viernes, 17 de octubre de 2025

BALA PERDIDA Tratamiento bestial de choque

Título original: Caught Stealing
USA 2025 107 min.
Dirección
Darren Aronofsky Guion Charlie Huston, según su propio libro Fotografía Matthew Libatique Música Rob Simonsen e IDLES Intérpretes Austin Butler, Regina King, Zoë Kravitz, Matt Smith, Benito Martínez Ocasio, Liev Schreiber, Vincent D’Onofrio, Griffin Dunne, Yuri Kolokolnikov, Nikita Kukushkin, George Abud, Carol Kane, Action Bronson, D’Pharaoh Woon-A-Tai Estreno en Estados Unidos 29 agosto 2025; en España 10 octubre 2025


En las últimas semanas han sido varios los directores que en algún momento fueron firmes promesas del cine estadounidense, que nos han presentado trabajos fuertemente decepcionantes por su violencia gratuita y su escandalosa vacuidad de ideas, a pesar del enorme despliegue técnico que derrochan. Puede que sea su forma de denunciar, echando mano del cinismo y la ironía, la estulticia generalizada del actual sistema político y social de un país que en los últimos tiempos está enseñando más las orejas que nunca. Pero lo cierto es que los resultados no pueden ser más lamentables. Hablamos de Ari Aster (Eddington), Paul Thomas Anderson (Una batalla tras otra) y ahora Darren Aronofsky con esta Bala perdida cuyo título original es Atrapado robando.

Es notorio el gusto por el exceso del director de El luchador, en cintas algunas tan admiradas como Réquiem por un sueño, Cisne negro o La ballena, pero aquí se excede de forma extraordinaria y casi insufrible a la hora de narrar las dramáticas peripecias de un joven antigua promesa del béisbol que tras quedar traumatizado por un accidente, sufre como terapia de choque la intriga criminal y continua persecución en la que le sumerge involuntariamente un vecino de escalera. Cuesta tomarse en serio un trabajo en el que el protagonista campa a sus anchas con una herida de extracción de riñón todavía fresca, pero tampoco cabe saludarla como la comedia que muchos reivindican. Se trata de la primera experiencia como guionista del autor de novelas violentas Charlie Huston, basándose en su propio libro, y sorprende que se considere como una especie de comedia de enredo criminal cuando sus episodios van derrochando sangre y tragedia.

Hay ritmo y buena puesta en escena, faltaría más, también mucho exhibicionismo de su protagonista, Austin Butler, al que recordamos como Elvis en la película de otro amante del exceso, Baz Luhrmann. Pero se supera en violencia y banalidad, aunque no llegue al mal gusto que sí impera en otras producciones del género. Por supuesto que se puede disfrutar con algunas secuencias de acción brillantes, y con un reparto multiestelar aunque la fuerte caracterización haga difícil identificar a Griffin Dunne (¡Jo, qué noche!), Liev Schreiber, Vincent D’Onofrio, Carol Kane (Annie Hall) y el mismísimo Bad Bunny, que interviene bajo el nombre de Benito Martínez Ocasio.

LOS EXTREMOS TÉRMICOS DE SHISHKIN Y ALBIACH

Concierto nº 2 del Ciclo Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dmitry Shishkin, piano. Álvaro Albiach, dirección. Programa: Polednice Op. 108 B.196 y Sinfonía nº 7 en re menor Op.70 B.141, de Dvorák; Rapsodia sobre un tema de Paganini en la menor Op.43, de Rachmáninov. Teatro de la Maestranza, jueves 16 de octubre de 2025


Aunque el programa se anunció como Sinfonía eslava, acentuando el origen checo y ruso de los compositores convocados, lo cierto es que fue la influencia británica la que estuvo más presente en las partituras seleccionadas. La séptima, primera de las tres sinfonías que culminan con magisterio y brillantez el catálogo sinfónico de Dvorák, fue un encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres que el compositor asumió intentando sustraerse al espíritu bohemio que se le suponía, para adaptarse a las corrientes germanas que tanto admiraba, especialmente su muy admirado Brahms.

La famosa rapsodia de Rachmáninov fue su último trabajo concertante para piano y orquesta, compuesto ya en su exilio estadounidense y plegándose a un estilo musical ampliamente abrazado en las islas británicas, tan apreciable por ejemplo en las composiciones cinematográficas inglesas de la época. La tercera de las piezas programadas fue quizás la que mejor respondió al espíritu convocado; eso y el carácter profundo, serio y tan sumamente mecanizado del pianista invitado.

Más técnico que emotivo

Si hay algo que caracterice a la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmáninov, además de su popularidad, lo que le ha llevado a ser programada en multitud de ocasiones, es su efusividad lírica y su extrema elegancia. Extraer estas virtudes de la partitura exige una expresividad poética y un lirismo que el joven ruso Dmitry Shishkin no fue capaz de poner en práctica, al menos en toda su amplitud.

Cabía esperar que el pianista hiciera gala de su escuela y tradición, pero no de manera tan extrema, como si retrocediéramos varias décadas. Arrancó nervioso e incluso algo inseguro, pero rápidamente se corrigió y se limitó a ser endiabladamente rápido, vertiginoso, a lo que Álvaro Albiach se plegó con acierto y profesionalidad. No cabe reprocharle sentido de la vitalidad y de la variedad de estilos y ritmos que la pieza atesora, pero no fue capaz de insuflarle esa riqueza lirica que contienen algunas de sus variaciones, especialmente la archiconocida y casi milagrosa número 18, que nos emocionó más en manos de la orquesta, bajo el lirismo que fue capaz de transmitir la batuta, que en el mecanicismo frío y distante de Shishkin.

El pianista es un auténtico entusiasta, como demostró ofreciendo sin tener que insistirle dos propinas, una de ellas con la técnica virtuosa y enfervorecida que le exige Prokofiev. Acertó más con las sonoridades sombrías que con las más dolientes de las variaciones, y no se le puede negar que estuviera a la altura en las efervescencias rítmicas que contiene la partitura, pero incluso entonces echamos en falta algo más de drama e intensidad emocional.


Una batuta intensa y dramática

En las antípodas de la frialdad rusa estuvo la fogosidad del director valenciano, que con ayuda del concertino asistente Juho Valtonen edificaron un Dvorák efusivo e intensamente dramático, primero con el poema sinfónico La bruja del mediodía, en el que fue perfectamente apreciable la narrativa de este tétrico cuento tradicional checo, lo que no es fácil porque tampoco el autor lo dejó meridianamente claro. A fuerza de contrastes y acentos, y unas transiciones tan medidas como suaves, Albiach logró una exposición brillante de la pieza, destacando el trabajo de las maderas, imponentes cuando el terrorífico personaje acecha, casi anticipándose a las corrientes expresionistas que aún tendrían años que esperar para imponerse.

Pero fue sobre todo en la magistral Sinfonía nº 7 donde pudimos apreciar un trabajo tan intenso y profundo del director y la orquesta, observándose claramente la intención de Dvorák respecto al universo brahmsiano. Una enorme carga de energía se adueñó del allegro maestoso inicial, con un tratamiento épico soberbio y un trabajo sobresaliente de los metales. Muy inspirado e igualmente ardiente resultó el poco adagio, con una excelente incursión de las trompas en ese sorprendente pasaje wagneriano central. Albiach supo extraer toda la carga poética de esta preciosa página, para a continuación mostrar el ritmo y la dicha del scherzo-vivace, única concesión clara a los orígenes del autor, y finalizar con un ardor exacerbado y dramático en el allegro final a ritmo de marcha, desembocando en una explosión de majestuosidad y optimismo.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 15 de octubre de 2025

TRON: ARES Un espectáculo a-tron-ador

USA 2025 119 min.
Dirección
Joachim Ronning Guion Jesse Wigutow y Jack Thorne Fotografía Jeff Cronenweth Música Nine Inch Nails Intérpretes Jared Leto, Greta Lee, Evan Peters, Jodie Turner-Smith, Gillian Anderson, Hasan Minhaj, Arturo Castro, Jeff Bridges Estreno en España y Estados Unidos 10 octubre 2025

Hay una sala en Sevilla donde este tipo de películas potencian su atractivo, y sin embargo sorprende comprobar cómo a sus responsables les cuesta tanto convocar público. Su pantalla LED, única en Andalucía y de las pocas que se pueden disfrutar en nuestro país, y su sistema de sonido Atmos, envolvente y atronador, no encajan con el ridículo precio que se pide por su entrada y, sin embargo, ni por esas. Ahí hemos disfrutado de un espectáculo, además en versión original, que hasta en eso se esmera la empresa, que se justifica especialmente por su sofisticada puesta en escena y su deslumbrante técnica en efectos visuales y sonido espectacular.

Por lo demás, Disney continúa con su ofensiva de sacar el máximo provecho a todo lo que fagocita. Tron fue en 1982 una arriesgada y vanguardista película que no recibió entonces el respaldo del público que ha ido cosechando con el tiempo. Casi treinta años tuvieron que pasar para que los avispados de la productora decidieran hacer una secuela, Tron Legacy, y quince para conocer esta tercera entrega. Todo apunta a que la próxima no se hará esperar. El elegido para dar forma a esta exhibición tecnológica es Joachim Ronning, director noruego que se dio a conocer con Kon-Tiki y enseguida saltó a Hollywood para dirigir Piratas del Caribe: La venganza de Salazar y Maléfica: Maestra del mal. Jared Leto interpreta a Ares, un prodigio informático capaz de interactuar con humanos, que necesita la estabilidad que le puede reportar una diseñadora de videojuegos, y que tanto anhela el malvado de turno. A partir de ahí surge el típico conflicto que provoca persecuciones espectaculares, episodios de acción extrema y una pizca de humor.

Todo bien agitado y bañado por la música de Trent Reznor y Atticus Ross, dos veces ganadores del Oscar (La red social y Soul), que esta vez firman con el nombre de su famoso grupo pop, Nine Inch Nails, de igual forma que de la anterior entrega se encargaron Daft Punk. Jeff Bridges, protagonista de la primera cinta, aparece ilógicamente envejecido teniendo en cuenta que quedó atrapado en la realidad virtual cuando aún no era tan mayor. Todo lo demás es estruendo y adrenalina, más parecido a las películas de superhéroes que a los videojuegos, algo que sí lograba emular la película que en su día dirigió Steven Lisberger, y que al margen de Persecución muy, muy caliente y Slipstream, consagró su vida profesional a esta franquicia creada por él mismo.

UN FANTASMA EN LA BATALLA El dolor como arma de combate

España 2025 105 min.
Guion y dirección
Agustín Díaz Yanes Fotografía Paco Femenía Música Arnau Bataller Intérpretes Susana Abaitua, Andrés Gertrúdix, Iraia Elías, Raúl Arévalo, Ariadna Gil, Jaime Chávarri, Arnatz Zuazua, Almagro San Miguel, Eduardo Rejón Estreno en el Festival de San Sebastián 23 septiembre 2025; en salas 3 octubre 2025; en Netflix 17 octubre 2025

De vez en cuando Netflix permite que algunas de sus producciones puedan verse en pantalla grande antes de debutar en su plataforma doméstica, permitiéndonos disfrutar como se debe de películas como ésta, compartiendo así en grupo las emociones que destila. El mejor Agustín Díaz Yanes, el de su debut en la dirección con Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, se asoma en ésta su sexta película, ocho años después del fiasco que supuso Oro, y con otras decepciones acumuladas, como la de Alatriste. Irremediablemente condenada a ser comparada con el gran éxito del año pasado que fue La infiltrada, la película de Díaz Yanes coincide con ésta en la idea de mujer policía, o guardia civil, infiltrada en la organización criminal ETA, para colaborar de forma decisiva en su desarticulación. Sin embargo, donde allí teníamos fundamentalmente una cinta de acción e intriga, aquí encontramos una mayor profundidad en el tratamiento del material dramático, con un personaje principal más vulnerable, sufriente y en continuo desafío consigo misma. 
Pero sobre todo encontramos un ejercicio de introspección con el dolor sufrido por tantos y tantas españolas durante demasiado tiempo.

Tras unos ochenta exageradamente sanguinarios, los noventa conocieron la ejecución de nombres de la talla de Ordóñez, Múgica o Tomás y Valiente, el terrible episodio del secuestro de Ortega Lara y, sobre todo, la maquiavélica amenaza de matar a Miguel Ángel Blanco, poniendo en jaque a toda una nación y culminando en un final ni siquiera imaginable por el más perverso de los guionistas cinematográficos. De todos estos episodios se hace eco, con la seriedad y el sentido homenaje a las víctimas que exige, la dura e inflexible película de Díaz Yanes, donde brilla una Susana Abaitua contenida y no por ello menos expresiva.

La gramática precisa y directa de la película se combina con el excelente trabajo de la plantilla artística y su perfecto acabado técnico, mientras la eficaz narrativa nos conduce por el camino de desasosiego que sufre la protagonista, de forma ascendente, dolorosa y casi irrespirable. Todo un alegato contra lo que nunca debería repetirse, pero sin simplificarlo todo a buenos y malos, dejando sin acentos innecesarios que los terroristas lleven también su cruz, que sean conscientes de su inevitable destino. La banda sonora, asfixiante y dramática de Arnau Bataller, se combina de manera ejemplar con las canciones italianas, fundamentalmente de Mina, que sirven al mando para comunicarse con la impagable y, a todas luces, trágica heroína.

lunes, 13 de octubre de 2025

DOWNTON ABBEY: EL GRAN FINAL La fuerza y la distinción del lenguaje

Título original: Downton Abbey: The Grand Finale
Reino Unido-USA 2025 123 min.
Dirección
Simon Curtis Guion Julian Fellowes Fotografía Ben Smithard Música John Lunn Intérpretes Michelle Dockery, Elizabeth McGovern, Hugh Bonneville, Jim Carter, Laura Carmichael, Paul Giamatti, Penelope Wilton, Joanne Froggatt, Dominic West, Allen Leech, Brendan Coyle, Lesley Nicol, Harry Hadden-Paton, Robert James-Collier, Arty Froushan, Michael Fox, Joely Richardson Estreno en Reino Unido y Estados Unidos 12 septiembre 2025; en España 10 octubre 2025

Downton Abbey
triunfó en televisión durante cinco años. Cincuenta y dos capítulos repartidos entre seis temporadas, fruto de la creatividad de Simon Fellowes, quien podría decirse había esbozado la operación en la aclamada película de Robert Altman Gosford Park. En cualquier caso, ambas producciones se basaban sin lugar a dudas en la mítica serie de los setenta Arriba y abajo, pero con una producción más holgada y lujosa. Simon Curtis ha sido de nuevo el elegido para dirigir esta tercera parte de lo que se supone una trilogía cinematográfica a partir de los personajes y vicisitudes de la serie, y que por lo tanto culminaría con este título. Un film que se ambienta en 1930, y que tiene al personaje interpretado por la atractiva Michelle Dockery como figura central, heredera del legado de la familia Crawley. Los prejuicios sociales y la crisis económica devenida como consecuencia del crack, y que sirve para dar relieve a la participación estadounidense en la producción, centran el episodio central de una película que, como las precedentes y la propia serie, cuenta tantas historias cruzadas como infinidad de personajes se pasean por la pantalla.

Un trabajo dinámico del artesano director Simon Curtis, cuyos trabajos más destacados son Adiós Christopher Robin, La dama de oro y Mi semana con Marilyn. Sin embargo, tal amalgama puede resultar indigesta e incomprensible, dada la cantidad de personajes y nombres, para quien no esté familiarizado con el conjunto. No obstante, su lujosa factura, el encanto de las localizaciones y el buen rollo y discutible amabilidad que destila, logran que el film se deguste con agrado. En este punto, destacamos lo que a nuestro juicio más nos ha cautivado, que es el exquisito y acertado uso del lenguaje, paradigma de los buenos modales y acierto como vehículo indiscutible que tenemos para expresarnos y hacernos entender, algo así como arma infalible para resolver problemas de toda índole, y que si nuestros políticos dominaran como debieran, evitarían mucha violencia.

En cierto momento, Lady Edith, como todos los demás excelentemente interpretado por Laura Carmichael, le lee la cartilla en plenas carreras de Ascot, magistralmente recreadas, a un presunto estafador de la familia. Todo un ejemplo de oratoria impecable, exquisita dicción (imprescindible la versión original) y lección interpretativa, que se repite a lo largo de la película en otras circunstancias y personajes. Sólo por eso, ya cabe dejarse seducir por la supuesta última entrega de la saga. Entre las curiosidades, destacar la presencia como personaje de Noel Coward, interpretado en esta ocasión por Arty Froushan como en Gosford Park lo hizo Jeremy Northam. Una constante en el imaginario de Julian Fellowes, que aporta calidad y encanto al conjunto, con sus canciones y citas literarias, llegando incluso a incluir como chiste su inspiración en el servicio del castillo para la comedia Vidas privadas. Por supuesto, hay homenaje y dedicatoria para la inimitable Maggie Smith.

sábado, 11 de octubre de 2025

EL TALENTO MEXICANO BRILLA EN UN DON GIOVANNI DE ENSUEÑO

Mariano García Valladares, dirección musical. Con Jan Antem, Daniel Noyola, Bryndis Gudjónsdöttir, Karen Gardeazabal, Montserrat Seró, Pablo Martínez, Yoshihiko Miyashita y Luis López Navarro. Teatro de la Maestranza, viernes 10 de octubre de 2025

Karen Gardeazabal y Daniel Noyola

Se echa mano de un segundo reparto, o reparto alternativo, cuando se programan tantas funciones de un mismo título que algunas tienen que ir seguidas en el calendario, con el peligro que supone para la salud de las voces, lo que conlleva también otra dirección musical que trabaje con los y las cantantes alternativas. Normalmente sólo hace falta sustituir a quienes cantan los roles principales, pero en Don Giovanni, como sucede también en otras óperas mozartianas, todas las voces tienen protagonismo y necesitan que se articule ese segundo, o alternativo, reparto.

Suele suceder que una combinación de voces que suenan en uno y otro elenco sea la mejor opción para disfrutar plenamente del espectáculo, pero provocaría un grave desequilibrio que el público no merece. No es cuestión de comparar los intérpretes de uno y otro elenco, por lo que nos limitaremos a destacar el trabajo de cada uno y una de este segundo, empezando naturalmente por quien da vida al personaje central, un Don Giovanni que sonó en la voz de Jan Antem con fuerza y decisión, aunque aún requeriría algo más de volumen y proyección. El joven catalán nos brindó un La ci darem la mano y una serenata en las que primaron el buen gusto en el fraseo y el sentimiento en el espíritu.

Jan Antem y Montserrat Seró

Pero como barítono, le ganó la partida Daniel Noyola, joven también talento mexicano al que ya disfrutamos en el Ariadne auf Naxos de la pasada temporada. Contó además con el mérito de hacerse con el papel apenas unos días antes de la representación, ya que acudió a última hora como remedio por la caída que el previsto, también mexicano Emmanuel Franco, sufrió hace una semana en la tarima de un decorado que nos sigue fascinando, sobre el que se despliega un excelente teatro con movimientos escénicos de ensueño. Noyola afrontó su papel de Leporello con vozarrón y enorme sentido cómico, suscitando una gran ovación al término del agradecido catálogo de conquistas.

Otra voz mexicana que nos sorprendió gratamente fue la de Karen Gardenazabal, que se enfundó en una Doña Elvira profundamente dolida y sufriente, con voz generosa, amplio registro y versátil expresividad, además de un timbre metálico y de enorme belleza. Otra de las mayores ovaciones de la noche lo mereció su hermosísimo Mi tradi quell’alma ingrata. También convenció nuestra ya familiar Bryndis Gudjönsdöttir, que tras alzarse hace ya algunas ediciones con el premio Nuevas Voces de Sevilla, pisa con cierta frecuencia nuestros escenarios. Su voz potente y bien proyectada, aunque con un timbre una pizca estridente, se hizo fácilmente con el papel de Doña Ana, si bien evidenció algunos roces y asperezas entre trinos y sobreagudos sobresalientes, además de una solvente capacidad para modular.

Bryndis Gudjónsdöttir y Pablo Martínez

A Pablo Martínez le falta más seguridad para resolver algunos problemas de afinación y rebajar vibrato, pero posee una hermosa voz, con la potencia suficiente para aportar emoción y sentimiento, especialmente en su aria Dalla sua pace. Más discreto fue el trabajo de Montserrat Seró como Zerlina. Tiene gracia y talento, pero acusa cambios de registro algo forzados y le falta en general un mayor volumen. Más acertado como actor que como cantante, cambiando a discreción tonos y registros, estuvo Yoshihiko Miyashita, mientras el malagueño Luis López Navarro logró, pese a su juventud, un convincente Comendador, con el tono justo para resultar suficientemente amenazante y aterrador.

En cuanto a la batuta, en manos del también mexicano Mariano García Valladares, parece increíble que con apenas veintitrés años se pueda tener tal control y dominio de la partitura, fundirse con las voces con tanto acierto y confianza, y lograr que la plantilla de la ROSS se ajuste a sus requerimientos con tanto sentido de la obediencia y la responsabilidad, logrando entre todos y todas una lectura brillante de la imponente música de un Mozart siempre tan fluido y natural.

Fotos: Guillermo Mendo

viernes, 10 de octubre de 2025

LA JUVENTUD BAILA Y SE COMPROMETE

Felling ROSS. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en colaboración con Juventudes Musicales. Álvaro Lozano Cames, violonchelo. María Castillo Mora, clarinete. Josep Planells Schiaffino, dirección. Programa: Obertura de Il mondo della luna Hob. 28/7 y Concierto para violonchelo nº 1 en Do mayor Hob. VII B1, de Haydn; Obertura de La finta giardiniera y Concierto para clarinete en La mayor K.622, de Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de octubre de 2025

Fue todo un acierto por parte de la ROSS y Juventudes Musicales de Sevilla programar un concierto de estas características. Primero porque son ya varios los fructíferos años en los que se ha celebrado esta colaboración que brinda una oportunidad única a jóvenes valores de nuestro entorno para demostrarse a sí mismos y a los demás lo que valen, y contribuir así a ese empujoncito que necesitan para lanzar definitivamente sus carreras. Y segundo, por las piezas seleccionadas para la ocasión, puro clasicismo tan acorde al título operístico que se viene ofreciendo estos primeros días del mes de octubre, un Don Giovanni que enmarca a la perfección la propuesta de la orquesta y los jóvenes talentos seleccionados, todos y todas inmersas en la época y el estilo.

Parafraseando a La juventud baila, microespacio del programa Aplauso que a finales de la década de los setenta del siglo pasado convocaba a toda la familia alrededor del televisor para ver a jóvenes concursar bailando a ritmo de música disco y rock‘n’roll, los dos solistas de ayer tarde parecían dejarse llevar por el baile en sus felices comparecencias ante el público del Maestranza. Un público que, nos congratulamos, está en continua renovación, lo que significa que propuestas como ésta acerca nueva afición a la música clásica. Sólo así se comprende que gran parte de los y las asistentes aplaudieran después de cada movimiento de las piezas concertantes.

El jovencísimo malagueño Álvaro Lozano Cames exhibió en todo momento un porte aristocrático abrazando el violonchelo como si fuera su pareja de baile (de salón), con la cabeza bien alta mirando a un horizonte quizás no tan lejano. Así desgranó, con absoluta seguridad y un sentido inusitado de la elegancia para su corta edad, el primero de los dos conciertos que Franz Joseph Haydn compuso para el instrumento. Lozano Cames se desenvolvió con fluidez, manteniendo un sonido homogéneo que combinó hábilmente dulzura y aspereza, con suficiente cuerpo y líneas muy definidas tanto en el ritmo marcial del primer movimiento, la melódica cantinela del adagio y el fuego atlético del allegro final. Muy preciso también en el control de las dinámicas y la medición del rubato, la suya fue una exhibición ambiciosa y bien articulada en busca de una voz propia que estamos seguros llegará a encontrar pronto. Secundado por sus compañeros de instrumento, ofreció un Cant dels ocells, popularizado por Pau Casals, de hondo sentimiento.

Con gesto serio, la onubense María Castillo Mora no pudo, sin embargo, frenar su cuerpo, siempre atento al ritmo marcado por Mozart en su inmortal Concierto para clarinete, cuya fama potenció aún más su integración en la banda sonora de John Barry para Memorias de África. No fue la suya una interpretación meramente académica de tan trillada pieza, sino que echando mano de la imaginación y la fantasía, intentó insuflar también de personalidad su rendimiento, aportando un juego de dinámicas muy arriesgado y unas florituras de difícil resolución, sobre todo en las cadencias. En el famoso adagio central llegó a emitir notas en un delicado pianissimo, algo muy difícil incluso para los más experimentados. Ni que decir tiene que su dominio de la respiración fue sencillamente impecable. Una profusamente ornamentada versión de la Habanera de Carmen sirvió como propina tras un elocuente y emocionado agradecimiento de la solista a todos y todas quienes contribuyeron a tan feliz acontecimiento, incluida una orquesta con la que confesó haber crecido a lo largo de años de asistencia a sus conciertos de abono.

También joven, el valenciano Josep Planells Schiaffino se encargó de arropar con respeto y precisión las interpretaciones de los jóvenes talentos convocados, ofreciendo como adelanto en cada parte del programa una obertura operística de carácter bufo con el que dejó claras sus formas clásicas y su capacidad para que la reducida plantilla se ajustara en la medida de lo posible al estilo y el espíritu de la época, a través de esa tercera vía que permite recrearlos con instrumentos modernos.