jueves, 13 de febrero de 2025

TRIFONOV VUELA EN PRIMERA CLASE

Gran Selección. Daniil Trifonov, piano. Programa: Sonata en do sostenido menor Op. post. 80; Selección de valses, de Chopin; Sonata en mi bemol menor Op. 26, de Barber; Suite de La bella durmiente, de Chaikovski (arr. Pletnev). Teatro de la Maestranza; miércoles 12 de febrero de 2025


Igual que aquel eslogan de unos grandes almacenes que anunciaba la semana de oro, Sevilla se enfrenta ésta a un carrusel de vértigo, que arrancó el martes con la excelente producción que ofreció el Maestranza de Ifigenia en Táuride, siguió ayer con un sensacional recital de uno de los pianistas más relevantes del panorama actual, seguirá el viernes nada más y nada menos que con Anna Netrebko, y culminará en el Espacio Turina el próximo sábado con William Christie y Les Arts Florissants.

Tras el buen sabor de boca que nos dejó la ópera de Gluck, el concierto de Dariil Trifonov no fue menos. Se trata de uno de esos artistas cuyo trabajo hipnotiza y atrapa hasta que no puedes dejar de prestarle atención y paladear junto a él cada nota, cada inflexión, matiz y gesto que sea capaz de arrancarle al teclado. Sin partitura, desglosó el programa que viene presentando en varias plazas españolas e italianas, y con el que encandiló al público del Carnegie Hall el pasado mes de octubre. Sólo Rachmaninov y sus Variaciones Corelli sustituyeron entonces al Barber que presentó aquí.

Uno de los atractivos de este concierto fue precisamente el programa diseñado, con obras poco frecuentadas a pesar de tener más de un punto de interés. La sonata póstuma Op. 80 de Chaikovski es una obra de juventud que tan poco agradó a su autor que no permitió que se publicase en vida. Se trata sin embargo de una pieza plagada de atractivos que el joven pianista descubrió en una interpretación para el recuerdo, capaz de eclipsar a cuantos grandes intérpretes se han prestado a iluminarla.

Trifonov se hizo eco de principio a fin del influjo trágico de Schumann sobre la partitura, desde un allegro inicial plagado de bellas melodías encadenadas de forma tan sutil como elegante, hasta un fogoso allegro vivo final en el que afloró una agresividad controlada, un desarrollo vigoroso y una conclusión excitante. Antes, inundó de tristeza y pesadumbre el andante y jugó con los colores y ritmos del scherzo. No cabe duda de que se trata de un intérprete de primera clase cuyos dedos vuelan sobre el teclado.


El pianista más delicado hizo aparición con una cuidada selección de valses de Chopin que arrancó ligera pero no de forma intranscendental con uno de sus seis valses póstumos, para continuar con un marcado estilo apolíneo en el vals Op. 70 nº 2, prestando especial atención a los contrastes y al control de dinámicas. La elegancia protagonizó el Op. 64 nº 3, a pesar de unos acentos muy marcados, y el virtuosismo extremo en el nº 1, tan acelerado que prácticamente cumplió su hipotética duración de un minuto. Un muy introspectivo e intimista vals op. 34 nª 2 en la menor dio paso al efusivo y rabioso vals póstumo con el que acabó la primera parte del recital.

Con otra de las obras a las que estamos poco acostumbrados, la Sonata Op. 26 de Samuel Barber, arrancó la segunda parte. Obra de muy difícil ejecución, considerada todo un hito del pianismo estadounidense y del siglo XX en general, que coquetea con la tradición romántica europea, el dodecafonismo y las técnicas vanguardistas imperantes en la época, de la que Trifonov extrajo una sucesión de emociones que culminaron en un adagio sumido en la tristeza más profunda. La trepidante fuga con la que finaliza la sonata contó con el toque swing que le caracteriza y que encaja con los compositores que encargaron la pieza, Irving Berlin y Richard Rodgers.

Para terminar, y antes de una triada de propinas, alguna puede que de su propia cosecha, las otras de los autores convocados, el pianista ofreció la transcripción que Mikhail Pletnev, todo un especialista en la gramática chaicosquiana, realizó de varios de los números del ballet La bella durmiente. Trifonov desgranó todos sus episodios con atención al detalle y la expresión, y especial énfasis en el apoteósico final, tocado con la misma transparencia y agilidad que destiló durante todo un concierto cuya asistencia fue sin duda un enorme privilegio para la melomanía.

Fotos. Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 12 de febrero de 2025

IFIGENIA EN TÁURIDE CONFIRMA EL TALENTO DE VILLALOBOS

Iphigénie en Tauride. Música de Christoph Willibald Gluck. Libreto de Nicolas-François Guillard según la tragedia de Eurípides. Zoe Zeniodi, dirección musical. Rafael R. Villalobos, dirección escénica y vestuario. Luis Tausia, reposición de la puesta en escena. Emanuele Sinisi, escenografía. Felipe Ramos, iluminación (Juan Manuel Guerra, reposición). Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, director). Con Raffaella Lupinacci, Edward Nelson, Alasdair Kent, Damián del Castillo, Sabrina Gárdez, Andrés Merino, Mireia Pintó, Julia Rey, la actriz Beatriz Arjona y el actor Nacho Gómez. Coproducción del Teatro de la Maestranza, la Ópera Ballet Vlandeeren y la Ópera Orchestre National de Montpellier. Teatro de la Maestranza, martes 11 de febrero de 2025


Vaya por delante nuestra más sincera enhorabuena al Teatro de la Maestranza por colar cada temporada algún título que proporcione singularidad a la oferta y facilite una entidad propia al coliseo sevillano. Y esta temporada han sido dos, tras el éxito cosechado con Ariadna en Naxos el pasado diciembre.

Nos ha costado un poco aceptar el trabajo de Rafael Villalobos, quizás lo mismo que él en depurar sus propuestas escénicas. Pero nos ha ido convenciendo y conquistando hasta llegar a un punto, esperemos sin retorno, en el que ya no podemos sino rendirnos a su talento y dejarnos seducir por su imaginación.

La ópera de Gluck supone, tanto o más que su predecesora, Ifigenia en Áulide, un eslabón revolucionario en la lírica, por cuanto no sólo preconiza la ópera mozartiana sino que incluso salta más adelante, convirtiéndose en cierto adelanto del romanticismo por el tratamiento dramático de la música, siempre al servicio del teatro, fluyendo sin recitativos evidentes y restando importancia a los números cerrados.

Un excelente montaje teatral

El buen teatro del que es capaz Villalobos se hace eco de esta consigna y nos trae un espectáculo medido y muy elaborado. En esta producción estrenada en Amberes el pasado octubre, la acción se desplaza de la Grecia antigua ilustrada por Eurípides a un mundo actual plagado de guerras y odios, nada ajeno a lo que vemos diariamente en los informativos y que olemos más cerca de lo que jamás hubiéramos imaginado.

Raffaella Luppinacci y Beatriz Arjona

Un teatro bombardeado, después refugio de los y las supervivientes, en clara referencia al teatro de Mariúpol, sirve de escenario a una representación que encadena esta tragedia con su precedente ya apuntado, de forma que muy sintéticamente se narran los acontecimientos que derivaron en el destierro de Ifigenia en Táuride, donde la Diosa Diana la mantiene como suma sacerdotisa.

A lo largo de esta inteligente adaptación, asistimos a las visiones que tiene la heroína a partir del relato inventado que ha escuchado, de forma que se combina realidad con imaginación de una manera tan didáctica como elocuente. Villalobos no deja escapar la ocasión de describir a Thoas, rey de los escitas, como un señor de la guerra, despiadado, machista y grosero, mientras la ira de los dioses es sustituida por una más terrenal y por ende, terrible.

Tampoco deja pasar la oportunidad de convertir a los amigos Orestes y Pilades en lo más parecido a dos amantes homosexuales, claro que el texto lo pone fácil. Mientras, las figuras de Agamenón y Clitemnestra dejan de ser sombras del pasado para convertirse en presencias influyentes y decisivas para la activación de la tragedia. Por eso es importante que cobren vida en forma de actor y actriz que aportan textos añadidos al conjunto. Por cierto, ella es Beatriz Arjona, recientemente galardonada con el Premio Carmen del Cine Andaluz a la mejor actriz por su papel en Fin de fiesta.

Quizás el mayor atrevimiento del director escénico sea agredir la excelsa música con gritos, portazos y gemidos, aunque no podemos negar que añaden espectacularidad a una propuesta que puede presumir sin duda de magnífico teatro.

Música sublime en buenas manos

A nadie le escapa que la Orquesta Barroca de Sevilla hubiera sido una estupenda elección para llevar a buen puerto esta ópera en los albores del clasicismo. Sin embargo nada cabe reprochar al esmerado trabajo desarrollado por la Real Orquesta Sinfónica, que en manos de la reconocida directora griega Zoe Zeniodi logró excelentes resultados, tanto en los pasajes más agitados y tormentosos, como el arranque de la ópera, como en los más líricos y emotivos.

Edward Nelson y Alasdair Kent

Raffaella Lupinacci regresó al Maestranza algo más de un año después de encandilarnos con su papel de Adalgisa en Norma, y volvió a convencernos de principio a fin, ya fuera alzando la voz con aplomo y seguridad en las arias más exaltadas, como exhibiendo un profundo sentimiento en Je t’implore et je tremble del cuarto acto. Quizás podamos reprocharle haber abordado la maravillosa Ô malheureuse Iphigénie! con un tono demasiado efusivo y temperamental, frente a la candidez con la que asociamos esta aria. Belleza y juventud le sobran a la mezzo italiana.

No deja de ser un aliciente encontrar voces que además de cantar bien aporten precisamente eso, belleza y juventud, algo a lo que también se prestan el barítono estadounidense Edward Nelson como Orestes y el tenor australiano Alasdair Kent, que parecen curtidos tanto en el conservatorio como en el gimnasio, quizás como curiosa referencia a esas palestras griegas donde igual se entrenaba que se aprendía arte y ciencia.

Puede que enfrentarlos a tanto gesto, esfuerzo y movimiento retorcido les pasara factura y por eso Kent deslizara algún gallo, y Nelson otro tipo de desajuste puntual. Pero nada de eso enturbió su entrega y talento, demostrado en unas voces de bello timbre y generosa potencia. Damián del Castillo volvió a cumplir con un buen trabajo canoro y expresivo, y Sabrina Gárdez bordó con voz cálida y bien colocada su papel de Diana. Nos alegramos de que el barítono granadino Andrés Merino siga subiendo peldaños en una carrera segura, asentada en una voz poderosa y con mucha autoridad.


Del coro poco hay que decir que no hayamos dicho ya antes en otras funciones. Aquí realizan además un trabajo actoral importante, resuelto con buena nota, gracias también al esmero con el que Villalobos trata el drama, sin limitarse a esos ridículos movimientos escénicos a los que nos tienen acostumbrados otros directores más perezosos.

Por todo ello, no cabe sino aconsejar que nadie que diga amar la ópera se pierda este espectáculo integral, y nos consta que en nuestra ciudad hay más de lo que cabe en tres funciones del Maestranza, y sin embargo quedan todavía muchas localidades. Al margen de los títulos populares que nunca pueden faltar, otros como éste son los que de verdad aportan interés a la programación de un teatro de ópera que se precie.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 10 de febrero de 2025

NO HAY AMOR PERDIDO Extravagancias paternofiliales

Título original: La fille de son père
Francia 2023 91 min.
Guion y dirección
Erwan Le Duc Fotografía Alexis Kavyrchine Música Julie Roué Intérpretes Nahuel Pérez Biscayart, Céleste Brunnquell, Maud Wyler, Mercedes Dassy, Mohammed Louridi, Nicolas Chupin, Noémie Lvovsky Estreno en el Festival de Cannes 24 mayo 2023; en Francia 20 diciembre 2023; en España 7 febrero 2025


Sorprende la excelente acogida de crítica que ha tenido este film estrenado en Francia hace más de un año, y por el que su joven protagonista, 
Céleste Brunnquell, obtuvo una nominación a la mejor actriz revelación en la edición de los premios César del pasado año. Sorprende porque ahí donde algunos ven poesía y un entrañable canto a la relación que propone entre un padre y una hija abandonados por su pareja y progenitora, otros sólo alcanzamos a ver, quizás aquejados de algún tipo de disfunción sensorial, una sucesión de chorradas y ocurrencias sustentadas en un tratamiento del humor tan francés que nos cuesta sintonizar con él.

Un padre demasiado infantil, Nahuel Pérez Biscayart, que se gana la vida de forma harto improbable entrenando un equipo de fútbol amateur integrado por ineptos, y una hija en el epílogo de su adolescencia que se muestra más madura y sabia que quienes la rodeanse preparan para una traumática separación con el fin de que la joven aborde sus estudios y eche a volar, con los habituales clichés sobre el nido vacío que todo eso conlleva. Mientras, ambos se embarcan en una absurda y esperpéntica búsqueda de la madre a la fuga.

El problema, no obstante, no es tanto su trama e intenciones como las ridículas situaciones que le dan cuerpo, incluida una sonrojante disputa entre el enclenque protagonista y la perversa alcaldesa de una pequeña localidad, a quien presta su físico rotundo la actriz Noémie Lvovsky. Otro de los esperpénticos personajes, el respetuoso novio de la chica, es quien con su poemario épico sobre la joven y su padre, da título castellano a una película a la que ciertamente el original, La hija de su padre, no le sienta muy bien.

domingo, 9 de febrero de 2025

MARÍA CALLAS Entrevista con La Divina

Título original: Maria
Italia-Alemania-Chile-USA 2024 123 min.
Dirección
Pablo Larraín Guion Steven Knight Fotografía Edward Lachman Intérpretes Angelina Jolie, Pierfrancesco Favino, Alba Rohrwacher, Haluk Bilginer, Kodi Smit-McPhee, Stephen Ashfield, Valeerina Golino, Caspar Phillipson, Lydia Koniordou, Vincent Macaigne, Aggelina Papadopoulo Estreno en el Festival de Venecia 29 agosto 2024; en Italia y Chile 2 enero 2025; en España 7 febrero 2025


Desde su estreno en Venecia, la carrera de esta película biográfica de María Callas y el trabajo de su protagonista,
Angelina Jolie, se han ido desinflando. Se trata sin embargo de una muy estimable cinta con la que el director chileno Pablo Larraín (El club, Neruda, El conde) podría culminar su particular trilogía sobre mujeres influyentes cuya vulnerabilidad se ve aumentada por la fama. Primero fue Jackie (Kennedy/Onassis), después (Diana) Spencer, y ahora, de la mano del mismo guionista que la anterior, Steven Knight, María Callas. El depurado libreto del autor de los de Aliados de Zemeckis y Promesas del este de Cronenberg, además de él mismo director de algún título interesante como Locke, y creador de reputadas series de televisión, logra condensar en los últimos días de la diva, su particular periplo por una vida bendecida por el éxito en lo profesional y el determinante fracaso sentimental, mientras pasea por un París radiante de la mano de un imaginado entrevistador con nombre de barbitúrico, Mandrax (un estupendo Kodi Smit-McPhee).

Una inteligente confusión entre imaginación y realidad, así como el hábil juego entre presente y pasado, sirve a Knight y Larraín para construir un viaje emocional, profundamente melancólico y triste, por la azarosa vida de una mujer dañada en lo físico y lo moral por una relación romántica en continua frustración, la que mantuvo con Onassis, que prefirió dignificar precisamente a Jackie. Una elegante puesta en escena, el perfeccionismo fotográfico de Edward Lachman, que ya demostró su pericia para imitar estilos del pasado en películas como Lejos del cielo, y sus sofisticados escenarios y vestuario, aunque este último peque a veces de incongruencia con el mes en el que transcurre la trama, septiembre, sirven de embalaje para una interpretación magistral de Angelina Jolie, que aporta una elegancia extrema sin excesos ni salidas de tono, e insufla al conjunto de esa profunda tristeza que inunda la película. Mención especial merece también su dependencia, entre patética y entrañable, del personal doméstico, un mayordomo y una sirvienta que se erigen en única familia y mejores protectores, a quienes dan vida Pierfrancesco Favino y Alba Rohrwacher.

En lo musical, un extraordinario trabajo de remasterización nos permite disfrutar como nunca de las interpretaciones que La Divina realizó de papeles tan emblemáticos como Ana Bolena, Violeta Valèry, Elvira de I puritani, Desdémona de Otelo, Norma, Medea, Tosca o La Wally, recreando con todo el esplendor que exige, sus emblemáticas actuaciones en escenarios como los de la Scala, el Metropolitan o el Covent Garden. Las calles de París se convierten, por otro lado, en ese escenario de la vida real que alguien tan enganchado a las bambalinas querría convertir en el de su propia vida, contada con todos los mimbres trágicos de una gran ópera, y en el que el público se convierte ocasionalmente en coro y orquesta al son de Il trovatore o Madame Butterfly, en momentos destacados plagados de magia y poesía. Y es que al fin y al cabo, como reza la canción, el mundo es un escenario, y el escenario, un mundo de entretenimiento.

FOLLOWING Primer episodio de un estilo singular

Reino Unido 2024 69 min.
Fotografía, guion y dirección
Christopher Nolan Música David Julyan Intérpretes Jeremy Theobald, Alex Haw, Lucy Russell, John Nolan Estreno en Reino Unido 5 noviembre 1999; en España 7 febrero 2025


Aunque pudo verse hace unos años en un pase especial en Madrid y Barcelona, llega ahora con honores de estreno el primer largometraje de Christopher Nolan, dos años antes de saltar a la fama con Memento. Con este film realizado con esfuerzo y economía de medios, el afamado realizador sienta ya las bases de lo que sería su propio estilo y singularidad, una narrativa distinta, original y personalísima que a menudo exige un considerable esfuerzo por parte del o la espectadora.

En este caso, plantea una clásica historia de intriga al más puro estilo del film noir, fotografía en blanco y negro incluida, a partir del voyerismo que practica su protagonista, un escritor que en busca de inspiración se dedica a perseguir a gente desconocida, hasta que uno provoca una fuerte inflexión en su monótona vida. Mezcla entonces tiempos y realidades para componer un complejo puzzle que se convierte en reto para quien pretenda seguir con precisión y lógica su intrincado argumento.

Acaba siendo entonces un interesante artilugio, esencial para entender el cine de este director que nunca se conforma con lo convencional y lo archivisto, y convierte cada nueva aventura cinematográfica en un prodigio de arquitectura narrativa, con el añadido de una estética fascinante, objeto de admiración para muchos y muchas, pero no exento de indiferencia para quienes no logran entrar en su particular universo.

sábado, 8 de febrero de 2025

SUOR ANGELICA: DESCUBRIENDO TALENTOS

Ópera de Giacomo Puccini, con libreto de Giovacchino Forzano; versión reducida de Héctor Panizza. Juan García Rodríguez, dirección musical. Davide Garattini Raimondi, dirección escénica. Adolfo Carmona, iluminación. Zahir Ensemble. Con Carmen Buendía, Laura Orueta, Inés López, Paula Ramírez, Alexandra Zamfira, Yue He, Alicia Naranjo, Kenia Murton y Lilia Kiiashko. Producción de Sevilla, Ciudad de Ópera. Francisco Soriano, comisario y director artístico. Real Fábrica de Artillería, viernes 7 de febrero de 2025


Esta representación de la segunda de las tres óperas que conforman Il Trittico de Puccini, cuya tercera, Gianni Schicchi, se podrá disfrutar en Les Arts de Valencia en un par de meses, y con las que el compositor pretendía reflejar los tres estados de la Divina Comedia, el infierno, el purgatorio y el paraíso, supone la primera piedra de otro proyecto ambicioso para la ciudad, que esperemos no caiga en la desidia que ha malogrado tantas otras iniciativas de similar calado. Ser una de las ciudades en las que más óperas se han ambientado, si no la que más, está sin duda en la génesis de este ambicioso proyecto que vuelve a reunir a dos infatigables amigos, Francisco Soriano como comisario y director artístico, y Juan García Rodríguez como director musical, al menos en este título que se repite hoy y mañana sin respetar el habitual descanso que merecen las voces protagonistas.

Sevilla, Ciudad de Ópera inicia así su andadura con buena factura y considerable talento, que es al fin y al cabo lo que se pretende, descubrir y lanzar carreras emergentes que merecen una proyección adecuada a sus posibilidades. Hay que confirmar que se ha dado en el clavo, reuniendo sobre el escenario un puñado de buenas voces, algunas incluso excelentes, que dan cuerpo y relieve a esta ópera breve, que no de cámara, salvo que se aborde desde la versión reducida del argentino Héctor Panizza, lo que posibilitó que de la parte instrumental se hiciera cargo el reputado conjunto hispalense Zahir Ensemble, con una escueta cantidad de músicos cuyo número no pudimos constatar desde la inadecuada ubicación que nos ofreció la organización, lejos de otros compañeros de profesión que sí disfrutaron de la posición privilegiada que se suele reservar a quienes debemos hacernos eco de los resultados.


Menos mal que no me encargaron hacer la crítica para El Correo de Andalucía, particular que desconocía la organización del evento. Me hubiera resultado difícil hacerme eco de todos los aspectos de la obra, especialmente los estrictamente escénicos, desde la desafortunada posición que ocupamos, muy al extremo de una sala que ofrece una acústica estupenda pero cuya anchura hace que las alas extremas de butacas queden muy alejadas del escenario centralizado. Una tarima demasiado baja tampoco ayudó al disfrute global de tanto esfuerzo y talento. Nada que reprochar a la excelente acústica, ya apuntada, del recinto, una remodelada Fábrica de Artillería, empeño de la anterior corporación que poco a poco va acogiendo contenidos. Sólo el prólogo se representó en el margen derecho, sentando los antecedentes de la desgracia de la protagonista, y de paso haciendo spoiler, al son de Crisantemi, una de las piezas estrictamente orquestales más célebres del compositor, ajena a esta ópera pero tan adecuada en su gramártica y sentimiento como para añadirla como acertada obertura. Muchos descubrimos esta preciosa pieza en los arreglos que para El honor de los Prizzi hizo Alex North.

La música de Puccini se caracteriza en lo instrumental por una voluptuosidad y una carga dramática excelsa que en manos de una formación reducida, por muy excelentes que sean sus prestaciones, no alcanza a reproducir. Hay que recordar que Suor Angelica no es una ópera de cámara, sino una ópera breve que cuenta con todas las exigencias de una ópera convencional, desde orquesta sinfónica a escenografía al uso. Garattini Raimondi se limitó a aprovechar la belleza de las instalaciones permanentes del lugar, tan afines a las paredes de un convento, para desde una estupenda iluminación y un movimiento escénico que no llegamos a atisbar en su totalidad desde la posición asignada, recrear esta desventura de una de tantas monjas recluidas en el convento para ocultar las miserias de la clase burguesa y aristócrata. Tiene gracia que en apenas una semana nos hayamos acercado a las dos óperas más célebres ambientadas en un convento, Diálogo de carmelitas en Valencia, y ahora Suor Angelica aquí, con el cómico añadido de que casualmente en el avión que me llevó a la ciudad del Turia, por primera vez en mi vida me sentaran junto a dos monjas que acudían a ayudar en la zona devastada por la dana, y mientras escuchaba la música de Poulenc en mis auriculares.


Pero si de la parte escénica no pudimos hacernos una idea completa, sí al menos de la musical, apuntada ya en el excelente trabajo de García Rodríguez, a quien tanto admiramos como artífice de proyectos tan estimulantes como el propio Zahir Ensemble o nuestra querida Sinfónica Conjunta. Tratándose además de una partitura tan alejada del repertorio que suele abordar esta veterana formación, más mérito tiene. García Rodríguez logró insuflar con su energía habitual de vuelo lírico y sensualidad su particular versión de la partitura, mientras el buen elenco de voces redondeó una velada que en lo musical se benefició de la nítida y brillante acústica del lugar.

En el apartado vocal, jóvenes cantantes, a algunas de las cuales ya hemos tenido ocasión de disfrutar en anteriores ocasiones, sea a través del concurso Nuevas Voces organizado por la Asociación de Amigos de la Ópera, que también participa en este proyecto lírico, o de la Compañía Sevillana de Zarzuela que tan gratas sorpresas nos ha brindado. Así, Carmen Buendía hizo gala de una voz potente, magníficamente proyectada, timbre agradable y ajustada entonación, si bien echamos en falta una actuación en lo expresivo más depurada y definida, alejada de excesos y aspavientos. A su interpretación del bellísimo Senza Mamma le faltó almo más de esa emoción y sentimiento extremo que tanto rédito dio a Maria Callas, cuando precisamente se estrena en nuestras pantallas el particular homenaje que le rinde el director chileno Pablo Larraín. Algo parecido le sucedió a Laura Orueta, cuyo personaje de tía princesa requiere un mayor grado de perversidad del que fue capaz de insuflarle la mezzo, si bien en lo vocal aportó una voz con el cuerpo y al densidad justas, como también hizo Inés López como la abadesa, que sí supo combinar adecuadamente lo expresivo con lo canoro, gracias a una voz potente, gruesa y bien timbrada. Sin duda, como el resto de sus compañeras, preparadas para protagonizar una buena carrera en los teatros más reputados del mundo. Hay que recordar que Suor Angelica no es una ópera fácil ni en lo vocal ni en lo expresivo, por lo que esta producción, problemas de ubicación aparte, merece un gran respeto.

Fotos: Salvador Gil