jueves, 4 de diciembre de 2025
GOLPES Historias en transición
MARINA REBEKA DESTACA EN LUCREZIA Y LOS LOBOS
Si
no fuera porque esta coproducción se ha podido ver y escuchar ya en las sedes
de los otros teatros asociados, Tenerife, Oviedo y Bolonia, diríamos que su
escenógrafo se podría haber inspirado en
el antiguo mercado sevillano de la Puerta de la Carne para crear el espacio
en el que desarrollar la historia, con esa mezcla de edificio industrial
abandonado con toques de decoración art propia de los años treinta en los que
la directora escénica Silvia Paoli
ha decidido ambientar este drama maquiavélico.
Una
puesta en escena poco acertada
De
nuevo asoma la ambición desmedida de un
regista, en este caso una, para imponerse al verdadero brillo y talento de
la música, aunque esta vez hemos de reconocer que por poco que nos hayan gustado sus soluciones formales, estéticas y
psicológicas, pareció seguir el drama musical con cierto respeto. Lucrecia
Borgia representó durante mucho tiempo el icono de mujer vengativa y despiadada, una forma que el hombre siempre ha
tenido de ensombrecer y marginar a la mujer, y que tiene su máxima
representación en la figura de las brujas, todavía hoy vigente.
Paoli
ha preferido, en lugar de respetar la
época y osar ahí mismo cambiar el mito y hacerle justicia, trasladar la
época al período de entre guerras dominado por Mussolini, lo que en principio
no resulta descabellado, dado el ambiente
malsano de crueldad y depravación que comparte con la Italia de los Borgia,
despiadada familia de papas con origen valenciano. En ese contexto Paoli se
empeña en hacer todo un muestrario de
humillaciones de la mujer, desde las prostitutas del prólogo, pasando por
las masacradas protagonistas de una snuff
movie del primer acto, hasta las mujeres florero del segundo, víctimas de
la moda, convertidas en réplicas de Jean Harlow como Billy Wilder hizo en la
fiesta de El mayor y la menor, donde
todas las adolescentes lucían como Veronica Lake.
Como
puede observarse, todo estaba ya
inventado antes de que Paoli llegara con sus ocurrencias, algunas de las
cuales desviaron nuestra atención de lo que verdaderamente importa, la música,
algo que nunca se debe hacer. El
colmo fueron las gracietas que tuvieron
que hacer los integrantes del coro, destinadas a ridiculizar con brocha
gorda al ejército fascista, como la sesión de gimnasia o el baile a lo musical
de Broadway, todo resuelto con ausencia
total de gracia y buen gusto.
Afortunadamente
hubo calidad en lo musical
En
lo estrictamente musical hubo mucha más
dignidad y acierto. La soprano letona Marina
Rebeka debutó aquí en el papel principal, después de una fulgurante carrera
que le ha paseado por los mejores escenarios del mundo. Y demostró desde los
primeros acordes tener dominado el papel, acomodando
sin aparente esfuerzo su voz y su estilo a lo demandado por el complejo papel,
tanto en lo dramático como en lo canoro. El suyo sí fue un trabajo delicado y
cargado de buen gusto y elegancia. No hacía falta rodearla de lobos, otra
ocurrencia ridícula, primero como niña convertida en Caperucita Roja, para que
ella sola, con su actuación y canto, mostrara una Lucrecia atormentada y sensible, con una fuerte carga
sentimental volcada hacia su hijo ilegítimo y presunto fruto del incesto,
Gennaro.
También
convenció sobradamente el bajo polaco Krzysztof
Baczyk como Don Alfonso. Su voz
profunda y perfectamente colocada logró momentos estelares como Viva! Evviva!, mientras la mezzo Teresa Iervolino conjugó fuerza y expresividad
como un Orsini impecable, con una amplia
tesitura al servicio de, por ejemplo, un Segretto per esser felice de amplio registro y holgada coloratura.
Juntos, Iervolino y Kim lograron entonar un Onde
a lei ti mostri grato de gran calado
y considerable proyección. Cuatro principales de gran calidad, respaldados
con dignidad por el resto del elenco, particularmente los tenores Jorge Franco y Moisés Marín, éste
obligado a hacer el payaso en escena, y el bajo Matías Moncada.
En
el foso, el veterano Maurizio Benini se
desenvolvió como cabía esperar, con soltura y dominio de la partitura y la
gramática donizettiana. Acompañó las voces con respeto, acomodándose a las
diferentes tesituras, y logrando que la predecible
orquestación brillara con categoría, sonoridades singulares y largas
figuraciones, dejando al conjunto orquestal supeditado a la expresividad y el virtuosismo de las voces. Menos
resuelto estuvo en esta ocasión el coro, que sonó algo descompasado y
destemplado en el prólogo, si bien más tarde potenció el trabajo de los cantantes, especialmente el septeto de
militares del segundo acto. Lástima que este buen trabajo musical no tuviera
parangón en una puesta en escena
caprichosa y desventurada, bajo una dirección escénica tan esquemática como
otras muchas producciones que no aciertan en el trabajo puramente dramático.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
martes, 2 de diciembre de 2025
LA VOZ DE HIND Infancia feliz
Túnez-Francia 2025 89 min.
Guion y dirección Kaouther Ben Hania Fotografía Juan Sarmiento G. Música Amin Bouhafa Intérpretes Motaz Malhees, Saja Kilami, Amer Hlehel, Clara Khoury Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2025; en Túnez 17 septiembre 2025; en España 28 noviembre 2025
lunes, 1 de diciembre de 2025
SINGULAR Dolor virtual
Dirección Alberto Gastesi Guion Álex Merino y Alberto Gastesi Fotografía Esteban Ramos Música Jon Agirrezabalaga y Ana Asuaga Intérpretes Patricia López Arnaiz, Javier Rey, Miguel Irirarte, Íñigo Gastesi, Emilia Lazo Estreno en el Festival de Sitges 11 octubre 2025; en salas 28 noviembre 2025
domingo, 30 de noviembre de 2025
LA BARTOLI FUE EL RECLAMO, LA ORQUESTA LA REVELACIÓN
Orfeo ed Euridice, de Christoph Willibald Gluck. Libreto de Rainieri de Calzabigi. Ópera en concierto semiescenificada. Les Musiciens de Prince-Monaco. Gianluca Capuano, dirección musical. Il Canto di Orfeo (Jacopo Facchini, dirección del coro). Con Cecilia Bartoli y Mélissa Petit. Teatro de la Maestranza, sábado 29 de noviembre de 2025
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| Foto: Mª Ángeles Ruiz |
Con
tanto bullicio y oropel, nada hacía recordarnos que el Maestranza anda de luto tras el fallecimiento repentino de quien lo dirigió en aquellos ya lejanos años
de posicionamiento, José Luis Castro.
Si acaso, sólo la tristeza profunda
con la que el equipo comandado por la Bartoli, que como buena italiana, y si
fuera catalana igual, permite el artículo delante del nombre, abordó este singular título de la literatura lírica.
Una ópera que como aquel otro Orfeo
supuso toda una ruptura frente a lo hecho hasta entonces, un punto de partida
para lo que vendría después, en plena
transición del barroco al clasicismo.
Curiosamente,
Orfeo y Eurídice nunca se ha
representado escénicamente en el Maestranza, y sin embargo en el Villamarta de
Jerez lo ha hecho en dos ocasiones. Sí la
hemos disfrutado en versión concierto en mayo de 2011 de la mano de la
Barroca de Sevilla, con Enrico Onofri a la batuta y las voces de Carlos Mena,
Roberta Invernizzi y Maria Christina Kiehr. Ayer volvió a representarse en concierto, con pequeñas dosis escénicas,
apenas patentes en la interpretación de sus protagonistas, algún juego de
iluminación en el escenario y el patio de butacas, y un escueto vestuario.
Después
de tantos años
Cecilia
Bartoli no pisaba el Maestranza desde aquel glorioso recital de febrero de 2008, que provocó las más
estridentes y delirantes ovaciones jamás recordadas en el coliseo sevillano.
Han pasado casi veinte años y eso se nota en la voz, aunque menos de lo que
esperábamos. Tampoco es esta pieza de Gluck el vehículo ideal para el
lucimiento de las legendarias agilidades
de la diva. Precisamente frenar esas exhibiciones circenses fue uno de los
retos que se propuso el compositor de Baviera al engendrar este título mítico.
No
desaprovechó la Bartoli la ocasión para exhibir agilidades en aquellos pasajes
que lo permitieron, pero sobre todo demostró mantener un timbre sedoso, precioso, y una proyección sobrenatural.
Acusó más vibrato de lo habitual,
pero también una capacidad increíble para apianar
a discreción, como demostró en su declaración ante las furias, Che puro ciel, y sobre todo, en un
insólito Che faró senza Euridice? a
una vertiginosa velocidad, lo que le restó belleza, con cambios bruscos de ritmo que aprovechó para cantar de manera
estremecedora.
Como
en esta versión no hay final feliz,
imprescindible en la época para triunfar, la soprano francesa Mélissa Petit pudo desdoblarse como
Eurídice y Amor, pues sólo en la escena final, mutilada en esta versión, coinciden
ambos personajes en escena. Como Amor, portando un gran corazón para evitar
confusiones, abordó de manera impecable
Gli sguardi trattieni,
desenvolviéndose con corrección, buena interpretación y sentido del drama en el resto de su aportación, ya como enamorada y
desconfiada esposa.
Magníficos músicos y coro
Pero
quienes verdaderamente nos sorprendieron
fueron Les Musiciens de Prince-Monaco (o Les Musiciens du Prince), una
voluminosa orquesta de porte barroco que nos regaló una interpretación sumamente delicada de la partitura, de sonido
aterciopelado y cristalino, con aportaciones solistas de enorme categoría y un
trabajo en equipo de sobresaliente calado. En el apartado más dinámico, la
orquesta brilló en la obertura y muy
especialmente en una prodigiosa danza de
las furias, quizás algo exagerada en el apartado de percusión, pero
sensacional en todo lo demás. El milanés Gianluca
Capuano exprimió al máximo las posibilidades de tan acertado conjunto.
Así
mismo brillaron las voces de Il Canto di
Orfeo, que acertaron en lo musical y en lo dramático, logrando así adecuar la música al drama, como
pretendía el autor, combinando luz y oscuridad, sencillez y pathos, en definitiva amor y odio,
arropando de la mejor forma posible la intención de la gran protagonista de la noche, Cecilia Bartoli.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
BELLA Publirreportaje tópico pero necesario
Dirección Manuel H. Martín y Amparo Martínez Barco Guion Manuel H. Martín y Carmen Jiménez Fotografía (animación) Hilario Abad Música Beatriz López-Nogales Voces Michelle Jenner, Víctor Clavijo, Juan Carlos Villanueva, Gema Abad, Mercedes Hoyos, Numa Hoyos, Bernabé Rico, Hilario Abad, Manuel H. Martín Estreno en el Festival de valladolid 27 octubre 2025; en salas 28 noviembre 2025
sábado, 29 de noviembre de 2025
BLUE MOON Excelente crónica de una amargura existencial
Dirección Richard Linklater Guion Robert Kaplow Fotografía Shane F. Kelly Música Graham Reynolds Intérpretes Ethan Hawke, Margaret Qualley, Bobby Cannavale, Andrew Scott, Patrick Kennedy, Jonah Lees, Simon Delaney, Giles Surridge Estreno en el Festival de Berlín 18 febrero 2025; en Estados Unidos 24 octubre 2025; en España 28 noviembre 2025










