sábado, 8 de mayo de 2021

EL INEXPLICABLE INFLUJO DE LA LUNA

X Festival Encuentros Sonoros. Gohai Ensemble Project. Marta Knorr, mezzosoprano. Rafael de Torres, director. Juan Ronda, flauta. Antonio Salguero, clarinete. Mariarosaria D’Aprile, violín. Aglaya González, viola. Israel Fausto Martínez, violonchelo. Miguel Ángel Acebo, piano. Programa: Pierrot Lunaire Op. 21, de Schoenberg; #Lorca Revisited#1 y #2, de Miguel Gálvez-Taroncher. Espacio Turina, viernes 7 de mayo de 2021


Parece mentira, pero esta Tres veces siete poemas de Pierrot Lunaire de Albert Giraud (Dreimal sieben Gedichte aus Albert Giraud’s Pierrot Lunaire) sigue resultando a día de hoy tan enigmática como indescriptible, tanto en su vertiente poética como estrictamente musical. Cada nueva interpretación en concierto se convierte automáticamente en un acontecimiento, a pesar de que inexplicablemente nuestro oído y sensibilidad sigue sin acostumbrarse a estos parámetros musicales tan alejados de la melodía y la tonalidad, lo que no fue obstáculo para que esta cita del imprescindible festival
Encuentros sonoros contara con una asistencia aun siendo tímida, mayor que otras propuestas del mismo. Después de elevar el expresionismo musical a lo más extremo, llevando las experiencias de Wagner y Debussy a sus últimas consecuencias, Schoenberg revolucionó definitivamente la composición musical, aportando el atonalismo, con este Pierrot Lunaire estrenado en 1912 en Berlín y que ayer pudimos volver a disfrutar en Sevilla después de no sé cuántos años sin hacerlo.

Para la ocasión se contó con el conjunto granadino Gohai Ensemble, cuyo nombre hace referencia a las puertas del sueño, construidas de cuerno y de marfil (Gates of Horn and Ivory). Su creador, el valenciano afincado en la ciudad de la Alhambra Miguel Gálvez-Taroncher, aprovechó la ocasión para estrenar un díptico propio en torno a poemas de juventud de Lorca, que funcionaron como interludios entre las tres partes en que se divide la pieza de Schoenberg. Sin embargo sobre el escenario pudimos ver entre los ocho músicos convocados, instrumentistas, director y voz solista, a varios de los más reputados intérpretes que ejercen su trabajo en Sevilla, como Juan Ronda a la flauta, Antonio Salguero al clarinete, Israel Fausto Martínez al violonchelo, y al violín Mariarosaria D’Aprile, que esta mañana además repite escenario con Tommaso Cogato y una estética completamente diferente, las sonatas de Brahms, en un saludable alarde de puro eclecticismo. Vaya por delante nuestro aplauso a los ocho integrantes del proyecto por poner sobre el escenario tan emblemática pieza, y particularmente a conjuntos como el liderado por Gálvez-Taroncher por seguir apostando por la música del último siglo y acercarla al público. En este sentido aplaudimos también la gestión de un espacio público como el Turina por promover estas estéticas sin hacer caso al concepto rentabilidad, al menos no la económica, que sí la cultural y educativa.

Martha Knorr
Sin embargo lamentamos reconocer que en esta apuesta por Schoenberg y su paradigmática pieza las cosas no funcionaron como debían. La mezzosoprano asturiana Martha Knorr, célebre por su compromiso con la música contemporánea en grabaciones y conciertos, se adhirió al proyecto con su voz pequeña e insuficientemente proyectada, que aunque de timbre precioso y articulación ágil y flexible, quedó eclipsada por el resto del conjunto, que el joven director Rafael de Torres, muy involucrado también en la escena musical y universitaria de Granada, dirigió con demasiado brío y afición por la estridencia. Se juntaron hambre con necesidad y resultó un Pierrot Lunaire confuso y desvirtuado, y es que precisamente su estilo Sprechstimme, entre hablado y cantado, se resintió de una voz que quedó frecuentemente en un segundo plano. Además Knorr, muy libre de hacer su propia interpretación de la partitura, optó, siempre dentro de los ritmos y alturas especificadas en la partitura, por una estética dulce y aterciopelada lejos de la agresividad e ironía, entre grotesca y sardónica, que caracteriza el diálogo que entabla el patético arlequín con la influyente luna, desapareciendo de paso cualquier reminiscencia del cabaret vienés que presenta la obra.

Pierrot Lunaire es drama además de pieza de concierto, pero su discurso sobre el amor, el sexo, la religión, el crimen, el regreso al hogar y el acecho del pasado, quedó velado por esta interpretación algo fuera de estilo y destemplada, sin suficiente imaginación o creatividad. Faltó quizás un mayor número de ensayos por parte de los atribulados y siempre excelentes a nivel técnico integrantes del conjunto. Pero si alguien se pasó por alto los pertinentes ensayos fue el personal encargado de proyectar los subtítulos, hasta el punto de que malogró definitivamente la propuesta dramática y narrativa de la función. Entradas a destiempo, adelanto de acontecimientos, idas y venidas de rótulos, hacia adelante y hacia atrás, pérdida continua del hilo narrativo... continuos desajustes que hicieron aun más inexplicables los mensajes contenidos en los poemas de Giraud convenientemente traducidos en su día por Otto Erich Hertleben. Un inconveniente que se repitió también en los dos interludios musicales que estrenó Gávez-Taroncher en torno al poemario lorquiano de juventud, resueltos con un lenguaje musical harto convencional dentro del sello vanguardia. Piano, en el #2 tocado desde la cuerda, y voz declamada y cantada con efectos ritardandi, buscaron su sitio entre los tres bloques que componen la pieza de Schoenberg, añadiendo un efecto más disfuncional que práctico a la propuesta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

ESTRENO EN SALAS DE QUO VADIS, AIDA?

 Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el 12 de noviembre de 2020

miércoles, 5 de mayo de 2021

HOPE Duelo en vida

Título original: Håp
Noruega 2019 126 min.
Guion y dirección
Maria SØdal Fotografía Manuel Alberto Claro Intérpretes Andrea Braein Hovig, Stellan Skarsgaard, Gjertrud L. Jynge, Elli Rhiannon Müller Osbourne, Eirik Hallert, Steinar Klouman Hallert, Johannes Joner, Alfred Vatne, Daniel Storm Forthun Sandbye, Einar Økland Estreno en el Festival de Toronto 7 septiembre 2019; en Noruega 22 noviembre 2019; en España 22 enero 2021


Son muchas las películas que hemos visto sobre el cáncer, en cualquiera de sus variantes y con multitud de argumentos para adornarlo, pero en pocas hemos asistido a esta sesión de duelo en la que se sumerge la protagonista de esta película que su directora anuncia al principio como recuerdos personales. De hecho todo el personal sanitario que aparece en la película es real y dan consejos reales sobre cómo afrontar esta enfermedad terminal y compartirlo con la familia y demás seres queridos.

La pareja formada por Hovig y Skarsgaard se dedican al teatro y no parecen, tras una veintena de años juntos, pasar por el mejor momento de su relación. Estas vicisitudes, una familia numerosa con niños de por medio, una Navidad que celebrar manteniendo en la medida de lo posible la armonía del momento, y los inevitables cambios de humor de su protagonista, son los ingredientes que la realizadora emplea para mantener el interés durante dos horas de proyección. Y no es poco, pero tampoco hay mucho más. No cabe esperar un análisis sobre la enfermedad ni una posición sobre la posteridad. Todo es sobrio y calculado, con una puesta en escena muy nórdica sustentada en los tonos ocres que Sven Nykvist exportó al mundo entero vía Ingmar Bergman; un estilo que el fenecido Dogma hizo también suyo, con Lars von Trier a la cabeza, que aquí interviene en labores de producción a través de su empresa Zentropa.

SØdahl procura no cargar las tintas, que el relato no resulte melodramático ni demasiado duro, mientras la pareja protagonista sobrelleva el peso dramático de una función que no llega a marcarnos en exceso, quedando en una mera crónica de un mal recuerdo. Fue candidata por Noruega a ser nominada al Oscar a la mejor película internacional, y reconocida en los Premios del Cine Europeo con dos nominaciones, a la mejor directora y la mejor actriz.

martes, 4 de mayo de 2021

NADIE Obscena y delirante

Título original: Nobody
USA 2021 92 min.
Dirección
Ilya Naishuller Guion Derek Kolstad Fotografía Pawel Pogorzelski Música David Buckley Intérpretes Bob Odenkirk, Aleksey Serebryakov, Connie Nielsen, Christopher Lloyd, Michael Ironside, Colin Salmon, RZA, Billy MacLellan, Araya Mengesha, Gage Munroe, Paisley Cadorath Estreno en Rusia 18 marzo 2021; en Estados Unidos 26 marzo 2021; en España 30 abril 2021

Vaya si ha cambiado el Don Nadie de la entrañable fábula de Frank Capra, convertido ahora con el signo de los tiempos en alguien capaz de tomarse la justicia por su mano con toda la habilidad, destreza y entrenamiento posible que la empresa requiera. La combinación del director ruso Ilya Naishuller, después de triunfar en su país con Hardcore Henry y dedicarse a dirigir videos musicales allí y en Estados Unidos, y el autor de la hiperviolenta y sanguinolenta John Wick, da como resultado esta delirante y obscena película.

Quienes hayan leído su sinopsis habrán encontrado algún parecido en su punto de arranque con la película sueca Fuerza mayor (Tourist), pero mientras en esta un incidente natural desencadena una crisis de identidad del macho habitual dentro de la familia tradicional, aquí es un atraco el que desencadena una vorágine de violencia, venganza y desenfreno para reafirmarse como macho alfa por encima de cualquier debilidad mostrada con el fin de proteger a la familia. Se supone que debemos considerar este ejercicio de violencia pura y gratuita como una comedia, algo de lo que reírse al estilo Tarantino, pero mientras este cuida sus diálogos para que combinados con su trama todo resulte realmente hilarante, aquí el guion se reduce a la mínima expresión para dar todo el protagonismo a la sucesión de secuencias de acción perfectamente coreografiadas en que la función consiste.

Hace tiempo este tipo de películas iban dirigidas específicamente a un tipo de público; hoy a través de la inevitable campaña publicitaria y mediática, intervenida también por un sector de la crítica poco escrupuloso a la hora de recomendar al mejor postor, nos obligan a ver estos subproductos a todos y todas, con el consiguiente desconcierto que ello provoca. Supone el salto al protagonismo de Bob Odenkirk, tras una prestigiosa carrera como secundario, y la verdad es que se lo ha trabajado bastante, a nivel dramático y físico.

VIGILADOS El monstruo que habita entre nosotros

Título original: The Rental
USA 2020 88 min.
Dirección
Dave Franco Guion Dave Franco, Joe Swanberg y Mike Demski Fotografía Christian Sprenger Música Danny Bensi y Saunder Jurriaans Intérpretes Alison Brie, Dan Stevens, Jeremy Allen White, Sheila Vand, Toby Huss, Anthony Molinari Estreno en Estados Unidos 24 julio 2021; en España (Amazon Prime) 15 abril 2021


Debut en la dirección del hermano menor de James Franco, hasta ahora empeñado igualmente en labores de interpretación. Se decanta por el género de terror pero con la intención de decir algo nuevo. El recurrente espacio aislado, en este caso una moderna mansión de lujo al borde de unos acantilados y rodeada de bosques, sirve de escenario para el hostigamiento sin tregua de un maniaco sobre un par de jóvenes parejas con las hormonas encendidas.

Todo parece indicar que a Franco le interesa más analizar a las presuntas víctimas, sus comportamientos, neuras, miserias e inseguridades, que las motivaciones de un presunto criminal del que apenas logramos saber nada. Dos hermanos y sus respectivas parejas parecen ser el verdadero monstruo de la función, portadores de traiciones y hostilidades que nos convierten a los humanos en verdadero espejo de los más adversos temores. Sin embargo el novato realizador no encuentra el punto justo para poner en pie tan inquietante y prometedora premisa, y nos sumerge durante algo más de la mitad en un bucle en el que prima el aburrimiento, y solo a partir de entonces comienza un verdadero juego de intrigas y misterios que acaparan por fin nuestra atención, aunque para ello no pueda evitar echar mano de tópicos y lugares comunes.

En conclusión, la cinta se nos antoja algo desequilibrada, fallida en sus ambiciosas intenciones y con pocos augurios de que su realizador consiga sorprendernos con nuevas propuestas. Hay quienes no obstante han celebrado por todo lo alto la supuesta originalidad de una empresa que a nosotros nos parece sencillamente una variante de algo que hemos visto y oído en demasiadas ocasiones. Para colmo, frente al título original El alquiler, su traducción al castellano nos da ya alguna importante pista sobre en qué consiste esa apuntada variante.

lunes, 3 de mayo de 2021

YALDA, LA NOCHE DEL PERDÓN Justicia mediática

Título original: Yalda, la nuit du pardon
Irán-Francia- Alemania-Suiza- Luxemburgo-Líbano 2019 89 min.
Guion y dirección
Massoud Bakhshi Fotografía Julian Atanasov Música Dana Farzanehpour y Denis Séchaud Intérpretes Sadaf Asgari, Behnaz Jafari, Babak Karimi, Fereshteh Sadre Orafaiy, Forough Ghajabagli, Arman Darvish Estreno en el Festival de Sundance 26 enero 2020; en España 30 abril 2021


Aunque desde la implantación del Islam ya no es una fiesta oficial, Irán sigue celebrando el Yalda cada solsticio de invierno, en la noche más larga del hemisferio norte. Es una ocasión para reunirse en familia y prepararse para el duro invierno con la ingesta de suculentas frutas. El film de Bakhshi se ambienta en esta fiesta particular para contarnos una historia que va más allá de la habitual denuncia de los derechos y libertades personales, especialmente en lo que se refiere a la mujer, para alcanzar también a la mercadería con la que hoy se comercia todo y en todo el mundo. Un reality show, amparándose en el ojo por ojo y la metodología bíblica que impera en estas culturas ancestrales todavía tan condicionadas por el peso de la religión, juega con el indulto de una condenada a muerte a cambio del perdón de la única hija de la víctima del asesinato que se le imputa. Una justicia impensable para la sensibilidad occidental, y sin embargo un procedimiento tan próximo a la justicia popular que frecuentemente se practica en las televisiones de todo el planeta. Ejemplos de esto los tenemos a porrillo; precisamente en estos momentos un asunto tan espinoso como la violencia machista se ha convertido en culebrón televisivo en nuestro país, con el consiguiente enriquecimiento de sus agentes, no importa cuánto sufrimiento experimenten las miles de damnificadas diarias que esta lacra provoca y que no reciben ni el amparo ni el cheque que sí disfrutan sus estrellas mediáticas.

A Bakhashi la empresa le interesa también para radiografiar a la sociedad iraní, fijando su atención y la de su cámara en los múltiples personajes que frecuentan tanto el plató como las bambalinas en las que se cuece la intriga sometida a dictamen público y recompensada por patrocinadores que se enriquecen con los millones de whatsapp demandados a la audiencia en este y cualquier otro programa del género, sea concurso o reality como en este caso. Una miseria humana a la que no somos ni de lejos ajenos y que el director analiza ya desde un arranque colosal a vista de pájaro, con una sofisticada torre de telecomunicaciones y unas autopistas atestadas que parecen reflejar una sociedad tecnológica y económicamente avanzada y en la que sin embargo se encierra tanto atropello, tanta miseria y tanta injusticia hacia una mujer oculta en su indumentaria y su pensamiento. Pueden heredar grandes fortunas, incluso ser empresarias con poder, dirigir y ocupar puestos de responsabilidad, pero siempre con el consentimiento machista, que se permite incluso desposarlas temporalmente.

Nuestra protagonista es muy joven, ha estado siempre sometida a mucha presión y tiene sus propios anhelos, frustrados por voluntad del macho y la familia. Bakhshi propone una intriga diferente y original, gestada en el transcurso de esa noche especial a través de las aportaciones de una serie de personajes cuyas vinculaciones con lo divino y lo supersticioso irán definiendo la suerte de esta desgraciada víctima de un sistema podrido del que no escapamos ni siquiera quienes creemos que vivimos en una sociedad libre y democrática, y sin embargo no puede evitar estar dominada por un alto índice de hipocresía. Pero el director no es Farhadi y no logra sortear algunas convenciones de guion que malogran un acabado que deseábamos hubiese sido más perfecto, en el que todo hubiera encajado con mayor precisión. Pero esto no le resta mérito y la cinta fue galardonada en Sundance con el premio del jurado a la mejor película dramática internacional, además de protagonizar un exitoso paso por el Festival de Berlín de ese mismo 2020.

domingo, 2 de mayo de 2021

LA CULMINACIÓN DE UN SUEÑO

Concierto extraordinario 30 años del Teatro de la Maestranza. Ainhoa Arteta, Leonor Bonilla y Rocío Ignacio, sopranos. José Bros y Airam Hernández, tenores. Jean-Kristof Bouton, barítono. Simón Orfila, bajo. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juanjo Mena, dirección. Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Programa: Obras de Beethoven, Donizetti, Carnicer, Giménez, Bizet, García, Melchor Gomis, Penella Moreno, Mozart, Zandonai y Verdi. Teatro de la Maestranza, sábado 1 de mayo de 2021



No cabe duda de que en esta ciudad hubo un antes y un después de la creación de la Orquesta Sinfónica y la inauguración del Teatro de la Maestranza. La desaparición del coliseo lírico de la ciudad en los setenta del siglo XX, el Teatro San Fernando de la calle Tetuán, cuando llevaba además mucho tiempo sin destinarse a su intención original, y la vergonzosa transformación del Coliseo de España, que podría haber albergado este tipo de espectáculos con dignidad, unido a la esporádica representación de espectáculos operísticos en el Lope de Vega y la irregular y a menudo decepcionante labor que realizaba la Bética Filarmónica, hicieron de Sevilla durante muchos años un lugar desierto de buena música. Los fastos del 92 vinieron a solucionar este y otros desaguisados, y hoy celebramos la inauguración del Teatro de la Maestranza, que desde aquel 2 de mayo de 2021 y con la complicidad indisoluble de la ROSS, viene cubriendo con buena nota ese déficit cultural y convirtiendo a Sevilla en referente del sur en lo que a grandes eventos culturales se refiere.

El equipo técnico y artístico del Maestranza ha tenido que trabajar a contracorriente dadas las circunstancias, sorteando todo tipo de obstáculos para poder llevar a cabo esta merecida celebración, llegando incluso a proponerse dos días para dar respuesta a ese público que se había quedado fuera debido a las restricciones de aforo impuestas a los espacios culturales, aunque nada más salir de este espacio ventilado y protegido uno se tope con terrazas masificadas y sin mascarillas en el colmo del delirio y el disparate. En el programa una curiosa y angelada propuesta, piezas de óperas ambientadas en Sevilla y algunas otras compuestas por autores sevillanos. Otra culminación de un sueño que parecía ilustrar en su justa medida el espléndido catálogo que presentaron hace casi una década los profesores Andrés Moreno Mengíbar y Ramón María Serrera, con unos ciento cincuenta títulos relacionados con nuestra ciudad, en su mayoría olvidados pero con un buen ramillete protagonizando el repertorio habitual de cualquier coliseo lírico, un récord que ninguna otra ciudad es capaz de ostentar. A apenas un mes de recuperar Carmen para los y las sevillanas, la de ayer y hoy es una celebración que aplaudimos, la culminación del sueño de Mengíbar, Serrera y quienes nos dejamos cautivar por ese impagable recorrido que se erige en el mejor programa de mano para el concierto con el que celebramos los primeros treinta años del Maestranza.

Siete grandes voces

Bros y Arteta
La repentina indisposición del barítono malagueño Carlos Álvarez obligó a sustituirlo por el canadiense Jean-Kristof Bouton, que se halla en Sevilla ensayando su papel de Escamilla en Carmen. Se da la curiosa circunstancia que de este modo los dos Escamillas, él y Simón Orfila, que se alternarán a partir del 24 de mayo, coincidieron en esta gala lírica. Una interpretación de la Obertura de Fidelio de texturas gruesas y algo desaliñadas dio paso al aria de Alfonso en los jardines del Alcázar con la que el rey de Castilla declara su amor a Leonor de Guzmán en La favorita, que Bouton defendió con buen gusto, timbre aterciopelado y tono equilibrado, aunque con una proyección algo justa que la dirección de Mena se encargó de eclipsar aun más. Y tras la Leonor beethoveniana y la que protagoniza La favorita, llegó la rutilante y cada vez mejor colocada voz de Leonor Bonilla, reciente su éxito en el recital que brindó hace un par de semanas en el Espacio Turina dentro del ciclo organizado por la ASAO. Con ella disfrutamos de la primera de las recuperaciones de esta cita, el Cristoforo Colombo de Ramón Carnicer, con el que junto al Coro de Amigos del Maestranza la soprano sevillana exhibió dominio de la coloratura y unos agudos refulgentes que merecieron la primera gran ovación de la noche. Simón Orfila puso su buen oficio, potente y equilibrada voz y eficiente teatralidad al servicio de la romanza Cual rayo que aniquila, de la zarzuela María del Pilar del compositor sevillano Gerónimo Giménez, que Juan de Udaeta recuperó hace apenas tres años. De ahí pasamos a la potentísima voz de José Bros, que aunque con cierto exceso de nasalidad, defendió con eficacia el célebre canto desesperado de Don José en Le fleur que tu m’avais jetee de Carmen.

Bonilla y Hernández
No podía faltar en el programa una obra de Manuel García, en este caso la obertura de La muerte de Tasse, ópera que pudimos ver en el Maestranza en enero de 2008, de la que Mena ofreció una interpretación algo desvaída y poca sustanciosa, para a continuación dar paso a la primera intervención en solitario del coro en Le diable á Seville del valenciano José Melchor Gomis, otra ópera recuperada recientemente, ambientada en el levantamiento del general Riego contra Fernando VII. Y de ahí a esa exaltación del españolismo que es el simpático dúo de Soleá y Rafael en El gato montés del maestro Penella, que Ainhoa Arteta, siempre tan generosa con nuestra ciudad, y Bros resolvieron con gracia y salero, como se suele decir. Faltó un mayor sentido del drama en la obertura de Don Giovanni de Mozart, ya desde un arranque poco amenazador, pero la también sevillana Rocío Ignacio cantó con buen gusto y considerable expresividad el aria de la Contessa de Las bodas de Fígaro. Luego tuvimos oportunidad de disfrutar con el notable sentido de la musicalidad que Carnicer fue capaz de dotar a su particular Don Juan (Il dissoluto punito) y comprobar de la mano de un inspiradísimo Orfila que en su catálogo de conquistas también figuraban mil tres españolas. Las dos voces más frescas de la noche, la de Bonilla y el descubrimiento que fue para nosotros el tenor tinerfeño Airam Hernández, con una voz poderosa, de precioso timbre y magnífica entonación, aunque se quedara algo corto en las agilidades, pusieron en pie una larga escena de este Don Giovanni de Carnicer. Y volviendo al de Mozart, Bonilla y Orfila rubricaron su talento con Per queste manine, mientras Hernández nos deleitó con Il mio tesoro in tanto hasta el estremecimiento.

Ignacio y Mena
Otras dos perlas siguieron en el recorrido, una magnífica interpretación del Coro de prisioneros de Fidelio, en el que sobresalieron los solistas de las voces masculinas, y la recuperación de Conchita, una ópera del siglo XX en la que Riccardo Zandonai redefine el mito de Carmen con una profusa orquestación, tintes straussianos y korngoldianos y el gratificante desparpajo de Rocío Ignacio. Arteta defendió después con enorme dramatismo y mucha sensibilidad el Pace de La forza del destino, obteniendo una gran ovación. Y junto a Bros y Orfila un Non imprecare, umiliati en el mismo registro y con un impecable acompañamiento de Mena a la batuta, que mantuvo en todo momento un loable respeto a las voces. El brindis de La traviata culminó esta celebración, como lo hizo hace treinta años de la mano de Domingo, Carreras, Lorengar, Caballé, Berganza, Kraus y otros cuando inauguraron este templo de la música. Pero esta vez se echó en falta algo de discurso que nos guiara por este fascinante recorrido y diera mayor empaque al evento que celebrábamos, o al menos introdujera con simpatía y oportunidad ese brindis final que merecemos todos y todas quienes hacemos posible este sueño que esperemos sea interminable.

Fotografías: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía