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lunes, 28 de septiembre de 2020

SONG TO SONG El perfume que no huele

USA 2017 129 min.
Guion y dirección Terrence Malick Fotografía Emmaneul Lubezki Intérpretes Michael Fasbender, Ryan Gosling, Rooney Mara, Natalie Portman, Cate Blanchett, Bérénice Marlohe, Olivia Grace Applegate, Holly Hunter, Tom Sturridge, Linda Emond, Brady Coleman, Val Kilmer, Patti Smith, Iggy Pop Estreno en Estados Unidos 17 marzo 2017; en España (no en Sevilla) 25 septiembre 2020 

Continúa la recuperación de títulos de la filmografía de Terrence Malick no estrenados en su momento, aunque éste pudo verse en la Filmoteca de Cataluña en noviembre de 2017,si bien podemos seguir considerándolo inédito en nuestra pantallas, dado que tan solo ha llegado a dos cines de Madrid y uno de Valladolid. La cinta continúa por los mismos derroteros que su anterior Knight of Cups, a su vez consecuencia del camino emprendido en To the Wonder y esbozado en El nuevo mundo. Pero mientras en éstas aun había un argumento y se planteaban una serie de situaciones más o menos tangibles, ahora mantiene esa tónica de collage de imágenes y sensaciones más acordes a un trabajo publicitario, de cosmética y perfume, estirado hasta la náusea, que solo se salva por el brillante plantel de actores y actrices que desfilan por la pantalla, y el espléndido trabajo del fotógrafo Emmanuel Lubezki.

Fassbender, Mara y Gosling interpretan un trío pasional en el que a su vez cada uno y una mantiene otros flirteos siempre en espacios lujosos de diseño, lo que a su vez deviene en un catálogo extraordinario de nueva arquitectura. Ambientada en Austin, Texas, y con el mundo de la música pop y rock como telón de fondo, lo que da pie a una ridículas intervenciones de Iggy Pop y Patti Smith, Malick parece querer poner en pie un drama sexual de alto contenido erótico, si bien el estricto puritanismo americano apenas deja ver algo de carne, lo que potencia aún más el carácter ridículo de una película que no merece más atención que disfrutar con la belleza de sus protagonistas, especialmente una Natalie Portman a la que el rubio le sienta muy bien, sus discretas habilidades musicales (Gosling a la guitarra) y piruetas de baile (Fassbender) y el hermoso catálogo de espacios naturales y artificiales que ofrece bajo la bellísima fotografía de Lubezki, aunque ni así consigue transmitir más sensaciones que la de un anuncio vacuo e impertinente. Entre Días del cielo y La delgada línea roja, Malick necesitó veinte años y así debería haber continuado.

domingo, 20 de septiembre de 2020

KNIGHT OF CUPS El príncipe de las piscinas

USA 2015 118 min.
Guion y dirección
Terrence Malick Fotografía Emmanuel Lubezki Música Hanan Townshend Intérpretes Christian Bale, Cate Blanchett, Natalie Portman, Brian Dennehy, Antonio Banderas, Freida Pinto, Wes Bentley, Isabel Lucas, Teresa Palmer, Imogen Poots, Peter Mathiessen, Armin Mueller-Stahl, Cherry Jones, Kevin Corrigan, Jason Clarke, Ryan O’Neal y la voz de Ben Kingsley Estreno en el Festival de Berlín 8 febrero 2015; en Estados Unidos 4 marzo 2016; en España (no en Sevilla) 18 septiembre 2020 

La falta de una política de estrenos precisa y homogeneizada en estos tiempos de pandemia, con grandes ausencias de películas taquilleras en nuestras salas, propicia la apuesta de los exhibidores por cine clásico y, como en este caso, películas que fueron despreciadas en su momento. Entre To the Wonder y Vida oculta, además de varios documentales coqueteando con nuevas tecnologías, Terrence Malick realizó dos películas que no conocieron estreno en nuestras pantallas en su momento, y que ahora se recuperan, al menos en algunas ciudades españolas. Una es Song to Song, que se estrenará la próxima semana, y la otra es este Knight of Cups o Caballero de las tazas. Partiendo de una especie de cuento oriental que su padre contaba al protagonista de esta historia, si es que la hay, un príncipe viaja al oriente para hacerse con una perla, pero en el camino es embriagado con una taza de extraño brebaje que le hace olvidar su condición y su objeto.

En la vorágine y la superficialidad de Hollywood y sus aledaños, el siempre apolíneo Christian Bale da vida a ese joven perdido y desorientado que parece haber sufrido el destino de aquel príncipe de cuento de mil y una noches. Sus devaneos con la sociedad, en la que Antonio Banderas parece adoptar la figura de un maestro de ceremonias aflamencado y siempre dispuesto para la juerga, le llevan a coquetear con ex mujeres, amantes, novias y deseos carnales, hasta seis en total, que sirven de pretexto para la sempiterna estética de anuncio de perfume que Malick ya ensayó en El árbol de la vida y To the Wonder. Pero si en la anterior había un atisbo de argumento, con trío amoroso de por medio, en Knight of Cups todo parece enfocado a un ejercicio de relajación perpetuo en el que innumerables piscinas de suntuosas mansiones sirven como oasis en los que purgar el aburrimiento y la falta de horizonte, mientras Bale deambula con cara de desnortado al son que le marca un Ben Kingsley en modo recital poético en off.

Al director de fotografía Emmanuel Lubezki el experimento le sirve para poner toda la carne en el asador, al margen de limitaciones dramáticas, en lo que parece una instalación sensorial a su servicio. Mientras al compositor Hanan Townshend no le queda más remedio que someterse a los designios del director, que da preferencia a las místicas páginas de Vaughan Williams, Kilar, Bruch, Corelli y el inevitable Arvo Pärt. El conjunto seguramente irritará a más de uno y una, su falta de guion desconcertará y sus propuestas resultarán pretenciosas y posiblemente vacías, pero no se puede negar que tiene cierta belleza y que Malick conoce bien lo que pretende y lo ofrece sin truco ni engaño alguno.

domingo, 9 de febrero de 2020

VIDA OCULTA La pasión en un marco roto

Título original: A Hidden Life
USA-Alemania 2019 180 min.
Guion y dirección Terrence Malick Fotografía Jörg Widmer Música James Newton Howard Intérpretes August Diehl, Valerie Pachner, Matthias Schoenaerts, Karin Neuhäuser, Maria Simon, Michael Nyqvist, Bruno Ganz, Tobias Moretti, Martin Wuttke, Karl Markovics, Franz Rogowski, Florian Schwienbacher Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2019; en Estados Unidos 13 diciembre 2019; en España 7 febrero 2020

Apenas dirigió cinco películas en cuarenta años, entre Malas tierras y El árbol de la vida, y todas se estrenaron en nuestro país religiosamente, y valga el término en toda su acepción tratándose de este singular director. Sin embargo a partir de esta última se entregó a una vorágine de estrenos casi anuales, algunos de carácter documental y experimental y dos largometrajes de ficción, Knight of Cups y Song to Song, que ni por estar protagonizados por rutilantes estrellas de Hollywood conocieron estreno comercial en España. Ahora llega por lo tanto su primer estreno entre nosotros desde To the Wonder, esta Vida oculta que narra los hechos reales que condujeron a un iluminado campesino austriaco al tormento y el éxtasis tras renunciar a prestar juramento de lealtad al Führer en plena guerra mundial. Un significativo objetor de conciencia que Malick utiliza para crear una pretenciosa fábula existencial, tan trascendental y poética en sus postulados como pomposa y pedante en sus resultados.

Lo más apreciable del conjunto es su tendencia a generar nuevas experiencias sensoriales combinando imagen y sonido como pocas veces se ha logrado en pantalla, lo que resulta en un espectáculo estético considerable, aunque en más de una ocasión parezca que pueda aparecer Julie Andrews entonando The Sound of Music en las verdes praderas de los Alpes autriacos. Mejor le hubiera ido a Franz Jägerstätter si hubiera decidido huir a las montañas ante la amenaza nazi, como hizo la familia Trapp en el clásico musical. Por el contrario este campesino con vocación de mártir decide, siempre según el misticismo imperante en el cine de Malick, someterse a un vía crucis semejante al que vivieron Cristo o personajes históricos como Juana de Arco, en un inexplicable contexto militar en el que de forma poco convincente los villanos alemanes empeñan mucho tiempo y esfuerzo en redimir al prófugo, sometiéndolo a un sinfín de tentaciones que reafirman su improbable y ciega confianza en un más allá dominado por el mismo Creador de los idílicos paisajes en los que disfrutan de una feliz existencia el protagonista y su enamorada esposa, junto a tres exquisitas querubinas que nunca crecen, ni en la imaginación del sufriente protagonista ni en la dura vida que sorprende a la aguerrida esposa, abandonada a trabajos en los que tanto se echa en falta la fuerza genuina del hombre en mayúsculas.

Tres horas necesita, entre imposibles encuadres y proliferación de ángulos complejos, el director de Días del cielo, La delgada línea roja y la insufrible El árbol de la vida, para contarnos esta historia de fe inquebrantable y espíritu combativo desde el pacifismo y la resistencia, en un ejercicio que personalmente me hizo recordar constantemente la preciosa carátula de uno de los primeros discos de Depeche Mode, A Broken Frame, ese marco roto por la maldad humana, el libre albedrío con el que el Catolicismo justifica el continuo quebranto de la belleza divina que provoca el hombre con su tiranía y villanía innatas. Al menos esta vez la prepotencia del director, del que siempre adoraremos esos Días del cielo que valió un Oscar a Néstor Almendros y dejó a las puertas de otro a Ennio Morricone en su primera nominación al premio de la Academia, no se ha traducido en desprecio de la música original compuesta por James Newton Howard, como sí hizo con James Horner a propósito de El nuevo mundo y Alexandre Desplat con El árbol de la vida. Es sí, hace compartir la lírica y etérea música de Howard, con violín solista protagonista, con su habitual lista de grandes éxitos trascendentales de la música clásica, desde Pärt a Górecki pasando por Bach, Händel y Dvorák. Demasiado para el cuerpo, no digamos ya para el espíritu.