miércoles, 15 de diciembre de 2021

ZEROS AND ONES Cine anti acción feo e ininteligible

USA-Italia-Alemania-Reino Unido 2021 85 min.
Guion y dirección
Abel Ferrara Fotografía Sean Price Williams Música Joe Delia Intérpretes Ethan Hawke, Valerio Mastrandea, Cristina Chiriac, Babac Karimi, Dounia Sichov Estreno en el Festival de Locarno 12 agosto 2021; en Estados Unidos 19 noviembre 2021; en España 10 diciembre 2021

Ethan Hawke presenta visiblemente entusiasmado
el prólogo de esta nuevamente inclasificable película del caprichoso Abel Ferrara. A continuación nos congratulamos que por fin una película esté ambientada en plena pandemia, con mascarillas y militares desplegados por doquier. Pronto nos damos cuenta de que Ferrara sigue en sus trece de cultivar un cine feo y sucio, oscuro y narrativamente caótico
Apenas logramos averiguar de qué va esta enrevesada película; parece que el Vaticano y la mafia rusa, y algo de conspiración paranoica internacional, tengan algo que ver pero sinceramente no logramos interesarnos y apenas dedicamos esfuerzo a entenderlo.

Después de psicoanalizarse a sí mismo en la soportable Tommaso y la indescifrable Siberia, ambas con Willem Dafoe como protagonista, nos resulta imposible cogerle el pulso a este nueva aventura romana de este director que a pesar de todo consigue el apoyo de múltiples países para financiar estas empresas inútiles y carentes del mínimo interés comercial. Alguno incluso se deja deslumbrar por sus propuestas y hasta le entregan premios al mejor director, como sucedió en el Festival de Locarno donde se estrenó el pasado verano.

QUERIDO EVAN HANSEN El suicidio a terapia musical

Título original: Dear Evan Hansen
USA 2021 137 min.
Dirección
Stephen Chbosky Guion Steven Levenson, según el musical de Justin Paul y Benj Pasek Fotografía Brandon Trost Música Dan Romer, Justin Paul y Benj Pasek Intérpretes Ben Platt, Kaitlyn Dever, Julianne Moore, Amy Adams, Danny Pino, Nik Dodani, Amandla Stenberg, Colton Ryan Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2021; en Estados Unidos 24 septiembre 2021; en España 10 diciembre 2021


Se estrena este musical oportunamente cuando el debate sobre el suicidio está más candente que nunca, con un reciente caso de celebridad ocurrido en nuestro país que lo ha avivado más todavía, y con las noticias alarmando sobre el creciente número de suicidios juveniles como consecuencia del aislamiento producido por la pandemia. Surge además desde un país en el que los trastornos de la juventud, especialmente de estudiantes en institutos, ha crecido tanto que incluso ha provocado nuevos episodios de violencia con armas con resultado de muerte múltiple.

Con estos ingredientes salta de Broadway a la pantalla este musical de los letristas de La La Land y autores de la música y letra de El gran showman, Justin Paul y Benj Pasek, en el que un joven con trastorno de la personalidad, sometido a terapia y con un preocupante déficit para las relaciones sociales, ve cómo su vida da un giro insospechado a raíz de un equívoco tan curioso como original que tiene su raíz precisamente en el suicidio de un compañero de clase. Toda la trama se convierte así en una suerte de terapia mucho más eficiente y constructiva para su protagonista de la que pudiera urdir el mejor de los psicoanalistas. Hay sin embargo dos factores que juegan en contra de la película, su excesivo y una vez más innecesario metraje y el hecho de haber contado con el mismo actor que dio vida al Evan Hansen del título en el teatro, Ben Platt, célebre por la serie El político, cuya edad puede pasar desapercibida en el escenario, pero no en el cine, donde los frecuentes primeros planos no hay maquillaje que los soporte.

De esta manera el conjunto pierde credibilidad. Por lo demás, contar en la dirección con Stephen Chbosky, cuya especial sensibilidad para tratar el tema de los discapacitados sociales ya dio buenos resultados en Las ventajas de ser un marginado y Wonder, aporta un ingrediente conmovedor y conciliador en esta propuesta que juega además hábilmente con la ambigüedad sexual y el espinoso análisis de las relaciones paterno y maternofiliales. Las amables canciones, aunque sin grandes números coreográficos, y las aportaciones de las grandes Julianne Moore y Amy Adams añaden atractivo a esta estimable cinta.

lunes, 13 de diciembre de 2021

REGRESO DE LA ALEGRÍA CON LA FILM SYMPHONY ORCHESTRA

Fénix, La Gira de la Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, dirección. Programa: Temas y suites de The Mandalorian (Göransson), Ben-Hur (Rózsa), Fascinación (Herrmann), Los Bridgerton (Bowers), Matrix (Davis), El Código Da Vinci y Gladiator (Zimmer), Mucho ruido y pocas nueces (Doyle), Los intocables de Eliot Ness (Morricone), West Side Story (Bernstein), La conquista del oeste (Newman), La vida es bella (Piovani), El fabuloso mundo del circo (Tiomkin), Polar Express (Silvestri), El equipo A (Post y Carpenter), El señor de los anillos (Shore) y La bella y la bestia (Menken). Auditorio FIBES, domingo 12 de diciembre de 2021


Cuando un director y su orquesta son capaces de ofrecer una versión tan paladeada, llena de lirismo y tan acorde al espíritu del autor y la película a la que ilustra, como la que despacharon del Valse lente compuesto por Bernard Herrmann para la película de Brian de Palma Obsession (Fascinación en su versión española), es que se ha alcanzado un nivel de excelencia del que ya es difícil apearse. Martínez-Orts y la FSO están
de nuevo de gira, tras la pausa de la pandemia, ahora bajo el significativo título de Fénix, en alusión al ave que renace. En principio solo estaba prevista una cita en Sevilla, donde llenar el inmenso auditorio de FIBES ya vale lo que una doble o triple cita en otras capitales españolas. Sin embargo el éxito ha sido tal que ya se anuncia un regreso con el mismo programa en marzo. Apunten la fecha porque merece muchísmo dejarse contagiar por la alegría y la emoción que cada vez más suscitan estos jóvenes intérpretes comandados por el entusiasta y dicharachero director valenciano.

La fiesta arrancó en esta ocasión con el pegadizo e ingenioso tema principal compuesto por Ludwig Göransson para el spin-off de Star Wars The Mandalorian, para inmediatamente después atreverse con el épico preludio de Ben-Hur, versión William Wyler con la mastodóntica partitura del clásico Miklós Rózsa, en perfecto estilo y con un apropiado vuelo lírico en su zona central, el tema de amor. Otro clásico, Herrmann, le siguió, y tras él de nuevo la televisión con una amplia suite de Los Bridgerton, la popular serie de Netflix ambientada en la Norteamérica del siglo XIX, con la hermosa partitura de Kris Bowers (Green Book, Respect) que la orquesta interpretará en su integridad en una cita que tendrá lugar solo en Madrid, Barcelona y Valencia dentro de apenas un mes. La oportunidad que brinda la nueva entrega de Matrix y el remake spielberiano de West Side Story, que se estrenan en apenas unos días, hizo que se interpretaran sus partituras, con especial hincapié en las texturas atmosféricas de la primera y las inspiradas melodías de la segunda, sin olvidar un Mambo y un América de contagioso ritmo según suites preparadas al efecto, al igual que una selección con los tres temas principales de Los intocables de Eliot Ness, La fuerza de los justos, Tema de la muerte y Títulos finales, que contó con espléndidos solos de armónica y saxo y propició un sentido homenaje al desaparecido maestro Morricone. La vibrante obertura de Mucho ruido y pocas nueces, compuesta por Patrick Doyle, a quien los Encuentros de Música de Cine de Sevilla dedicaron un concierto en 1997, y el místico y crepuscular tema de El código Da Vinci de Hans Zimmer completaron la primera parte.

Sorprende comprobar cómo cada año la orquesta y su director se comprometen con espectáculos tan complejos y costosos, ambientados con extraordinarios juegos de luces y considerando el precio de las partituras cuyos derechos aún no han caducado, y que son la mayoría. Martínez-Orts controla perfectamente los tempi y el color de cada música según su estilo e intención, ofreciendo siempre las piezas en versiones fieles, sin arreglos ni superfluas florituras. Así transcurrió también una segunda parte en la que brilló la voz con tesitura de mezzo de Blanca Valido Montenegro, capaz de emular a Lisa Gerrard en Now We Are Free de Gladiator y a la mismísima Renée Fleming en El señor de los anillos sin que echásemos de menos a las originales, claro que la amplificación ayuda. Unos títulos iniciales de La conquista del oeste demasiado metálicos y una Marcha de John Wayne de Circus World (aquí El fabuloso mundo del circo) en la que se potenció en exceso el efecto trompa de elefante en los trombones, ocuparon la cota clásica de esta segunda parte en la que también pudimos disfrutar de la dulce y melancólica música de Nicola Piovani para La vida es bella, la navideña partitura de Alan Silvestri para Polar Express, el emblemático tema de El equipo A con sonido de helicóptero incluido, y la obertura que preparó Alan Menken para el remake de La bella y la bestia con personajes reales. Toda una fiesta y una inmensa alegría para aficionados y extraños que culminó en las propinas con un frenético y discotequero tema de Brian Tyler para Iron Man 3 que los jóvenes músicos no dudaron en bailar sobre el escenario, al igual que hicieron con el inevitable Cantina Band de La guerra de las galaxias que tradicionalmente pone punto y final a esta seguidísima cita con la mejor música de cine.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 12 de diciembre de 2021

LA CENICIENTA DE VIARDOT: SORPRENDENTE REVITALIZACIÓN DE UN CLÁSICO

Jóvenes Audiencias. La Cenicienta (Cendrillon), ópera de cámara de Pauline Viardot. Francisco Soriano, dirección musical y piano. Guillermo Amaya, dirección escénica e iluminación. Pablo Menor, escenografía. Raquel Porter, vestuario. Con Juliane Stolzenbach, Francisco Gracia, Ramiro Maturana, Juan Ramos, Vanessa Cera, Paola Leguizamón y Miriam Silva. Coproducción del Teatro de la Maestranza, Teatro Real de Madrid, Teatro Cervantes de Málaga y Fundación Ópera de Oviedo. Teatro de la Maestranza, domingo 12 de diciembre de 2021


Todavía recordamos con pesar aquella Cenerentola de Rossini presuntamente adaptada para públicos infantiles que pudimos ver y oír en este mismo escenario hace ya un buen puñado de años. El clásico de Perrault admite pocas oportunidades de remozamiento que sean adecuadas para una educación en valores mínimamente moderna y progresista. Sin embargo unos y otras siguen insistiendo en darle nueva vida y contenido para así no prescindir del que es sin duda un clásico absoluto, pero con tan escasa fortuna como sentido de la oportunidad, si no véase el fallido intento del último musical cinematográfico estrenado en Amazon con Camila Cabello como protagonista. Sin embargo siempre queda margen para la sorpresa, y cuando las ideas se tienen claras, el talento se derrocha y la imaginación se dispara, surgen milagros como este, que si no llega a anular todo lo que de inconveniente desde el punto de vista educativo tiene la empresa, logra maquillarla lo suficiente como para gozarla en una alta medida.

El pianista sevillano Francisco Soriano lleva muchos años empeñado en recuperar la música de Pauline Viardot, de quien este año celebramos el bicentenario de su nacimiento. Después de una considerable cantidad de recitales dedicados a su talento y memoria en escenarios como el Real Círculo de Labradores, Soriano ha encontrado el punto culminante de este ejemplar empeño en la recuperación de esta ópera de cámara que ahora podemos considerar en estreno oficial, ya que hasta el momento solo se había interpretado en las famosas veladas de salón de la polifacética artista, descendiente directa de nuestra ciudad por vínculo paterno, el tenor y compositor Manuel García. A Soriano se une en la empresa otro refulgente talento, el del escenógrafo Guillermo Amaya, que ha sabido como pocos adaptar este clásico a una idiosincrasia moderna y desprejuiciada, conjugando la educación en valores como la generosidad y la bondad, la falta de ambición en la riqueza y la sinceridad del amor, a la vez que da visibilidad a cuestiones como la diversidad sexual y de género a través de un impagable personaje con mucha pluma. A todo ello hay que añadir un trabajo extremadamente ingenioso para con pocos elementos de atrezzo crear toda una rica escenografía que se transforma con soluciones imaginativas y brillantes tales como la transformación de la protagonista de criada en elegante cortesana, o unas cajas de almacén con los logotipos del Real y el Maestranza que se convierten en elegante pared palaciega, sin olvidar el divertido carruaje y el dinamismo absoluto que respira la función como perfecto artefacto dramático. Ya quisieran muchos directores y directoras de escena de relumbrón alcanzar tanta creatividad y dinamismo con tan pocos recursos y ninguna pretensión.

Con mucho talento e ilusión

Lástima que se siga invitando a los más pequeños y pequeñas a soñar con ambientes palaciegos y fantasías monárquicas. La Cenicienta es lo que es y no se puede remediar, por eso insistimos en la necesidad de programar títulos de nuevo cuño amparados en historias modernas y diferentes para aficionar a la juventud a frecuentar estos espacios culturales y escuchar buena música. Porque eso es lo que ofrece Viardot, cuyo nombre lidera el frontón del escenario, una opereta muy bien construida, de férrea estructura, bellas melodías y serias oportunidades de lucimiento a su elenco, que participa en arias, duetos que se convierten en tríos y así sucesivamente hasta culminar en un hermoso septeto, toda una herencia musical que a principios del siglo XX debió dar como resultado un simpático y amabilísimo musical, lejos de todo lo rancio que pudiera presuponerse.

También la herencia española se atisba en su riqueza melódica y rítmica, arrancando sin ir más lejos con una romanza en la voz de la protagonista, que su elenco lleva a la máxima potencia con voces hermosas y muy bien articuladas, las que provienen del programa Crescendo de la Fundición de Amigos del Teatro Real, donde su estreno hace menos de un mes fue recibido con gran entusiasmo. La soprano Juliane Stolzenbach luce un hermoso timbre, cándida belleza, considerable proyección y exquisito gusto al modular, se afana además en vocalizar a la perfección para no perder sus líneas de texto, ya que se echó en falta la proyección de subtítulos, que aunque sean inalcanzables para gran parte del numeroso público infantil que llenó el teatro con un comportamiento ejemplar, el resto hubiera seguido mejor la no obstante conocida trama, con posibilidades para explicársela a los y las más jóvenes. El tenor Francisco Gracia observa cierta afinidad hacia el repertorio zarzuelero, las hermanastras Vanessa Cera y Paola Leguizamón aportan comicidad y desparpajo, si bien sus aspectos chonis pudieran molestar a alguien, Ramiro Maturana como el padrastro (hábil cambio de roles) atesora una estupenda voz baritonil, y Juan Ramos derrocha humor y canto bien ornamentado. La partitura, maravillosamente ilustrada al piano por el propio Soriano derrochando delicadeza y cantabilidad, ofrece tanto juego y color que logra en la voz de la hada madrina, estupenda Miriam Silva, momentos de considerable altura canora, dentro de un conjunto de lo más disfrutable y resultón gracias a un trabajo de equipo lleno de talento e ilusión.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL BACH MATIZADO DE AMANDINE BEYER

Otoño Barroco 2021. Amandine Beyer, violín. Programa: Sonatas nº 2 en la menor BWV 1003 y nº 3 en Do mayor BWV 1005, y Partita nº 1 en si menor BWV 1002, de Bach. Espacio Turina, sábado 11 de diciembre de 2021


Todo ciclo o conjunto de Bach es de por sí una colección inigualable, un tesoro y un prodigio de la composición. Sus sonatas y partitas para violín solo no son ni mucho menos una excepción, sino más bien un punto de inflexión en la composición para el instrumento; todo lo que vino después hasta nuestros días, se inspira y se mira en este portentoso trabajo. Estos seis irrepetibles trabajos, tres partitas y tres sonatas que recogen las dos corrientes habituales en la época, las sonatas italianas y las suites de danzas francesas, a las que el autor sumó su particular universo estético, datan de su época en la corte de Cöthen, aunque todo apunta a que las compuso un poco antes, mientras estuvo en prisión en Weimar por orden de su empleador, el Duque Wilhelm Ernst, por sospechar que había aceptado un puesto en una corte rival. De cualquier manera fue en Cöthen, siendo el mismo príncipe un virtuoso y apasionado músico, donde aprendió de la tradición alemana de los instrumentos polifónicos y se familiarizó con las dobles cuerdas que tanta importancia adquirirían en su obra posterior. Allí encontró el caldo de cultivo para convertir en realidad definitiva este portentoso trabajo.

El Otoño Barroco organizado por la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla se está superando con la participación de artistas de la talla de EXIT y ahora Amandine Beyer, que vuelve ahora tras más de una década que interpretara las otras tres piezas de este repertorio, algo así como una primera parte del ciclo completo. Entre tanto hemos podido disfrutar de ella en tres ocasiones, una frente a su conjunto Gli Incogniti en la Iglesia de Santa Ana y otras dos frente a la Barroca en esta misma Sala Turina y en el Maestranza. Las sonatas y partitas de Bach exigen una intensa individualidad y espiritualidad, por lo tanto una extrema sensibilidad y un virtuosismo técnico de primera envergadura. Beyer posee estas cualidades a ratos, otros parece tropezar con roces y estridencias, y en ocasiones presta demasiada atención a la prestidigitación en detrimento de la precisión armónica y melódica. Llegó incluso a bloquearse en la imposible fuga de la Sonata nº 3, pasando página de la partitura como mero recurso liberador, ya que en ningún momento llegó a prestar atención al atril que la acompañó como único elemento de atrezzo sobre el escenario. Su mirada estuvo casi todo el tempo fija en lo más alto, como si solo aceptara la inspiración divina, y ésta desde luego afloró en muchas ocasiones, tanto como para hacer ameno un recital de hora y media solo de violín sin que se resintiera el ánimo y la paciencia del numeroso público congregado. Ya ella lo advirtió, deseándonos suerte, y la hubo también para ella, que salió airosa del difícil empeño.

Una intérprete de altura

Durante todo el Romanticismo esta insigne música fue considerada de tan difícil acceso para el público que solía interpretarse con acompañamiento de piano, más tarde los más grandes violinistas acuñaron el repertorio con instrumentos modernos, hasta que se impuso el rigor historicista, con el violín barroco erigiéndose como único instrumento que hace justicia plena al ciclo y clarifica su progreso armónico, con su particular timbre agudo y esa articulación en registro superior que facilita la precisión rítmica en las danzas y los allegros. El arco plano además facilita la construcción de motivos breves que fueron muy recurrentes en manos de Beyer. Todo ello no tiene por qué mermar la intensidad y la pasión de la interpretación, como prácticamente ocurrió durante todo el concierto. Su talante amable y distendido nos regaló además elocuentes introducciones a las obras y unas poses y ademanes tan agradables que sustituyeron la ausencia de cualquier artificio sobre el escenario.

Si acertó en las introducciones casi improvisadas de las sonatas, animada y con amplio sentido del vuelo lírico en la nº 2, obstinada y más atada en la nº 3, y afrontó las dificilísimas fugas con ahínco y considerable fuerza dramática, el precioso y delicado andante de la primera quedó algo desdibujado y falto de sensibilidad melódica, mientras resolvió el largo de la segunda con notable sentido de la cantabilidad. El allegro final de la Sonata en la menor sonó ágil y muy matizado, y en el de la Sonata en Do mayor resurgió su carácter prestidigitador, prácticamente revoloteando sobre las cuerdas múltiples con un efecto casi milagroso pero con la atención fija en el virtuosismo más que en la expresividad. Ya antes lo hizo con efectos casi irreales en el doble o variación de la Courante de la Partita en si menor, que afrontó en general con muchos matices, ritmos y ornamentos complicadísimos, habilidad y ligereza en la preciosa Sarabanda y atinada rusticidad en el Bourrée final. Debió terminar exhausta tras semejante sesión maratoniana, pero la verdad es que no se le notó.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 11 de diciembre de 2021

ALFONSOX, SU TROVA Y LA VIRGEN SIEMPRE CERCA

César Carazo, canto y fídula. Alberto Barea, canto, orlos y sinfonía. José Manuel Vaquero, organetto y zanfoña. Ignacio Gil, flautas dulces, chirimía y gaita. Aníbal Soriano, laúd. Álvaro Garrido, percusión. Nacho Bravo, actor. Programa: Ego Rex. Selección de Cantigas autobiográficas de Alfonso X El Sabio en el 8º Centenario de su nacimiento. Capilla Doméstica de San Luis de los Franceses. Viernes 10 de diciembre de 2021


Hablábamos a propósito de Capuletos y Montescos de Bellini, actualmente en el Maestranza, de las pugnas entre güelfos y gibelinos en el Antiguo Sacro Impero Romano Germánico, y nos encontramos ahora con uno de sus herederos directos, el Rey Alfonso X El Sabio, de quien este año que ya perece se conmemoran ochocientos años de su nacimiento en Toledo un 23 de noviembre de 1221. Para la ocasión el monarca regresó a una ciudad que, según él, después de tanto tiempo sigue tan rancia e ignorante como entonces. Y es que en la piel y las formas del actor Nacho Bravo, integrante del Teatro Clásico de Sevilla y polifacético artista también en otras disciplinas como la escenografía y la literatura, el grupo Artefactum no renunció al humor que tanto les caracteriza. Narrada en primera persona, con ayuda de algunas de las cantigas con mayor contenido autobiográfico, José Manuel Vaquero tuvo que practicar la continencia verbal y dejar en manos del actor los comentarios siempre irónicos y divertidos que acompañan tradicionalmente las intervenciones de este conjunto tan carismático.

El espectáculo recibió su bautismo de la mano del pasado Femás en el mes de marzo. Lamentábamos entonces que un grupo tan comprometido con la ciudad y que tanto lleva su nombre por toda la geografía española, y desde hace mucho también por el resto del planeta, quedara relegado a un espacio tan limitado como la Sala de Pinturas de Santa Clara, y con un aforo además restringido por la situación pandémica a tan solo unos treinta espectadores, lo que restó sin duda mucha repercusión al evento y su trascendencia. Su reposición ahora en la Capilla Doméstica de San Luis de los Franceses, rodeados de tanta belleza como ofrece este conjunto desacralizado, ha venido a paliar ese desencuentro y ofrecernos la oportunidad a quienes no acudimos en su día de disfrutar con esta nueva y peculiar propuesta del conjunto, que para la ocasión acudió en nutrida formación de seis integrantes. No cabe duda de que todos son excelentes músicos, tan adheridos a sus instrumentos, todos ellos dignos de las mejores colecciones, a los que han sabido dar forma a lo largo de todos estos años y que por lo tanto dominan con un virtuosismo fuera de toda discusión.

Bravo exhibió un extraordinario talante y se metió en la piel del rey con toda la gracia y el desparpajo que la ocasión exigía, mientras el conjunto desgranó cada una de las cantigas seleccionadas, siempre con la Virgen en el horizonte, arreglando entuertos y satisfaciendo las demandas del monarca, cuyos episodios y gestas más importantes fueron poco a poco recreándose en las zanfoñas, flautas, cuerdas, organeto y percusión de su ilustre trova, encabezada por las voces siempre amables, dulces y perfectamente entonadas de Alberto Barea en su habitual registro de tenor, y más ligera de César Carazo. El rey, y con él su trova, reivindicó su papel en las leyes, la cultura y la defensa del patrimonio de la ciudad, frente a la desidia con que ésta le ha pagado, una licencia que sirvió al conjunto para estructurar sus bromas e ironías a lo largo de un programa organizado según un estricto y preciso guion. Solo en este punto echamos en falta poder seguir los textos aunque fuera en formato digital. En lo instrumental destacamos la Cantiga 354, en la que brilló la flauta de Ignacio Gil, después extraordnario a la gaita mientras el resto entonaba en su particular estilo goliardo esas glorias perfectamente glosadas al rey y la misma Virgen a la que invocaron en aquella divertida comparecencia del grupo en formación de cuarteto la pasada edición de las noches estivales del Alcázar, otra de las glorias arquitectónicas que debemos a la iniciativa de Alfonsox.

Fotos: Pepe Serrano
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 10 de diciembre de 2021

LAS CONSECUENCIAS DEL AMOR Y DEL ODIO

Ópera de Vicenzo Bellini con libreto de Felice Romani. Jordi Bernàcer, dirección musical. Silvia Paoli, dirección escénica. Tecla Gucci Ludolf, reposición de la puesta en escena. Andrea Belli, escenografía. Giulia Giannino, vestuario. Alessandro Carletti, iluminación. Hugo Carugatti, reposición de la iluminación. Con Leonor Bonilla, Daniela Mack, Airam Hernández, Luis Cansino, Dario Russo y alumnos del Conservatorio de Danza Antonio Ruiz Soler. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Alumnos del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo (Salvador Vázquez, dirección). Coproducción de la Ópera de Tenerife y el Teatro Comunale de Bolonia. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de diciembre de 2021

Daniela Mack y Leonor Bonilla

No nos extraña que sea la Ópera de Tenerife la encargada, junto a la de Bolonia, de recuperar este título de Bellini menos frecuentado que sus populares I puritani, La sonámbula y Norma. Es desde hace tiempo sede de programaciones muy arriesgadas, repletas de títulos noveles, música contemporánea y recuperaciones como la que nos ocupa, una pieza que el compositor siciliano compuso en tiempo récord con la complicidad de su libretista habitual, Felice Romani, que para la ocasión se inspiró en las fuentes italianas del siglo XVI que sirvieron a su vez de inspiración a Shakespeare para Romeo y Julieta. Por cierto, que entre este título y la primera adaptación operística de una obra del escritor bardo, Macbeth de Verdi, distan diecisiete años. También en el germen de este título se encuentra el cuento de Matteo Bandello sobre las consecuencias del odio entre gibelinos y güelfos, las dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en el Sacro Imperio Romano Germánico a la Casa de Suabia y la de Baviera respectivamente, y que tanto marcaron el romance imposible entre los dos protagonistas de la función.

Este montaje vino travestido como su protagonista masculino con voz de mezzosoprano, que se entendía transmitía mejor los sentimientos amorosos, trasladando la acción a los setenta del siglo pasado y convirtiendo Verona en un bar de la época, con sus billares y pósters alusivos a deportes, cine y publicidad del momento. Dos clanes de la mafia enfrentadas y marcadas por un trágico acontecimiento entre chiquillos de ambos bandos, protagonizan esta historia de amor imposible con una puesta en escena detallista en su escenografía y vestuario, si bien adolece como tantas otras veces de una dirección escénica escasa en agilidad y compromiso. La aparición frecuente de los niños, envueltos en el polvo del tiempo que tanto ha potenciado las diferencias entre adultos, se revela redundante y solo provoca saturación en el escenario, lo que hace que el trabajo dramático y vocal de sus protagonistas resulte a veces complicado y de esa manera todavía más meritorio. Todo se desarrolla en un único espacio, sometido a puntuales transformaciones según el acto, con el coro sometido a movimientos coreográficos a menudo torpes y raquíticos, con sus integrantes sometidos a una representación conceptual enfática, lo que no hace sino acrecentar la sensación de saturación también en lo intelectual.

Alta calidad musical

Airam Hernández y Luis Cansino
En ese contexto se desarrolló un espectáculo musical de primera calidad, apoyado en unas protagonistas de auténtico lujo y una comparsa, entre secundarios y orquesta, de alto nivel. Tanto el director musical, el alicantino Jordi Bernàcer, como la mezzo argentina Daniela Mack, tienen una fuerte vinculación con la Ópera de San Francisco. A ella se le notó especialmente por su excelente trabajo escénico y dramático, algo que en aquellas latitudes se cuida muy especialmente y que en su caso derivó en un Romeo harto convincente, no solo en el disfraz físico sino también en sus ademanes, definitivamente masculinos aunque sin excesos ni afecciones. Especialmente notable fue su colección de gestos y movimientos coreográficos en el duelo con Tebaldo del segundo acto. Por su parte, Bernàcer llevó la batuta con el equilibro justo que la obra demanda, aprovechando sus emocionantes líneas melódicas, llenas de pasión y seducción y otorgando máximo relieve a la voz. Bajo su dirección pudimos apreciar perfectamente el tránsito entre el bel canto más puro y el romanticismo más expresivo que supone este título de Bellini. Solo en determinados momentos donde prima más el furor llegó a tapar las voces principales, y a pesar de que entonces el empuje no era todo lo decisivo deseable. En el apartado solista todos tuvieron una gran noche, desde las revoltosas y ágiles maderas, especialmente las flautas, hasta el oboe y el clarinete, la majestuosa trompa y el violonchelo en el preludio del acto segundo. También la banda interna, integrada por alumnos del Conservatorio Manuel Castillo, cumplió con nota alta.

La fiesta vocal arrancó pronto, con el tenor tinerfeño Airam Hernández dando vida a un Tebaldo de voz clara y despejada, considerable potencia y muy buen gusto al modular, patente en la cabaleta de venganza É serbata a questo acciaro. Los bajos cumplieron con solvencia. A Luis Cansino lo hemos visto en este escenario tanto en títulos operísticos como zarzueleros. Su voz de barítono cas bajo permanece profunda y penetrante, mientras en lo actoral se defiende con ejemplaridad. Quizás el bajo Dario Russo acusó una mayor inseguridad, pero su rendimiento fue satisfactorio en general. Ellas fueron sin duda las grandes vencedoras de la empresa. Mack añadió a su portentoso trabajo dramático una voz aterciopelada, de amplio registro, convenientemente modulada aunque las agilidades no fueran su fuerte, siempre bien apoyada y con una línea de canto homogénea y agradecida. Se sintió cómoda tanto en sus momentos más íntimos y líricos (L’amo tanto o el conmovedor final Tu sola, o mia Gulietta) como en los más agresivos, componiendo junto a Leonor Bonilla dúos de enorme calado sentimental (Ah, crudel ognor ragioni).

La soprano sevillana volvió a encandilarnos con su voz de precioso timbre y elegantísimo fraseo, que fluyó como un perfume, equilibrando drama y lirismo y salvando con ejemplaridad las muchas complejidades que encierra su parte. Bonilla sonó seductora y conmovedora, con la proyección justa y las ornamentaciones precisas, con un canto muy expresivo y las dosis dramáticas justas. Su primera aparición, Eccomi in lieta vesta, fue todo un gozo, contenida y triste, con sensacionales inflexiones en la voz que le llevaron del pianissimo a lo más expresivo con proverbial facilidad, modulando siempre con exquisitez y sentido común. Suyas fueron las mayores ovaciones de una noche en la que también tenemos que destacar el magnífico trabajo del coro masculino, especialmente en Lieta notte avventurosa, y la emocionante experiencia de los niños, que acataron a la perfección la disciplina de un montaje de esta envergadura.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía