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jueves, 16 de julio de 2026

EL PUEBLO CANTA Y LA ROSS ACOMPAÑA

Concierto participativo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla “Canta con la ROSS”. Lucas Macías, dirección. Programa: Obertura y coros de hombres y cigarreras de Carmen, de Bizet; Meditación de Thaïs, de Massenet; Gira la cote! de Turandot, de Puccini; Obertura de Guillermo Tell, de Rossini; Vedi le fosche de Il trovatore, Va pensiero de Nabucco, Obertura de Les vêpres siciliennes, y Gloria al Egitto de Aida, de Verdi. Teatro de la Maestranza, miércoles 15 de julio de 2026


Los coros estuvieron presentes en las primeras óperas italianas, pero fueron paulatinamente reduciéndose hasta que en 1790 Rossini recuperó su papel, intensificado por el auge del modelo operístico parisino, lo que provocó que su uso fuera prácticamente obligatorio durante los años centrales de la carrera de Verdi. Ambos autores estuvieron presentes en el atractivo y popular programa diseñado para celebrar el final de temporada de la ROSS, con coros de voces aficionadas convocadas para la ocasión, esta vez aparcando el Mesías y la Novena para dar paso a una celebración lírica de lógico y desigual resultado artístico, pero matrícula de honor sentimental.

El coro en una ópera permite dramatizar los sentimientos de un gran número de personas, organizados en grupos heterogéneos, que pueden ser cortesanos o gitanos, soldados o sacerdotes, invitados a fiestas y celebraciones, expresando en general el estado de ánimo de una multitud, según lo exija en cada momento la acción del título. El coro representa al pueblo, sus ansias y anhelos, y quienes mejor para hacerlo que la enorme cantidad, hasta cuatrocientas, de aficionados y aficionadas que anoche, también hoy y mañana, levantaron sus voces para dejarse acompañar por una Sinfónica motivada e inspirada en una sesión de enorme calado emocional.

La iniciativa tiene el acierto de convocar un gran número de personas en torno a la música, lograr llenos absolutos en las tres funciones, en parte gracias a familiares y amistades que acompañan a las voces debutantes, y generar así nueva afición a la Música. ¿Cuántos y cuántas se acercarían así, por primera vez, a la célebre cabalgada de Guillermo Tell, el canto del pueblo hebreo frente a la tiranía de Nabucodonosor o la Marcha triunfal de Aida? Esta multitud de voces hizo posible el milagro, y lo seguirá haciendo hasta el viernes, entre integrantes de coros de la capital y otras ciudades andaluzas, así como otras absolutamente primerizas, que desde octubre pasado han estado preparando esta velada tan especial y emotiva.

Cuatro grandes títulos de la ópera francesa e italiana


Lucas Macías, director titular de la orquesta, fue el encargado de dar forma a la suntuosa propuesta del gerente Jordi Tort, que con tan buen pulso está logrando la recuperación artística y económica de nuestra querida ROSS. Macías dirigió con ahínco y considerable brotes de energía la obertura de Carmen, una brillante introducción que nos llevó a un Le cloche a sonné entonado por los hombres con desigual fortuna y cierta sensación de caos, seguida por un más disciplinado y mejor entonado coro de cigarreras de la ópera de Bizet.

El intermezzo concebido por Massenet para la soprano californiana Sybil Sanderson, de quien quedó prendado por su talento y belleza, en la ópera Thaïs, permitió a la concertino Alexa Farré lucir sus espléndidas facultades, regalándonos una interpretación solista de enorme delicadeza y virtuosismo, magníficamente acompañada por un conjunto en el que nos pareció advertir muchos rostros nuevos, seguramente por las vacaciones estivales. Entre el público observamos a la violonchelista Nonna Natsvlishvili, muy atenta y emocionada en su primer concierto ajena a la plantilla tras su merecida jubilación.

Impecable resultó la escena con la que arranca la trama de Turandot, con el pueblo esperando la decapitación del príncipe persa tras errar en las adivinanzas de la terrible princesa china, cuya aparición provocó un derroche de belleza y sensualidad con la magnífica entonación de los inmersivos coros, acompañados por la delicada caricia de la orquesta, permitiendo así disfrutar en todo su esplendor de la exquisita partitura del gran Puccini. Acaso pudo resultar algo anticlimático la larga introducción de la obertura de Guillermo Tell, con su evocación de paisajes, tormentas y pastores, que Macías y la orquesta defendieron con enrome sensibilidad y buen gusto, especial mención a los solos de corno inglés y flauta, para en su tercio final generar el entusiasmo del público al son de los vibrantes acordes que hicieron célebre al Llanero Solitario.

Verdi, máximo representante de la voz del pueblo


Aunque se celebró sin pausa, pudo distinguirse claramente dos partes en esta cita musical, con Verdi protagonizando íntegramente la segunda. Nada hace presagiar escuchando el coro de gitanos de Il trovatore, el carácter lúgubre de esta ópera que explora el lado más oscuro del comportamiento humano, y que hombres y mujeres cantaron con tanto ahínco como brillante fue la aportación de la percusión en la muy entregada orquesta. Después llegó la emoción generosa del coro de esclavos hebreos en el templo de Jerusalén, de Nabucco, donde el pueblo aguarda su suerte en manos babilonias, muy trabajado a nivel dinámico, con resultados ciertamente sobrecogedores.

Para Las vísperas sicilianas, Verdi optó por el formato de Grand Opera francesa, no en vano se estrenó en París y en francés, antes de alcanzar mayor popularidad en su traducción al italiano. De este título opulento y ambicioso, que ilustra las revueltas del pueblo siciliano sobre sus opresores normandos, la ROSS ofreció su obertura, muy rica en orquestación y depurada emocionalmente, con una interpretación impecable y muy enérgica. Muy reciente en el foso del Maestranza, la marcha victoriosa de Aida, una monumental escena triunfal en la que el pueblo egipcio, la corte y el estamento religioso homenajean al ejército con gran riqueza épica, puso final al programa oficial, una vez más evidenciando el enorme esfuerzo desplegado por el coro amateur, y sus gratificantes resultados.

En las propinas, Macías anticipó el Réquiem de Verdi que sonará en los atriles de la ROSS en septiembre, en la que será su primera cita de la nueva temporada. Con una fuerza inusitada y apabullante, coro y orquesta se enfrentaron a su contundente Dies Irae, para terminar de forma más amable y dulce con la célebre Mazurca de las sombrillas de Luisa Fernanda, una pieza de Moreno Torroba que siempre causa sensación y una honda emoción, y ésta no fue una excepción. Un magnífico trabajo de coordinación de la maestra encargada de dar forma a tan numeroso coro, cuyo ensayo con la orquesta se ha limitado a apenas un par de sesiones, lo que da idea de la profesionalidad de todos y todas para lograr tanta complicidad.

Fotos: ROSS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 13 de noviembre de 2025

CARMEN DE LUBITSCH Y SCHWENCKE, RECURRENTE Y RUTINARIA

Alemania 1918 100 min.
Dirección
Ernst Lubitsch Guion Hanns Kräly, Grete Diercks y Norbert Falk, según la novela de Prosper Mérimée Fotografía Alfred Hansen Intérpretes Pola Negri, Harry Liedtke, Leopold van Ledebeer, Grete Diercks, Paul Biensfeldt Música Tobias Schwencke Interpretada por Nacho de Paz y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Teatro de la Maestranza, miércoles 12 de noviembre 2025


La restauración apadrinada por el Canal Arte de este clásico del cine mudo alemán, realizado por un Ernst Lubitsch que aún buscaba su propia voz y desde luego todavía no había alcanzado ese toque suyo tan característico, le ha devuelto sin embargo cierto encanto que lo aleja de la tenue consideración que ha tenido a lo largo de este más de siglo cumplido. Con casi treinta minutos recuperados de su metraje, entre descartes y fotogramas que se creían perdidos, y una rehabilitación de su policromía original, la cinta ha ganado en fluidez narrativa y ritmo, mientras su factura técnica se revela excelente para la época, al margen de los clichés recurrentes con los que se describe un lugar y un ambiente al que hemos de identificar con Sevilla, aunque más bien parezca una aldea de los Alpes disfrazada para la ocasión con algunos motivos exóticos en forma de arcos de herradura y otras delicias.

En esta ocasión el mayor atractivo de la empresa consistía en disfrutarla con la música que para su recuperación compuso hace apenas cuatro años Tobias Schwencke. De la película y de su música ya nos encargamos en el artículo que se publicó en El Correo de Andalucía el pasado domingo día 9 de noviembre. Decepcionante nos parece el camino rutinario y recurrente por el que ha optado el compositor alemán para la ocasión. Echando mano fundamentalmente de la partitura de Bizet, algo que si ya hizo en el momento de su estreno Cecil B. de Mille con su particular versión de la novela de Mérimée tres años antes, no tiuvieron necesidad de repetir otras versiones posteriores, entre las que se encuentran por ejemplo la protagonizada por Rita Hayworth o la dirigida por Vicente Aranda.

Así las cosas, Schwencke utiliza en modo pastiche todos los motivos musicales de la ópera, sometiéndolos a ligeras variaciones y algunas distorsiones, e incluso introduciendo otros compositores, como Chaikovski y su Patética. Lo más interesante de la partitura reside en sus fragmentos originales, especialmente los que le imprimen un carácter veladamente contemporáneo, como la secuencia del ataque a la diligencia y el posterior escarnio al oficial que viaja en ella. Algún sonido electrónico añadido, como unas inexplicables pisadas en la tierra, completan la perezosa partitura que Nacho Paz y la Sinfónica recrearon con precisión, sentido del ritmo, perfecta sincronización y un sonido brillante y envolvente.

El público, una vez más, fue incapaz de comprender la singularidad del espectáculo. Vino a ver la película más que a disfrutar de su música interpretada en directo por una orquesta sinfónica, que es lo que le da categoría. De esta forma, malogró con toses, comentarios y otros desagradables ruidos, la delicada introducción a golpe de sutiles piano y celesta, ilustrando las explicaciones técnicas de cabecera y la imagen de un joven Lubitsch tras la mesa de su despacho con la que arranca la película justo antes de los títulos de crédito. Peor aún, nada más aparecer el rótulo Ende, rompió a aplaudir sin dejar que la música se desvaneciera poco a poco, sin dejarla respirar, y sin dejarnos a los demás escucharla hasta el final. Toda una falta de respeto y delicadeza que, sin embargo, el muy competente Nacho de Paz y el compositor, presente en la sala, debieron pasar por alto para saludar con educación y amabilidad.

jueves, 19 de junio de 2025

CARMEN PASABA POR ALLÍ

Carmen. Ópera de Georges Bizet. Salvador Vázquez, direción musical. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Escolanía de los Palacios. Con Gabriela Flores, Alejandro del Cerro, María Miró, Badral Chuluunbaatar, Mercedes Arcuri, Anna Gomá, Javier Castañeda, Alejandro Sánchez, Pablo Gálvez y Pablo García López. Producción del Auditorio de la Diputación de Alicante, ADDA. Teatro de la Maestranza, miércoles 18 de junio de 2025


Hablábamos, a propósito del estreno el pasado viernes de esta producción de la famosa ópera de Bizet, sobre la decepción que nos provocó en su día la caída de cartel de la mezzo letona Elina Garança, y de cómo su anuncio debió producirse por el atrevimiento, entiéndase precipitación, del teatro sin estar debidamente cerrado el compromiso. Sin embargo, nos informaron después de forma oficial, que no fue exactamente así y que tanto ella como su esposo, Karel Mark Chichon, habían cerrado su compromiso para después sencillamente renunciar, sin responsabilidad alguna por parte del coliseo. Admitimos que este desliz podría haberse evitado si nos hubiésemos limitado a la valoración crítica de la función de estreno, sin más artificios.

Nada parecido sucedió con este segundo reparto, que se ha mantenido intacto desde su anuncio en la primavera del 2024. Sin embargo, la participación tanto de Gabriela Flores y el resto de las cuatro voces principales, así como del director Salvador Vázquez, tuvo que reajustarse para adaptarse a las nuevas circunstancias, libres de la agenda de Garança, limitándose a dos funciones en lugar de las tres que debían alternarse con igual número del primer reparto, que ahora son cuatro.

Menos y más en este segundo reparto

La mezzo mexicana Gabriela Flores es, en cierto modo, nueva en esta plaza, con más inconvenientes que virtudes para enfrentarse a un papel tan icónico y complejo como éste. Posee un bello timbre, suficiente potencia y fraseo exquisito, además de capacidad para cantar la partitura con holgura e impecable profesionalidad. Pero nada de eso es suficiente si no le acompaña el carisma y el arrojo necesarios para afrontar el carismático personaje con convicción. Su paso por el Maestranza se nos antojó falto de gracia y contundencia, sólo limitado a cumplir y poco más. Faltó sensualidad, y no digamos pasión, tanto en el aspecto estrictamente dramático como en su forma de modular la voz, que hubiera requerido más flexibilidad, morbo y capacidad irónica.


Con más trayectoria profesional, y más papeles protagonistas a sus espaldas, el cántabro Alejandro del Cerro se empeñó más a fondo en su forma de entender el ambiguo y pendenciero papel de Don José, tan propenso a la ternura como al hieratismo más absoluto cuando las circunstancias le son adversas. Así, entonó La fleur que tu m'avais jetée con una considerable dosis de romanticismo, controlando reguladores y cambios de registro con tanta sensibilidad como cierta afectación, mientras aportó visceralidad a la trágica escena final.

Es difícil sustraerse a la ternura de Micaela, y quizás eso propició la fuerte ovación que mereció María Miró, cuya potencia vocal es ciertamente impresionante, pero que acusa excesiva rigidez tanto en su forma de actuar como de cantar, además de evidenciar una voz de timbre algo estridente no siempre agradable. Mejorar al Escamilla de Dalibor Jenis no es tarea difícil, y desde luego el joven Badral Chuluunbaatar lo consigue, a pesar de carecer del carisma y la contundencia necesaria, lo que le llevó a entonar la canción del toreador con cierta desgana y falta de arrojo, si bien se agradeció su flexible entonación y firme línea de canto, sin altibajos y siempre audible.

Una batuta convincente y más atención al resto de voces

Aprovechamos la ocasión para reparar más en el resto del elenco de lo que lo hicimos en la reseña de la primera función. La soprano Mercedes Arcuri y la mezzo Anna Gomà fueron dignas amigas de la protagonista, logrando un quinteto del segundo acto y, especialmente, una escena de las cartas de alto nivel. También el barítono granadino Pablo Gálvez y el tenor cordobés Pablo García-López alcanzaron un excelente nivel en sus breves intervenciones, especialmente en el quinteto aludido.


El barítono palentino Javier Castañeda compuso un Zúñiga sólido, sobrio como actor, autoritario como cantante. Menos acertado estuvo el barítono peruano Alejandro Sánchez, por acusar una voz algo temblorosa, aunque resultó eficaz en su breve cometido.

No es fácil acercarse al universo de la gitana sevillana desde el foso. Requiere un sentido del drama acusado, a la vez que una buena dosis de sensualidad y un nivel de ternura capaz de captar la personalidad poliédrica de la desventurada protagonista. Podríamos decir que Salvador Vázquez, flamante director de la Orquesta de Córdoba, logró ceñirse en un buen porcentaje a estas exigencias, si bien prefirió asentarse en texturas suaves, incluso amables, que acentuaran el carácter pre impresionista de la partitura, a la vez que potenciaran su ternura romántica. La tragedia también quedó perfectamente plasmada en los pasajes más dramáticos de la pieza.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía


sábado, 14 de junio de 2025

EL HECHIZO DE CARMEN

Carmen. Música de Georges Bizet. Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, según la novela de Prosper Mérimée. Jacques Lacombe, dirección musical. Emilio Sagi, dirección escénica y vestuario. Daniel Bianco, escenografía. Eduardo Bravo, iluminación. Pedro Chamizo, videoproyección. Nuria Castejón, coreografía. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, director). Escolanía de los Palacios (Enrique Cabello y Aurora Galán, directores). Con Maria Kataeva, Piero Pretti, Giuliana Gianfaldoni, Delibor Jenis, Mercedes Arcuri, Anna Gomá, Javier Castañeda, Alejandro Sánchez, Pablo Gálvez y Pablo García López. Producción del Auditorio de la Diputación de Alicante, ADDA. Teatro de la Maestranza, viernes 13 de junio de 2025


El Maestranza no dejó, afortunadamente, pasar la oportunidad de sumarse a la celebración del ciento cincuenta aniversario de la que es sin duda la ópera más famosa de todos los tiempos, y que coincide con el del fallecimiento de su autor. Sevilla estaba obligada a hacerlo, y sin duda de las muchas producciones que a la vez se estuvieran disfrutando en todo el orbe, la de aquí debía cobrar una especial relevancia. Todo un privilegio para quienes formaran parte de su elenco artístico y técnico, especialmente las voces.

Todavía conservamos en nuestro acervo emocional la alegría que experimentamos cuando al anunciarse la presente temporada que ahora acaba, se postulaba Elina Garança como protagonista de este montaje. ¿Quién se lo podía creer, Netrebko y Garança en una misma temporada del Maestranza? Aquello no acabó de materializarse, ni ser hermanos de la Macarena les motivó para participar en la Carmen del ciento cincuenta aniversario ¡en la misma Sevilla!

La mezzo rusa Maria Kataeva, que acabó anunciándose en el rol a principios de temporada, una vez renunció la diva letona,  y el director canadiense Jacques Lacombe, que sustituyó a Karel Marek Chichon, que permaneció en cartel hasta hace poco, sustituyeron a los anunciados. Buena elección en ambos casos, a juzgar por los buenos resultados con los que una y otro abordaron sus responsabilidades en una producción ideada para un auditorio. Las exigencias del escenario de un espacio así, obligaba seguramente a un montaje como el que sufrimos ayer en su estreno sevillano. Pero en el Maestranza, la propuesta se quedó definitivamente pobre e inadecuada.

Algún destello de ingenio aislado

No pasará a la historia esta Carmen de Emilio Sagi, que podrá defenderse alegando las especiales circunstancias para las que fue diseñada, ese Auditorio de Alicante aludido, pero que no puede esquivar las críticas frente a lo que fue sin duda una falta considerable de imaginación y creatividad. Lo más parecido a una versión de concierto tuvo, sin embargo, algunas bellas imágenes, especialmente cuando el tumulto se transformaba en perfiles oscuros proyectados sobre una luminosa pantalla en rojo o en azul, según la escena y el momento del día. Un juego de luz que fue lo único destacable frente a un trabajo de iluminación en general bastante convencional.

Gianfaldoni (Micaela) y Pretti (Don José)

En cuanto al movimiento escénico, se resolvió en general de manera torpe y desaliñada, aunque no podemos negar que algunas composiciones, sobre todo de diversos grupos humanos distribuidos por el escenario, y otras de conjunto bastante pictóricas, alcanzaron ciertas cotas de belleza subyugante.

Pero momentos como la entrada de las cigarreras, cigarrillo en boca para que se supiera a lo que se dedican, por si alguien se despista, y muchas tan descaradas y desafiantes como la propia protagonista, como si formaran parte de su escuela, resultaron ciertamente ridículos. No digamos ya el uso recurrente de las sillas, hasta para representar el coso taurino, si bien esta escena final cobró especial relieve como ritual trágico, con los figurantes sentados alrededor de la apasionada y mortífera pareja como si observaran una faena.

La fiesta de los toros y la pasión amorosa quedaron así tópica e íntimamente relacionadas, convergiendo en una solución final irritante a estas alturas de la película, de nuevo con heroína sacrificándose por amor en lugar de siendo víctima del machismo que le impide volar en libertad. Quizás un estudio más profundo y acertado de la personalidad de Don José, su ambigüedad y doble moral, hubiera supuesto un mayor acierto, puestos a innovar, ya que del mito de Carmen ha corrido mucha tinta.

Kataeva (Carmen) y Jenis (Escamillo)

Con todo, los cuadros en la taberna y las coreografías, a las que incluso se presta con fortuna Kataeva, fueron vistosas. Menos convenció la transformación de los contrabandistas en supuestos partisanos en los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil, y desde luego nada la ejecución cruel y visceral de Zúñiga. Atrevimientos de quien se cree, o se lo han hecho creer, genio.

Y siempre esos fondos de cielo rojizo y azulado proyectados sobre la pantalla, único atrezzo junto a unos grandes focos laterales cuya función no acertamos a comprender. Y en el suelo, una arenisca también roja, para no apartarse del cliché, que en ocasiones dificultó el movimiento, aunque para el bailaor Cristian Lozano Porras no supuso ningún obstáculo a la hora de llevar a tan buen puerto su danza del último entreacto.

Rotunda presencia escénica

Sin duda la gran triunfadora de la noche fue Maria Kataeva. Carmen llena, y el Maestranza estuvo anoche a rebosar. Es el hechizo de la gitana, que enamora con sus encantos tanto como Bizet lo hizo con su lista de éxitos, melodías a cual más hermosa y pegadiza. Pero nada funcionaría sin una voz en condiciones, y si va acompañada de una excelente interpretación dramática, gran parte del éxito de la empresa está asegurada.

Kataeva posee una voz gruesa, perfectamente entonada, capaz de modular y salvar las más severas inflexiones de forma fluida y natural, incluso en las vocalizaciones cuando baila para Don José en el segundo acto, que acompañó encima con un dominio absoluto y sorprendente de las castañuelas. La mezzo demostró tener el temperamento y la sensualidad imprescindible para bordar el papel. También Giuliana Gianfaldoni entendió a la perfección la ternura y vulnerabilidad de Micaela, entonando Je dis, que rien ne m’épouvante con sensibilidad y emotiva expresividad. También su dúo del primer acto con Don José propició que al final muchos de los aplausos concentrados fueran suyos.


Piero Pretti trabajó su Don José desde la honestidad, no sin ahínco. Pero le faltó fuerza emocional, especialmente en su canto, a veces ahogado y con perceptibles roces. No obstante, su timbre es agradable y logra enfatizar las notas que lo requieren y alcanzar agudos notables. Nada de eso podemos destacar en la voz gastada y con todos los defectos imaginables del barítono eslovaco Dalibor Jenis, un Escamillo para olvidar y todo un error de reparto. El resto del elenco, Zúñiga, las amigas de Carmen, los contrabandistas… cumplieron con eficacia y responsabilidad, unas más y otros menos.

Como es habitual, tanto el Coro del Maestranza como el de la Escolanía de Los Palacios, este último también presente en el gentío fiestero del acto final, estuvieron soberbios, así como una ROSS muy familiarizada con la partitura, de la que Lacombe supo extraer sus mejores virtudes, no obstante una obertura algo machacona. El resto fluyó con elegancia y sentido dramático, sin eclipsar voces y atendiendo en todo momento a la estética de una música en la que abundan los efectos emocionales.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía


lunes, 7 de octubre de 2024

CARMEN DE ISRAEL GALVÁN: ANÁLISIS DE UN MITO


Coincidiendo con el ciento cincuenta aniversario del estreno de Carmen de Bizet, el Maestranza abre y cierra su temporada con sendos espectáculos sobre este mito femenino y español visto desde fuera. El broche de oro lo pondrá Elina Garança dando vida a la cigarrera. Mientras tanto, ha sido el bailaor y coreógrafo Israel Galván quien ha tenido el honor de estrenar temporada, un día después de cerrar con el mismo espectáculo la Bienal de Flamenco. Ya a la entrada fuimos avisados de que esto era un montaje cien por cien Israel Galván, que llevaba su sello. Como nunca habíamos asistido antes a un espectáculo del bailaor, no sabíamos muy bien lo que nos querían decir. Lo nuestro era disfrutar con la selección que la Real Sinfónica de Sevilla, bajo la dirección una vez más de una mujer, y van cuatro seguidas, la finlandesa Maria Itkonen, tenía preparada de la ópera, y con las atribuladas voces de Nancy Fabiola Herrera, José Bros y Ángel Ódena, fieles y habituales colaboradora y colaboradores del Maestranza.

Efectivamente, nada más arrancar la famosa obertura, Galván hizo ya su aparición pertrechado con lo que parecían objetos de tienda de bromas y disfraces, con un baile algo arrítmico y disparatado, parecía que se mofase del clásico galo. Poco a poco fuimos entendiendo que todas sus aportaciones estaban perfectamente estudiadas como un ensayo sobre un mito que a la larga ha hecho más daño que favor a la mujer, tanto como se ha enarbolado la bandera de la libertad cada vez que se ha hablado del personaje.


Tan reveladores como el baile casi cómico de Galván fueron las coplas seleccionadas para alternarse con los números más icónicos de la partitura de Bizet. Una extraordinaria María Marín se hizo dueña del cuadro flamenco, cantando y tocando a la guitarra piezas tan señaladas como el pasodoble Carmen de España o la copla Falsa moneda, dejando clara la vocación mitómana del personaje, más cerca del cliché que de la realidad de la época, así como su carácter ninfómano, algo que más ha estigmatizado a la mujer que servido de seña genuina de libertad. Si encima a la magnífica cantante, cantaora y guitarrista le toca la difícil misión de cantar Baga Biga Higa, que aunque compuesta en 1969 por Mikel Laboa, su texto procede del acervo popular vasco a menudo identificado con el mundo de las hechiceras, como atestigua su uso en Las brujas de Zugarramurdi de Álex de la Iglesia, ya tenemos el conjunto de cualidades perfecto con el que la historia ha manchado y vilipendiado a las mujeres, asociado en este caso al mito de Carmen.

El montaje de Israel galván sigue respetuosamente la narración de Bizet, intercalando en su dialéctica algunos de los números más reconocibles de la ópera, que Nancy Fabiola Herrera no sólo cantó con extremo cuidado, una voz profunda y atractiva y una extraordinaria capacidad para proyectar y modular con exquisito gusto, sino que además se atrevió a acompañar al baile, por supuesto de forma discreta pero muy eficaz, a la estrella de la función, quien solo se permitó enfrentarse al flamenco clásico con indumentaria más seria y sobre tarima mientras Marín punteaba el evocador interludio del tercer acto. Mientras, muy bien de tono, con ese singular timbre que le caracteriza y considerable potencia, José Bros acompañó a Herrera como también lo hizo, con voz algo más tremolante  pero igualmente potente y bien proyectada, Ángel Ódena como Escamilla.

Los cuatro, flamenca y líricos, formaron un cuadro flamenco de lo más singular. Pero lo más impactante estaba por llegar, cuando después del crimen de Don José, un coro de hombres al más puro estilo nórdico (Mieskuoro Huutajat de Oulu), levantó su particular grito de guerra, con el amor posesivo y autoritario como reclamo, mientras Galván culminaba su particular ritual de cuernos y desamor sobre un escenario negro, parcialmente iluminado y eficazmante articulado para lograr que nos rindiésemos a su propuesta, al principio descabellada, después tan oportuna como atrevida, pero nunca como pudiera pensarse, provocativa. Sólo buena ópera, buen teatro y mucho talento.

Fotos: Luis Pascual



viernes, 13 de octubre de 2023

SOUSTROT PERFUMA EL INICIO DE TEMPORADA DE LA ROSS

1º concierto del ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 34 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Soustrot, dirección. Programa: Escenas bohemias de La jolie fille de Perth, de Bizet; Danza macabra Op. 40 y Sinfonía nº 3 en Do menor Op. 78 “con órgano”, de Saint-Saëns; Ma mère l’oye, de Ravel; Discurso del general y La bañista de Trouville, de Les mariées de la Tour Eiffel, de Poulenc. Teatro de la Maestranza, jueves 12 de octubre de 2023


El fútbol y el puente debieron restar público al concierto de inauguración de temporada de la Sinfónica, a tenor de los muchos vacíos que pudimos observar en el aforo del Maestranza. Después de una pasada temporada tan polémica y henchida de inconvenientes y sobresaltos, esperemos que ésta fluya con normalidad y colme las expectativas de la afición. Para empezar, su director titular, Marc Soustrot, optó por uno de esos programas tan queridos suyos, con los que acudía siempre a Sevilla cuando no era su titular pero sí un invitado ilustre. De hecho, Mi madre la oca de Ravel lo ha interpretado ya en varias ocasiones, más las que la orquesta lo ha hecho sin él a la batuta. Se trata sin embargo de una música tan excelsa y rotundamente bella que no nos cansamos de escucharla cuantas veces sea necesario, más si se hace de forma tan soberbia como lo lograron ayer los músicos y músicas de la formación bajo la atenta supervisión del maestro lionés. Tras un Preludio cargado de atmósfera y ensoñación, la Pavana de la bella durmiente sonó misteriosa y sensual, con intervenciones sobresalientes de flauta y clarinete, mientras fueron el oboe y el corno inglés los que se lucieron en un Pulgarcito amable y juguetón. La belleza tímbrica de la Emperatriz de las pagodas volvió a brillar en los atriles de la ROSS, mientras orquesta y director no escatimaron esfuerzos para dotar al vals de La bella y la bestia de enorme elegancia y sensibilidad. El jardín mágico volvió a estremecernos con un alto porcentaje de emoción y una inteligente dosificación de sus virtudes expresivas.

Antes, Soustrot nos regaló unas Escenas bohemias de Bizet llenas de encanto. No recordamos haber escuchado antes esta suite extraída de la ópera La bella muchacha de Perth en el Maestranza. En ella se aglutinan el Preludio y una Serenata basada en el aria Viens, ma belle, je t’attends, recreada con gracia y sensibilidad, la Marcha que transcribe el coral Bon citoyens, vivaz y contundente, y la Danza bohemia, único número que se reproduce igual que en la ópera y que cierra pieza de nuevo con enorme elegancia en las impagables prestaciones de director y orquesta. Le siguió la popular Danza macabra de Saint-Saëns, con intervenciones magistrales de Alexa Farré al crispado y diabólico violín, y de unos timbales que dotaron de relieve y significación a la envolvente partitura, y que el resto resolvió con un sensacional sentido del ritmo y claridad en los acentos. Dos breves piezas del ballet conjunto Las bodas de la Torre Eiffel, compuesto por cinco de los integrantes del grupo de Los Seis (Georges Auric, Arthur Honegger, Darius Milhaud, Germaine Taillaferre y Francis Poulenc), precisamente las aportaciones del último, sirvieron para poner el contrapunto festivo y desenfadado a la magia desplegada con Mi madre la oca que le precedió, con la orquesta exhibiendo ritmo, fuerza y ese carácter bufo que expide.


De todas las sinfonías que sobreviven de Camille Saint-Saëns, tres de las cinco numeradas y otras dos, de las que Urbs Rome gozó de enorme popularidad en su época, la número tres es la más programada, si no la única. La intervención del órgano la hace única, mientras muchas personas la identificarán como tema musical recurrente en la banda sonora de la entrañable Babe, el cerdito valiente. Aunque constituye una pieza relevante desde el punto de vista formal, con una orquestación densa y equilibrada, son muchos quienes apuntan que carece del aliento beethoveniano y la gracia schubertiana que la informan. De cualquier modo constituye una pieza sumamente atractiva, con el valor añadido de dotar de voz a un sinfonismo, el francés, que al margen de los logros obtenidos por Berlioz o Franck, nunca gozó de popularidad. Careciendo el Maestranza del gran órgano que suele presidir los auditorios clásicos, el instrumento elegido para la ocasión, del que se encargó Tatiana Postnikova, tuvo que sonar forzosamente amplificado. Paradójicamente esto provocó que su sonido se impusiera al resto, en lugar de integrarse con el resto de la orquesta, lo que dotó a la interpretación de la pieza de una majestuosidad y una irrealidad fascinantes. También la aportación del piano, solo en el scherzo a cargo de Francisco Montero, y a dos manos en el finale con la incorporación de Ángela de la Cruz Moraza, resultó elocuente y llena de magia con sus impetuosas escalas ascendentes. Por lo demás, Soustrot supo combinar el carácter reflexivo y meditativo de sus pasajes más relajados, con la elocuente gravedad de sus grandes acordes y sus abundantes contrastes, hasta desembocar en un radiante y apoteósico final.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 23 de agosto de 2021

TOTEM ENSEMBLE EN MODO ARREGLO

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Vladimir Dmitrienco y Luis Miguel Díaz, violines; Michael Leifer, viola; Nonna Natvlishvili, violonchelo. Francisco Lobo, contrabajo. Programa: Sarabanda Op. 93, nº 1, “Reverie du soir” de Suite Algerienne Op. 60, y El carnaval de los animales, de Saint-Saëns; Pizzicato de Silvia y Vals de Coppelia, de Delibes; Medley de Carmen, de Bizet. Domingo 22 de agosto de 2021

Foto: Actidea

Aunque se trate de una de sus obras más representativas y populares, junto a la ópera Sansón y Dalila y la Danza macabra, Saint-Saëns consideraba El carnaval de los animales una pieza menor, apenas una broma musical que podría enturbiar su consideración de compositor serio y responsable. Ni el hecho de que una de sus pocas interpretaciones en público, en casa de Pauline Viardot, provocara el entusiasmo de Liszt, influyó para que el compositor romántico francés decidiera publicarla y destinarla a las salas de concierto. Tuvo que pasar más de treinta años para que eso ocurriera y la obra se convirtiera en icono del autor, por eso el homenaje que Noches del Alcázar le brinda este año a Sain-Saëns en el centenario de su muerte no sería completo sin una interpretación de la página. Totem Ensemble, que como tal formación hace algunos años que no pisa este escenario, si bien sus integrantes sí lo han hecho con otros conjuntos, ha sido el encargado de llevar a cabo esta exigencia, contando para ello con su habitual ingenio y habilidad para adaptar partituras a su reducido conjunto de cuerda.

Una página imprescindible

El carnaval de los animales es una suite con catorce números que satiriza la música programática e ironiza con diversos autores contemporáneos y colegas del autor a través de una orquestación muy medida y matizada, capaz de aportar un colorido muy especial a cada uno de los animales representados en esta fantasía zoológica, como su autor la definía. Destinada a una formación orquestal reducida a unos quince intérpretes, pero con gran parte de las familias instrumentales representadas y una aportación fundamental del piano al conjunto, su adaptación a quinteto de cuerda se antojaba harto atrevida y con muchas papeletas para fracasar. Sin embargo la pericia y profesionalidad de los cinco músicos convocados y esa habilidad para el arreglo y la adaptación que les caracteriza, hizo que la empresa saliera adelante con el beneplácito de un público entregado y entusiasmado, capaz de entender el humor con el que su autor la emprende con su propia Danza macabra en Fósiles, la Danza de las sílfides de Berlioz en El elefante, o el Can-Can de Offenbach en Las tortugas. Sin el apoyo del xilofón o la flauta y otros instrumentos de viento, la cuerda se las ingenió sin embargo para lograr texturas variadas y emitir onomatopeyas identificables. A pesar de ello algunos números, como el Acuario, se resintieron de esa falta de color y textura que en este caso particular aporta el teclado. Pero hasta Los pianistas estuvieron bien representados con sus infatigables escalas a pesar de la falta del instrumento rey. Dmitrienco y Díaz jugaron con simpatía y discreción, Natvlishvili impregnó de poesía su violonchelo en el popular Cisne, Leifer sustituyó con éxito al inicialmente programado Jerome Ireland, y Lobo brilló en sus puntuales solos, además de ejercer de maestro de ceremonias quizás para evitar que la simpática incontinencia verbal de Dmitrienco sobrepasara el tiempo estipulado. El resultado fue una acertada combinación de humor afilado y considerable delicadeza.

Antes el conjunto interpretó una serie de páginas del propio homenajeado y dos de sus contemporáneos más influyentes, Bizet y Delibes, con resultados también amables y satisfactorios, aunque en el orientalizante Reverie du soir el diálogo entre los dos violinistas sonara algo estridente. La Sarabanda con la que iniciaron el concierto mantuvo cierto lirismo y un tono apesadumbrado muy elocuente, mientras las dos populares piezas de Delibes extraídas de sus famosos ballets mantuvieron la exigencia técnica y expresiva que se demanda a la gran orquesta a las que van destinadas. Con la siempre socorrida Carmen prefirieron un arreglo propio, con transiciones en su mayoría bien planteadas, que alguna de las fantasías y suites que existen en el repertorio. La intervención del público resultó inevitable en el We Will Rock You de Queen que ofrecieron como propina.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 31 de mayo de 2021

LA ESTRELLA ES CARMEN

1er reparto de la ópera de Georges Bizet en producción del Teatro del Liceo con dirección escénica de Calixto Bieito y musical de Anu Tali. Con Ketevan Klemokidze, Sébastien Guèze, Simón Orfila y María José Moreno. Teatro de la Maestranza, domingo 30 de mayo de 2021

Ketevan Klemokidze

Hacía mucho tiempo que no necesitábamos en Sevilla dos repartos para una misma producción operística. La crisis de hace una década frenó el buen ritmo de crecimiento que iba cogiendo la afición sevillana y tuvimos que volver al escuálido número de cuatro representaciones como máximo por título, salvo alguna excepción muy aislada. La enorme popularidad del título de Bizet ha propiciado que incluso en estos tiempos tan delicados de pandemia y restricciones, hayamos recuperado la feliz programación de varias funciones seguidas, lo que exige un doble reparto para no agotar las voces principales. Y como todo ahora es diferente, el brote de covid que impidió estrenar el pasado lunes 24 como estaba previsto, ha provocado que fuese el segundo reparto el que estrenase este pasado sábado, con la intención de no cambiar el elenco asignado a cada fecha prevista. Ayer domingo este primer reparto tuvo su oportunidad en la producción finalmente estrenada y que ha sustituido a la inicialmente anunciada del propio Maestranza en colaboración con la Ópera de Roma. La del Liceo
dirigida por Calixto Bieito resulta anticuada para muchos, a pesar de los cambios que ha ido sufriendo a lo largo de sus veintidós años, pero nosotros la encontramos acertada e impactante, beneficiándose además por un espléndido trabajo de reposición de Joan Anton Rechi.

Simón Orfila es Escamilla
La mezzo georgiana Ketevan Klemokidze se ha trabajado a conciencia un rol que ya conocía bien. La suya es una Carmen descarada, desvergonzada, seductora y con mucho carácter, y eso lo supo llevar tanto a la escena como al canto. Su voz no es todo lo gruesa que cabría esperar en su tesitura, y atesora un timbre a menudo metálico más propio de una soprano, pero eso en absoluto es un impedimento para triunfar en el papel, que tantas veces se ha abordado con éxito en voces de registro más agudo. De cualquier forma logra mantener un timbre y un registro homogéneos y combinar una interpretación dramática de primer orden con un canto lleno de expresividad. Ella es sin duda la estrella de la función, como debe ser, ya desde una Habanera cantada con todas las armas de seducción a su alcance, que deriva después en una Seguidilla socarrona y un arranque en la taberna de Lillas Pastia, reducida a un Mercedes desvencijado, en el que exhibe ese tono justo entre enamorada y esperanzada, del mismo modo que a partir del tercer acto es capaz de transmitir el desencanto propiciado por el carácter celoso y pusilánime de su amante. Todo ello con una línea de canto sólida, precisa y decidida, con momentos estelares como la escena de las cartas, defendida con un tono adecuadamente trágico y sombrío.

Sébastien Gueze seducido por Carmen
Del resto de este primer reparto merece destacarse a Simón Orfila perfilando con su voz más de bajo que de barítono, un Escamilla rotundo, que ya desde su aparición con la famosa Canción del toreador encandila y convence, fraseando a gusto y proyectando con generosidad. Así hasta la oración del último acto, en la que se tuvo que emplear a fondo para controlar su torrente de voz, modular con discreción y transmitir como fue capaz ese toque piadoso que la pieza exige. También convenció María José Moreno, que aunque empezó un poco avibratada, fue ganando peso a lo largo de la función, dominando agudos y cambios de registro hasta lograr ese aire de ternura y compasión que demanda su personaje de Micaela. Lástima que en el plano actoral la encontrásemos algo perdida, lo que también fue controlando según avanzaba la trama.

María José Moreno y César Méndez Silvagnoli
En el lado opuesto encontramos al tenor francés Sébastien Gueze en el papel de Don José. Le costó más que a nadie aclimatarse a su personaje, y aunque fue dominándolo, no llegó a convencer del todo, al menos en esta su primera función. Como actor dejó bastante que desear, echando mano más de lo conveniente de gesticulaciones y excesos dramáticos. Y como cantante evidenció muchas carencias de tipo expresivo y técnico. Se mantuvo rígido prácticamente todo el tiempo, a menudo sofocado, fraseando con dificultad y exhibiendo muchas tiranteces, lo que nada ayudó en sus escenas junto a la heroína. Solo en el dramático desenlace encontramos un trabajo más de peso, equilibrado y en su tono justo. El coro corrigió los desajustes mencionados en la crónica anterior, y todos y todas, incluidas las niñas y niños de la Escolanía de Los Palacios y los figurantes, parecieron volver a disfrutar de lo lindo, especialmente en el muy jubiloso saludo a los toreros del acto final. Esperemos que no tengan que pasar muchos años para recuperar a Carmen en su Sevilla natal. Quizás pronto sea el momento de desempolvar esa producción propia que se quedó en el camino a causa de la pandemia.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 30 de mayo de 2021

CARMEN DE BIEITO, QUE NO LA DE MÉRIMÉE

Ópera de Georges Bizet con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Hálevy según la novela de Prosper Mérimée. Anu Tali, dirección musical. Calixto Bieito, dirección escénica. Joan Anton Rechi, reposición de la puesta en escena. Alfons Flores, escenografía. Mercé Paloma, vestuario. Alberto Rodríguez, iluminación. Con Sandra Ferrández, Antonio Corianò, Raquel Lojendio, Jean-Kristof Bouton, Manel Esteve, Moisés Marín, Felipe Bou, César Méndez Silvagnoli, Laura Brasó, Anna Gomà y Fernando Estrella. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Escolanía de Los Palacios. Producción del Gran Teatro del Liceo, Fundación Teatro Regio de Turín, Fundación Teatro Massimo de Palermo y La Fenice de Venecia. Teatro de la Maestranza, sábado 29 de mayo de 2021

Anu Tali dirige desde el foso

Quien más y quien menos llevaba treinta años esperando que el coliseo sevillano programara la más popular y representada de cuantas óperas existen, símbolo además de una ciudad que ha visto cómo sus calles han servido de escenario para el más nutrido conjunto de títulos líricos jamás concebido. Fue en los fastos del 92, recién inaugurado el teatro, cuando Plácido Domingo como director musical y Nuria Espert como directora escénica desembarcaron en la ciudad para poner en marcha aquella Carmen que protagonizaron Teresa Berganza y José Carreras. Desde entonces Sevilla solo ha podido mirarse en la tragedia de Mérimée a través de otras disciplinas, tan solo pudiéndose recordar una representación rutinaria y rudimentaria de la ópera en el Corral del Hotel Triana, hace ya un buen puñado de años dentro del programa Ópera por Barrios y de la mano de una de esas compañías itinerantes que provienen de los antiguos países del este europeo. Hace algunos años pudimos disfrutar de la proyección en el Maestranza del clásico en celuloide de Cecil B. de Mille, con la música de Hugo Riesenfeld basada en los temas de Bizet, interpretada en directo por la Sinfónica de Sevilla. Eso y el espectáculo lírico-coreográfico-ecuestre que Távora paseó por medio mundo, han sido las pocas ocasiones que en las últimas décadas hemos podido acercarnos en Sevilla a un mito tan asociado a nuestra tierra.

Ferrández baila sobre un Mercedes desvencijado
Muchas han sido las adaptaciones de este clásico de la literatura francesa al cine, desde la protagonizada por Geraldine Farrar en 1915 a la que Vicente Aranda ambientó en localizaciones reales, pasando por la muy kitsch con Giralda al fondo que recrearon el equipo artístico de Gilda, Rita Hayworth y Glenn Ford en el reparto y Charles Vidor en la dirección. La de Bizet también ha visto múltiples adaptaciones, con Francesco Rosi dirigiendo a Domingo y Julia Migenes en Carmona, o la más libre y celebrada de Saura, pasando por toda una joya, la Carmen Jones de Otto Preminger. En esta rareza se adaptaba el musical de Broadway que de la mano de Oscar Hemmerstein, el libretista de Richard Rodgers en títulos como Oklahoma, Carrusel, El rey y yo o Sonrisas y lágrimas, tradujo las canciones al inglés y multiplicó los diálogos. Y es que Carmen es una ópera singular hasta en su estructura, con números cerrados manteniendo la pauta típica de una canción, melodías sencillas y pegadizas y que no exigen en lo vocal un esfuerzo considerable más allá de algunas inflexiones y momentos de lucimiento.

Muy buen trabajo escénico

Brasó, Ferrández, Corianò y Gomà
Como la de Calixto Bieito, también la cinta de Preminger se ambientaba en el 
ámbito castrense, con Harry Belafonte como soldado a punto de desembarcar en Corea que sucumbe a los encantos de Dorothy Dandridge, doblada por Marilyn Horne, solo para destapar así su condición de macho celoso y maltratador, un particular que Preminger resuelve con tanta sutileza como convicción ¡hace setenta años! Bieito, en su condición de provocador nato, necesita mucho más, intentar descolocar al público mostrando toda una sucesión de miserias patrias, desde una bandera intemporal (sin escudos ni emblemas) que legitima los excesos y atropellos de las fuerzas de seguridad, violación incluida, hasta una legión paradigma del machirulo más grosero y primitivo (pero sin cabra), la corrupción representada en la continua presencia de legionarios sobre el escenario, a menudo junto a traficantes y prófugos de la justicia, y esa miseria del pueblo de la que no nos libramos ni después de cuarenta años de democracia. La de Bieito se publicita como ambientada en los setenta en algún lugar del estrecho, pero lo cierto es que ni la escenografía ni los figurines dejan muy claro ese particular (atención a la cabina de teléfono, más bien de unos ochenta muy entrados), por lo que vale igualmente para nuestros días, porque aquí no ha pasado nada y todo vuelve.

Bouton y Brasó
Así, con pocos elementos pero muy buen oficio, Bieito y su equipo consiguen un trabajo teatral de primer orden, con una muy cuidada iluminación y, lo que es más importante, un excelente trabajo de dirección, movimientos de masas bien calculados y articulados e interpretaciones llenas de intención y expresividad por parte prácticamente de todo el elenco, al menos en este segundo reparto con el que, después de retrasos, cambios de producción y amenazas del covid, se ha tenido que estrenar la función. En esta Carmen hay soluciones cinematográficas muy bien aplicadas, como ese torero desnudo bajo la luna y a la sombra del toro de Osborne que acompaña al entreacto del tercer acto y tanto recuerda al novillero de Tú solo, dirigida por otro Escamilla, Teo; o la espectacular forma en la que en el último acto el gentío saluda a los toreros, a quienes no vemos, en una solución muy similar a la de las carreras de Ascot en My Fair Lady. Afortunadamente lo de provocar le queda grande ya a cualquiera que se lo proponga, y desde luego el público sevillano ha demostrado con creces que es difícil de escandalizar, que aquí lo mismo cabe rezarle a la Virgen que besarse en plena calle con una persona del mismo sexo. Solo pudimos reprocharle al afamado director escénico que acentúe tanto todos estos factores para analizar el origen del mal, esa supremacía del macho sobre la mujer que deriva en el feminicidio, como esa niña pequeña que acompaña al elenco durante gran parte de la función, toda vestida de rosa, jugando a las muñecas y mimetizando ademanes de seducción.

Gran espectáculo musical

Corianò y Ferrández
Habiendo dejado clara la satisfacción que nos ha provocado el muy trabajado espectáculo teatral, algo que tanto echamos de menos en otras funciones más sofisticadas en recursos, hemos de dejar constancia también del excelente nivel musical alcanzado en términos globales en esta versión del Maestranza de la ya mítica producción del Liceo en colaboración con varios teatros italianos. La directora estonia Anu Tali marcó con destreza y precisión todas las pautas reconocibles en la partitura. Inflexiones, cambios de registro, ataques, entradas, climas… la suya fue una dirección muy atenta al matiz y al detalle, en cierto modo tan marcial en lo técnico, lírica y sentimental en lo expresivo, estricta y concentrada, que funcionó a la perfección, haciendo que la música fluyera y brillara en todo su esplendor, algo a lo que naturalmente la buena disposición de la orquesta ayudó sobre manera. Una vez más la espléndida acústica del lugar redondeó los buenos resultados. Lástima que esto no impidiera ciertos desencuentros con el coro, sobre todo en sus primeras apariciones; quizás las mascarillas y la lejanía de las voces en algunos pasajes contribuyeran a esos pequeños desajustes. Por lo demás, también la aportación de los y las integrantes del coro alcanzó en general un buen nivel, plegándose a ello el feliz regreso al escenario de los niños y las niñas de la Escolanía de Los Palacios, una vez más embelesándonos con su disciplinada participación.

Lojendio y Corianò
En este segundo reparto quien más brilló a nivel canoro fue Raquel Lojendio componiendo una Micaela de voz rutilante, generosa proyección y timbre tan afinado como hermoso, así en el dúo con Don José del primer acto, Tu la verras, como en un muy emotivo y matizado Je dis, que rien ne m’épouvante del tercer acto, manteniendo siempre el equilibrio técnico y expresivo perfecto y una línea de canto homogénea y precisa. El debut de Sandra Ferrández en el rol principal, al margen de alguna sustitución y versión sucedáneo, se saldó con muy buenos resultados, entonando con calidez y buen gusto sus numerosos highlights, desde una Habanera cantada con garbo a una Seguidilla de acentuado sarcasmo, o un Les tringles des sistres tintaient del segundo acto dinámico y brillante, con la impagable colaboración de Tali a la batuta. Su trágico dúo final con un execrable Don José, estuvo tan bien entonado como trabajado a nivel teatral, logrando que esta durísima versión del desenlace alcanzara un nivel conmovedor casi inaguantable. Aquí también aportó lo suyo el tenor italiano Antonio Corianò, que mantuvo el tipo durante toda la representación, logrando un eficaz y competente La fleur que tu m’avais jetée, con voz no demasiado ancha pero bien timbrada y fraseada, que no decayó en ningún momento.

Algo más endeble resultó el barítono canadiense Jean-Kristof Bouton, que aunque no cantó ni de lejos mal, acusó una voz pequeña para su tesitura, y le faltaron hechuras para llegar a emocionar. El resto, especialmente Mercedes (Anna Gomà) y Frasquita (Laura Brasó), que estuvieron frescas y estupendas, cumplió con solvencia, desde un entonado Morales en la voz del barítono portorriqueño César Méndez Silvagnoli, al muy competente Zúñiga de Felipe Bou y los estridentes traficantes incorporados con acierto por Manel Esteve y Moisés Marín. Mención aparte merece el actor Fernando Estrella, un Lillas Pastia que más bien parece personificar al observador extranjero que desde siempre ha diseccionado nuestra cultura erigiéndose en cronista intelectual de nuestros vicios y virtudes.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía