domingo, 13 de octubre de 2019

DON PASQUALE DE COMEDIA MUSICAL

Ópera de Gaetano Donizetti con libreto de Donizetti y Giovanni Ruffini. Corrado Rovaris, dirección musical. Laurent Pelly, dirección de escena y diseño de vestuario. Íñigo Sampil, director del coro. Chantal Thomas, escenografía. Gary Marder, iluminación. Con Carlos Chausson, Joan Martín-Royo, Anicio Zorzi Giustiniani, Sara Blanch y Francisco Escala. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de A.A. del Teatro de la Maestranza. Producción de Santa Fe Opera, San Francisco Opera y Gran Teatre del Liceu.
Teatro de la Maestranza, sábado 12 de octubre de 2019

Hacía tiempo que no disfrutábamos de buen teatro en una ópera del Maestranza. A golpe de memoria apenas recuerdo nada después de una memorable Fanciulla del West hace ya unos cuantos años en plena era Halffter. El prestigioso director de escena Laurent Pelly se ha empeñado a fondo en este estreno en Sevilla de la reciente producción de Santa Fe, San Francisco y Barcelona de Don Pasquale, atendiendo él mismo a la dirección de los intérpretes, el movimiento escénico y la chispa de la acción, lo que se nota en un resultado eficaz y efectivo en términos puramente teatrales. Algo de lo que se beneficia también la música, que pasa de ser uno de los mejores títulos del catálogo Donizetti, tan bañado en el universo rossiniano que le sirve de referente, a ser una partitura altamente destacada, realzada por un tratamiento verdaderamente de primera de todos los elementos en juego. Una simbiosis entre música y dramaturgia que ciertamente logra el milagro de la obra completa, plenamente disfrutable a todos los efectos.

Sin embargo en este punto tenemos que dar un pequeño tirón de orejas al propio Pelly, porque el mismo que ha tenido el acierto de inspirarse en la comedia cinematográfica italiana de los cincuenta y sesenta, y que nosotros más bien hemos identificado con el vodevil de puertas que se abren y cierran tan prolífico en nuestros teatros de transición, ha descuidado a un nivel casi escandaloso el trabajo en igualdad, ofreciéndonos una versión del escarmiento del pobre anciano enamoradizo que potencia el papel de femme fatale que desempeña una Norina-Sofronia que parece más interesada en una herencia que paradójicamente despilfarra que en salvar su relación con el enamorado Ernesto, sobrino de Don Pasquale. Su ambientación a mitad del siglo pasado, uno después del de su gestación, así como los recursos con los que se define su personaje, que aparece brillantemente en escena en negra combinación y desafiante sensualidad, en una escena ya antológica para el teatro musical hispalense, y sus ademanes a menudo groseros, que rebasan la crueldad con la que se somete al pobre protagonista, potencian ese rol recurrente de la mujer araña o si se prefiere viuda negra, que tan flaco favor hace a la lucha por un ideal más justo de mujer como ser universal y poliédrico. Particularmente soy de la opinión de que la lucha de género exige más formación y educación en lugar de ensañarse con grandes artistas por conductas pasadas, cuyo boicot acaba afectando a toda la afición. Pelly no solo no ha suavizado la perfidia y brutal sensualidad de Norina, sino que la ha potenciado innecesariamente.

Un extraordinario trío de voces

No podemos negar que Sara Blanch hace un trabajo espléndido tanto en lo dramático como en lo musical, dominando agilidades hasta lo sublime, emitiendo espléndidos sobreagudos, derrochando gracia y fraseando con holgura y sensatez. Toda una revelación precedida del buen trabajo que ya realizó hace dos años en La flauta mágica en este mismo teatro. Su cabaletta del primer acto fue realmente antológica. A su lado Carlos Chausson refrendó el dominio absoluto que tiene de un personaje que lleva casi cuarenta años representando en el mundo entero, y al que hoy añade madurez e idoneidad, marcando el carácter bufo del personaje y destacando una portentosa voz que no ha perdido calidad en todo este tiempo. De Anicio Zorzi se anunció una fastidiosa afección que limitaría la calidad de su trabajo; esperamos que esa fuera la causa de lucir una voz tan poco agraciada, tan nasal y con recursos expresivos tan limitados, como se pudo apreciar en un Cercheró lontana terra muy poco sentimental, y un dúo Tornami a dir che m’ami algo inestable. Mejor defendió la famosa serenata del acto final, pero en general fue el único obstáculo a una noche musical impecable. Quien sí convenció y divirtió a raudales fue Joan Martín-Royo como un ingenioso y expresivo Malatesta, que logró en sus dúos cómicos con Don Pasquale un trabajo digno de referencia incluso en lo musical. Finalmente Francisco Escala defendió con eficacia su pequeña contribución, mientras con el resto del coro ofreció un trabajo sustancialmente brillante y chispeante, coronado con un trabajo discretamente coreográfico tan simpático como las diversas ocasiones en las que los protagonistas tuvieron oportunidad de bailar ligeramente al son de una partitura ciertamente realzada.

En lo escenográfico la función es también ágil e ingeniosa, con un solo decorado en el que resulta fácil identificar las fachadas de la riviera italiana, y un juego de cajones que salen y entran para completar la habitación central, que en el tercer acto se pone literalmente patas arriba, quizás el detalle más burdo de todo el conjunto. Nos quedamos con ese buen teatro apuntado y la magnífica resolución del apartado musical, gracias por supuesto a la batuta ágil y desenfadada de Corrado Rovaris, curtida en Filadelfia, a pesar de que en ciertas ocasiones llegó a tapar al conjunto vocal, lo que propició que Blanch tuviera que forzar de vez en cuando su potencia y volumen. Hubiésemos preferido, a pesar de todo lo apuntado, un trabajo que dosificara mejor los elementos dramáticos de la función, dando relieve a la tortura sufrida por el pobre bufón humillado y escarmentado. Y solo lamentamos que resulte tan difícil entender la tan necesaria ideología de género, especialmente incomprensible entre artistas que debieran ser más sensibles a la cuestión. Suavizar ciertos comportamientos hoy execrables y tiempo atrás aceptados, ayudaría a evitar trágicos linchamientos en el futuro.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 6 de octubre de 2019

UNA PEQUEÑA MENTIRA Un cuento de verdad

Título original: Fourmi
Francia-Bélgica 2019 105 min.
Guion y dirección Julien Rappeneau, según el cómic de Mario Torrecillas y Artur Laperla Fotografía Pierre Cottereau Música Martin Rappeneau Intérpretes François Damiens, Maleaume Paquin, André Dussollier, Ludivine Sagnier, Laetitia Dosch, Sébastien Chassagne, Didider Brice, Cassiopée Mayance, Pierre Gommé Estreno en Francia 4 septiembre 2019; en España 4 octubre 2019

Es lamentable que cuanto más cines se abren, más nos obliguen a ver lo mismo. Mientras toda la gente está centrada en ver unos cuantos títulos publicitados hasta la saciedad, promocionados hasta la náusea y proyectados cada vez en más salas, otras películas tienen que conformarse con estrenarse casi de tapadillo y con pocas posibilidades de prosperar en una cartelera saturada de sandeces. Más escandaloso es cuando además resulta que nuestro ingenio y talento tiene mucho que ver, como en este film basado en un cómic español, paradigma perfecto del cuento moderno, educativo y edificante frente al abuso de los cuentos tradicionales, hoy manifiestamente contrarios a una buena educación en valores, igualdad y justicia social.

Dream Team es el título original de este cuento gráfico de Manuel Torrecillas y Artur Laperla, hoy rebautizado con el título de la película en castellano, que ha servido al hijo del director de Cyrano de Bergerac para componer una preciosa fábula moderna sobre un niño que quiere y respeta muchísimo a su padre, un pelma de cuidado al que la vida no parece sonreír mucho. Un golpe de suerte que se convierte en una frustración sirve al pequeño Hormiga (título original de la película) para edificar un pequeño universo con el que lograr que su padre supere las adversidades. Como puede apreciarse se trata de un material delicado y altamente inflamable, que en las manos adecuadas se convierte en una pieza sutil de artesanía, amable y conmovedora, sin aspavientos ni excentricidades, solo buenos sentimientos sin ánimo adoctrinador pero con mensaje contundente lanzado a través de un ejercicio de entretenimiento tan sano como saludable.

En esto tiene una gran responsabilidad un elenco ajustado, responsable y certero, en el que cada personaje tiene vida propia, un antes y un después que les aleja del puro acartonamiento en el que frecuentemente se convierten los personajes secundarios en todo tipo de producciones. Su mensaje es útil para todos y todas, para lograr con nuestro esfuerzo y consideración que quienes nos rodeen sean más felices, evitar sufrimiento a quienes nos quieren y lograr que entre todos y todas éste sea un mundo más habitable, sin rencores ni desprecios. Lo sorprendente es que algunos sepan comprender el mensaje y hasta divulgarlo a los cuatro vientos, pero no sean capaces de ponerlo en práctica... ¡con lo fácil que es!

AMAZING GRACE Lady Soul Piadosa

USA 2018 87 min.
Dirección Alan Elliott y Sydney Pollack Documental Estreno en el Festival de documentales de Nueva York 12 noviembre 2018; en España 4 octubre 2019

En algún momento entre Danzad, danzad, malditos y Las aventuras de Jeremiah Johnson, o entre ésta y Tal como éramos, Sydney Pollack cumplió el encargo de Warner Bros. de rodar la grabación en la Iglesia Bautista Misionera New Temple de Watts, en Los Angeles, del álbum Amazing Grace de Aretha Franklin. Por aquel entonces, aunque aun no había cumplido los treinta años, Lady Soul ya había cosechado éxitos legendarios como Respect, Natural Woman o I Say a Little Prayer, grabado más de veinte álbumes y alcanzado numerosos números uno. Pero sus orígenes se remontaban a cuando cantaba espirituales en la iglesia de su padre, C. L. Franklin, y con este doble álbum quiso dejar constancia de aquella infancia y aquellas raíces.

Mucho debieron decepcionarse los protagonistas de aquellas dos míticas sesiones en enero de 1972 cuando vieron que todo el material fílmico se guardaba en un cajón y jamás se volvería a saber nada de él, hasta ahora que muchos de ellos, si no la mayoría, han fallecido. Se argumentaron razones de índole técnico para justificar tal decisión, pero cuentan que antes de morir, Pollack manifestó su voluntad de sacar a la luz lo rodado. Si eso es así, éste es el resultado. No era difícil imaginar escuchando aquel mítico doble álbum el escenario en el que se grabó, tanto es así que su plasmación fílmica responde miméticamente a esa imagen preconcebida. Aquí solo hay un copión debidamente restaurado, montado sin mucha voluntad de manipulación pero tampoco con demasiado ingenio, para simplemente dejar constancia de esas dos irrepetibles veladas, en las que asoman frecuentemente el propio realizador, Sydney Pollack, o invitados de lujo como Mick Jagger o la estrella del góspel Clara Ward. Por lo demás una humilde y recogida Arteha Franklin se limita a cantar de la mejor manera posible largos temas secundados por las voces del Southern California Community Choir y el consabido histerismo reinante entre el público, entre vítores y reafirmaciones continuas de la fe en Cristo.

Todo lo cual converge en un espectáculo eminentemente religioso, de esos que buscan la evangelización aunque sea a través de la música, y que sin pretenderlo dejan al descubierto una vez más cómo la Iglesia se ceba con los más humildes y se presenta perversamente como la única alternativa a tanto sufrimiento en la tierra. Así las cosas, ver al reverendo James Cleveland en acción y a la gran diva del soul entonando con respeto y pasión estos vistosos espirituales negros, no va más allá que la experiencia vivida durante estos últimos casi cincuenta años simplemente escuchando el mítico doble disco que produjo otra leyenda de la música pop, también fallecido, Arif Mardin, productor también a lo largo de su fructífera carrera de artistas y grupos como Bee Gees, Carly Simon, Culture Club, Phil Collins, Barbra Streisand o Norah Jones, por citar unos cuantos aleatoriamente.

sábado, 5 de octubre de 2019

JOKER Batidora de desgracias

USA 2019 121 min.
Dirección Todd Phillips Guion Todd Phillips y Scott Silver Fotografía Lawrence Sher Música Hildu Gudnadóttir Intérpretes Joaquin Phoenix, Robert de Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Shea Whigham, Bill Camp, Glenn Fleshler, Leigh Hill Estreno en el Festival de Venecia 31 agosto 2019; en España y Estados Unidos 4 octubre 2019

La pregunta inevitable es ¿cómo un director con una filmografía tan nefasta que incluye títulos como Viaje de pirados, Starsky & Hutch, Escuela de pringaos, la trilogía de Resacón en Las Vegas, Salidos de cuentas y Juego de armas, puede de repente hacer una película como ésta, merecedora de un insólito y sin precedentes León de Oro en Venecia? Y es que ciertamente, y aunque parezca mentira, nos encontramos ante una cinta más que estimable. Lo es por su originalidad de convertir un personaje de cómic en carne de drama extremo, traicionando aparentemente el espíritu que inspira este tipo de producciones, que no es sino la acción y el derroche de efectos especiales. Aquí tenemos al antagonista por antonomasia de Batman y sus orígenes en una exagerada acumulación de desgracias que convertirán a un personaje tan desgraciado ya de por sí en un líder revolucionario y un carismático antihéroe que llevado por el resentimiento provocará el instinto de justicia que caracteriza, o al menos así lo ha hecho hasta ahora, al bueno de Bruce Wayne.

Así, la precuela del universo del hombre murciélago que Christopher Nolan diseñó después de que la versión de Tim Burton quedara anclada en el limbo de la leyenda y el mito, encuentra un vehículo tan fuera de lugar como éste, donde el melodrama puro se da la mano con el estilo de Martin Scorsese, con otro resentido de una sociedad cruel y alienada como el Travis Bickle de Taxi Driver como protagonista, y el propio Robert de Niro dando vida al Rupert Pupkin de El rey de la comedia cuando ya ha conseguido su objetivo de convertirse en algo así como el Johnny Carson de los setenta que tanto ha inspirado a presentadores de late movies a lo largo y ancho de este planeta. Cine negro y melodrama para dar un aspecto ultramoderno a esta insólita e impredecible adaptación de un cómic de superhéroes. Pero lo cierto es que el producto atrapa de principio a fin, está hecho para resultar atractivo y seductor en su integridad, y realizado con esmero y dedicación. Su magnífica ambientación en un Gotham setentero, una sociedad distópica pero no tanto, que se enfrenta a los problemas que acucian aún hoy a nuestra sociedad, y en el que la sombra de un impresentable integral como Trump tiene también su espejo, hace que la cinta consiga ser fascinante, aunque en el camino ese exceso de desgracias y unas incomprensibles trampas de guión que nada aportan al contenido integral del film, rebajen las virtudes del resultado final.

El gol lo metió el jurado de un festival prestigioso para que así nadie pueda ya resistirse al encanto del cine palomitero; pero las reservas son evidentes, y eso hace crecer la desconfianza. No podemos acabar sin alabar el esfuerzo de Phoenix, que como de Niro en sus mejores tiempos, se permite adelgazar considerablemente para dar vida a tan extremo personaje, y se marca una serie de bailes dignos de atención, así como la música de la islandesa Hildur Gudandóttir, aportando una atmósfera casi mística y medieval a este espectáculo dramático que parece reivindicar el universo shakesperiano en su vocación de retratar los grandes males que acucian nuestra enferma sociedad.

viernes, 4 de octubre de 2019

LISBOA COLORS: REGRESO A LA CIUDAD BLANCA

X Festival de la Guitarra de Sevilla. Teresa Macedo, voz. QGLx (Lisboa Guitar Quartet): Miguel Vieira da Silva, Pedro Luis, André M. Santos y José Dias. Programa: Colores de Lisboa. Espacio Turina, jueves 3 de octubre de 2019

Lisboa Colors en el Espacio Turina de Sevilla
Esta edición del Festival de la Guitarra de Sevilla esté teniendo un especial aroma portugués, como pudimos apreciar el pasado lunes en el Consulado de ese país de la mano de Andrew Zohn, en un concierto en el que el excelente guitarrista norteamericano interpretó piezas de fuerte calado luso aunque fuera en su vertiente brasileña, pero nadie puede negar el estilo del país vecino en los temas de Dilermando Reis. Y ahora con la visita del Cuarteto de Guitarras de Lisboa y la voz invitada de la joven Teresa Macedo, un quinteto de la generación nacida en los ochenta que nos sumió en un placentero viaje por calles, plazas y demás evocadores lugares de la Ciudad Blanca. La gente de Sevilla sabe bien conectar con esta ciudad que tiene tan al alcance, y que al igual que el vecino Algarve, ha hecho tantas veces nuestras delicias. Por eso cada viaje a Lisboa se convierte en un regreso a la ciudad, su ritmo y sus gentes.

Teresa Macedo
La música del país vecino es una vieja conocida nuestra, pero solo de vez en cuando asoma en modo popular y consumista. Ocurría en los cincuenta del pasado siglo cuando el arte de Amália Rodrigues no podía pasar desapercibido, o más recientemente cuando Madredeus se convertía en banda sonora de Wim Wenders o Dulce Pontes sonaba en La verdad tiene dos caras; el cine y su ámbito de influencia. O cuando Misia revolucionaba el fado como aquí lo hacía Pasión Vega con la copla. Francisco Bernier, que ha sido profesor de algunos de los miembros de este cuarteto portugués, ha confiado en ellos para lanzar su nuevo registro a través de su sello Contrastes Records, y el resultado es una delicia en toda regla, presidida por la voz delicada y cálida, además de convenientemente educada, de Teresa Macedo, una estrella de la canción y el cine en su país, capaz de versionar clásicos de la música pop en un perfecto inglés y de adaptarse a diversos estilos sin traicionar el suyo propio, manteniendo unas señas de identidad en su canto elegante, casi susurrado, templado y dulce.

De izquierda a derecha: André M. Santos,
Pedro Luis, Miguel Vieira da Silva y José Dias

Con un acompañamiento inmejorable en las voces pulsadas de las cuatro guitarras, magníficamente fusionadas y combinadas, haciendo gala de un dominio perfecto del lenguaje y la comunicación, con diálogos fluidos y elocuentes, los cuatro guitarristas nos mecieron en sus plácidas aguas, y crearon la atmósfera perfecta para hacer realidad ese viaje y ese sueño en otra de las ciudades eternas que pueblan nuestra geografía, desgranando temas del disco compuestos por ellos mismos, como ese Prisma que abrió placenteramente el concierto, o el Cor de Lisboa que le da título, y otros de compositores tan afamados como José Afonso o Fausto Bordalo, de quien interpretaron Porque me olhas assim, de inconfundible sabor a fado. Contaron en ocasiones con las vocalizaciones en estilo sopranista de Macedo, y otras trabajaron a fondo en armonía y contrapunto con piezas como esas Variaciones en Mi menor que cerraron el encuentro antes de la consabida propina, o unas espléndidas fantasías en torno a The Doors, U2 y The Beatles en las que pudimos identificar temas como Welcome to the Other Side, This Is the End, Light My Fire, el arranque de With or Without You o las inmortales Yesterday, Get Back y la tan apropiada para la ocasión While My Guitar Gently Weeps. Pero hasta con estos clásicos del pop consiguieron sumergirnos en una ciudad de la que no queremos salir pero estamos deseando regresar. Añadiremos además la exquisita educación que exhibieron y la cortesía que tuvieron dirigiéndose al público, menos numeroso de lo deseable, en castellano. Mucho que aprender de nuestros vecinos portugueses.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 1 de octubre de 2019

ANDREW ZOHN, MELANCÓLICO Y AGREDIDO

X Festival de la Guitarra de Sevilla. Andrew Zohn, guitarra. Programa: Obras de Federico Mompou, Joaquín Rodrigo, Héctor Ayala, Dilermando Reis, Radamés Gnattali, Blind Faith, Elton John, Roberta Flack y Grateful Dead. Consulado de Portugal, lunes 30 de septiembre de 2019

Artista reconocido de la guitarra, compositor y muy estimado profesor en la Universidad Estatal de Columbus en Georgia, donde imparte sus clases magistrales y prepara a futuros virtuosos de la guitarra clásica, Andrew Zohn vino a Sevilla para presentar el disco que acaba de publicar en el sello Contrastes Records. Nos aventuramos a pensar que estaría en un principio encantado de tocar en un espacio tan majestuoso y versallesco como el Salón de Celebraciones del Consulado de Portugal, antiguo pabellón de la Exposición del 29, pero que poco a poco ese estímulo vendría sustituido por el malestar que a buen seguro debió generarle el mal comportamiento del público asistente. Mucho nos tememos que se debió a la gratuidad, lo que hace que se valore menos el evento, y la falta de interés de mucha de la gente que se atreve a venir a estos espectáculos. Chirridos provocados por zapatos inquietos en el suelo de madera, murmullos, ruido incesante de sillas, levantadas, paseos por la sala y hasta seis o siete móviles, entre muchas otras impertinencias, agredieron vilmente el trabajo del artista y el esfuerzo de concentración del oyente.

El público, tristemente también protagonista de este concierto
Con esta saturación de gérmenes y agresiones fue sinceramente difícil concentrarse en la delicada propuesta del guitarrista estadounidense, lo que dice todavía más de su profesionalidad y capacidad de aguante. Haciendo gala de esas cualidades, Zohn empezó su discurso musical rindiendo pleitesía al país anfitrión, tocando de seguido la delicada Angélica de Mompou, que deslizó con amplio sentido del color y la melancolía, y una breve sonata de Rodrigo de la que destacamos su vibrante rasgueado en el bolero final. Tras unas casi ininteligibles y muy breves explicaciones sobre la distinta tesitura y el registro afín a cada estética propuesta, la española, la latina o la jazzística, se embarcó en un par de carismáticas piezas del folclorista argentino Héctor Ayala, siempre desde un fraseo limpio y elegante y una sutileza en la pulsación y el punteado que funcionó bien como arma de relajación pero se quedó corto en expresividad. Lo mejor llegó después, con un bloque dedicado al legendario profesor, compositor y guitarrista brasileño Dilermando Reis, eje central del registro Eterna Saudade que ha grabado en el sello de Francisco Bernier. Con él impregnó la velada de calidez y delicadeza, recorriendo con sus dedos todo un repertorio de amables sensaciones, muy especialmente en piezas como la que da título al disco o Uma valsa e dois amores.

El sabor brasileño continuó, ya al más identificable ritmo de samba, con dos tocatas de Radamés Gnattali, donde volvimos a apreciar cómo la proverbial sutileza del guitarrista malogra parcialmente las posibilidades raciales y viscerales que algunas de estas piezas demandan. El último bloque del programa estuvo centrado en un puñado de canciones pop, desde Can’t Find My Way Home de Blind Faith a Truckin’ de Grateful Dead, interpretadas con un inequívoco sabor folk americano, pasando por la movida Benny and the Jets de Elton John, más identificable por el ritmo que por la melodía, y la preciosa The First Time Ever I Saw Your Face que Roberta Flack popularizó en la primera película que dirigió Clint Eastwood, Escalofrío en la noche, y que Zohn desgranó con dulzura pero escasa emotividad. A pesar de la falta de respeto que se le prestó, tuvo la generosidad de tocar una propina sin hacerse de rogar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 30 de septiembre de 2019

MIENTRAS DURE LA GUERRA Sencillo y emotivo ensayo sobre los afectos

España 2019 107 min.
Música y dirección Alejandro Amenábar Guion Alejandro Amenábar y Alejandro Hernández Fotografía Álex Catalán Intérpretes Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Patricia López Arnaiz, Inma Cuevas, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Mireia Rey, Tito Valverde, Luis Callejo, Luis Zahera, Carlos Serrano-Clark, Ainhoa Santamaria, Itziar Aizpuru, Pep Tosar, Miquel García Borda Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2019; en salas comerciales 27 septiembre 2019

Desde sus inicios, con Tesis y Abre los ojos, Alejandro Amenábar no ha ocultado su intención de hacer cine comercial apto para todos los públicos, capaz de llenar salas y hacer taquilla, y así sin necesidad de apoyos públicos embarcarse en un nuevo proyecto. Su cine ha marcado un antes y un después en este país, donde desde la transición hubo un desmesurado empeño por hacer cine de autor y que solo éste se pudiera considerar de calidad, dejando para el comercial la astracanada, la comedia burda y de mal gusto o el chascarrillo indigerible. Hecho con cariño, cuidado hasta el máximo detalle y con historias capaces de interesar y llegar a gente de toda condición, el cine de Amenábar ha seguido esta premisa y detrás de él ha surgido una generación de cineastas que han sacado nuestro cine, en la medida de lo posible, de la marginación, trazando el camino a seguir para una reconciliación entre la ciudadanía de este país y su cine. En el camino naturalmente se han pagado peajes, como el de tomar prestados estilos y formas de hacer del cine americano, a la postre el que cuenta con mayor respaldo del público. Por esa línea han deambulado cintas como Los otros, siguiendo el género fantástico que le dio prestigio, y ya liberado de ese encasillamiento, la emocionante Mar adentro y la histórica Ágora, donde ha podido ejercer su capacidad para analizar cuestiones de actualidad de carácter religioso y moral, hasta pegarse el batacazo con la insulsa Regresión.
 
Pero con Mientras dure la guerra ha retomado la buena senda, abordando un tema de interés histórico, político y social, que se estrena en un momento ideal, cuando salvando las distancias la situación política de España se asemeja en más de un punto a la que reinaba hace ochenta años cuando se produjo el infame alzamiento nacional. Una República que sumió al país en el desorden, donde la izquierda no lograba entenderse y donde no había voluntad de resolver los problemas identitarios de Cataluña y el País Vasco. Y han pasado cuarenta años desde que volvimos a ser un país democrático y aún persiste la falta de voluntad para resolver cuestiones tan trascendentales para nuestra convivencia, mientras la marchita izquierda anda más perdida y náufraga que nunca. En ese contexto se vio sumergido un intelectual de la talla y la valía de Miguel de Unamuno, a quien Karra Elejalde se amolda para construir uno de los mejores sino el mejor papel de su carrera, un trabajo de contención y reflexión que hace aún más certero el mensaje que el director quiere transmitir con su película. El célebre escritor y rector de la Universidad de Salamanca personifica lo que muchas personas hoy sentimos, esa decepción con la pérdida de oportunidades para crear un entorno más justo y edificar una sociedad más feliz. Pero él lo lleva más lejos gracias a su posición privilegiada, ganada con muchos años de trabajo y dedicación y una merecida fama que le abrirá tantas puertas como otras se las cerrará. Su discreto e indisimulado entusiasmo con el alzamiento como arma para devolver el orden a un país fracturado se convertirá en un particular via crucis en el que la pérdida de los afectos y la impotencia ante unos acontecimientos que incluye el asesinato de seres muy queridos y cercanos a su círculo, le abrirán los ojos y le reafirmarán en su apuesta por la libertad y la ampliación de miras, la que solo la cultura y una intelectualidad bien ejercida pueden reivindicar frente a la ignorancia y la miseria de quienes quieren imponer su voluntad a la fuerza.
 
Sirva el prólogo de esta reseña para dejar claro que Amenábar, en su sana vocación de hacer un cine sencillo, digerible y de fácil consumo, en el que el mensaje llegue con eficacia y facilidad, logra un trabajo clarividente con esta emotiva y emocionante película. Un trozo de nuestra historia que aún nos persigue sin cicatrizar, por muchas películas de la Guerra Civil que se estrenen y mucha gente que lo lamente. Una puesta en escena respetuosa y sobria, unas interpretaciones excelentes y un proceso convincente de transformación ética y moral convergen en una película en la que en el fondo se nos está hablando de afectos, de cariños, de lazos, herencias y legado, de trabajar por un futuro más conciliador y justo, en el que por fin podamos sentirnos orgullosos y tranquilos no solo por nosotros sino por aquellos vecinos que siguen sufriendo desgarrados lo que sucedió hace casi un siglo. Un país, en definitiva, donde cantar un himno (con una sola letra) o admirar varias banderas no se convierta en motivo de confrontación, donde reine el respeto, el entendimiento y, en definitiva, el amor. Un país donde ya no hagan falta discursos tan certeros y emotivos como el del propio Unamuno que cierra esta hermosa y sincera película, hecha con mimo y cariño. Todo un conjunto de propósitos ciertamente difíciles de cumplir cuando hasta el contexto internacional en el que vivimos es tan decepcionante y hostil.