domingo, 8 de abril de 2018

CAMPEONES Simpática y ejemplar a más no poder

España 2018 124 min.
Dirección Javier Fesser Guión David Marqués y Javier Fesser Fotografía Chechu Graf Música Rafael Arnau Intérpretes Javier Gutiérrez, Juan Margallo, Athenea Mata, Luisa Gavasa, Jesús Vidal, Daniel Freire, Roberto Chinchilla, Alberto Nieto Ferrández, Gloria Ramos, Itziar Castro, Fran Fuentes, Sergio Olmo, José de Luna, Stefan López, Jesús Lago Estreno 6 abril 2018

Javier Fesser no dirigía un largometraje desde Camino, si exceptuamos su triunfal incursión en la animación digital con Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, pero ahora con esta comedia ha dado en la diana, renunciando al estilo slapstick que le diera fama con El milagro de P. Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón, y mezclando con ingenio y habilidad risas y lágrimas en esta amable y simpática a más no poder crónica sobre la presunta y tan cacareada normalidad. Con la ayuda del valenciano David Marqués, que ya jugó al boxeo en Dioses y perros y al fútbol en En fuera de juego, también en clave de comedia, Fesser nos lleva a entrenar baloncesto con un equipo de entrañables personajes con discapacidad intelectual, con el fin de reflejar nuestras propias discapacidades, generalmente relacionadas con el mundo de los sentimientos y las emociones. Aunque el viaje es previsible desde el minuto cero, Fesser se las ingenia para hacerlo sorprendente, gracias a un dominio del lenguaje cinematográfico que le lleva a plantear situaciones y diálogos sin desperdicio, dentro de una dinámica poco habitual en nuestro cine y que entronca con ese cine americano de emociones manipuladas y teledirigidas. Pero no nos importa porque sabemos que de eso se trata y nos dejamos seducir por la propuesta, ya que Fesser sabe cómo hacerlo y que acabemos por no reprocharle el juego que propone. La gracia y el desparpajo de unos actores y actriz no profesionales, que prácticamente se interpretan a sí mismos, contribuye a hacernos pasar dos horas deliciosas y dejar bien claro, de una vez por todas, que hay términos que definitivamente deberíamos desterrar de nuestro vocabulario, como maricón o anormal, concebidos para hacer daño y sin embargo tan abusados. Al fin y al cabo ¿quién se considera normal y qué se entiende por tal? Puede que en el camino Fesser pase por alto algunos detalles, que el progreso del equipo de baloncesto resulte más convencional que convincente, que siga una dramaturgia harto utilizada en el cine, o que haya detalles de guión que resulten incoherentes; pero la diversión, el entretenimiento y la lección están aseguradas, y merece la pena dejarse conmover por ellas. Tan sólo cabría criticarle el exceso de música ramplona, omnipresente, machacona y chirriante, que resta calidad a un producto que merecía en este apartado un mejor acabado, a pesar de contar con un tema principal en línea con la amabilidad de la película y una canción de Coque Malla también a tono.

sábado, 7 de abril de 2018

EL SÍNDROME STOKOWSKI EN EL 5º PROGRAMA DE LA ROSS EN TURINA

5º concierto del ciclo Beethoven y Haydn de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Michael Thomas, director. Programa: Cuartetos Op. 59 nº 2 (arreglado por Thomas) y Op. 135 (arreglado por Bernstein), de Beethoven. Espacio Turina, viernes 6 de abril de 2018

Este programa del ciclo Haydn y Beethoven que la Sinfónica está celebrando en el Espacio Turina tenía a priori el encanto de ofrecer transcripciones para orquesta de dos cuartetos de Beethoven, el que marca el ecuador de su producción para este formato y el último de ellos. Obras, cada una de ellas en su estilo, de gramática enérgica y espesa, cuya adaptación a mediano formato de orquesta inspiraba nuestra curiosidad. Para tan original concierto se contó con el entusiasta e incansable trabajador Michael Thomas, tantas veces ligado a la agenda cultural andaluza y que tanto y bueno hace por ella. Su talante amable e indiscutible profesionalidad está fuera de toda discusión, su talento como artista sin embargo ofrece a veces considerables dudas. De cualquier forma celebramos su vuelta a un escenario en el que depositó tanta ilusión al frente de la actualmente en paradero desconocido Bética de Cámara, otro varapalo recibido de las instituciones municipales y autonómicas.

Al margen de lo discutible que pueda ser convertir obras de cámara en piezas sinfónicas – más sentido tenía lo contrario para acercar la música a ambientes más restringidos -, la práctica se extendió a lo largo de la primera mitad del pasado siglo con músicos como Schoenberg, que logró convertir el Cuarteto para piano nº 1 de Brahms en su Quinta Sinfonía, o Stokowski, que desde su mítica posición frente a la Orquesta de Filadelfia, supo extraer del catálogo de Bach la suntuosidad del barroco tardío traducido en majestuosas transcripciones orquestales. Las del propio Thomas y el homenajeado Bernstein apenas se atreven a inflar las voces para dar mayor relieve, aunque no más expresividad, a las obras originales, traducidas en algo parecido a las Sinfonías para cuerdas de Mendelssohn.

El segundo de los Cuartetos Op. 59 que Beethoven compuso a instancias del embajador ruso en Viena, Andrei Razumovski, acusa una extrema economía de medios y una ingeniosa combinación entre frenético y pausado. El trabajo de Thomas evidenció también lo primero, y aunque hay un considerable trabajo de dinámicas y texturas, al final la sensación es de languidez y zozobra, que la orquesta acometió con falta de entusiasmo y empatía. Faltó instinto melódico y carácter intimista, sobre todo en el adagio, algo confuso y falto de definición. Si acaso sólo la desenfrenada carrera final tuvo una respuesta más convincente. Tampoco el arreglo de Bernstein para el Cuarteto nº 16 demostró la pertinencia de estas transcripciones, si bien resulta un poco más estimulante y personal, apreciándose un meticuloso trabajo entre enigmático y lírico en el lento assai, y un lapidario grave ma non troppo en el que batuta y plantilla supieron resolver con acierto la difícil transición hacia el desconcertante y jubiloso allegro final.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 8 de abril de 2018

Estreno de UN SOL INTERIOR en salas comerciales

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el 8 de noviembre de 2017. Estreno en salas 6 abril 2018

jueves, 5 de abril de 2018

METRÓPOLIS RECUPERADA Y RECREADA POR ZAHIR ENSEMBLE

Ciclo Música(s) Contemporánea(s). Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Metrópolis, de Fritz Lang. Música de Martin Matalon.
Teatro Central, miércoles 4 de abril de 2018

El mismo aliento de trabajo y ambición que inspiraron los estrenos en España de In Vain de Friedrich Haas y El hundimiento de la Casa Usher de Philip Glass, ha motivado la apuesta por la versión más completa y restaurada que existe del clásico de Fritz Lang Metrópolis, con la música en directo que para su estreno en 1995 en el Teatro del Châtelet compuso el argentino Martin Matalon, presente en la sala para corroborar la importancia de esta cita en nuestra agenda cultural. Un empeño que triunfó en la brillante interpretación de Zahir Ensemble y la impecable copia exhibida para la ocasión, y que sin embargo se malogró como consecuencia de la pésima gestión del subtitulado, fuera de lugar o directamente ausente a lo largo de las casi dos horas y media de proyección. Un defecto que aunque parezca anecdótico condicionó el disfrute de la función, pues aunque el argumento sea de sobras conocido y la trama se siga perfectamente con la imagen, derivó en elemento perturbador, distrayendo nuestra atención de lo realmente importante, la imagen y la música.

La historia de Metrópolis tiene un marcado carácter arqueológico, pues el estreno en Estados Unidos de una versión radicalmente inferior a la estrenada en Berlín provocó la pérdida de metraje, algo resuelto casi definitivamente a principios de este siglo con la recuperación en Buenos Aires de media hora de película, cuyo engranaje en el resto del celuloide recuperado hasta la fecha se consiguió gracias a las pautas conservadas del compositor de su banda sonora sinfónica original, Gottfried Huppertz, regrabada para acompañar el DVD de esta versión íntegra. Matalon por su parte fue revisando progresivamente su música, que en su estreno dirigió el catalán Ernest Martínez-Izquierdo, para adaptarse a las nuevas versiones acumuladas hasta la que se pudo disfrutar en el Central de la mano de García Rodríguez y dieciséis competentes instrumentistas, tal como indica la partitura, además de la atmosférica electrónica que aportó el ingeniero de sonido Max Bruckert.

Un momento del concierto. Foto: Ismael G. Cabral
Lejos de la proclama social y política de clara raigambre nacionalsocialista que subyace en esta película ambientada en un futuro que hoy consideraríamos distópico, Matalon se interesa más por su imperecedera riqueza visual, adaptando su suculenta, evocadora y por momentos sensual composición a la imagen, aunque no siempre sintoniza con ella, limitándose a menudo a largos discursos metafísicos salpicados de momentos caóticos destinados a secuencias de acción como las persecuciones de María por las catacumbas o el levantamiento obrero que acaba en venganza y destrucción. Con todo, la interpretación de Zahir Ensemble fue tan brillante que logró una muy estimulante experiencia sensorial, con bellísimos acordes del violonchelo y la guitarra eléctrica cuyas disonancias subrayan la doble personalidad de la sufrida protagonista, así como una sensacional intervención de la exótica percusión. Entre el esfuerzo y la inteligencia, el conjunto logró una lectura meditada con corazón, tal como adelanta el proverbio que informa este clásico de la revulsiva y decadente Alemania de entre guerras.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 6 de abril de 2018

miércoles, 4 de abril de 2018

LA PASCUA MUSICAL DE LA BARROCA DE SEVILLA

35º FeMÁS. Orquesta Barroca de Sevilla. Alicia Amo, soprano. Maxim Emelyanychev, dirección. Programa: In memoriam Bartholomaei (Sinfonía fúnebre “Lamento”, de Locatelli; Cantata BWV 209, de Bach; Sinfonía a Quattro en si menor, selecciones de Maddalena ai piedi di Christo y Morte e sepoltura di Christo, de Caldara).
Espacio Turina, martes 3 de abril de 2018

El último hasta el momento programa de temporada de la Barroca tuvo un doble e insólito emplazamiento que lo convirtió en una cita especial. Por un lado su consideración como cierre oficial del Festival de Música Antigua fue discutible, por cuanto la mayoría dimos por cerrada esta edición con el concierto de Robert King el sábado previo a la Semana Santa, fecha habitual en la que se produce este colofón. Por otro, asistimos una vez más a una celebración musical del año Murillo en la que el programa guardaba poca relación con la vida y la época del pintor sevillano. Por buscar alguna justificación podríamos identificar al artista con el esplendor barroco del Siglo de Oro español y de nuestra ciudad en particular, mientras finales del XVII y principios del XVIII representaría el esplendor del barroco musical, con Bach como eje central. Coyunturas aparte lo cierto es que la Barroca se presentó con una plantilla generosa, y la mayoría de sus principales valedores y valedoras sobre el escenario, una alegría que esta temporada nos la han dispensado varias veces. Y lo hizo de nuevo bajo la batuta del joven Emelyanychev, al que se le nota y mucho lo a gusto que se siente con una formación a la que sin duda le ha cogido bien el pulso. Una sintonía que se notó en el brío y la agilidad con la que afrontaron el programa, con el habitual apasionamiento que unos y el otro ponen en su cometido, esta vez retro influyéndose para dar lo mejor de sí mismos.

Lástima que faltara brillo en el conjunto, al menos ese al que nos acostumbraron en otras temporadas acaso más felices. Así la Sinfonía fúnebre o Lamento de Locatelli sonó con empuje y fuerza, pero faltó el tono elegíaco que debe impregnar la partitura. Un tono que sin embargo sí asomó en la Sinfonía a Quattro en si menor Morte e sepoltura di Christo de Caldara, por mucho que donde más se apreciaran las virtudes del conjunto fuera en sus movimientos rápidos, como el allegro assai final. Como acompañantes mantuvieron el orden y la afinación habitual, con páginas memorables como la Sinfonía de la Cantata Non sa che sia dolore de Bach. Ahora bien, quienes sí brillaron por cuenta propia y en conjunción con sus compañeros fueron los solistas destacados. En esta particular cantata discutiblemente atribuida al maestro de Leipzig, Guillermo Peñalver realizó un tour de force a la flauta de los que quitan literalmente el aliento, manteniendo la misma energía y fuerza durante prácticamente toda la obra sin solución de continuidad. Rossi y Mercero bordaron un duelo de violines magistral en la Sinfonía fúnebre, mientras el segundo extremó el virtuosismo en sus frenéticos solos en otros pasajes del programa. Como no podía ser menos, Mercedes Ruiz nos encandiló en Pompe inutili de Caldara con su fraseo elegante y perfectamente ornamentado. En este punto también acertaron Alejandro Casal (clave), Juan Carlos de Múlder (tiorba) y Ventura Rico (contrabajo) al bajo continuo.

La hermosa soprano burgalesa Alicia Amo volvió a colaborar con la orquesta aunque con menor grado de satisfacción que en otras ocasiones. Mantiene una línea de canto homogénea, segura y en estilo, con un timbre de voz quizás no todo lo sedoso que conviniera pero suficiente en brillo y color, pero esta vez se quedó corta en unas ornamentaciones artificiosas, a veces forzadas y poco imaginativas. Por eso acertó más en sus arias sensibles, sobre todo en la segunda parte, con un In lagrime stemprato del más célebre oratorio de los muchos que compuso Caldara, Magdalena a los pies de Cristo, realmente conmovedor; al igual que Cari marmi de Muerte y sepultura de Cristo, también de Caldara y de nuevo poniendo voz a la atormentada y a la vez extasiada María Magdalena. En la misma línea protagonizó la propina en merecido homenaje al Padre Ayarra, dando vida a la belleza de El triunfo del tiempo y el desengaño de Haendel tras unas emotivas palabras del clavecinista, habitual colaborador de la Barroca, Alfonso Sebastián.

martes, 3 de abril de 2018

EL CAIRO CONFIDENCIAL La decadencia y el hartazgo

Título original: The Nile Hilton Incident
Suecia-Dinamarca-Alemania-Marruecos 2017 106 min.
Guión y dirección Tarik Saleh Fotografía Pierre Aïm Música Krister Linder Intérpretes Fares Fares, Mari Malek, Yaser Aly Maher, Ahmed Selim, Hania Amar, Mohamed Yousry, Slimane Dazi, Hichem Yacoubi, Ger Duany Estreno en Festival de Sundance 21 enero 2017; en Francia 5 julio 2017; en Suecia 29 septiembre 2017; en España 29 marzo 2018

Conocido internacionalmente por ser protagonista de la trilogía de Los casos del departamento Q, el actor sueco de origen libanés Fares Fares es, junto al director también sueco pero de origen egipcio Tarik Saleh, el principal artífice de este thriller político ambientado en la primavera árabe en El Cairo a principios de esta década, con la corrupción política y policial y el crimen de estado como principales escenarios de una realidad que presuntamente estos cineastas conocen bien y plasman con acierto y valentía. El hartazgo del pueblo se constituye así en germen sobre el que se edifica esa ola de odio y violencia que protagoniza la historia reciente. Un hartazgo que en el caso de la decadente ciudad del norte de África se remonta mucho tiempo atrás, con los estertores del régimen de Hosni Mubarak como punta del iceberg de una rutina de corrupción que sólo busca favorecer a los más privilegiados y se convierte sorprendentemente en ejemplo a seguir, tal como ocurre en algunas de las supuestas democracias más civilizadas de occidente, espejo del que parecen retroalimentarse estos sistemas presuntamente elegidos por el pueblo a uno y otro lado del planeta, y que amenaza con instalarse definitivamente mientras una nueva revolución social no lo evite. Cuestiones muy profundas quizás que se sitúan como fondo sobre el que se teje una clásica película de cine negro con protagonista a vueltas de todo, amargado por una pérdida familiar, que se replantea su posición dentro de un cuerpo de policía decididamente corrupto tras sumergirse en la investigación de un asesinato urdido desde las altas esferas para salvaguardar el honor imposible de una casta vendida al mejor postor. Haciendo acopio de los tópicos del género, con mucho humo de cigarrillos, mujeres fatales, policías de rostro impenetrable y ambientes entre sofisticados y sórdidos, Saleh consigue una película sólida en la mejor tradición de un género al que se adscriben clásicos desde El halcón maltés a Chinatown, sin apenas desfallecer en ritmo y tensión y con un ejercicio firme y decidido del oficio, aunque en el camino nos deje la sensación de que ya lo habíamos visto antes, si bien en escenarios distintos. Al final es lo de siempre, el hartazgo conduce a una revolución que no deriva necesariamente hacia una mejora de la condición humana. Espiga de Oro y premios a mejor guión y dirección en Valladolid, y Mejor película internacional en Sundance.

READY PLAYER ONE Regreso a la fantasía con alma

USA 2018 140 min.
Dirección Steven Spielberg Guión Ernest Cline y Zack Penn, según la novela del primero Fotografía Janusz Kaminski Música Alan Silvestri Intérpretes Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelssohn, Mark Rylance, Simon Pegg, T.J. Miller, Hannah John-Kamen, Win Morisaki, Philip Zhao, Julia Nickson, Kae Alexander, Lena Waithe Estreno 29 marzo 2018

Ya es difícil que hoy en día un director estrene dos películas en apenas unos meses, cuanto más que sean las dos excepcionales cada una en un género completamente distinto. Ese hombre es Spielberg, que tras emocionarnos con su alegato a la prensa libre y el feminismo más serio y analítico en Los archivos del Pentágono, nos regala un auténtico regreso al futuro y a la ciencia ficción más imaginativa hecha con alma y corazón. Cuando nos tienen tan acostumbrados a los efectos visuales más deslumbrantes y las recreaciones de ambientes, criaturas y cataclismos más espectaculares, pero tras un par de décadas sin apenas emocionarnos, llega el creador de E.T. e Indiana Jones y en una nueva vuelta de tuerca nos transporta a un universo de fantasía absolutamente genuino y persuasivo, a pesar de basarse en el tan trillado mundo del videojuego. Como si se tratara del perfeccionamiento absoluto de aquel Tron de la década de los ochenta, Spielberg nos invita a través de la música y de infinitos referentes cinéfilos a aquella década prodigiosa, con la tecnología y los avances en montaje y sonido de hoy pero el encanto de antaño, sin perder un ápice de entusiasmo e ingenuidad en el camino. Hay una serie de carteles publicitarios de la película que se basan en cintas de éxito de los ochenta, algunas producidas por el propio Spielberg, como Bitelchús, El club de los cinco, Los Goonies, Matrix, Jóvenes ocultos, Dentro del laberinto, Blade Runner, Regreso al futuro, Bullit, Rambo y Risky Business, que dan la medida de las intenciones de un Spielberg nostálgico y a la vez adrenalítico; títulos a los que se suman clásicos como King Kong o un fascinante e irrepetible paseo por los escenarios e iconos de El resplandor de Kubrick, en un nuevo homenaje del maestro al genio a quien sustituyó en la adaptación de Inteligencia Artificial. Pero Ready Player One, título que hace referencia al arranque de esos míticos juegos de ordenador con el que se inició una nueva era tecnológica del entretenimiento hace ya cuatro décadas, no se queda en un desfile de referencias para nostálgicos, cinéfilos y aficionados a la música pop, incluido ese aspecto del avatar del protagonista directamente inspirado en el cantante de A-Ha, sino que es un canto a la libertad y la creatividad de cada uno y una, secuestrada por una cada vez más preocupante dependencia a la tecnología que aliena nuestra inteligencia y sentimientos en favor de un tejido empresarial cada vez más dominante. Un mensaje obvio y previsible dentro de un conjunto que destaca por presentarse como una vertiginosa montaña rusa, y sobre todo por tratar tan delicado material con emoción y alma. Claro que todo este maravilloso entretenimiento paga también un precio para encandilar a su público y no renunciar al taquillazo en el que pretende convertirse, y es que algunas de sus secuencias de acción se alargan en exceso, como suele ser habitual en el cine del género en la actualidad, especialmente la imprescindible batalla final, lo que hace que sucesivos visionados futuros, que los merece, se resientan de tener que enfrentarse de nuevo a tan cansinos castillos de fuegos artificiales. En la música, a falta de John Williams, seguramente demasiado mayor para afrontar tantos compromisos en un mismo año, y de iconos de la época como Jerry Goldsmith o James Horner, ya fallecidos, Spielberg ha echado mano significativamente de otro de los creadores musicales de la época, Alan Silvestri, cuyas partituras para la trilogía de Regreso al futuro son recreadas intencionadamente en esta extraordinaria película, además de referencias explícitas a los Piratas de Zimmer, las fanfarrias y marchas de Williams y el Godzilla de Ifukube.