miércoles, 16 de septiembre de 2020

COLOR OUT OF SPACE Psicodélica, apocalíptica y ochentera

USA-Malasia-Portugal 2019 111 min.
Dirección Richard Stanley Guion Scarlett Amaris y Richard Stanley, según el relato de H.P. Lovecraft “The Colour Out of Space” Fotografía Steve Annis Música Colin Stetson Intérpretes Nicolas Cage, Joely Richardson, Madeleine Arthur, Elliot Knight, Brendan Meyer, Julian Hilliard, Tommy Chong, Josh C. Waller, Q’orianka Kilcher Estreno en el Festival de Toronto 7 septiembre 2019; en Estados Unidos 24 enero 2020; en España 7 agosto 2020

Hoy que todo tendemos a relacionarlo con el extraño fenómeno viral que estamos padeciendo, un film como éste parece arrojar también alguna luz sobre el influjo que el universo en el que habitamos pueda ejercer sobre nuestro planeta, y especialmente la capacidad que tiene la propia naturaleza para defenderse y corregir los malos hábitos humanos. Ecología y apocalipsis se daban la mano ya en un relato del genio del terror y la ciencia ficción H.P. Lovecraft, publicado en 1927 y que sirve ahora al director sudafricano Richard Stanley para erigir una de las propuestas más aparentemente disparatadas y psicodélicas de los últimos años. Todo un homenaje al cine de los ochenta que firma alguien en activo precisamente desde aquella época, aunque su vocación documentalista y su marginación en ficciones de serie B (Hardware, programado para matar, El demonio del desierto) lo han hecho poco conocido para el público en general.

Un ingeniero de aguas realiza un estudio en una zona en la que ha impactado una especie de meteorito que exhala un color inidentificable, causando la devastación particularmente en una granja y la familia que la habita. Esta es la base argumental de un film que bebe directamente del estilo visual y narrativo de los ochenta, con películas como La cosa y Poltergeist en el imaginario, y el terror hacia lo desconocido como fundamento. Este relato de Lovecraft fue llevado antes al cine, en 2010 con la película alemana Die Farbe, pero es hora cuando parece acomodarse mejor al estilo del escritor estadounidense.

Sorprende sin embargo que la mayor parte del equipo técnico de la película sea portugués, una condición posiblemente impuesta al productor Josh C. Waller, que en el film interpreta al sheriff, para asumir la coproducción y contar así con recursos más holgados. Nicolas Cage da rienda suelta a su tendencia a la sobreactuación y el exceso de gestualidad en la segunda mitad del film, justificado, mientras se muestra más comedido en una primera en la que debe afrontar el papel de padre de familia entregado y responsable, tan alejado de los papeles de justiciero a los que nos tiene acostumbrados. El resultado es un film inquietante y entretenido, que propone algunas cuestiones interesantes y roza la fascinación con ese toque eminentemente ochentero que le sirve de coartada.

EN BUSCA DE SUMMERLAND Un cuento luminoso y placentero

Título original: Summerland
Reino Unido 2020 99 min.
Guion y dirección Jessica Swale Fotografía Laurie Rose Música Volker Bertelmann Intérpretes Gemma Arterton, Lucas Bond, Gugu Mbatha-Raw, Tom Courtenay, Penelope Wilton, Dixie Egerickx, Sîan Phillips, Amanda Root, Martina Laird, Toby Osmond Estreno en Reino Unido 31 julio 2020; en España 11 septiembre 2020

La debutante Jessica Swale firma el guion y dirige esta fábula moderna en torno a los prejuicios románticos y las segundas oportunidades. Un producto bien narrado, felizmente interpretado y cuidado hasta ese último detalle que hace inimitables las películas británicas. Ambientada en la Segunda Guerra Mundial, en esa campiña primaveral y vecina a la costa en la que todo parece un vergel, cuenta la historia de un típico personaje huraño e insociable, la típica bruja con la que siempre se ha identificado a las mujeres solitarias e intelectuales que esconden un pasado vetado por el puritanismo y las buenas costumbres.

Esta comeniños recibe el encargo de cuidar a un jovencito evacuado de Londres, mientras su padre lucha en la guerra y su madre lo hace en los despachos burocráticos. Ni que decir tiene que la difícil convivencia derivará en un aprendizaje de vida, un soplo de aire fresco especialmente para ella, y el cierre de un ciclo que guarda alguna sorpresa provocada por señales que provienen de un más allá imaginario, ese Summerland del título que hace referencia a un cielo pagano.

Pero lo importante del film, además de la excelente interpretación de Gemma Arterton (Tamara Drewe, Byzantium), una actriz a la que todavía no se le ha valorado lo suficiente, es la sutileza y la elegancia con que Swale mueve todos los hilos, ese aire de cuento en el que todo es luz y color, reina el buen rollo y sobretodo los buenos modales. A partir de ahí la dolorosa historia de renuncia al amor, la posibilidad de reencontrase con nuestro verdadero ser y esencia, y la celebración de una vida llena de sorpresas y oportunidades, provoca esa inequívoca sensación de bienestar y de haber pasado un buen rato, con un entretenimiento dulce y elegante, sin más pretensiones, y eso que los ingredientes daban para un melodrama de carácter reivindicativo más sesudo y reflexivo.

martes, 15 de septiembre de 2020

ESTOY PENSANDO EN DEJARLO Irritante viaje invernal al subconsciente

Título original: I’m Thinking of Ending Things
USA 2020 134 min.
Guion y dirección Charlie Kaufman, según la novela de Ian Reid Fotografía Lukasz Zal Música Jay Wadley Intérpretes Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd, Colby Minifie, Jason Ralph, Frederick Wodin, Ryan Steele, Unity Phelan y la voz de Oliver Platt Estreno en Netflix 4 septiembre 2020

Dicen quienes han leído la novela (corta) en la que se basa esta película (larga) que su base literaria es más inteligible que la adaptación cinematográfica, aun siendo también compleja. Dicen también que Charlie Kaufman ha logrado no obstante captar la esencia y la atmósfera plasmada por Ian Reid en su manuscrito. Lo cierto es que se asemeje o no a su referente originario, Estoy pensando en dejarlo es coherente con el universo del director norteamericano, paradigma del surrealismo cinematográfico y fiel artífice de eso que llaman cine independiente americano en su vertiente más alternativa y autorial. Sus guiones para Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, El ladrón de orquídeas), Michel Gondry (¡Olvídate de mí!, por la que ganó el Oscar) y la ópera prima de George Clooney como director (Confesiones de una mente peligrosa) le abrieron las puertas de la dirección con títulos como Synedoche New York y Anomalisa.

Las circunstancias de la pandemia o de los nuevos formatos de emisión le han llevado a estrenar su último trabajo en una plataforma digital. Se trata de una complejísima y dificilísima de entender disquisición metafísica sobre la vida, las convenciones románticas, familiares y sociales y nuestro papel en el planeta. Eso es lo que parece sugerir, pero lo cierto es que en la forma asistimos a un trabajo en el que desde los primeros minutos ya se nos está exigiendo una atención máxima y exasperante, cuando sobre la voz de Jessie Buckley (Wild Rose) recitando frases tan profundas como intimistas, nuestra atención se debate entre la sinuosa y estimulante música de Jay Wadley y los objetos minuciosamente retratados por Lukasz Zal, que parecen querer añadir más información sobre los personajes, sus relaciones y sus inquietudes, así como la melancolía del pasado representado en duros paisajes nevados.

Un par de secuencias, de un cuarto de hora y veinte minutos respectivamente, de conversación en un coche, lo que no convierte el conjunto en una road movie, una serie de inexplicables escenas domésticas con la clásica familia disfuncional yendo y viniendo en el tiempo, y algún que otro homenaje a Rodgers y Hammerstein, fundamentalmente a Oklahoma!, en forma de bailes y canciones, que no convierten la función en un musical, articulan este complicado puzzle en el que el hastío va paulatinamente sustituyendo a la curiosidad, y la perplejidad va dejando paso al aburrimiento. Lamento no encontrarme entre esa multitud de inteligentes entendidos que se han apresurado a tildar la película de obra maestra.

VENENO Los dos primeros episodios, interesantes y necesarios

Serie de televisión. España 2020 50 min. cada episodio
Dirección Javier Ambrossi y Javier Calvo Guion Javier Ambrossi, Javier Calvo, Claudia Costafreda, Elena Martín, Javier Pascual, Ian de la Rosa, Félix Sabroso y Valeria Vargas, según el libro de la última “¡Digo! Ni puta ni santa” Fotografía Gris Jordana y Andreu Adam Rubiralta Música Julio de la Rosa Intérpretes King Jedet, Isabel Torres, Lola Rodríguez, Daniela Santiago, Lola Dueñas, Paca la Piraña, Elvira Mínguez, Goya Toledo, Marcos Sotkovszki, Omar Banana, Laura Corbacho, Ester Expósito, Mona Martínez, Israel Elejalde, Jordi Vilches, Maite Sandoval Episodio 1 La noche que cruzamos el Mississippi Estreno 29 marzo 2020. Episodio 2 Un viaje en el tiempo Estreno 28 junio 2020. Episodio 3 Estreno en salas comerciales 17 septiembre 2020

Las memorias de la célebre transexual La Veneno, que se hizo famosa por su descomunal erotismo y su desvergonzada lengua en la década de los noventa, gracias al oportunismo de Pepe Navarro y el programa de televisión Esta noche cruzamos el Mississippi, escritas por una admiradora suya, la también transgénero Valeria Vargas, cuya vida confiesa estar fundamentalmente inspirada por la valentía de Cristina, el nombre que se esconde tras el corrosivo mote, sirven de modelo a Los Javis para poner en pie una serie de ocho episodios que narra la vida de la vedette y sus efectos colaterales en la lucha LGTBI. De los ocho solo se han estrenado en plataformas digitales hasta el momento dos, con un lapso de tres meses entre uno y otro. Ahora que le toca el turno al tercero, se anuncia para pasado mañana el estreno en salas de los tres episodios juntos. Hasta el momento lo que hemos podido ver está a la altura de lo esperable y demuestra la buena mano de sus directores para sacar partido a la historia, trazar un retrato humano y emotivo del personaje e inspirar con su relato la lucha sin cuartel que durante tanto tiempo se ha tenido que llevar a cabo en este y otros países para alcanzar el buen pero no definitivo nivel que disfrutamos ahora en materia de igualdad y oportunidad.

Avalados por su éxito en la serie Paquita Salas y el musical La llamada, también llevado al cine, la pareja de realizadores se emplean a fondo para captar la esencia de tan controvertido personaje, que dicho sea de paso nunca suscitó en este cronista demasiada simpatía, y demostrar por qué este tipo de fenómenos son tan necesarios para visibilizar realidades de las que luego tantos y tantas nos aprovechamos. Es ahí donde radica el mayor logro de Los Javis, en dignificar a alguien a quien muchas personas considerábamos un freak, paradigma de la vulgaridad y la ordinariez más extrema, para sin traicionar su espíritu ni esencia, devolvernos a alguien con tanta categoría sentimental y emocional como para cosechar en sí misma tantos logros y materializar las reivindicaciones de colectivos vulnerables durante tanto tiempo de lucha y reclamaciones. Pero además Veneno está bien contada, a través de episodios que se cierran en sí mismos, el primero dedicado a su complicado y peligroso descubrimiento por parte de una periodista del programa de Navarro, y el segundo a su difícil infancia en Adra (Almería), bajo la influencia de una durísima e insufrible madre y los cuidados, comprensión y buenos consejos de una segunda madre postiza. Una realidad vivida por miles de personas castigadas y vapuleadas por sentirse diferentes, sin reparar en que es precisamente la distinción lo que hace más atractiva la condición humana.

Una estupenda narración, con ritmo y tono adecuados, combinando con frescura y naturalidad drama y comedia, que no pierde de vista la historia paralela de la autora de las memorias de la protagonista, trazando la evolución de este problema de entendimiento y aceptación en dos épocas muy distintas, los estertores del franquismo y primeros años de la transición, y los noventa ya en el vestíbulo del nuevo siglo. Buenas interpretaciones, con una espléndida King Jedet a la cabeza, que hasta hace poco se confesaba de género fluido y hoy ya se siente más proclive al femenino. Todavía queda mucho por mostrar en la serie, a buen seguro de forma tan certera como hasta ahora, y con temas pendientes como la telebasura y sus moradores y moradoras, o su misterioso fallecimiento.

lunes, 14 de septiembre de 2020

UN MUNDO NORMAL Rebeldes con causa

España 2020 103 min.
Guion y dirección Achero Mañas Fotografía David Omedes Música Vanessa Garde Intérpretes Ernesto Alterio, Gala Amyach, Magüi Mira, Pau Durá, Ruth Díaz, Óscar Pastor, Raquel Villarejo Hervás, Luis Miguel Seguí, Abdelatif Hwidar Estreno en el Festival de Málaga 23 agosto 2020; en salas comerciales 11 septiembre 2020

Después de un breve recorrido como actor, Achero Mañas sorprendió con su primer trabajo como director, El bola, consiguiendo varios Goyas, incluido el de mejor película. Pero fue con Noviembre, su siguiente trabajo, con el que empezó a reivindicar ese anarquismo que parece motivar su discurso como realizador y guionista, de forma radical en éste su segundo film y ya más velada en los otros dos siguientes. Todo lo que tú quieras se reveló como su mejor trabajo hasta la fecha, con un padre, Juan Diego Botto, que se salta todas las convenciones sociales para devolver a su pequeña hija la madre que ha perdido. Algo parecido hace ahora Ernesto Alterio en esta irregular pero también estimulante nueva película del realizador madrileño.

Alterio da vida a un hijo perdido entre su vocación artística y sus deberes como padre tras su reciente separación, que se siente responsable de cumplir la última voluntad de su madre, una estupenda Magüi Mira que solo por disfrutar de sus apariciones en el primer tercio de película ya hace que ésta merezca la pena. Desarrollada en un ambiente eminentemente farandulero, con madre diva de la interpretación, hermano pianista clásico y él mismo debatiéndose entre dirigir sus propios proyectos, un musical para más señas, o esos otros meramente alimenticios que tienen la televisión como receptora, Achero Mañas aprovecha en su guion para hacer una reflexión sobre la realidad y el arte, nuestro compromiso con el mundo que nos rodea o simplemente con la mano que paga nuestras facturas y nos convierte en servidores de un sistema perfectamente establecido y controlado. En estos tiempos de pandemia, con medidas urgentes improvisadas casi a diario que hacen de nuestra vida una coyuntura cada vez más controlada y regularizada, este canto a la rebeldía podríamos considerarlo aire fresco, sin por ello tener que seguir su pauta, ya que la gravedad de la situación exige nuestra cautela y responsabilidad, pero sí como una esperanza al regreso a esa denominada normalidad, la misma que con nuestra integridad e imaginación podemos convertir en distinción o diferencia, que es donde tienen más cabida tantas formas de vida y de entenderla, al margen de convenciones y caminos establecidos que solo generan frustración.

Mañas maneja este tipo de reflexiones con lucidez y entusiasmo, insuflando de vida a sus personajes, ambientes y situaciones, por mucho que el devenir de los acontecimientos a veces se antoje algo artificioso, y su vocación de road movie llegue en ocasiones a anquilosarse y perder el ritmo adecuado. Las relaciones paterno y maternofiliales que se establecen entre Alterio con su madre y con su hija, ayudan a esclarecer algunos de los puntos vitales de una cinta que en su irregularidad respira sin embargo esperanza y jovialidad.

SALIR DEL ROPERO Bendición urbi et orbe

España-Portugal 2019 94 min.
Guion y dirección Ángeles Reiné Fotografía José Luis Alcaine Música Lucas Vidal Intérpretes Verónica Forqué, Rosa María Sardá, Ingrid García Jonsson, David Verdaguer, Candela Peña, Mónica López, Álex O’Dogherty, Pol Monen, Leander Vyvey, Liz Lobato, María Caballero, Malcolm Sitté, Tony Madigan, Alejandro Casaseca Estreno en el Festival de Valladolid 20 octubre 2019; en salas comerciales 11 septiembre 2020

No cabe duda de que esta película está cargada de buenas intenciones, sin renunciar a su vocación inequívocamente comercial y de puro entretenimiento. Pero no se comprende que contando con tan buen equipo artístico y técnico naufrague tan estrepitosamente, lo que lamentamos especialmente tratándose de la despedida cinematográfica de Rosa María Sardá, a quien se ha dedicado su estreno comercial, tras ser proyectada en el Festival de Valladolid del pasado año con la actriz todavía presente.

Lamentablemente tendremos que responsabilizar de todo este despropósito a su realizadora, apenas curtida en una discreta serie de televisión que se emitió hace una década bajo el título Doctor Mateo a mayor gloria de Gonzalo de Castro. Solo así podríamos explicar la impostura generalizada del film, materializada en poses imposibles de sus protagonistas, con fondos siempre de postal de la volcánica Lanzarote, y con giros argumentales tan peregrinos como inútiles. En su guion se han cuidado de volcar todas las variantes del derecho a la igualdad, relaciones interculturales e interraciales, incluso interreligiosas, hasta la exasperación, mientras algunos personajes dan auténtica vergüenza, aunque estén interpretados por actores y actrices tan solventes como David Verdaguer o Candela Peña. Otra cosa es que su conjunto admita cierta complacencia; su atractivo reparto, con presencias tan estimulantes como la de Mónica López interpretando a una actriz estupenda, tan centrada como abierta, madre comprensiva y mujer enrollada, las hermosas localizaciones, el siempre aseado ambiente burgués que tanto vende y sus continuos giros narrativos, hacen que el film se deje ver, pero como mero entretenimiento sin vida propia ni apenas parecido con la realidad.

Y no digamos de su destartalado montaje, un trabajo inexplicablemente firmado por la veterana y reconocida Teresa Font. Su empeño por dar un tirón de orejas a una Iglesia presuntamente apartada de su actual mandatario, el Papa Paco, tampoco se nos antoja un atractivo añadido, apenas provocando un desinterés tan grande como el que la mayoría sentimos al respecto.

jueves, 10 de septiembre de 2020

ÁNGELES BLANCAS AMADRINA EL ARRANQUE DEL CURSO DEL MAESTRANZA

Ciclo START Festival. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Ángeles Blancas, soprano. Juan Luis Pérez, director. Programa: Siete Canciones Populares y El amor brujo, de Falla. Miércoles 9 de septiembre de 2020

Un momento de la actuación de anoche
La situación es alarmante. Los teatros, los cines y demás espacios culturales son los más sometidos a las restricciones del coronavirus. En ellos las precauciones y las medidas de seguridad se extreman, como debe ser, mientras asistimos atónitos cómo otros pilares de la economía sufren menos estas restricciones, la vigilancia se torna más laxa y la acumulación de despropósitos se hace más palpable. Así ocurre en medios de transporte, y de forma más empírica que normativa también en la restauración, por mucho que el sector proteste y apremie a buscar soluciones más drásticas para no fenecer, que también están en su derecho. Ayer el Teatro de la Maestranza reabrió sus puertas para su público más habitual, que para el flamenco ya lo han hecho otros espacios para celebrar una Bienal que no ha corrido la misma suerte que el Femás, otra paradoja inexplicable. Un pequeño y doméstico festival que han denominado muy significativamente Start (Arranque) se encargó de hacerlo, y para ello se contó con la excepcional presencia de la soprano Ángeles Blancas y la ROSS bajo la dirección del fiel, artesano y apañao Juan Luis Pérez. Éste acudió una vez más a la llamada de socorro de teatro y orquesta ante la imposibilidad de que Manuel Busto, el director inicialmente anunciado, se encargara de la dirección del concierto, confinado por cuarentena en Taiwán, donde interpretará junto a su Orquesta Sinfónica Nacional obras también de Falla. Además de las sillas deshabilitadas, hubo muchos huecos en la sala. Al público también se le ha espantado, y solo con eventos muy publicitados y vendidos como imprescindibles – en el cine ha ocurrido con Tenet – se ha atrevido a llenar hasta lo posible las salas. Los gestores culturales se ven obligados una vez más a atraer afición.

Reencuentro con un temperamento fogoso

Descubrimos a Ángeles Blancas a finales del pasado siglo en el Teatro Villamarta de Jerez, dando vida a una Violeta Valéry generosa en temperamento y voluptuosidad. Sea como fuere nos enamoró enseguida y le auguramos una carrera floreciente y triunfal que solo se ha cumplido en parte. No obstante son muchos los teatros y batutas que se han rendido a sus pies durante estas dos décadas que llevamos de siglo veintiuno, pero no ha recibido en nuestra tierra el reconocimiento que esperábamos. De hecho creo que nunca antes había cantado en el Maestranza, y sin embargo lo trató con tanta pasión y candor como cuando canta. Hizo propio un discurso de reconciliación con el arte y la belleza que a muchos nos llegó al corazón, y otros vitorearon con nuestra particular idiosincrasia andaluza. Lo cierto es que Blancas afrontó las Canciones Populares de Falla con la fuerza y el temperamento que le caracteriza, pero con un alarmante defecto de dicción que hizo incomprensible casi la totalidad de sus textos, con todos los inconvenientes que ello provoca. Solo acertamos a seguir casi en su integridad la Asturiana central, no obstante atisbar que su voz ha evolucionado suficientemente como para abordar estas páginas en un estricto registro grave y con una carnosidad extraordinaria. No le faltó ni un ápice de la pasión que presuponíamos y ofreció un Polo final desgarrador, no sin antes entonar una Nana con el punto de sentimiento y expresividad justo. Pérez acompañó con buen gusto y discreción, haciéndose valer de unas bellísimas orquestaciones de Ernesto Halffter, de inconfundibles mimbres impresionistas y siempre respetuosas con la gramática del compositor gaditano.

En El amor brujo sin embargo esa misma discreción en la batuta se volvió en su contra, ofreciendo una lectura de la partitura en algunos pasajes lánguida, y casi siempre al borde de la fuerza y el empuje que la pieza reclama. Hubo solos de trompeta, clarinete y violín sobresalientes, y un soberbio empaste en la cuerda, capaz de ofrecer pasajes llenos de ternura y emoción, como la Pantomima. En sus intervenciones la soprano ahondó en el registro grave de su voz e intentó con soltura combinar el canto aflamencado y racial con el más académico mezzosopranil, hasta que en la propina, un aria de La vida breve, recuperó su tesitura natural y, desde muy atrás y con el impagable acompañamiento de Tatiana Postnikova, demostró la soberbia proyección de su voz y el talante temperamental con el que afronta sus papeles, que a estas alturas abarca desde el clasicismo a la música contemporánea con absoluta profesionalidad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía