viernes, 3 de septiembre de 2021

INTRODUCCIÓN Y CRONOLOGÍA DEL VIOLONCHELO

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Guillermo Turina, violonchelo. Manuel Minguillón, archilaúd y guitarra. Programa: Sonatas de Francesco Alborea, Giacomo Facco, Martin Berteau, Jean-Louis Duport y Jean-Pierre Duport. Jueves 2 de septiembre de 2021

Noches del Alcázar arranca un insólito mes de septiembre completo con esta singular propuesta del violonchelista madrileño Guillermo Turina, bien conocido de estas veladas estivales, acompañado a la cuerda pulsada por su paisano Manuel Minguillón. Se trata de una introducción al violonchelo como instrumento poco a poco independizado del bajo continuo al que quedó relegado desde su aparición a mediados del siglo XVI, para tomar carta de naturaleza como solista capaz de emitir los sonidos más dulces y evocadores, según algunos en la línea del canto humano. Un repaso también al papel definitivo que jugaron los hermanos Duport, auténticos virtuosos del instrumento, gracias a los cuales Francia quedó absolutamente convencida de sus bondades frente a la viola da gamba que se resistía a abandonar ese papel protagonista. Antes que ellos, Bach pareció haber fijado ya su atención en el violonchelo, si bien son muchas las voces acreditadas que defienden que sus famosas sonatas fueron realmente compuestas para la viola da gamba. Pero fue sobre todo Boccherini quien perfeccionó en Italia el arte del instrumento de voz grave en su ingente producción para el mismo, aunque sin los Duport no se entiende el auge que adquirió en el Clasicismo y cómo inspiró a Mozart y, sobre todo, Beethoven para componer su importante cuerpo de sonatas y cómo eso repercutió en la historia de la música hasta la actualidad.

De todo eso se hizo eco un entusiasta e involucrado Guillermo Turina en sus sencillas y elocuentes explicaciones, repasando de manera escrupulosamente cronológica esa transición del instrumento desde el trabajo del napolitano Francesco Alborea, también conocido como Francischello, hasta los homenajeados hermanos a los que los intérpretes les han dedicado un álbum muy celebrado. De Alborea, contemporáneo de Alessandro Scarlatti y Farinelli, tocaron una de sus dos únicas sonatas conservadas. Resultó curioso que todo el programa se ejecutara con el acompañamiento de la cuerda pulsada como continuo, si bien efectuó más labor de contrapunto y armonía que de mero acompañamiento destinado a dar mayor relieve a las piezas, dada la limitada proyección que es capaz de ofrecer un violonchelo de época como el utilizado por Turina. Un cálido amoroso inicial y un vibrante allegro final sentaron las bases de una interpretación que mantuvo la coherencia y el equilibrio en todo momento, con el canto dulce y aterciopelado del violonchelo acompañado por la cuerda pausada, generalmente del archilaúd, de un Minguillón entregado al respeto y el contrapunto melódico para lograr unas versiones tan relajadas y elegantes de las páginas propuestas.

Todo un trabajo de recuperación que continuó con Giacomo Facco en representación española, pues aunque nacido en Padua se afincó en la Corte de Felipe V. Autor de numerosas óperas y cantatas objetos de continua rehabilitación, de él se interpretó, ahora con guitarra acompañante, una Sinfonia en cinco movimientos que realzaron la faceta virtuosística de Turina así como su agradecida tendencia a la evocación sentimental. Martin Berteau, uno de los primeros violonchelistas en abandonar la viola da gamba, conocido también como el Celébre Berteau, funcionó como eje entre la influencia barroca de los primeros autores convocados y el clasicismo depurado de los Duport. Fue maestro de ellos y los introdujo en los Concert Spirituel de la capital francesa. Su proverbial facilidad en el uso de los armónicos se vio reflejada en la bellísima interpretación que de dos movimientos de su Sonata Op. 1 nº 1 realizaron los músicos.

La segunda mitad del concierto se centró en la música de Jean-Louis y Jean-Pierre Duport, que impusieron en Alemania la hegemonía del instrumento tras instalarse en Postdam al estallar la Revolución Francesa. Allí impulsaron el nacimiento de la primera escuela alemana del violonchelo. Hermano menor y alumno aventajado de Jean-Pierre, de Jean-Louis, autor de un importante manual aún vigente, interpretaron sus sonatas números 3 y 1, demostrando que se trata de piezas ancladas en el pasado pero de una indiscutible belleza melódica y considerable dificultad que Turina y Minguillón llevaron a sus últimas consecuencias de expresividad y técnica, sin roces ni estridencias, siempre en un tono amable y distendido, especialmente palpable en el adagio central. En similares términos acometieron la Sonata nº 1 de Jean-Pierre Duport, destacando también aquí un reluciente adagio impulsado por el sentimiento y la emoción, rubricado por un encantador minuetto en forma de variaciones. Lamentamos una vez más la insistencia de parte del público de interrumpir la ceremoniosa integridad de cada obra con sus inoportunos aplausos, una costumbre que en estas noches del Alcázar no parece poder remediarse.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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