viernes, 9 de abril de 2021

LIBERTAD Cabalgando sin rumbo

España 2021 200 min.
Dirección Enrique Urbizu Guion Miguel Barros y Michel Gaztambide Fotografía Unax Mendía Música Mario de Benito Intérpretes Bebe, Isak Férriz, Jason Fernández, Xabier Deive, Jorge Suquet, Sofía Oria, Luis Callejo, Pedro Casablanc, Manolo Caro, Ginbés García Millán, José Sospedra, Antonio Velázquez, Roger Casamajor, Kandido Uranga Estreno en cines y en Movistar+ 26 marzo 2021

No salimos de nuestro asombro ante la excelente acogida que ha tenido lo último del director de La caja 507 y No habrá paz para los malvados entre la crítica. El público sin embargo no parece haberle dado mucho crédito, y así se nos ha escapado el montaje cinematográfico, de forma que hemos optado por la serie con una hora más de duración, aunque a estas alturas seguimos sin estar muy seguros de si lo estrenado en salas es un montaje diferente y complementario o simplemente una versión reducida de la serie. De cualquier forma seguimos atónitos porque desde el primero hasta el último de sus cinco capítulos no hemos cambiado de parecer, y si hemos seguido depositando nuestra confianza en ella es por nuestro sentido de la responsabilidad.

Porque lo cierto es que nos ha parecido un bodrio descomunal, una historia muy mal contada, a trompicones, sin explicaciones, sin definiciones convincentes de personajes, mal resuelta, mal hecha, con mala leche por todos lados, sin resquicio para algo de emotividad o de sentimiento. Vamos, lo peor de lo peor para retratarnos, y dicen que renueva un género perdido, el de bandoleros, que debería estar a la altura de los westerns. Pues sinceramente preferimos con creces Curro Jiménez, por muy naif que pueda parecernos. Al menos era consciente de su objetivo, entretener, y lo cumplía con creces. Pero lo de Libertad es un despropósito continuo, un quiero y no soy capaz, ¿quizás una denuncia? ¿un retrato de lo miserable que es este país y su nauseabunda gente? No se entiende a dónde van los personajes ni por qué se encuentran continuamente, sin que se haya trazado un itinerario convincente de la inexplicable persecución a la que son sometidos, con un continuo va y viene de los mismos personajes siempre, estén estáticos en un escenario o moviéndose continuamente por maravillosos paisajes muy bien fotografiados, quizás lo mejor de la función junto a la eficiente actuación de Bebe, que para no ser actriz profesional se defiende bastante bien, y sobre todo de Isak Férriz, todo un valor en alza.

Y no digamos su banda sonora, omnipresente y a menudo descontextualizada, e incluso mal interpretada. Dicen que si es un western gay, pero eso se reduce a una anécdota, y feminista, cuándo y por qué, ni la referida ni la caprichosa hija del rico hacendado son paradigmáticas, si acaso acusan comportamientos masculinos. O no entendimos nada o hemos perdido la onda.

miércoles, 7 de abril de 2021

WOLFWALKERS Cuento celta en torno a la empatía

Título original: WolfWalkers
Irlanda-Reino Unido-Francia 2020 103 min.
Dirección
Tomm Moore y Ross Stewart Guion Will Collins, Tomm Moore, Ross Stewart y Jessica Cleland Música Bruno Coulais Voces (en versión original) Honor Kneafsey, Eva Whittaker, Sean Bean, Simon McBourney, Tommy Tiernan, Maria Doyle Kennedy Estreno en el Festival de Toronto 12 septiembre 2020; en Irlanda 4 diciembre 2020; en España (internet) 11 diciembre 2020


Con esta película Tomm Moore se consolida como el más importante animador irlandés, y como en sus anteriores trabajos echa mano de la mitología celta para construir un cuento tan educativo como revelador de una cultura ancestral. Wolfwalkers amplía y mejora el universo creado con cintas como El secreto del libro de Kells y La canción del mar, siguiendo los mismos cánones estilísticos y narrativos de aquellas, y contando para ello también con la música del francés Bruno Coulais, que contribuye sobre manera a definir ese estilo visual y sonoro tan característico del autor, esta vez codirigiendo con Ross Stewart y logrando con la gesta una nominación al Oscar en el apartado de mejor película de animación.

En Wolfwalkers Moore y Stewart nos hablan del hostigamiento de Irlanda por los ingleses ya en tiempos remotos, enfocándolo desde el punto de vista de unas inocentes niñas y una manada de lobos temidos y perseguidos hasta la extinción, que las niñas, desde diferentes bandos, tendrán que evitar. La cinta despliega mucha magia y creatividad tanto en el diseño de personajes y espacios, siempre desde una óptica que recuerda la iconografía celta y a la vez permite acción y perspectivas asimilables por los más pequeños. Pero quizás lo más relevante de la función es que dibuja un discurso muy constructivo alrededor de la empatía y el entendimiento, haciendo que los personajes adopten la figura y la psicología de los temibles lobos con el fin de ponerse en su piel y entender sus reivindicaciones, algo así como ingleses e irlandeses obligándose a entenderse y respetarse mutuamente.

El conjunto funciona no obstante con limitaciones, ya que el exceso poético tanto en el diseño como en el discurso llega a hacerse un poco pedante, y tampoco logra superar ese lastre presente también en la niña protagonista, una pesada irredenta que hace flaco favor al género y la edad. Con todo un espectáculo original, sorprendente y creativo, aunque por momentos llegue a resultar moderadamente aburrido en sus frecuentes caídas de interés y tensión.

martes, 6 de abril de 2021

LA MEJOR JUVENTUD

Concierto de la Orquesta Joven de Andalucía. Claudio Constantini, bandoneón y piano. Sarah Ioannides, dirección. Programa: Concierto homenaje a Astor Piazzolla, de Constantini; Oblivion, de Piazzolla; Rhapsody in Blue, de Gershwin; Sinfonía nº 9 Op. 95 en mi menor “del Nuevo Mundo”, de Dvorák. Teatro Central, lunes 5 de abril de 2021


Cuando creíamos que el cierre del Maestranza nos privaría un año más del feliz encuentro con los y las jóvenes intérpretes de nuestra tierra, la Junta vino al rescate tras el despropósito que ella misma propició y reubicó la cita en el Teatro Central. La acústica no es la misma, es un teatro muy dotado y vanguardista para muchas disciplinas, pero en acústica sinfónica el del Paseo Colón no tiene rival; no obstante el resultado fue una vez más milagroso y sorprendente. La capacidad de nuestros jóvenes para emocionarnos y hacernos más felices no tiene parangón, y otra vez lo demostraron en un concierto bendecido además por
un programa precioso y generoso como hacía mucho tiempo que no disfrutábamos.

Descubrí Oblivion, una hermosísima página cargada de nostalgia y sensibilidad, en los títulos de crédito finales de La mejor juventud, una mini serie italiana que aquí se estrenó en cines y narraba con altas dosis de emotividad la historia reciente de Italia a través de dos hermanos con caminos muy dispares. Desde entonces, sea por el recuerdo de esa pequeña obra maestra o por la belleza de la pieza de Piazzolla en sí, siempre me emociono cuando la escucho, más si se interpreta con la elegancia y la sensibilidad con la que lo hizo Constantini, magníficamente arropado por la sensual cuerda de la joven orquesta. Sirvió para homenajear al gran compositor argentino cuando hubiera cumplido cien años, a lo que el pianista, bandoneonista y compositor peruano añadió un concierto de su propia cosecha tan atractivo como brillante y estimulante. Siguiendo la estructura clásica de tres movimientos, uno lento entre los dos extremos, la pieza fue defendida con un alto nivel de compromiso por los atribulados integrantes del conjunto orquestal, con especial mención a maderas y cuerda grave, proporcionando cuerpo y musculatura a una obra en la que el propio Constantini ejerció de solista exhibiendo una elasticidad y maestría al bandoneón que se saldó con una lectura vibrante de su obra, paradigma de la belleza porteña, su expansiva emotividad y considerable calidez, muy bien articulada, muy melódica, imaginativa y decididamente eficaz.

Contó para ello con la impagable complicidad de la directora australiana Sarah Ioannides, experta americanista con un excelente disco con música de John Corigliano en su haber, que siguió con mimo y respeto la intervención de Constantini y lo arropó con amplio sentido idiomático en una Rapsodia en blue atacada por el joven intérprete, ahora como eficiente pianista, desde el respeto, siguiendo escrupulosamente la partitura sin añadidos ni florituras, tan habituales cuando es un jazzista, como él, quien la interpreta. A destacar aquí el excelente trabajo de la orquesta, como si llevaran toda la vida familiarizados con este sonido entre el jazz, el swing, Broadway y la música sinfónica. Ferde Grofé, Paul Whiteman y el propio Gershwin hubieran flipado a buen seguro con esta versión. Antes de que volvamos a encontrarnos con Constantini en el Espacio Turina el próximo viernes, presentando junto a Louiza Hamadi su nuevo disco, 20th Century Tango, nos brindó al piano una propina, una miniatura dedicada al pianista Gil Evans, tan cargada de emotividad como el resto del programa.

Y ya en su segunda parte, Ioannides ofreció una robusta recreación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák, prestando especial atención a cada familia instrumental, y muy especialmente a sus numerosos solistas, quienes se lucieron a gusto, logrando en conjunto transmitir esa sensación de amplitud y asombro que expide una partitura que el compositor bohemio concibió como regalo de agradecimiento y álbum de sensaciones provocadas por esa tierra generosa que osamos llamar nueva, olvidando toda su historia y cultura indígena. Ioannides se mantuvo contenida en el majestuoso allegro inicial, cálida y transparente en un largo construido con reveladores silencios y un sentido prodigioso del equilibrio instrumental, trepidante y vivaz en el scherzo y tan dinámica como expansiva en el fogoso allegro final, a todo lo cual la plantilla se adaptó con un amplio sentido de la claridad y una responsabilidad encomiable. La fiesta terminó con un alegre pasodoble, Amparito Roca, ya sin batuta y con esa exultante ilusión que caracteriza a la mejor juventud.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 5 de abril de 2021

DISCUTIBLE DESPEDIDA BAJO EL SOL

38º FeMÁS. Ottava Rima. Ministriles Hispalensis. Marco Mencoboni, dirección. Programa: Zai. Candidiores nazarei, de Cristóbal de Morales; Missa Pange lingua y Ave Maria a 6, de Josquin des Prez; Vexilla Regis, de Francisco Guerrero; Tantum ergo, de Tomás Luis de Victoria. Espacio Santa Clara, domingo 4 de abril de 2021

Que la unión de fuerzas no siempre funciona quedó demostrado en esta original propuesta con la que la trigésimo octava edición del Festival de Música Antigua echó definitivamente el cierre. Redundamos en lo de definitivo porque seguimos considerando la accidentada presentación del Argippo de Europa Galante como colofón del certamen, ocupando la fecha y lugar en que tradicionalmente se ha despedido, Maestranza y Sábado de Pasión. Ya dijimos en su momento que estos últimos cinco conciertos podíamos considerarlos como un apéndice, contándose para ello con el cuartel general del festival, el Espacio Santa Clara del Ayuntamiento de Sevilla. Y en ese contexto situamos el montaje urdido por dos competentes conjuntos sevillanos, aumentado con refuerzos instrumentales y armonizados bajo la dirección del especialista Marco Mencoboni, mirando al cielo y dejando en esta ocasión la función de organista en manos de Alejandro Casal.

Con voces e instrumentos repartidos por la galería superior del claustro de Santa Clara y los espectadores dispersos por el patio y obligados a mirar al cielo o recogerse en la reflexión, muchos bajo un sol por momentos abrasador, se dio así cumplimiento a la mitología del Domingo de Resurrección, que celebra el Cuerpo de Cristo, su ascensión a los cielos y la promesa de la vida eterna. Nada mejor para hacerlo que poner en escena, dado el alto carácter teatral de la propuesta, la Misa Pange lingua del inconmensurable Josquin des Prez, que con cuatro voces logró texturas para las que muchos necesitaban más de cinco, y con la que experimentó formas libres y fantasías de canto llano hasta entonces inéditas, exhibiendo una facilidad y un ingenio que le labró ser considerada una de sus incontestables obras maestras, ya a finales de su vida en pleno Renacimiento.

Una función diferente

Las voces de Ottava Rima y los vientos de Ministriles Hispalensis, acompañados de órgano y cuatro violas da gamba, llevaron al extremo el espíritu imitativo de la pieza, y la arroparon con obras igualmente significativas para la fecha de los tres grandes compositores españoles del momento, Francisco Guerrero, Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria, dos de ellos nacidos en Sevilla. Un montaje ambicioso en el que a buen seguro todos y todas sus responsables pusieron mucha ilusión y esfuerzo, pero que en general resultó musicalmente fallido. Falsas y erráticas entradas, pérdidas considerables de intensidad emocional, fuertes e injustificados contrastes y salidas de tono, fueron algunas de las características con las que se saldó una interpretación algo anclada en los cánones del pasado. De hecho a quienes nos hemos curtido en el cine nos pareció en muchos momentos estar escuchando los arreglos de un Delerue o incluso un Barry para películas históricas fundamentalmente de los años sesenta del siglo pasado. Prácticas algo desfasadas que no obstante podrían haber dado buenos resultados de no haber sufrido frecuentes desajustes y pérdidas de compenetración.

La Misa Pange lingua fue acertadamente precedida por el canto gregoriano en el que se basa, escenificado en procesión siempre en esa galería alta, y contó luego con momentos inspirados y alguna que otra sobrecogedora carga de tensión, unas veces gloriosa, otras majestuosa. Sin embargo en general esta sucesión de grandes oraciones litúrgicas careció en general de variedad expresiva y se ancló en una articulación algo rancia y raquítica. Faltó en general esa claridad expositiva que permitiera captar su riqueza melódica emergiendo continuamente y fundiéndose como un caleidoscopio, como faltó también esa calidez que se requiere en las voces y la sensación de recogimiento que exige la experiencia, aunque nos consta que a nivel profano ésta mereció la pena, sobre todo como espectáculo teatral y multiexperimental, concebido quizás con más espíritu lúdico que propiamente arqueológico, y dejándonos al menos la sensación de haber asistido a una función diferente. Se reconoce el esfuerzo y la intención, lo que al menos amortigua sus decepcionantes resultados estrictamente musicales, y eso a pesar del alto nivel técnico de los instrumentistas y los puntuales estallidos de júbilo y exaltación en unas voces que, no lo olvidemos, son en su mayoría aficionadas, con todo lo que eso conlleva de esfuerzo, ilusión y generoso desinterés.

Fotos: Francisco Roldán
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 4 de abril de 2021

TIGRE BLANCO Casta implacable

Título original: The White Tiger
India-USA 2021 125 min.
Guion y dirección
Ramin Bahrani, según el libro de Aravind Adiga Fotografía Paolo Carnera Música Danny Bensi y Saunder Jurriaans Intérpretes Adarsh Gourav, Rajkummar Rao, Priyanka Chopra, Kamlesh Gill, Vijay Maurya, Swaroop Sampat, Manesh Manjrekar Estreno en Netflix 22 enero 2021


Aunque prácticamente desconocido, del director americano de origen iraní Ramin Bahrani hemos visto algunas películas discretas como A cualquier precio o 99 Holmes, y otras directamente olvidables como la versión para televisión que rodó de Fahrenheit 451 hace un par de años. Ahora, de la mano de una coproducción entre Estados Unidos e India adapta una exitosa historia sobre el vertiginoso y fraudulento ascenso social de un pobre hombre, y cómo gracias a un sistema basado en el crimen y la corrupción logra superar las limitaciones de su casta.

Imposible no referirse a las películas de Danny Boyle (Slumdog Millionaire), Stephen Daldry (Trash, ladrones de esperanza) o Garth Davis (Lion) a la hora de abordar el retrato y el análisis de sociedades tan diferentes a la nuestra y tan difíciles de entender para nosotros, y sin embargo afrontadas desde nuestra particular idiosincrasia y punto de vista, ya se trate de la India o de Brasil, países en continua fase emergente que no acaban de despegar y mantienen unas diferencias de clase y unos niveles de pobreza inaceptables desde todo punto de vista y sensibilidad. En este ambiente se desarrolla la historia entre amable y decididamente trágica a partir de cierto punto de un joven cuyas ambiciones son lastradas por su abuela primero, y por la torpeza de otra mujer después, en este caso curtida en la supuesta libertad y amplitud de miras que le proporciona haberse educado en Estados Unidos pero que en la práctica adopta el mismo comportamiento involuntariamente despótico hacia castas consideradas inferiores.

Un mensaje decididamente misógino para dar motor a esta historia sobre un país que asemeja un gallinero, y en el que solo la escasa estirpe del tigre blanco del título puede sobrevivir y sobresalir del resto. Sobra voz en off y el diseño de los personajes puede parecer tosco, junto a una descripción de ambientes y estereotipos que resultan también bastante artificiales, aunque en conjunto su discurso pueda resultar atractivo y su puesta en escena hábil, a lo que se añade un ritmo constante y, como no podía ser menos, un colorido exótico. Se habla más inglés que hindi, que para eso se trata de una producción Netflix para todo el Mundo… globalizado.

GODZILLA VS. KONG Mucha destrucción y escasa aventura

USA-Australia-Canadá-India 2021 113 min.
Dirección
Adam Wingard Guion Eric Pearson, Max Borenstein, Terry Rossio, Michael Dougherty y Zach Shields Fotografía Ben Seresin Música Tom Holkenborg Intérpretes Alexander Skarsgard, Rebecca Hall, Kaylee Hottle, Millie Bobby Brown, Demian Bichir, Eiza Gonzalez, Shim Uguri, Kyle Chandler, Bryan Tyree Henry, Julian Dennison, Lance Reddick Estreno 26 marzo 2021

Peter Jackson resucitó a King Kong inmediatamente después de su trilogía de los anillos, recreando con todo lujo de efectos y diseño artístico la famosa película de Cooper y Schoedsack y tratando así de borrar la versión kitsch que protagonizó Jessica Lange y produjo Dino de Laurentiis en 1976. Por su parte, el megalómano Roland Emmerich intentó en 1998 resucitar a Godzilla, el más famoso de los megamonstruos japoneses, justo después del mastodóntico éxito de Independence Day. Sin embargo aquello resultó fallido y en 2014 se volvió sobre el terreno con una nueva versión de Godzilla que dio lugar a una saga continuada con la muy estimable Kong: la isla calavera, y la estrepitosa y confusa Godzilla: El rey de los monstruos. Entre medias Japón reivindicó su autoría en el tema con la estrafalaria Shin Godzilla.

Aparte de retomar la serie original que inundó cines de los cincuenta y sesenta en plena época de pánico nuclear, con King Kong contra Godzilla del año 1962 como eje de la operación, esta nueva entrega continúa por la senda de La isla calavera y El rey de los monstruos, pero dando más de lo mismo, aportando nada o casi nada, y echando mano de más parafernalia desatada si cabe. Para eso se ha contado con Adam Wingard, curtido en toda clase de géneros pero siempre desde una óptica genuinamente de serie B, que encontró su oportunidad con la delirante cinta colectiva VHS y las películas The Guest y Blair Witch, aunque ambas acabaron pasando más bien sin pena ni gloria. Que esta nueva lucha entre los dos grandes monstruos nos haya resultado otro peñazo es una lástima, porque el arranque promete, sumergiéndonos en lo que parece pura fantasía y ciencia ficción al estilo Julio Verne, con una Tierra hueca como principal escenario y una total desinhibición a la hora de proponer tramas y situaciones. Pero pronto todo deriva hacia el clásico video juego, la acción vertiginosa sin más, la violencia más cruda y encarnizada, en la que la muerte de miles de figurantes apenas cobra relevancia, y una galería de personajes a cual más inservible y anodino, entre quienes se encuentra la protagonista de Stranger Things, Millie Bobby Brown, ya presente en El rey de los monstruos y curiosamente nacida en Málaga.

No falta el gordo payaso ni la niña repelente, en este caso sordomuda pero igual de revieja que cualquier otro infante entrañable amigo o amiga de un monstruo con corazón sensible, para intentar añadir poesía al conjunto. El resto sirve solo para justificar que se trata de una cinta de imagen real, entre tanto monstruo y paisaje generado por ordenador, a menudo con poco sentido de la proporción. Destrucción y más destrucción adornada con una trama rutinaria y disparatada que solo nos merece atención por el mérito de devolver público a las maltrechas salas de cine.

sábado, 3 de abril de 2021

EL DISCURSO INTUITIVO DE PÉREZ FLORISTÁN

38º FeMÁS. Juan Pérez Floristán, fortepiano. Programa: Sonatas nº 18 en Mi bemol mayor Op. 31 nº 3 y nº 23 en fa menor Op. 57 “Appasionata”, de Beethoven; Wanderer-Fantasie en Do mayor D. 760, de Schubert. Espacio Santa Clara, viernes 2 de abril de 2021

Foto: Francisco Roldán
Que Juan Pérez Floristán es un excelente pianista y exhibe una espléndida madurez a pesar de ser aún muy joven, fruto del trabajo y el estudio infatigable a lo largo de estos últimos diez años, es un hecho incuestionable. Que solo una treintena de personas pudiéramos disfrutar de su talento en esta recta final del Femás nos convierte sin duda en unos privilegiados. La estrella además no solo era él sino también el estupendo instrumento del que venía acompañado, un magnífico fortepiano similar al que Thomas Broadwood regaló al mismísimo Beethoven en la última etapa de su vida, y que el compositor convirtió desde entonces en su instrumento favorito.

Y con este teclado integrado en un bellísimo mueble de color natural y ornamentado, cuando el tamaño todavía permitía prescindir del cromado negro con el que habitualmente se abaratan precios y se evitan problemas técnicos en los pianos modernos, Floristán demostró además ser un estudiante ejemplar, tocando todo de memoria. Se lució también como inquieto divulgador, dando su particular visión de cada pieza con una singular facilidad para la elocuencia, e incansable investigador, explorando todas las posibilidades tímbricas y expresivas que le brinda un instrumento de época, imprescindible para dar sentido a su inclusión en este veterano festival. Un ejemplar cuyo sonido se aparta considerablemente de los modernos teclados a los que asociamos estas notas tantas veces disfrutadas y analizadas.

Beethoven y Schubert al fortepiano

La experiencia le sirvió para adentrarse en las complejas sensibilidades de los autores elegidos con total desinhibición y un carácter profundamente intuitivo que le permitió seguir su propio discurso dramático y narrativo, como si partiera de cero sin mirar atrás ni a nada de lo que hasta ahora se había dicho de tan magistrales páginas. Las tres sonatas opus 31 de Beethoven constituyen obras de transición entre la gramática y el universo expresivo de sus obras tempranas y las grandes obras arrebatadas y heroicas que habrían de caracterizar ese período tan creativo y vanguardista que anticipan la Appasionata y la Hammerklavier. El sonido a menudo grueso y rugoso del fortepiano protagonizó un allegro de la op.3 nº 3 de marcados contrastes y ágil articulación, mientras un muy matizado minueto sirvió de perfecta transición entre el vibrante scherzo y el fogoso y virtuosístico final, abordado todo siempre desde la claridad y la precisión que proporciona tanta seguridad en sí mismo.

Hay más discurso y más drama en la sonata op. 57, y aquí las limitaciones del instrumento y la costumbre de nuestro oído hizo que echáramos de menos frases más largas y desarrolladas, más expansivas en general. Floristán no obstante cuidó combinar el lirismo y la intensidad, ese equilibrio entre tensión dramática y libertad lírica que reviste su primer movimiento. Nos gustó mucho el tono quebradizo con el que se enfrentó a su enigmático andante, hasta confluir en un furioso final. Más intensa aún nos pareció su manera de atacar la Fantasía del vagabundo de Schubert, traducción más afín al espíritu de esta maravillosa pieza que la habitual de caminante. Aquí Floristán acertó en poner mayor énfasis en su precioso movimiento lento, esa sucesión de variaciones sobre el lied que le da título y que acoge las emocionantes palabras clave del poema en que se basa, soy un extraño en todas partes. Esa disconformidad, ese desconcierto de quien habita este mundo pero se lo cuestiona continuamente a lo largo del tiempo y hasta la muerte, lo asumió el pianista como su particular discurso narrativo y expresivo, desde la perfección técnica y la responsabilidad intelectual. Después, como propina, el Momento musical nº 3 tan sencillo e infantil, se reveló ante nosotros como una de esas melodías que evocan momentos, personas y alegrías de, al fin y al cabo, eso que llamamos la vida.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía