sábado, 18 de septiembre de 2021

DUNE Una experiencia regresiva

USA-Canadá 2021 155 min.
Dirección
Denis Villeneuve Guion Eric Roth, Denis Villeneuve y Jon Spaihts, según las novelas de Frank Herbert Fotografía Greig Fraser Música Hans Zimmer Intérpretes Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Zendaya, Stellan Skarsgard, Javier Bardem, Jason Momoa, Charlotte Rampling, Dave Bautista, Sharon Duncan-Brewster, Chang Chen, David Dastmalchian, Thufir Hawat, Stephen McKinley Henderson Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2021; en España 17 septiembre; en Estados Unidos 22 octubre 2021

No ponemos en duda que si alguien tenía que volver a adaptar la famosa novela de Frank Herbert, después de lo desastrosa y disparatada que resultó la que David Lynch dirigió en 1984, tenía que ser Denis Villeneuve. Su periplo por el cine americano, después del éxito cosechado en su país, Canadá, con Incéndies y su triunfo definitivo en Hollywood con Sicario, se centró en dos importantes cintas de cienca-ficción, la inteligente experiencia místico filosófica que supuso La llegada, y el reto superado que logró con la difícil continuación de Blade Runner. Ahora se ha embarcado en toda una aventura adaptando no solo Dune al cine sino también a una nueva serie, tras los dos intentos que hubo a principios de este siglo con las miniseries Dune, la leyenda e Hijos de Dune. Pero Herbert escribió la novela en 1965, de la misma forma que Charles Perrault, por ejemplo, imaginó Cenicienta en 1697. Este empeño por perpetuar la relevancia de estos personajes anacrónicos e inapropiados para las nuevas generaciones nos resulta tan inconveniente como peligroso, solo justificable por el auge de sociedades tan conservadoras como aquella a la que nos vemos cada vez más abocados. Se ve que remozarlos y adaptarlos a nuestras necesidades se convierte en empresa harto difícil, casi imposible; entonces ¿Por qué no echar mano de una genuina imaginación e inventar nuevos referentes?.

La película de Lynch fue fallida primero porque detrás tenía en la producción a un señor tan poco dado a la sutileza y la elegancia como Dino de Laurentiis (King Kong, Flash Gordon), siempre a remolque de los éxitos de otros, La guerra de las galaxias en este caso. Segundo porque después de debutar con la infranqueable Cabeza borradora y domesticarse con la emotiva El hombre elefante a las órdenes de Mel Brooks, Lynch empezó a experimentar con sus delirios oníricos merced a la novela de Herbert, tan proclive a explicar el significado de los sueños, pero todavía andaba lejos de los logros cosechados con su siguiente película, Terciopelo azul, que marcaría definitivamente el rumbo de su cine. El resultado fue una película mal contada, ininteligible en sus múltiples detalles. Villeneuve se ha cuidado mucho de no caer en ese defecto y machaca a golpe de guion todo lo que ocurre ante nuestros ojos, y aunque agradecemos que su literatura sea tan asequible, sobre todo quienes ya tenemos una edad, molesta tanta obviedad.

Dune se ambienta dentro de nada más y nada menos que ocho mil años, y sin embargo qué familiar resulta todo. Se perpetúan las clases sociales, el imperialismo y la grandeza de las monarquías, las creencias religiosas, las luchas de poder al más puro estilo shakesperiano, las intrigas palaciegas, el papel secundario de la mujer, cuando no decididamente abocada a la brujería, el liderazgo masculino y el patriarcado,… todo sigue igual, en retroceso absoluto, incluida la tauromaquia, traje de luces incluido, no se puede llegar a ser más ridículo. Pero es que encima Villeneuve se atreve a advertirnos sobre el advenimiento definitivo del yihadismo, con unos Fremen a imagen y semejanza de los musulmanes, mujeres de rostro cubierto y ejecuciones públicas al estilo de los terroristas islámicos, y todo eso dentro de una narrativa absolutamente deudora del imaginario bíblico, con Moisés y la liberación del pueblo judío a la cabeza.

Por el contrario el director canadiense desaprovecha profundizar sobre el siempre inquietante mundo de los sueños, tan presente en el argumento, e incluso sobre el supuesto mensaje ecológico que impregna esta proclama sobre la explotación responsable de los recursos y la denuncia de la expropiación indebida de estos a sus legítimos propietarios, los indígenas, en este caso de un planeta, que dentro de ocho mil años naturalmente ya no hablamos de países sino de galaxias y planetas. E igual que Laurentiis y Lynch jugaban con el referente narrativo y dinámico de Star Wars, Villeneuve también toma prestada la iconografía y ambientación de las aventuras galácticas de George Lucas, especialmente las más recientes, para conectar con los nuevos públicos, en su nuevo artefacto lujoso e hiperpresupuestado. Faltaría más que su aspecto visual y sonoro no fuera impecable, así como su multiestelar reparto (también lo era el film del 84, incluidos un apolíneo Sting y una legendaria Silvana Mangano), aunque Chamalet nos parece poco mesiánico y muy enclenque para el papel. Poco edificante en fin, y definitivamente muy peligrosa en estos tiempos de auge fascista que vivimos. Ni siquiera funciona como aviso o advertencia, si bien sí lo hace como mero entretenimiento, con algunas soluciones visuales interesantes aunque con el incordio de tener que esperar a una segunda oportunista parte, detalle que su publicidad tenía muy bien reservado.

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