sábado, 29 de octubre de 2022

RASGANDO SENSIBILIDADES

Rasgando el silencio: Ciclo de mujeres compositoras. Tríos con piano (Tres compositoras, tres obras de juventud). Alejandro Bustamante, violín; Israel Fausto, violonchelo; Patricia Arauzo, piano. Programa: Trío Op. 11 de Cécile Chamninade, Trío para violín, violonchelo y piano de Rebecca Clarke; Trío Op. 29 de Dora Pejacevic. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, viernes 28 de octubre de 2022


Ahora que el feminismo de la vieja escuela está dando tanto que hablar, y para muchos no precisamente en el buen sentido, obstruyendo la ampliación de derechos a otros colectivos por estimar que suponen una amenaza a sus propios logros y reivindicaciones, lo que no hace sino recrear las mismas tensiones que durante tanto ellas mismas sufrieron debido al temor machista, prosigue este interesante ciclo sobre mujeres compositoras que arrancó la pasada temporada y culminará la siguiente. Una entregada y apasionada Carmen Martínez-Pierret, la musicóloga y pianista que junto al violonchelista y catedrático del Conservatorio Manuel Castillo Israel Fausto, se encarga de la coordinación y organización del ciclo, volvió a hacer hincapié en el olvido que sufrió la mayor parte de la obra de estas mujeres, a pesar de que algunas en su momento gozaron de cierto prestigio y reconocimiento. Con anécdotas varias sobre prejuicios masculinos y artimañas femeninas, Martínez-Pierret insistió en el valor de las obras programadas, anunciadas de juventud si bien fueron escritas ya en la veintena de sus autoras, e incluso treintena en el caso de Clarke, y que hechas las oportunas comprobaciones en las escasas grabaciones que de sus piezas existen, y sobre todo en la esforzada y meritoria interpretación que de ellas hicieron los y la protagonista de este concierto, se revelan quizás por debajo de lo deseable, aún sin resultar para nada desdeñables.

El programa estuvo integrado por dos obras tardorrománticas que abrazaron otra con más carácter que quizás pudiéramos englobar dentro de ese expresionismo que tanto progresó durante el primer cuarto del siglo XX. De cualquier modo las tres piezas evidenciaron la influencia lógica e inevitable de sus compañeros de profesión, únicos referentes posibles para quienes tan valientemente se dedicaron a lo que seguía siendo hegemónico de los hombres, como sucedía con cualquier otra arte. Eso impide que encontremos esa deseable sensibilidad especial femenina que en este como en cualquier otro campo nos sirva de esperanza sobre cualquier cambio sustancial que nos salve o libere. Cabe recordar aquí que Cécile Chaminade compuso una ópera titulada La sevillana que apenas tuvo repercusión, dedicó su carrera a componer canciones de salón y obras para piano y fue popular en Inglaterra y Estados Unidos, pero que el matrimonio frenó su carrera hasta que su amplio catálogo cayó en el olvido. En su segundo trío con piano evidencia sus particulares características, desde la riqueza melódica de sus acordes al profundo lirismo con el que aborda no solo los pasajes lentos sino también los más agitados. Israel, el violinista madrileño Alejandro Bustamante y la pianista y también profesora del Manuel Castillo Patricia Arauzo, entendieron estas particularidades a la perfección, dejando claro el extenuante trabajo de estudio y compenetración al que debieron someterse las jornadas previas. Esto se tradujo en un sonido compacto y una expresividad enérgica y contundente que encontró justamente en el lento su momento álgido y más inspirado.

Por iguales derroteros anduvo el trío de la compositora croata Dora Pejacevic, que tuvo el acierto de introducir la canción orquestal en el repertorio de su país y cuya sinfonía se considera el primer trabajo moderno croata en su género. En este su también segundo trío para este conjunto abraza igualmente ese romanticismo tardío que clava sus influencias en Liszt y Wagner, pero en esta ocasión con un carácter más dramático y lacerante que el de su predecesora. Los tres intérpretes se emplearon a fondo para potenciar estas particularidades, con un trabajo sobresaliente en Bustamante, en cuyo rostro pudimos apreciar el éxtasis y delirio derivado de sus largas y sugerentes frases llenas de lirismo y expresividad. Por su parte, Fausto evidenció una especial retórica teñida de cierta amargura, apoyado en el trabajo seguro y preciso de Arauzo. Pero donde más brillaron los tres fue en la pieza de Rebecca Clarke, la más lograda e interesante del programa. La compositora y violista inglesa la compuso en 1921, antes de afincarse en Nueva York, donde murió con noventa y cinco años. Quien firmó a menudo con seudónimo de hombre compuso esta pieza con un estilo bastante avanzado incluso para su época, sin renunciar a la tonalidad pero con una certera y profunda mirada el expresionismo y una carga dramática muy evidente. La cuerda sonó adecuadamente crispada y envolvente, bajo la mirada atenta de Arauzo a cada inflexión de la pieza, profusa en cambios de registros y elocuentes silencios que los tres salvaron con una interpretación estimulante e intensa.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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