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jueves, 7 de junio de 2018

QUATUOR TCHALIK EN EL FESTIVAL DE PRIMAVERA: HERMANOS DE SANGRE Y FUEGO

XXIX Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Cuarteto Tchalik (Gabriel y Louise Tchalik, violines. Sarah Tchalik, viola. Marc Tchalik, violonchelo). Programa: Cuarteto de cuerda nº 2 en Fa mayor, de Hahn; Cuarteto de cuerda en Fa mayor Op. 35, de Ravel. Salón de Carteles de la Real Plaza de Toros de Sevilla, miércoles 6 de junio de 2018


Otra vez nos rendimos incondicionalmente a esa juventud capaz de esforzarse y dar lo mejor de sí, de la que en el apartado musical estamos disfrutando tantas y tan buenas muestras en los últimos tiempos. Y lo hacemos a partir de la comparecencia en el Festival de Primavera de Juventudes Musicales de un singular cuarteto integrado por cuatro jovencísimos hermanos y hermanas franco-rusos, que cuando tocan quintetos se hacen acompañar al piano de otra hermana, Diana. Cuentan ya con un buen recorrido a sus espaldas, en el que se incluyen diversos premios en certámenes internacionales, participaciones en varios festivales europeos y perfeccionamiento en sendas instituciones como la Escuela de Música Reina Sofía, lo que parece mentira a juzgar por sus cortas edades, y nos lleva a pensar que debieron empezar siendo niños. Desde luego adoptar un nombre no ha debido ser ningún problema.

Con Gabriel al frente, el mayor aún con apenas veintisiete años, el cuarteto ofreció en la primera parte del concierto una obra de Reynaldo Hahn, un compositor poco conocido y menos programado, venezolano de nacimiento y francés de adopción, que en su polifacética trayectoria personal y profesional conoció a algunas de las personalidades más influyentes de principios del siglo XX, como Cortot, Ravel, Gounod o Massenet, y fue amante de Proust. Aunque no podemos calificar su música de sensacional, tiene cierta personalidad y fluctúa entre dos épocas, un romanticismo todavía muy evidente y un incipiente modernismo traducido en líneas sugerentes y envolventes salpicadas de ese temperamento tan afín a las tierras que le vieron nacer. Unas propiedades que le vinieron de miedo al conjunto para afrontar su Cuarteto nº 2 con considerable fogosidad en el animé inicial, excepcional sentido del ritmo en el segundo movimiento, trés mouvementé, y pasar luego a los otros dos movimientos, menos interesantes, con sentido de la responsabilidad y resultados altamente satisfactorios.

En la misma tonalidad, el Cuarteto de Ravel se caracteriza por su extraordinaria fluidez y, como no podía ser menos en el autor del Bolero, una marcada sensualidad que los jóvenes Tchalik no alcanzaron a traducir en su plenitud; todavía tienen mucho tiempo para alcanzar la madurez expresiva que una página tan emblemática como ésta requiere. De momento fueron capaces de clavar la partitura y transmitir su cálida temperatura emocional y belleza melódica, pero se quedaron cortos en sutileza y elegancia. Gabriel demostró por qué se le considera también un solvente solista, marcando con precisión y soltura las líneas maestras de la página, mientras Louise le secundó con brillantez, Sarah se plegó bien al conjunto a pesar de alguna nota discordante en el movimiento lento, y Marc imprimió cuerpo y seguridad al ambiente. Faltó más carácter ensoñador, y aunque de nuevo sobresalió la fuerza y el torbellino, destacó la compenetración y el sonido claro y transparente en una nueva manifestación de fuego e ilusión juveniles.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 15 de junio de 2017

LA GUITARRA DE ESTHER

XXVIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. María Esther Guzmán, guitarra. Programa: Fuga y Diferencias, de Cabezón; Adagio y Fuga BWV 1005, de Bach; Sonata Giocosa, de Rodrigo; Intermezzo y Danzas V y IX, de Granados; Paisaje cubano con campanas, de Brouwer; Tema de Lara, de Jarre; La misión, de Morricone. Salón de los Carteles de la Real Plaza de Toros de Sevilla, miércoles 14 de junio de 2017

Tras una primera semana dedicada al piano, como es habitual en el Festival de Primavera, la segunda ha tenido un contenido más ecléctico, desde la música vocal de A5 Ensemble a la guitarra de Mª Esther Guzmán, pasando por la música de cámara del Trío Carmen Veneris. La excepcional guitarrista sevillana es una habitual de la escena local, pero un espacio tan recogido como el que ofrece el Salón de Carteles de la Maestranza potencia aún más el carácter poético y la carga mágica de sus interpretaciones, en perfecta comunión no sólo con su guitarra, a la que mira, acaricia y mima como si fuera su bebé, sino también con el reducido público que consigue entrar en perfecta sintonía con la intérprete y su particular universo estético y musical. Guzmán desgranó en esta velada no sólo su demostrada capacidad a la cuerda pulsada, sino también su talento para transcribir piezas concebidas para otros instrumentos, sirviéndose de sus propios apuntes incluso en páginas que conocen versiones para guitarra muy transitadas.

Un momento de la actuación
(foto: Manu G. Maroto)
Fugas, tientos y diferencias integran el grueso del que fue quizás el más importante compositor europeo para tecla de su época, Antonio de Cabezón, testigo de intrigas palaciegas y gestas épicas de Carlos I y Felipe II, y de quien la sevillana ofreció una página llena de dulzura y delicadeza. No es quizás su toque un prodigio de virtuosismo, sobre todo porque no es eso lo que a ella le interesa, sino más bien extraer de cada obra su esencia y lirismo, y tener la capacidad suficiente para transmitirla, y ahí sí que es prodigiosa. Lo corroboraron los dos primeros movimientos de la Sonata para violín nº 3 de Bach, sobre todo una extensa fuga de intensa espiritualidad, que se enroscaba sin rutina ni cansancio. De la Sonata Giocosa de Joaquín Rodrigo, primera firmada por el autor, allá en 1958, Guzmán potenció más sus disonancias que su carácter folclórico, sin renunciar a su encanto y elegancia y a ese sabor flamenco que respira el vigoroso allegro final.

Más delicadeza aún en el Intermezzo de Goyescas del malogrado Granados, con toda su intensidad orquestal hábil y solemnemente reducida por la propia intérprete, así como la Andaluza y la Romántica de las Doce Danzas Españolas del mismo autor, dechado de elegancia en unas páginas que a menudo se despachan con desmesura. El carácter experimental del Paisaje cubano con campanas, uno de los cincos paisajes cubanos compuestos por quien fuera titular de la Orquesta de Córdoba durante muchos años, Leo Brouwer, se despachó con una interpretación sutil y concentrada. La balalaika de Lara, un Maurice Jarre en estilo Tárrega, y el oboe de Gabriel, de Morricone, se convirtieron por arte de magia en la guitarra de Esther, para deleite de quienes presenciamos un concierto tan hermoso como comunicativo, perfecto colofón para una preciosa edición del Festival que Juventudes Musicales ha dedicado a su mentor, Julio Gº Casas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 8 de junio de 2017

DOMENICO CODISPOTI EN EL FESTIVAL DE PRIMAVERA DE JJMM: UN ESTUPENDO PRESTIDIGITADOR

XXVIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Domenico Codispoti, piano. Programa: 4 Mazurkas Op. 30 y Sonata Op. 58 en si menor, de Chopin; Ètude-Tableau Op. 39 nº 2, Preludio Op. 23 nº 6 y Sonata nº 2 Op. 36 en si bemol menor, de Rachmaninov. Salón de los Carteles de la Real Plaza de Toros de Sevilla, miércoles 7 de junio de 2017 

No es la primera vez que Domenico Codispoti recala entre nosotros, de hecho su carrera está marcada por los premios conseguidos en nuestro país, de ahí su dominio del castellano. Ya lo hemos visto y escuchado en otros conciertos de la asociación que presidía Julio Gª Casas, así como en las Noches de los Jardines del Alcázar. Precisamente confesaba que fue su admiración y estrecha colaboración con Casas lo que le impulsó a participar en esta edición del festival primaveral, lo que quizás justificó que la mitad del programa estuviera dedicada a Chopin, tan querido y admirado por el añorado melómano, músico y letrado sevillano. También la sarabanda de Bach que le ofreció como propina estuvo en la misma línea, servida con elegancia y delectación. No se puede negar que Codispoti es un buen pianista, como ya ha demostrado en otras ocasiones, en solitario o como integrante por ejemplo del Trío Vega. Se puede asegurar incluso que es un excelente gimnasta del teclado y un sensacional prestidigitador, lo que sirve más para levantar pasiones entre el público que para provocar una sincera emoción en el oyente.

Las mazurkas chopinianas las abordó desde el respeto a su origen y estructura como danzas populares, con precisión y atención al carácter experimental de sus progresiones y armonías, pero insuficiencia en cuanto a una expresividad que exige mayor complejidad y sofisticación. La Sonata nº 3 de Chopin demanda tal combinación de técnica y poesía, sin que se denote esfuerzo aparente, que pocos artistas son capaces de ofrecer una lectura completamente satisfactoria de la página. Codispoti optó más por lo primero, para lo que está sobradamente dotado, pero sus ralentizaciones y generosos rubatos no lograron insuflar en la pieza la intensidad necesaria, quedándose en un ejercicio disciplinado y brillante en lo técnico pero poco evocador ni siquiera en su muy sutil y meditado adagio.

Sus versiones de Rachmaninov estuvieron más atinadas, contenido en el estudio con el que se inició la segunda parte, marcando su orientación figurativa y aprovechando la técnica para sumergirse en su intensa fuerza emocional. Exhibió bravura y equilibrio en el Preludio nº 6 del opus 23, y se precipitó en la Sonata nº 2 con ímpetu casi suicida, convirtiendo esta versión aligerada del original, que el autor revisó en 1931, en una vorágine de acordes, filigranas y complejas relaciones estructurales. De nuevo el virtuosismo se impuso al lirismo, aunque sin traicionar la imaginación. En general la lectura del pianista de Catanzaro tendió a una descomunal densidad, al límite a veces con la desproporción, sólo posible combinando las dos versiones de la pieza, la original de 1913 y ésta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 6 de junio de 2017

NOSTÁLGICA ADMIRACIÓN EN EL ARRANQUE DEL XXVIII FESTIVAL DE PRIMAVERA DE JUVENTUDES MUSICALES

XXVIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Juan Pérez Floristán, piano. Programa: Tres piezas de “Années de pèlegrinage”, de Liszt; Sonata nº 2, de Chopin; Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. Salón de los Carteles de la Real Plaza de Toros de Sevilla, lunes 5 de junio de 2017

El pasado y la admiración por quienes lo poblaron fue invocado de manera sensacional en este arranque del Festival de Primavera de Juventudes Musicales de este año, primero que se celebra en ausencia de su principal artífice, Julio Gª Casas, desaparecido a finales del pasado año y nunca suficientemente llorado. El ambiente fue sin embargo festivo y colorista, precedido por un emotivo discurso de presentación del presidente de la asociación, Arnold W. Collado, y con tanta presencia de público que mucho tuvo que permanecer en pie. No era para menos, en el estrado el encargado de deleitarnos era Juan Pérez Floristán, aún joven para derrochar tanto talento y expresividad, y ya generosamente curtido en salas de concierto y festivales. En los atriles un singular programa que comenzó con la admiración por el arte y la literatura italiana profesada por Liszt, y terminó con la que Mussorgsky dispensaba a su amigo el pintor y arquitecto Viktor Hartmann. Creadores desaparecidos a los que la Marcha fúnebre de Chopin, en el ecuador del programa, parecía rendir homenaje. 

Rafael, Petrarca y Miguel Ángel ocuparon el protagonismo en el teclado de Floristán mientras desgranaba, con más ímpetu y energía de lo habitual en estas páginas, las delicadas notas que Liszt compuso en honor a estos artistas imperecederos. El pianista eligió de entre las muchas que integran los tres cuadernos de Años de peregrinaje de Liszt, tres de las más reflexivas e intimistas, impregnándoles de un sello muy personal a fuerza de crescendi exuberantes y considerables dosis de rabia contenida. Una visión muy particular que se perpetuó en la imprescindible Sonata nº 2 de Chopin, a la que dotó de inusual unidad interna a base también de pulsaciones muy dinámicas, rápidas y vibrantes. Las imprecisiones técnicas que asomaron de vez en cuando no empañaron una interpretación soberbia en color y expresividad, que encontró en la célebre Marcha fúnebre el contrapunto ideal, sombrío y austero, al carácter nervioso y diabólico, a veces terrorífico, con el que fue abordado el resto de la obra.

El intérprete en un momento de esta actuación (foto: Tomás Payés)
En la segunda parte una soberbia interpretación de Cuadros de una exposición evidenció el alto grado de madurez alcanzado por el artista frente a una pieza que le ha acompañado desde el principio de su carrera, y que como el resto del programa recreó sin partitura alguna. El carácter grotesco de los gnomos, los aires de serenata de El viejo castillo, la vivacidad de los niños en Tullerías, la acalorada conversación de los judíos o el carácter lúgubre de las catacumbas romanas, encontraron en Floristán un médium inmejorable, bizarro en los episodios más imaginativos, poético en los realistas, como ese final apoteósico en la Gran Puerta de Kiev, con el que alcanzó un estado emocional complejo, sin estridencias ni salidas de tono. Ginastera y Schubert ocuparon las inevitables propinas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 7 de junio de 2017

sábado, 5 de marzo de 2011

Panambí de Ginastera en los conciertos de la ROSS

Crítica de música

10º Concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Teatro de la Maestranza. Pedro Halffter, director. Programa: Sinfonía nº 6 Op. 68 de Beethoven; Panambí Op. 1 de Ginastera. 3 de marzo de 2011

La poco transitada música hispanoamericana tuvo en el último concierto de la ROSS un notable protagonismo, con una obra tan estimulante, sugerente y evocadora como el ballet Panambí del compositor argentino Alberto Ginestera. Tras la considerable deserción de quienes sólo acudieron al Maestranza atraídos por la Sexta de Beethoven, el público que permaneció respondió encantado con el descubrimiento.

Nos gusta comprobar que en una temporada en la que se ha apostado por arriesgar lo mínimo, Halffter haya logrado encajar una obra tan desconocida como ésta, y que a pesar de haberse anunciado la muy recortada Suite, se haya optado por la más lógica ejecución del ballet completo. Eso unido a la notable presencia de público nuevo, evidenciado por los apasionados pero inoportunos aplausos entre movimientos al Beethoven, son signos de una bien recibida savia nueva.

La partitura del autor de Estancia confluye en más de un aspecto con contemporáneos como Bernstein y Messiaen, sin disimular influencias de Debussy y Stravinsky, derrochando imaginación y sensualidad, a lo que estuvo muy atenta la batuta de Halffter, consiguiendo de cada solista una brillante exposición. Ya antes con la cálida y exuberante Pastoral hizo gala de transparencia y riqueza en matices, mirando hacia el clasicismo en una obra que se postula como homenaje a una etapa ya entonces extinguida. Un cuidado exquisito en el control de dinámicas caracterizó también la entregada interpretación de la obra, si bien alternando momentos muy emotivos con otros de excesiva contención y tempi a veces demasiado rápidos. 

Publicado originalmente en El Correo de Andalucía el 5 de marzo de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Doña Francisquita en el Teatro de la Maestranza



Crítica de zarzuela


Doña Francisquita Música de Amadeo Vives Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, según "La discreta enamorada" de Lope de Vega Dirección escénica Luis Olmos Dirección musical Miquel Ortega Intérpretes María José Moreno, Ismael Jordi, Milagros Martín, Julio Morales, Amelia Font y Enrique Baquerizo Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Orquesta de Plectro de Córdoba y Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Estreno: Martes 15 de febrero de 2011

El Teatro de la Zarzuela tiene ya un montaje reciente de este título inmortal, en cuya reposición de 2004 debutó en el papel Mariola Cantarero, ahora barajada en los dos repartos para hacerla coincidir en una función con Ismael Jordi y repetir así la magia lograda con La Traviata. No obstante hace exactamente un año el teatro madrileño optó por una nueva producción, que traiciona el espíritu con el que Vives pretendía recrear el Madrid romántico para ofrecernos una escenografía de corte minimalista y vestuario modernista. Hay que reconocer que los arcos de ángulos rectos unidos con visagras en los que consiste el sencillo decorado dan mucho juego escénico y consiguen unos resultados plásticos notables y muy creativos, sin que los coloristas figurines resulten chirriantes ni grotescos.

En manos de Miquel Ortega resulta difícil apreciar los matices y relieves de una partitura exquisita que exhala Puccini y Strauss en más de un pasaje. Su dirección epidérmica y en muchos casos ramplona y poco decidida jugó en detrimento de la emoción y el lirismo de la música, haciendo que la ROSS no luciera como otras veces, incluida la espléndida grabación que de este título realizó en 1994 a las órdenes del más solvente Miguel Roa.

María José Moreno logró una actuación serena, con un bellísimo timbre, gran capacidad para la coloratura (La canción del ruiseñor) y flexible modulación, si bien sus agudos se revelaron cortos. Jordi volvió a encandilar con su elegancia canora (Por el humo se sabe) y su versátil fraseo, pero continúa insuficiente en volumen, lo que salva con ingeniosa proyección. Julio Morales fue un Cardona contenido, lo que se agradece entre tanto aspaviento y sobreactuación, exhibiendo una voz centrada y fluida. Milagros Martín, por el contrario, cantó sin seguridad, con ataques forzados y cambios bruscos de color. Del resto destacó la enorme potencia de Manuel de Diego y la alegre coreografía, que nos dejó momentos espléndidos como el Pasacalle de los estudiantes, con intervención danzística no muy disciplinada pero sí simpática del propio coro, que aunque en general lució magnificencia, desaprovechó la oportunidad de bordar el hermoso Coro de románticos, algo desinflado y raquítico.


Publicado originalmente en El Correo de Andalucía