleza del sonido, lo que sin duda enriquece mucho nuestra apreciación de la magia cuando la música se aborda con criterios dispares. Rachel Podger es sin duda un referente a la hora de interpretar a Mozart; su sonido penetrante y la flexibilidad con la que mueve el arco, extrayendo del violín pasajes tan vivos como ricos en colores, así lo atestiguan. Kristian Bezuidenhout se revela como un consumado artista del teclado, ya sea al clave, el piano o este fortepiano construido por McNully según un original de principios del XIX de Graf. Su pianismo es delicado, igualmente vivo y ensimismado en extraer tanta belleza de la música como le sea posible, aún a costa de descuidar otros matices inherentes a las partituras que afronta.

Tres sonatas bien distintas de Mozart y otra majestuosa de Beethoven centraron el programa, de estilo concertante las que ocuparon la primera parte del concierto. Algunos inconvenientes en el patio de butacas afectaron a nuestra concentración en el Largo que abre la K454, si bien ya fue posible atisbar la compenetración entre ambos intérpretes y el dominio melódico de cada uno. El Andante resultó sublime, pero sin acertar a marcar el patetismo que caracteriza su desarrollo central, y con cierta tendencia de Bezuidenhout a mirar al romanticismo en sus largas y rubateadas frases. La K306, última de las sonatas llamadas Palatinas de Mozart, evidenció la delicadeza y sofisticación de los músicos, marcando ritmo y color pero descuidando sus acentos dramáticos, que le dan a la partitura una particular profundidad expresiva.

La Sonata K302 permitió un fuerte contraste entre su a veces melancólico Allegro y el inhabitualmente lento Rondó, acertándose en imprimir considerable ternura a la partitura. De hecho Podger se agarra al violín como si fuera una almohada, descansando plácidamente sobre él y dejándose mecer por la magia y el ensueño para lograr un sonido perfecto y homogéneo; el disfrute se vislumbra en su rostro todo el tiempo. Con la Sonata nº 7 de Beethoven cambiaron las coordenadas estéticas y ambos se amoldaron a la perfección a su carácter dramático, pero siempre desde una óptica en el que primara la belleza del sonido y la delectación en sus frases melódicas, sin descuidar en exceso sus efectos trágicos y espíritu heroico. En la propina, Podger continuó provocando un efecto balsámico, como si nos cantara una nana, con el Andante sostenuto de la Sonata K296 de Mozart, también bellísimo y cristalino.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 30 de marzo de 2017

GERMINAL, ES TIEMPO DE REVOLUCIÓN: LA APUESTA GANADORA DE MOGUER

Germinal. Es tiempo de revolución, de Iván Macías y Félix Amador, según la novela de Emile Zola. Una producción de la Fundación Primitivo Lázaro y el Liceo Municipal de la Música de Moguer. Iván Macías, dirección musical. Mike Ashcroft, dirección artística. Virginia Carmona, dirección vocal. Miguel Ángel García, sonido. Manolo Ramírez, iluminación. Fran Tamayo, vestuario. Banda Sinfónica y Coro del Liceo Municipal de la Música de Moguer. Con David Romero, Virginia Carmona, Rodrigo Blanco, Soraya Méndez, Francisco Javier Sánchez, Javier Serrano, Pablo López, Fran Tamayo, Antonio Lara, María José López, Sergio Quirantes, Lorena Escobar, Nicolás Capelo, Marisa Pérez, Diego Sánchez, Francisco Lagares, Leticia Méndez. Teatro Lope de Vega, miércoles 29 de marzo de 2017

Hace años que el Ayuntamiento de Moguer apuesta por la cultura, y lo hace a través de un programa educativo del Liceo Municipal de la Música que consiste en poner en escena musicales emblemáticos con la participación del profesorado y alumnado de dicha institución, con resultados sorprendentes. Su anterior espectáculo, El fantasma de la ópera, ya nos entusiasmó por su insospechada calidad, en una versión semiescenificada con acompañamiento orquestal en escenario, muy por encima de la calidad que a priori, lo confesamos, esperábamos. La apuesta salió bien y ahora sus artífices, encabezados por el director musical Iván Macías, se ha atrevido con un título enteramente original, la adaptación de la célebre novela de Emilio Zola Germinal, varias veces llevada al cine, la última con Gerard Depardieu como protagonista. Su argumento tiene un fuerte componente de actualidad, en estos difíciles tiempos en el que tanta gente ha visto diezmados sus derechos y libertades a causa de una clase política incompetente que ha favorecido al empresario, cada vez más rico, frente al proletariado, cada vez más pobre. Es lo que denunciaba Zola a propósito de las lamentables condiciones laborales y económicas de la mina, y con mucha intención ha adaptado el escritor de Moguer Félix Amador, especializado como él en realismo y denuncia de injusticias.

Amador y Macías son los autores de un musical enteramente hecho aquí, con pocos precedentes en el país salvo en la más melómana Cataluña. Tras su velado paso por Madrid el verano pasado, le ha tocado el turno a Sevilla, donde hemos podido comprobar que el resultado merece mucho la pena y convierte a la apuesta del Ayuntamiento, el Liceo y la Fundación Primitivo Lázaro, también onubense, en ganadora. Aficionados y aficionadas de la ciudad, junto a algunos profesionales, han hecho realidad un sueño, con apariencia cien por cien de profesionalidad. A ello han ayudado considerablemente la dirección escénica, ágil, brillante y nada rancia, de Mike Ashcroft, proveniente de la Royal Shakesperae Company, y la precisa y muy ajustada escenografía del académico Juan Ruesga, que ha creado una utilería excelente, acomodada con brillantez al presupuesto. En el escenario la banda municipal reforzada con teclado y cuerda, en su mayoría jóvenes que nos regalaron una interpretación poderosa y potente de una brillante partitura en números cerrados que echó mano del aire marcial de Holst, la música del Malecón (estupenda escena en casa de los dueños de la mina), y por supuesto toda la influencia romántica de musicales como Los miserables, los títulos de Lloyd Webber y las películas de Disney musicalizadas por Alan Menken, o las partituras de Maury Yeston (Nine, Titanic), que orquesta y cantantes defendieron con excelentes resultados. Atención también a una medida coreografía y escenas cómicas como la de la taberna, con estupendo solo de violín a la rusa, o la de la tienda, con tímida coreografía a lo Busby Berkeley incluida.

Repetían muchas de las voces de El fantasma de la ópera, con la sevillana Virginia Carmona, profesora del Liceo, entonando magníficamente su muy dramático papel, la natural de Moguer Soraya Méndez exhibiendo su brillante tesitura de soprano lírica, o las excelentes voces de David Romero y Francisco Javier Sánchez, sin olvidar al resto del elenco, todos y todas estupendos. Una dramaturgia fácil de seguir, a pesar de una megafonía que falló frecuentemente, y cierto desequilibrio entre orquesta y cantantes que convendría pulir reorquestando las piezas para evitar tanto forte, así como una brillante dirección redondearon un espectáculo emocionante y emotivo, con continuos crescendi emocionales y un acabado que merece atención por parte de los empresarios para convertirse en un merecido éxito en la Gran Vía de Madrid, de donde podríamos exportar un musical enteramente español, como los franceses hicieron con Los miserables y Miss Saigon.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía