miércoles, 29 de noviembre de 2017

SAVALL Y MURILLO: MÚSICA E INTENCIÓN

Concierto de inauguración del Año Murillo. La Capella Real de Catalunya y Hespérion XXI. Jordi Savall, dirección. Programa: Recorrido musical por la vida de Murillo.
Teatro de la Maestranza, martes 28 de noviembre de 2017

Como era de esperar, el arranque de los fastos para celebrar una efemérides tan importante como es el cuatrocientos aniversario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo, apenas tuvo repercusión mediática fuera de nuestras fronteras locales. Suponemos que quienes tienen la obligación de dar difusión al evento y que éste produzca rédito también entre la afición a la cultura, el arte y la música, fuera de aquí, no entienden muy bien en qué consiste su función. Así se dilapida el presupuesto que todos y todas generamos con nuestro tiempo y esfuerzo, sin dar repercusión ni vida a lo que tanto cuesta más allá de la agenda local. Al fin y al cabo, para promocionar la ciudad en el extranjero están los costosos viajes con dietas que tanto cuestan a toda la ciudadanía. A veces son trabajos fáciles, rápidos y efectivos los que se desprecian, como esa reiterada falta de atención por parte de los responsables del Festival de Cine Europeo respecto a la cobertura del certamen en IMDB (Internet Movie Data Base), hoy en día el instrumento de trabajo más utilizado entre el personal que se dedica directa o indirectamente al cine. Apenas un pequeño porcentaje de películas que tienen su estreno mundial o nacional a propósito del festival, cuentan con reflejo de ese detalle en dicha base de datos, una ausencia que podría subsanarse con un poco de voluntad y trabajo. En fin, ni rastro de la inauguración del Año Murillo en medios audiovisuales nacionales, apenas en los escritos.

Algunos y algunas de quienes aparecen en la foto estuvieron también
presentes en este concierto conmemorativo
Arrancar los actos conmemorativos que se sucederán a lo largo de todo el 2018 con un concierto de música barroca y renacentista afín a la época y el lugar en el que desarrolló su vida y obra el pintor sevillano, es sin duda un acierto. Da glamour a la cita, si bien una vez más se despreció el perfil protocolario del asunto, sin discursos ni presentaciones, como si de un concierto más se trataray, lo que es peor, desnudando de intención el programa primorosamente diseñado por Jordi Savall para la ocasión. En inglés hay una expresión, Music and meaning, que alude al significado y la intención que puede subyacer en una partitura, y su posición para ilustrar o llenar de contenido un pensamiento, personaje o situación concreta. Savall, fiel a un proceso de trabajo que se ha convertido en habitual a lo largo de su carrera, fundamentalmente en los últimos veinte años, elaboró un recorrido por la vida de Murillo a través de músicas sacras y profanas más o menos de la época, que fue desgranando con la ayuda proverbial de sus dos magníficas y más representativas formaciones, Hespérion XXI en la parte instrumental, y La Capella Real de Catalunya en la vocal. Regresó así al ámbito musical que le ha reportado más popularidad y categoría, después de coquetear con la música mestiza y de fuerte componente étnico en su último trabajo discográfico, Las rutas de la esclavitud, donde a veces resulta difícil distinguir lo nuevo de lo arcaico, entre músicas africanas y sudamericanas de idéntica estética a la que hoy inundan las salas de fiesta de todo el mundo. En su comparecencia sevillana la música estuvo diseñada según un guión que, sin embargo, al público le resultó difícil de seguir, pues ni hubo narrador, tantas veces utilizado por el violagambista catalán en conciertos de este tipo, ni luz suficiente en la primera parte para seguir las notas en el programa que acompañaban cada pieza, ilustrando cada momento concreto de la vida del pintor. Algún responsable debió darse cuenta del detalle durante los canapés del intermedio, y en la segunda se dejó suficiente luz en la sala para facilitar la lectura. No obstante, la penumbra facilita la concentración, por lo que quizás lo más recomendable hubiera sido proyectar sobre el fondo desnudo del escenario los textos vertidos en el programa.

Lucía Martín-Cartón
De cualquier manera, Savall revalidó su perfecta comunión con un público que le profesa admiración absoluta, labrada con mucho esfuerzo y dedicación, y con un trabajo diario incansable y entregadísimo a lo largo de su dilatada carrera. Él es una autoridad y sus acompañantes también, entre ellos rostros tan familiares como el del tenor Lluís Vilamajó, uno de los que más disfrutaron con el encuentro, el contratenor David Sagastume, el percusionista Pedro Estevan, el violagambista Sergi Casademunt, el guitarrista Xavier Díaz-Latorre o el arpista Andrew Lawrence-King; todos primeras figuras inmersas en una propuesta que persiguió en todo momento el preciosismo más absoluto, alternando piezas profanas (la célebre De los álamos de Sevilla, tan conocida para los habituales del Maestranza ya que acompaña los avisos del teatro, y que también sirve de banda sonora recurrente en la reciente película de Agustín Díaz Yanes, Oro) y sacras (la bellísima Missa Pro Defunctis de Joan Cererols que cerró el recorrido y la vida del homenajeado), con mención especial para la agilidad y expresividad con la que Savall abordó a la viola da gamba soprano las Glosas a la Inmaculada Concepción. Pero el conjunto resultó en todo momento demasiado bello, de sonido grácil y aterciopelado, impecable en su ejecución pero monótono en su resolución, a pesar de la diversidad de piezas concentradas. Y lo que es peor, falto de emoción más allá de su arrebatada e indiscutible belleza, a la que no fueron ajenas las hermosamente timbradas voces de la soprano Lucía Martín-Cartón o el tenor Víctor Sordo, además del muy entregado bajo Daniele Carnovich. Todo siempre dentro de una estética suave y aterciopelada, sin grandes contrastes ni algarabías, ni siquiera en la muy jovial chacona A la vida bona de Juan Arañés. Hasta las fanfarrias y marchas (Batalla gallarda de Samuel Scheidt, por ejemplo) se mantuvieron en ese tono general de elegancia y delicadeza, que no siempre se ajustó bien a los episodios narrados aunque disfrutaran de una interpretación técnicamente perfecta y del placer de contar en nuestro escenario con el incombustible Savall, que arrancó grandes aplausos incluso con su emotivo alegato por el entendimiento y el diálogo para solucionar, junto a la música siempre tan universal e integradora, los conflictos que tanto nos preocupan.

martes, 28 de noviembre de 2017

ESTEROS Delicado retrato de la infancia y el descubrimiento

Argentina 2016 83 min.
Dirección Papu Curotto Guión Andi Nachon Fotografía Eric Elizondo Intérpretes Ignacio Rogers, Esteban Masturini, Joaquín Parada, Blas Finardi Niz, Renata Calmon, María Merlino, Marcelo Subiotto Estreno en el Festival de Toronto 27 mayo 2016; en Sevilla (Festival Andalesgai) 25 noviembre 2017

En su debut en el largometraje el realizador argentino Papu Curotto parece insistir en los personajes, el tema y la atmósfera que se respiraba en su cortometraje Matías y Jerónimo. Si en ésta dos niños eran testigos de una agresión homófoba durante la celebración del carnaval de Libres, en la provincia de Corrientes, ahora dos niños igualmente viven en ese mismo ambiente un verano inolvidable en la finca que da título al film, en el que la camaradería y el juego dan paso a la atracción y el descubrimiento de nuevas sensaciones propias de esa época mágica que precede a la pubertad. Paralelamente asistimos al reencuentro de esos dos amigos y la progresiva aceptación por parte de uno de ellos de su verdadera identidad sexual. Todo ello filmado con un gusto exquisito y una especial delicadeza que hacen de este relato, en principio bastante común y aparentemente muy recurrente en el cine de temática gay, una experiencia sensorial gratificante y muy emotiva. El tratamiento sensual y sugerente de la relación tanto en su vertiente infantil como en la adulta, hacen que su director merezca ser tenido en cuenta en futuros trabajos, y se pueda considerar ésta como una obra significativa sobre la materia, especialmente por su carácter melancólico, capaz de retrotraernos a ese período de la infancia tan revelador y, en cierto sentido, lleno de aventura y descubrimiento.

lunes, 27 de noviembre de 2017

LA HIJA DEL REGIMIENTO EN EL MAESTRANZA. LUZ, COLOR, EXCELENCIA MUSICAL Y DESATINOS MACHISTAS

Ópera de Gaetano Donizetti con libreto de Jules Henri V. de Saint-Georges y Jean F. A. Bayard. Santiago Serrate, dirección musical. Laurent Pelly, dirección de escena y vestuario. Marcelo Buscaino, reposición de la dirección de escena. Chantal Thomas, escenografía. Joël Adam, iluminación. Juan Manuel Guerra, reposición de la iluminación. Laura Scozzi, coreografía. Karine Girard, reposición de los movimientos coreográficos. Agathe Mélinand, dramaturgia y nuevos diálogos. Con Pretty Yende, John Osborn, Marina Pinchuk, Carlos Daza, David Lagares, Alberto Arrabal, Vicky Peña, Juan Carrillo y Moisés Molina. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, dirigido por Íñigo Sampil. Producción del Teatro del Liceo de Barcelona a partir de la coproducción del Metropolitan de Nueva York, Covent Garden de Londres y Staatsoper de Viena. Teatro de la Maestranza, domingo 26 de noviembre de 2017

Una producción como ésta, arropada por un elenco vocal extraordinario y unas prestaciones musicales de primer orden, es lo que el coliseo necesita para consolidar su estatus de primer rango en la comunidad, y su buena posición en el panorama nacional, además de avanzar en su ascenso, aspirando a programar más títulos y mayor cantidad de funciones en futuras temporadas. No cabe duda de que hay mucho color, una potente luz y una muy adecuada atmósfera de fábula en este diseño del aclamado Laurent Pelly, ayudado por una escenografía y un vestuario que sin ser sorprendentes, aportan una estimulante sensación de amabilidad a un conjunto que ya está bendecido con una partitura mucho más amena e inspirada de lo que en principio cabe esperar. Se nos escapa el motivo del cambio de ambientación de las guerras napoleónicas a la Gran Guerra, pero no molesta. Los detalles en la dramaturgia incorporados en cada ciudad donde recala la producción, con textos sueltos en castellano y alusiones a la manzanilla o a las sevillanas de Lorca, potencian el parecido de este título con la futura opereta e incluso con el musical o la zarzuela, géneros a los que tampoco es ajeno ese desenfado general que transmite el conjunto.

Evidentemente la dirección escénica contribuye a este éxito, con movimientos ágiles y enérgicos que diluyen cualquier posibilidad de espectáculo rancio o caduco. Y sin embargo qué desatino supone, justo después del Día contra la Violencia de Género, ver cómo Pelly ha decidido, al margen incluso del propio libreto, que Marie parezca más la criada que la hija del regimiento. Durante todo el primer acto la joven plancha, con un modelo por cierto que parece recién comprado aprovechando las ofertas del Black Friday, pela patatas y tiende la colada, y aún así siente nostalgia de sus padres adoptivos cuando en el segundo acto la Marquesa la educa entre oropeles. Mala imagen que un espectáculo cultural, y por extensión educativo, debería evitar a toda costa, sobre todo cuando ni siquiera es necesario. Y no vale la excusa de la comicidad, porque no la hay cuando de abusos se trata. Más nos hubiera gustado ver cómo el regimiento mima a su niña, en lugar de someterla a trabajos tradicionalmente mal asociados al género. Consciente de que estas consideraciones me valdrán la burla de muchos sectores que miran a la producción de Pelly como si de un intocable se tratara, hay que reconocer todo lo antes dicho respecto a la agilidad, el color y la sencillez de la propuesta, con aciertos como la caracterización grotesca de una aristocracia afectada y rancia, en vías de extinción.

Pero sobre todo hay que alabar el trabajo musical de sus intérpretes, tanto en lo vocal como en lo instrumental. En este sentido sí que tuvimos un espectáculo de primerísima categoría, con Pretty Yende a la cabeza, que aunque familiarizada con el universo belcantista de Donizetti en títulos como Lucia di Lammermoor o El elixir de amor, ha hecho su debut aquí en este difícil rol sobre cuyas espaldas recae el éxito o no de la función. La joven soprano sudafricana tiene un talento natural para modular la voz con virtuosismo y extraordinaria naturalidad, fraseo limpio y estimulante, y un impresionante brillo en una voz de timbre hermoso, sedoso y aseado. Por si fuera poco es una excelente actriz, con envidiable vis cómica como evidenció en la histriónica lección de canto, y un saludable desparpajo capaz de atraer en todo momento la atención del público. Yende supo transmitir toda la energía inherente al aria Au bruit de la guerre, así como la desesperanza melancólica en la despedida final del primer acto, y sobresalir después en el segundo con el sentido y delicado monólogo C’en est donc fait, rematado con un enérgico Salut à la France, logrando la rendición incondicional del público y haciendo suyo un papel ya definitivamente incorporado a su catálogo.

No hubo mucha química con el tenor norteamericano John Osborn, pero juntos consiguieron brillar en dúos como Quoi, Vous m’ameiz. Él, por su parte, posee una voz bien entonada, lírica, de fraseo ágil y potencia suficiente, capaz así de enfrentarse a los difíciles retos que le propone la partitura, incluido esa complicada sucesión de sobreagudos en Pour mon âme, que salvó con aparente facilidad, como naturalmente cabe esperar de quien se atreve con el papel. Desde su Pour une femme de mon nom, la mezzo Marina Pinchuk demostró también estar en perfecta forma para abordar su Marquesa de Berkenfield con perfecto dominio de la respiración y la entonación, acompañada también de una adecuada vis cómica. Carlos Daza, Alberto Arrabal y David Lagares, las apuestas españolas del elenco, brillaron igualmente en sus cometidos, con especial mención para el joven onubense, cada vez más afianzada su carrera de bajo con voz contundente y buenas aptitudes interpretativas. Muy divertida también Vicky Peña, que aunque su Duquesa de Crackentorp no tiene que cantar, está muy familiarizada con el musical, sobre todo el de Stephen Sondheim que tanto gusta en Barcelona. En cuanto a la dirección de Santiago Serrate, desde hace mucho emancipado de este teatro en el que tantas veces ejerció como asistente de Halffter, defendió la partitura con abundante jovialidad, acertando en el tono a veces marcial, otras lírico e incluso pastoral de la música, enriqueciendo las aportaciones del elenco vocal y potenciando las aptitudes de la orquesta, en la que solistas y metales brillaron con gran intensidad. Y no podemos olvidar el excelente trabajo del coro, fundamentalmente las voces masculinas, que además se tuvieron que empeñar a fondo en movimientos escénicos y coreografías perfectamente coordinadas. Si sólo se hubieran obviado las tareas domésticas de la ingenua Marie, estaríamos hablando de un espectáculo redondo.

domingo, 26 de noviembre de 2017

A GHOST STORY Reflexión espiritual y existencial

USA 2017 87 min.
Guión y dirección David Lowery Fotografía Andrew Doz Palermo Música Daniel Hart Intérpretes Casey Affleck, Rooney Mara, Rob Zabrecky, Will Oldham, Liz Franke, Sonia Acevedo Estreno en el Festival de Sundance 22 enero 2017; en Estados Unidos 7 julio 2017; en España (no en Sevilla) 3 noviembre 2017

Había en el remake de Peter y el dragón cierta poética en el tratamiento de la historia y la imagen, claro que subordinada al carácter eminentemente comercial de la propuesta. David Lowery, su director, parecía haber captado en esa agradable película el espíritu nostálgico y aventurero del tan celebrado cine de los años ochenta. Ahora retoma la idea con la que comenzó a hacer cine, con tan sólo siete años, en aquel cortometraje influido por la película Poltergeist y que llevaba el mismo título. El mundo de los espectros regresa ahora en esta cinta más cerca en su argumento de Ghost que de la película de Tobe Hooper o cualquier otro título sobre terror y fantasmas. Pero en su tratamiento Lowery nos ofrece un trabajo novedoso y particular, una cinta que no se puede tratar a la ligera y que seguramente necesitaría más de un visionado para comprenderla en toda su extensión. Lowery propone un viaje en el tiempo a través de la experiencia de un fantasma enamorado de su esposa viuda, siempre anclado a un mismo lugar a lo largo del tiempo, pasado y futuro incluidos. Para ello cuenta con Casey Affleck y Rooney Mara, que ya trabajaron a sus órdenes en En un lugar sin ley, y protagonizan ahora momentos que exigen de verdadera paciencia por parte del espectador, que asiste atónito a un Affleck enfundando en el más socorrido disfraz de Halloween de todos los tiempos, que pasea cual alma en pena, y a una Mara engullendo compulsivamente un pastel. A su alrededor se teje una profunda reflexión sobre el paso del tiempo y cómo todo se va olvidando y superando, con la complicidad de una fotografía luminosa e intencionadamente bien encuadrada, premiada en Sitges, y un preciso trabajo de la atmósfera, la música y el sonido. Lowery apoya su película fundamentalmente en la imagen, con apenas alguna incursión discursiva, especialmente la que realiza Will Oldham sobre lo efímero también de la creación artística, aún llamada a perdurar más en el tiempo que nuestra propia existencia, e incluso más que sobre los objetos que nos rodean y nuestras moradas, con la Novena de Beethoven como objeto de su reflexión. En fin, una cinta singular y diferente, aparentemente poética y profunda, que quizás con un análisis más profundo seamos capaces de captar en toda su compleja dimensión, aunque como siempre suele ocurrir en estos casos, habrá quien todo esto le parezca simplemente un  churro.

sábado, 25 de noviembre de 2017

EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ El taxista se profesionaliza

Título original: You Were Never Really Here
Reino Unido-Francia-USA 2017 95 min.
Guión y dirección Lynne Ramsay, según la novela de Jonathan Ames Fotografía Thomas Townend Música Jonny Greenwood Intérpretes Joaquin Phoenix, Ekaterina Samsonov, Alessandro Nivola, Alex Manette, John Doman, Judith Roberts, Jason Babinsky, Madison Arnold Estreno en el Festival de Cannes 27 mayo 2017; en Francia 8 noviembre 2017; en España 24 noviembre 2017

A Lynne Ramsay le encantan los títulos dialogados y le llueven los elogios y los premios con cada proyecto que acomete, y no lo entendemos. Tanto Tenemos que hablar de Kevin como esta película plantean cuestiones importantes y terribles. En aquella ocasión era el papel de una madre incapaz de asumir sus responsabilidades frente a un hijo presuntamente ineducable, y ahora se trata de un justiciero de la noche empeñado en barrer la ciudad de tratantes de blancas. En ningún caso nos ha conseguido sin embargo conmover ni apenas interesar por su caprichosa forma de narrar y su tergiversada gramática cinematográfica. Joaquin Phoenix se mete en la piel de un inexpresivo ex combatiente de guerra, con traumas infantiles, faltaría más, que vive con su anciana madre y se dedica de forma profesional a matar proxenetas y abusadores sexuales de niñas. Es como si Travis Bickle se hubiera profesionalizado y ahora se contaran sus andanzas como matón justiciero y carne de una dura venganza. Los apuntes sobre corrupción política en el ámbito sexual se antojan endebles, superficiales y hasta inocentes, mientras ni siquiera el tratamiento visual logra insuflar algo de interés a la cinta. A pesar de contar una historia poco original y contar con pocos diálogos, consiguió el premio al mejor guión en Cannes, y aunque Phoenix no realiza aquí ni de lejos su mejor actuación, se hizo con el correspondiente al mejor actor en el mismo certamen. Nos la han presentado como imprescindible, y quizás estemos equivocados, pero lo cierto es que sólo nos provocó bostezo. No tiene desperdicio la escena en la que el protagonista y su perseguidor yacen mal heridos y cogidos de la mano en el suelo, cantando I’ve Never Been to Me mientras escuchan a Charlene por la radio.

ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS Interesante reflexión sobre un clásico

Título original: Murder on the Orient Express
USA-Malta 2017 116 min.
Dirección Kenneth Branagh Guión Michael Green, según la novela de Agatha Christie Fotografía Haris Zambarloukos Música Patrick Doyle Intérpretes Kenneth Branagh, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michele Pfeiffer, Daisy Ridley, Josh Gad, Derek Jacobi, Leslie Odom jr., Lucy Boynton, Sergei Polunin, Tom Bateman, Olivia Colman, Miranda Raison, Chico Kenzari, Manuel García-Rulfo Estreno en Reino Unido 3 noviembre 2017; en España 24 noviembre 2017


Nunca una novela tan corta había dado tanto de sí. Pero precisamente por eso cabía la posibilidad de definir más, dedicar más tiempo a cada personaje, la mayoría de los cuales quedan tan esbozados que apenas sirven de comparsa en una función en la que deberían destacar más, al fin y al cabo sobre todas y todos recaen las sospechas de un mismo asesinato. De todos modos éste es un problema en el que, aún en menor medida, también caía el film que Sidney Lumet dirigió con rotundo éxito en 1974, lo que todavía hubiera dado más razón de ser a esta nueva adaptación de Kenneth Branagh. Hay que agradecerle sin embargo que se haya resistido a su habitual megalomanía, que sólo asoma de vez en cuando y con mucha justificación. De hecho es su majestuosidad e incluso solemnidad lo que otorgan credenciales a este nuevo y suntuoso film al que el director de Hamlet y Thor, por citar dos extremos de su amplio registro, ha añadido un par de secuencias de acción, seguramente innecesarias, un poco ridículas y no demasiado espectaculares, y una recreación virtual precisa de ciudades y paisajes. Pero sobre todo lo mejor es que no traiciona el original, mantiene el ritmo y la intriga, aún siendo tan conocida por la mayoría de espectadores, y logra una imagen nueva y aceptable del inspector Poirot. El resto del elenco, salvando esa indefinición que afecta a muchos de sus integrantes, cumple a la perfección, mención especial para Michelle Pfeiffer y una contenida Penélope Cruz, que retoma el papel que le diera su tercer Oscar a Ingrid Bergman, recuperando la nacionalidad original del personaje en la novela de referencia. Vestuario y ambientación son espléndidos, mejorando aquella versión de Lumet, realizada en un tiempo en el que todo era setentero, daba igual la época que se representara. Incluso la música de Patrick Doyle cumple espléndidamente su cometido, alejándose de su difícil precedente, la famosa partitura de Richard Rodney Bennett, cuya obertura y vals son tan difíciles de reemplazar. Pero sobre todo lo que más actualidad da al film, e incluso parece mejor trabajado y con más intención que en el film de Lumet, es su reflexión sobre la flexibilidad de la ley y cómo en determinadas circunstancias debería primar el sentido común y la moral por encima de lo escrito y estipulado. Es algo que nos atañe muy especialmente en un momento tan delicado en el que en nuestro país se respetan algunos preceptos constitucionales y penales con más celo que otros, según el interés que suscite para nuestros incompetentes gobernantes.