jueves, 5 de mayo de 2016

LA NOCHE QUE MI MADRE MATÓ A MI PADRE Un cocido sin buenos ingredientes

España 2016 93 min.
Dirección Inés París Guión Inés París y Fernando Colomo Fotografía Néstor Calvo Música Arnau Bataller Intérpretes Belén Rueda, Eduard Fernández, María Pujalte, Diego Peretti, Fele Martínez, Patricia Montero Estreno en el Festival de Málaga 23 abril 2016; en salas comerciales 29 abril 2016

Hay dos cosas fundamentales que fallan en esta que pretende ser la comedia española del año. Por un lado su reparto, casi ninguno comediante en sentido estricto, salvo Peretti, que al menos está contenido, y Pujalte, que a estas alturas ha perdido toda su gracia. Y por otro su guión, que plantea una trama absolutamente disparatada en un entorno que se quiere realista, con la familia moderna a la que ya estamos acostumbrados merced a éxitos televisivos como la sitcom homónima (Modern Family). Ni a Mel Brooks ni a Neil Simon, con cuyo Un cadáver a los postres podríamos encontrar algunos paralelismos, se les hubiera ocurrido construir una comedia negra como ésta sin crear un ambiente grotesco o si se quiere paródico a su alrededor. Si a eso le añadimos que la realización de Inés París contiene puntuales caídas de ritmo, no podemos sino sentenciar que ésta no es la película hilarante e ingeniosa que aparenta, especialmente tras alzarse con el Premio del Público en el Festival de Málaga. Al conjunto le falta mordiente y malicia, y aunque sus intérpretes no están mal, no son capaces de generar comedia allí donde tampoco el guión cuenta con gags memorables. Tan improbable todo que suena a impostura, apenas podemos destacar la belleza inmarchitable de Belén Rueda en una cinta que afortunadamente se deja ver sin esfuerzo pero con la sensación de que podía haber dado lugar a algo más interesante, fresco y ligero. La colaboración de Fernando Colomo no ayuda a dar más gracia a la pieza, corroborando que a pesar de que la directora se ha especializado en comedias (A mi madre le gustan las mujeres, Semen: Una historia de amor, y la desastrosa Miguel y William), aún no ha encontrado el punto exacto de cocción para hacernos reír de forma hilarante.

miércoles, 4 de mayo de 2016

STACEY KENT Y SUS DOS AMORES

Ciclo de Jazz. Stacey Kent, voz. Jim Tomlinson, saxo, flauta y guitarra. Graham Harvey, piano. Jeremy Brown, bajo. Josh Morrison, batería. Teatro Lope de Vega, martes 3 de mayo de 2016

Tras las dos citas psicodélicas que protagonizaron Joshua Redman y Chris Potter, el ciclo de jazz del Lope de Vega suavizó su iluminación para entregarnos un maravilloso regalo en la forma de la dulce y susurrante voz de Stacey Kent y sus inspiradas revisiones de clásicos americanos y brasileños, standards que habitan en los nueve registros de estudio que ha grabado hasta el momento desde su debut en 1997 con Close Your Eyes.

Acudió para la ocasión arropada por un magnífico conjunto liderado por su marido y descubridor, el saxofonista inglés Jim Tomlinson. Él y el imperecedero Antonio Carlos Jobim, ídolo de su juventud y figura recurrente en su discografía, se convirtieron en los dos pilares sobre los que la cantante de New Jersey edificó su particular encuentro con el público sevillano. Casi un revival del tándem que formaban en los sesenta Astrud Gilberto y Stan Getz, los esposos desgranaron piezas tan reconocibles como Aguas de março, que cantaron a dúo ya en los bises, One Note Samba o Só danço samba, cuyo frenético ritmo aprovechó el batería Josh Morrison para hacer verdadero alarde de virtuosismo y espectacularidad. Otras canciones portuguesas, como la melancólica Mais uma vez, encontraron también en la elegante y sentimental voz de Kent el vehículo perfecto para deleitar. Y bossa nova también para versionar el Happy Talk del musical South Pacific de Rodgers & Hammerstein.

Los clásicos norteamericanos se alternaron con las composiciones de Jobim y las del propio Tomlinson, como The Changing Lights, un hito en la carrera de la cantante que cuenta con la letra de Kazuo Ishiguro (Lo que queda del día), habitual colaborador de la pareja. If I’m Lucky de Eddie DeLange, There Will Never Be Another You de Harry Warren o That’s All de Alan Brandt, se unieron a la propuesta de jazz suave y melancólico ofrecido por quien una y otra vez repitió que en la próxima cita hablará nuestro idioma (se defiende en un perfecto portugués). Su esmerada dicción e incontestable buen gusto completaron la relajante sensación que provocó su propuesta, fruto de tantas influencias de jazz clásico recicladas en un estilo notablemente personal. También cantó en francés, como cuando nos invitó a acompañarle en Jardin d’hiver de Henri Salvador.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 3 de mayo de 2016

TRUMBO La dignidad del individuo frente a la mediocridad

USA 2015 124 min.
Dirección Jay Roach Guión John McNamara Fotografía Jim Denault Música Theodore Shapiro Intérpretes Bryan Cranston, Diane Lane, Helen Mirren, John Goodman, Elle Fanning, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, David James Elliott, Roger Bart, Dean O’Gorman, Christian Berkel, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Alan Tudyk, J.D. Evermore, Mark Harelik, Peter Mackenzie, Toby Nichols, Becca Nicole Preston, Elijah Miskowski, Richard Portnow, Stephen Root Estreno en el Festival de Toronto 12 septiembre 2015; en Estados Unidos 25 noviembre 2015; en España 29 abril 2016 

Precedida por las numerosas y merecidísimas nominaciones que recibió su protagonista, Bryan Cranston (Pequeña Miss Sunshine, Drive, Argo), en la pasada temporada de premios, Globo de Oro, Bafta y Oscar incluidos, la película que cuenta la peripecia personal del gran guionista de Hollywood Dalton Trumbo en la caza de brujas del senador McCarthy, llega a los cines españoles con injustificado retraso. Dirigida por el especialista en comedias Jay Roach (Austin Powers, Los padres de ella), lo que se nota en los saludables toques de humor que aligeran su dramático material narrativo, la cinta se erige casi automáticamente en un placer inmenso para el aficionado al cine clásico, al Hollywood dorado de las estrellas y el glamour, a través de un retrato respetuoso y enérgico de una etapa ya pasada y con la que tantos hemos disfrutado y lo seguimos haciendo muchos de los que amamos el cine. La miserable caza de comunistas emprendida por el infame senador ha sido llevada ya muchas veces al cine, y su cobertura mediática la ha hecho muy popular, pero lo que importa en este caso es el perfil del homenajeado, el diseño de un personaje genial, con un talento desbordado, para el que el trabajo, la creación y la supervivencia está muy por encima del ego y la venganza. Para él, según la cinta, queda claro que la dignidad no está anclada en el reconocimiento. Una lección de vida y humildad que Roach y un increíble Cranston saben llevar a muy buen puerto, transmitiendo toda su fuerza y vigencia. La emoción que despierta en el espectador apasionado de ese cine clásico y esa forma de hacer películas, se ve altamente recompensada con el desfile de personajes carismáticos de la época, como Edward G. Robinson (Michael Stuhlbarg), con cuya El sol sale mañana Trumbo firmó por última vez un guión con su nombre hasta su recuperación a finales de los cincuenta; Kirk Douglas (Dean O’Gorman), que lo contrató para Espartaco; Otto Preminger (Christian Berkel), que después de dirigir El proceso de Billy Mitchell con Trumbo bajo seudónimo, decidió que su nombre apareciera en los créditos de Éxodo; Hedda Hopper (Helen Mirren), implacable cronista social de la época que lideró una cruzada despiadada contra él y los otros Diez de Hollywood; John Wayne (David James Elliott), el duque erigido en estandarte de los ideales americanos radicalmente contrarios al comunismo; o los hermanos King (John Goodman uno de ellos), verdaderos héroes de la función, aunque como todos se movieran al son del negocio, que en su compañía de películas de bajo coste decidieron contratar a varios de los incluidos en la lista negra, Trumbo entre ellos, que escribió para King Bros., entre otros, los guiones de El demonio de las armas y El bravo, por el que consiguió su segundo Oscar en el anonimato (el primero fue por Vacaciones en Roma). El autor de Johnny cogió su fusil y adaptador de Papillón vivió un auténtico calvario junto a su familia, pero lo hizo siempre con la dignidad bien alta, sin flaquear en sus convicciones y patriotismo, y rodeado afortunadamente de una familia que supo arroparlo y apoyarlo, especialmente su esposa (radiante Diane Lane) y su hija mayor (preciosa Elle Fanning), que siempre vio en su padre un referente. O a lo mejor no todo fue así, pero esa es la grandeza del cine, bien escrito y seguro como los guiones del propio Trumbo, que da igual cuánto maquille la realidad, lo importante es lo que transmita y cómo nos enriquezca. Huelga decir que ambientación, música y caracterización están a la altura. Estaremos pendientes del telefilm que Roach acaba de terminar con Cranston también como protagonista, All the Way, sobre el presidente Lyndon B. Johnson, que sucedió a Kennedy. Precisamente sobre el asesinato de éste como resultado de una conspiración diserta el último guión de Trumbo, Executive Action, veinte años antes de que lo hiciera Oliver Stone en JFK.

EL CASO FRITZ BAUER La dignidad de una nación frente a la miseria

Título original: Der Staat gegen Fritz Bauer
Alemania 2015 105 min.
Dirección Lars Kraume Guión Lars Kraume y Olivier Guez Fotografía Jens Harant Música Christoph M. Kaiser y Julian Maas Intérpretes Burghart Klauβner, Ronald Zehrfled, Dani Levy, Sebastian Blomberg, Lilith Stangenberg, Laura Tonke, Robert Atzorn, Michael Schenk, Matthias Weidenhöfer, Götz Schubert, Jörg Schüttauf, Cornelia Gröschel Estreno en Festival de Locarno 7 agosto 2015; en Alemania 1 octubre 2015; en España 29 abril 2016

Fritz Bauer fue Fiscal General del Estado alemán de Hesse aproximadamente durante la década de los cincuenta. Judío y por ello exiliado de su país durante el régimen nazi, gracias a su esfuerzo y empecinamiento fueron posibles los juicios de Auschwitz por el que pasaron destacados mandos del nazismo y fueron condenados por crímenes contra la Humanidad. Esta apasionante y didáctica película se adhiere a los numerosos documentales que sobre tan carismático personaje se han realizado hasta la fecha. Su perfil aparecía también en la película La conspiración del silencio, dirigida por Giulio Ricciarelli y estrenada apenas hace un año, y que trataba también sobre la conspiración gubernamental para acallar el ajuste de cuentas que merecían los antiguos nazis para evitar un hipotético desequilibrio en el poder estatal. Una importante denuncia aún válida cuando vemos cómo en algunos países la valorada y felicitada transición se ha hecho de espaldas a la justicia verdadera y contra la dignidad de las víctimas, exiliados y represaliados que no han encontrado calor en los regímenes democráticos que han sucedido a la barbarie y no han querido manchar su intención de normalización con desagradables vestigios del pasado, ¡Si hasta Tejero disfrutó en la cárcel de un régimen de hotel de lujo! Está claro que a los gobiernos no les interesa hacer justicia con un pasado del que bebieron muchos de los artífices del nuevo régimen; contra esos tuvo que hacer frente Bauer en una lucha sin cuartel, política y policial, teniendo que echar mano incluso de métodos ilegales y enfrentarse a una posible acusación de traición (El Estado contra Fritz Bauer del título original) para llevar ante los tribunales alemanes a grandes criminales como Adolf Eichmann, refugiado como tantos otros en Argentina. Esta valiosa película relata con minuciosidad casi arqueológica los acontecimientos para dejar bien clara la continua manipulación a la que somos sometidos desde las más altas instancias de poder, político, económico e informativo. En el camino siempre caen víctimas colaterales, que en el caso de este particular episodio histórico nos recuerda mucho al que sufría Don Murray en la magnífica película de Otto Preminger Tempestad sobre Washington, sobre los entresijos del poder en la capital norteamericana. Un film sobre la persistencia, la individualidad y la diferencia y la búsqueda de un mundo mejor en el que la igualdad y la justicia sean reales y no principios meramente escritos sobre un papel. Estupendamente ambientada e interpretada, con una jazzística banda sonora que potencia la intriga de sus postulados, la cinta logró el Premio del Público en el Festival de Locarno y el de mejor película para la Asociación de Críticos de Alemania, además de varias nominaciones a los premios de esta cinematografía.

lunes, 2 de mayo de 2016

BRINDIS POR EL MAESTRANZA Y LA FELICIDAD INMENSA

Concierto extraordinario. Gala lírica. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. María José Montiel, mezzo. Mariola Cantarero, soprano. Juan Pons, barítono. Pedro Halffter, director. Programa: Piezas de Wagner, Bizet, Lehár, Verdi y Puccini. Teatro de la Maestranza, sábado 30 de abril de 2016

Esto no es una crítica, es un brindis. La del sábado fue una noche de celebración y sólo así cabe entenderla. Para todo el equipo artístico y técnico del teatro que más satisfacciones nos ha brindado en los últimos veinticinco años, y para el público que se ha beneficiado por fin durante todo este tiempo de algo que tanta falta hacía en una ciudad que se quiere cosmopolita y civilizada como ésta. De ese público privilegiado que sabe apreciar la felicidad inmensa que aporta la música y la cultura en general, tantas veces menospreciada por una cada vez más obtusa y menos preparada clase política, más preocupada por el provecho propio y degenerado que por conseguir los objetivos para los que ese mismo público les otorga su confianza, y que no son sino lograr que cada vez más vivamos este extraño periplo existencial que supone la vida con mayores dosis de emoción, felicidad y sensibilidad.

La cultura no tiene más remedio que aflorar en nuestra vida desde muy temprana edad, para que los que ahora sólo somos unos cuantos privilegiados, acabemos siendo muchos, todos. Nada es comparable a la enorme satisfacción y la emoción pura que ofrece disfrutar de una buena sesión teatral, cinematográfica, literaria, artística o, como es el caso, musical. El sábado brindamos por esos veinticinco años no exentos de polémica y dificultades en esta tierra que parece no ser capaz de sobrevivir sin el reto continuo, la zancadilla y la incertidumbre sobre el futuro. La cultura es tan imprescindible como el alimento o el trabajo, es un derecho que nos hace más sensibles y a la vez fuertes frente a la adversidad, y nos ayuda a encarar la aventura de la vida con mayor seguridad y confianza.

Da igual que se trate de Beethoven, Mozart o Madonna, Rolling Stones o el recientemente fallecido Prince, la música no tiene más remedio que formar parte de nuestro día a día y ayudarnos a ser felices desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y por supuesto mientras soñamos. De la que nos ofrece el Maestranza la selección propuesta por Halffter recorrió sabiamente estos veinticinco años de gozo lírico, de grandes montajes operísticos como no se disfrutaban en Sevilla desde los tiempos del demolido Teatro San Fernando, con ese milagro que es la Tetralogía wagneriana como eje central. Las poderosas y personales voces de Mª José Montiel, Mariola Cantarero y el insumergible y ya retirado Juan Pons, se unieron al atribulado Coro de la Asociación de Amigos del Maestranza, la espléndida sin paliativos Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y la batuta siempre entusiasta y exigente de Halffter para brindar con un publico una vez más representado en fieles incondicionales como J. Rafael Cabrera o Emilia Matute, que lució espléndida para la ocasión, como debíamos hacer todos y todas para rendir el respeto que merece este templo del placer inmenso. ¡Larga vida al Teatro de la Maestranza!.

sábado, 30 de abril de 2016

TRIUNFAL REGRESO DE HALFFTER AL PODIO DEL MAESTRANZA

Concierto de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Escolanía de Los Palacios. Leonor Bonilla, soprano. Beñat Egiarte, tenor. Carlos Daza, barítono. Pedro Halffter, director. Programa: Obertura de La muerte de Tasso, de Manuel García; Danza nº 1 de La vida breve, de Falla; Orgía de Danzas fantásticas, de Turina; Tiento del primer tono y batalla imperial, de Cristóbal Halffter; Carmina Burana, de Carl Orff. Teatro de la Maestranza, viernes 29 de abril de 2016

La OCNE en el Auditorio Nacional
Fin de semana muy especial para el Teatro de la Maestranza, ocasión única para revalidar su condición de primer teatro lírico de Andalucía, al presentar en días consecutivos la Orquesta y Coro Nacionales de España, largamente ausentes de su programación, y la Gala lírica conmemorativa del veinticinco aniversario del coliseo. Ocasión además para festejar la supervivencia de un ente cultural tan imprescindible como éste, y que a lo largo de su todavía corta vida ya ha sufrido muchos vaivenes políticos y económicos, el último de rabiosa actualidad pero del que tenemos total seguridad saldrá también airoso. En esta primera cita Pedro Halffter volvió al podio del escenario maestrante, en una temporada en la que hasta ahora sólo lo habíamos podido disfrutar desde el foso operístico. El reclamo del concierto de la OCNE fue la tantas veces programada Carmina Burana de Orff; en 2011 tuvimos doble ración de ella, una participativa y otra para conmemorar precisamente el vigésimo aniversario del teatro y la ROSS. Una apuesta segura que ha contado siempre con el entusiasmo del público, que en última instancia es quien domina el futuro de la institución. 

Leonor Bonilla
Pero antes Halffter programó una serie de piezas de honda raigambre española, tan del gusto también del honorable público. En sus manos volvimos a apreciar matices y texturas que rara vez antes habíamos notado en audiciones de las piezas seleccionadas. Así su Obertura de La muerte de Tasso, ópera que se representó en su integridad en este teatro en enero de 2008, sonó vitalista y llena de color, ritmo y jovialidad; la Orgía de Turina contó con un ímpetu y energía contundentes; y el Tiento del primer tono y batalla imperial de su padre Cristóbal Halffter obtuvo una precisión extraordinaria y un juego de dinámicas y contrastes digno de todos los elogios. Pero quizás fue la celebérrima Danza nº 1 de La vida breve la que llegó a sorprendernos más, por su ductilidad, fiereza y combinación de temperamento y sutileza como pocas veces antes habíamos escuchado. El abanico nacionalista se completó con otra de las piezas recurrentes que siempre se ganan el fervor del público, el Intermedio de La boda de Luis Alonso de Giménez, que se tocó como propina al final del concierto, justo después de Carmina Burana, en lo que a algunos nos pareció el colofón de un homenaje encubierto al recientemente desaparecido Frühbeck de Burgos, tan vinculado a esta formación, que tanto gustaba de estos interludios zarzueleros, y cuyo último trabajo discográfico fue precisamente la Cantata de Orff.

Carlos Daza
Una obra cuya interpretación se saldó con muy buenos resultados, gracias a la fuerza y vistosidad con la que Halffter atacó la pieza, consiguiendo de todas las familias instrumentales prestaciones gozosas, a pesar de alguna que otra entrada errática en los siempre sufridos metales. Instrumentistas que portaban lazo verde, no sólo en solidaridad con los músicos de nuestra Sinfónica sino también en reivindicación de sus propias necesidades y alarmas. Halffter, que bien conoce a este conjunto al que ha dirigido tantas veces, volvió a convencernos de su talento, revalidado con la ovación de un público enfervorecido con cuyo favor siempre ha contado el director madrileño, no así como lamentablemente le ocurre con los profesionales a los que dirige y que tantos problemas le está reportando. Precisamente la profesionalidad y buen temple de éstos y los cantantes, coros y solistas, salvaron una función accidentada cuando a poco de comenzar Olim lacus colueram, el tenor vasco Beñat Egiarte sufrió un desvanecimiento que obligó a interrumpir el concierto, y una vez asegurada su salud ya fuera del escenario, reanudar en Ego sum abbas a cargo del barítono catalán Carlos Daza. Afortunadamente para el espectáculo esta era la única intervención del tenor, que debía haber atacado en falsete y no a pleno pulmón como hizo Egiarte, un esfuerzo considerable que quizás aceleró una afección ya manifestada. Daza por su parte defendió su parte excelentemente, flexibilizando su registro hasta extremos extenuantes y teatralizando su rol de forma tan conveniente como la exhibida en el magnífico Tempus est iocundum de la apoteosis final. La joven y preciosa sevillana Leonor Bonilla aseguró sin duda su carrera con una intervención magistral a todos los efectos, llena de dulzura en el In trutina y generosa en ornamentaciones en el Dulcissime. El coro deleitó con equilibrio y entusiasmo y los disciplinados niños de la Escolanía de Los Palacios volvieron a dar en la diana. Alguien debería sin embargo haberles invitado a abandonar el escenario durante las propinas, que los pobres acusaron un considerable cansancio obligados a mantenerse en pie durante tanto tiempo.

jueves, 28 de abril de 2016

CEGADOS POR EL SOL Rescate emocional

Título original: A Bigger Splash
Italia 2015 124 min.
Dirección Luca Guadagnino Guión David Kajnagich, según la novela de Alain Page “La piscina” Fotografía Yorick Le Saux Intérpretes Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Matthias Schoenaerts, Dakota Johnson, Aurore Clément, Corrado Guzzanti, Lily McMenamy Estreno en el Festival de Venecia 6 septiembre 2015; en Italia 26 noviembre 2015; en España 22 abril 2016

Aclamado por su anterior película, Yo soy el amor, protagonizada también por Tilda Swinton, Luca Guadagnino parece haberse contagiado de las inquietudes y maneras de hacer del Bertolucci más reciente; no en vano entre aquel y este largometraje de ficción realizó un documental sobre el afamado director italiano, aunque el material dramático escogido esta vez sea el de la mítica película que Jacques Deray dirigió en 1960 bajo el título de La piscina. Un material basado en la novela que Jean-Emmanuel Conil escribió bajo el seudónimo de Alain Page y que mostraba a Romy Schneider y Alain Delon en el esplendor de sus bellezas, seis años después de haber terminado su relación sentimental de seis años. Y es que en el fondo el drama que plantea Page es el del intento de recuperación de una relación perdida, generando para ello toda una intriga pasional en la que el poder de seducción del rechazado implicará a otros tres personajes. El escenario rudo y salvaje que plantea la isla de Pantelleria, al sureste de Sicilia, completa este universo que se quiere enfermizo y colérico alrededor de estos cuatro personajes perdidos entre el placer vacacional y la tentación a veces provocada y otras no tanto. A Deray no le hizo falta ser tan explícito ni en el comportamiento de sus personajes ni en su entorno, entonces una más elegante Costa Azul, para mostrarnos la psicología primigenia de unos cuerpos abandonados al descanso, el sol y el placer. También es cierto que en esa época se frecuentaba una forma de rodar tan lenta y reflexiva que podía invitar al aburrimiento, mientras hoy el ritmo crece y la necesidad de entretener ha calado más hondo entre los nuevos cineastas. Por eso la piscina del título original ha quedado relegada a un segundo plano para ampliar escenarios y tiempos, empleando incluso innecesarios flashbacks y una incontinencia verbal por parte del personaje central interpretado por Ralph Fiennes, que asegure la degustación más complaciente del delicado material en juego. Precisamente es Fiennes quien lleva el mayor peso de la historia, haciendo una interpretación que excede del histrionismo y la sobreactuación para entrar más bien en los límites de una verdadera composición y creación del personaje al que en 1969 dio vida Maurice Ronet; mientras Dakota Johnson, que interpreta a su hija relevando a la más angelical y por ello más peligrosa Jane Birkin, nos invita con su actuación a esperar de ella grandes satisfacciones en el futuro. Guadagnino sabe rodar y dirigir a sus intérpretes, manteniendo ese estilo elegante que descubrimos en Yo soy el amor, pero le falta intensidad emocional para desarrollar sus personajes y anhelos, para generar un verdadero estudio psicológico de los mismos y transmitirnos esa sensación de rescate emocional que apuntan los Rolling Stones en el éxito de los ochenta que la película utiliza recurrentemente como tema principal de su banda sonora.