jueves, 27 de abril de 2023

EL INFLUJO DE LA LUNA SOBRE TRISTÁN E ISOLDA EN LES ARTS

Tristán e Isolda. Música y libreto de Richard Wagner. James Gaffigan, dirección musical. Álex Ollé (La Fura dels Baus), dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Josep Abril, vestuario. Urs Schönebaum, iluminación. Franc Aleu, video. Con Ricarda Merbeth, Stephen Gould, Ain Anger, Claudia Mahnke, Kostas Smoriginas, Moisés Marín, Martin Piskorski, Alejandro Sánchez. Orquesta de la Comunidad Valenciana. Coro de la Generalitat Valenciana (Francesc Perales, director). Producción de la Ópera de Lyon. Palau de Les Arts Reina Sofía, miércoles 26 de abril de 2023.


En aquel lejano 2007, todavía inadvertidos sobre las sucesivas crisis que habrían de oscurecer el panorama artístico internacional, Les Arts de Valencia celebró la hasta ahora mayor de sus gestas con la puesta en escena de una ambiciosa Tetralogía wagneriana que contó con el trabajo de La Fura dels Baus en lo escénico y la batuta de Zubin Mehta. En 2010 culminó aquel sueño con la representación íntegra de los cuatro títulos de El anillo del Nibelungo en una misma semana. Ese mismo año empezó la peregrinación de este excelente montaje coproducido entre el coliseo valenciano y el Maggio Fiorentino a nuestro Teatro de la Maestranza, un empeño de Pedro Halffter que culminó en 2014 con resultados sobresalientes en lo escénico y lo musical. La Fura vuelve a estar detrás de un sensacional montaje wagneriano, aunque esta vez bajo las órdenes de Álex Ollé y no Carlus Padrissa como fue el caso del anillo. Igual que éste se centró en contar con recursos posmodernos y un especial énfasis en la iconografía de Star Wars, sin salirse un ápice de la dramaturgia wagneriana, la apasionante historia de Sigfrido con claridad expositiva meridiana, Ollé se centra más en los estímulos emocionales que mueven a los amantes de esta leyenda celta, exponiéndolos así mismo con certera expresividad y una claridad potente y subrayada.


El resultado es un apasionante viaje a la fuerza transfiguradora de la vida a la muerte a través del amor, siempre con la influencia de la Luna gravitando sobre nuestras cabezas, controlando nuestras emociones, nuestros sentimientos y reacciones, como motor que influye decisivamente en el estado de ánimo de cada uno y una de nosotras. Es el carácter arrollador de la poesía hecha imagen lo que prima en este portentoso montaje centrado en el satélite, que adopta en cada acto el aspecto que mejor se adapta a sus necesidades y la intrínseca dramaturgia que mueve a sus protagonistas. Así, es la Luna la que agita un mar digital que tanto se asemeja junto a la caracterización de los personajes al famoso cuadro de Caspar David Friedrich El caminante sobre el mar de nubes, tan frecuentemente asociado a la iconografía del genial compositor. Un mar que según el estado de ánimo, unas veces está embravecido y otras se bloquea, mientras sobre una tarima giratoria los protagonistas se confiesan su odio para tras beber esa pócima mágica que solo habita en sus subconscientes, amarse en una noche eterna. Esa misma oscuridad preside el maravilloso segundo acto, ahora con un gran angular en forma de luna fagocitando cual mapping revolucionario los paisajes físicos y emocionales que habitan no solo en la pareja de enamorados sino también en sus acompañantes, desde los fieles Kurwenal y Brangäne al comprensivo Rey Marke y el impulsivo y trastornado Melot. Y llegamos al tercer y último acto con esa misma Luna sufriendo puntuales metamorfosis para cobijar al Tristán herido en cuerpo y alma, hasta que la milagrosa iluminación, otra de las grandes bazas de esta detallista producción, convierte a Isolda en una Inmaculada de Murillo, media luna y destellos místicos incluidos.

Coincide este Tristán e Isolda de Les Arts con el que estos días suena en el Teatro Real en versión de concierto bajo la batuta de Semyon Bychkov, mientras en Sevilla no se representa desde 2009 con Halffter a la dirección y Evelyn Herlitzius y Robert Dean Smith como protagonistas. Cuatro años después Daniel Barenboim dirigió el segundo acto con la Orquesta del West-Eastern Divan en versión de concierto. Esta de ahora podría ser una buena oportunidad para que el Maestranza volviera a programar la ópera completa aprovechando esta producción tan hermosa y sugerente.

¿Y qué nos depara en lo musical la propuesta de Les Arts, que se estrenó en Lyon y aquí vieron los barceloneses hace algunos años? Tratándose de su primera incursión wagneriana como titular de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, la de Gaffigan fue una dirección rozando lo magistral, con una gradación dinámica extraordinaria y una atención al detalle prodigiosa. Solo faltó controlar más los volúmenes para no eclipsar en más de una ocasión el trabajo de las voces. Pero para cualquier amante de la música de Wagner la de ayer, tercera de las citas programadas, fue una lectura harto satisfactoria, capaz de combinar el intimismo de una partitura notabilísimamente melancólica con la fuerza arrolladora de su orquestación, con un solo de corno inglés impecable al comienzo del tercer acto y unas prestaciones antológicas de cada una de las secciones orquestales, incluidos unos refulgentes metales.

Respecto a las voces, no cabe duda de que el cuarteto protagonista, todos con experiencia en Bayreuth, ha demostrado con creces su dominio del terreno. Sin embargo los resultados no fueron todo lo memorable que cupiera esperar. El veterano, demasiado, tenor norteamericano Stephen Gould exhibió una voz bien timbrada y entonada al servicio de una interpretación nula, sosa e inexpresiva, mientras la igualmente veterana soprano alemana Ricarda Merbeth se mantuvo siempre en el registro más agudo de su tesitura, muy temperamental en lo gestual, y salvando la función a fuerza de una potencia excesiva. No cabe duda de que es una gran cantante, posee una bella voz y alcanza notas muy altas, pero tanto grito acaba francamente molestando. La también alemana, la mezzo Claudia Mahnke comenzó con voz temblorosa y quebrada, pero fue salvando paulatinamente su intervención, sin llegar a ser memorable en ningún momento. Es importante que el Rey marke una sustancial diferencia, y el bajo estonio Ain Anger lo logró, salvando su fatigoso monólogo del segundo acto con buena nota, ayudado eso sí por la estupenda escenografía para hacerlo más amable. Kostas Smoriginas como Kurwenal realizó un trabajo por encima de lo competente, al igual que Moisés Marín, que siguiendo una sana tradición del coliseo valenciano, salió de las filas de su centro de perfeccionamiento.


No podemos terminar sin destacar los dos grandes momentos de la función, que lograron con el impecable y majestuoso trabajo de sus responsables en lo escénico y lo musical, resultados ejemplares y altamente conmovedores. Se trata del largo dúo de amor eterno del segundo acto, capaz de evidenciar y hasta potenciar toda la inmarchitable belleza de la prodigiosa partitura, y el canto de amor y muerte de Isolda, quizás no el mejor imaginable, algo falto de intensidad dramática, pero redimido por las sobradas cualidades canoras de Merbeth y esa mística e inmaculada puesta en escena que consiguió elevarnos a la luna de nuestra alma. Aún quedan dos funciones para disfrutar de esta experiencia.

Fotos: Miguel Lorenzo y Mikel Ponce
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 25 de abril de 2023

GHOSTING Patadas que no dejan marca

Título original: Ghosted
USA 2023 116 min.
Dirección
Dexter Fletcher Guion Rhett Reese, Paul Wernick y Chris McKenna Fotografía Salvatore Totino Música Lorne Balfe Intérpretes Ana de Armas, Chris Evans, Adrien Brody, Mike Moh, Amy Sedaris, Tate Donovan, Tim Blake Nelson, Mustafa Shakir, Lizzie Broadway, Anna Deavere Smith Estreno en Apple TV+ 21 abril 2023

Con películas como Amanece en Edimburgo, Eddie el Águila o Rocketman en su haber, nada hacía presagiar que el nuevo film de Dexter Fletcher resultara tan decepcionante y desganado. Con sus protagonistas metidos en labores también de producción, Ghosting, que hace referencia a la táctica de despreciar mensajes o llamadas de teléfono por un tiempo prolongado, no es más que un artilugio de entretenimiento sin apenas interés ni gracia.

Pretende combinar comedia romántica y acción como si la empresa fuera todo lo original que promete, obviando que esa mezcla ya ha sido llevada al cine en muchas ocasiones, la mayoría con resultados más estimulantes. Tan descuidada es que hasta se permite errores de rácord, algunos de ellos relacionados con el peinado de una Ana de Armas que debería seleccionar mejor sus proyectos después del buen trabajo que realizó como Marilyn Monroe en Blonde, si no quiere acabar encasillada en estos productos de poco calado artístico.

Ni es tan espectacular como las películas de James Bond a las que emula, ni tan divertida como otras incursiones en ese subtema de la o el ciudadano corriente que acaba sumergido en intrigas de acción internacional, ni tan vertiginosa como para hacerte saltar del asiento. Es simplemente una nadería plagada de inútiles cameos (Ryan Reynolds, Anthony Mackie, John Cho, Sebastian Stan), que entretiene y da muchas patadas pero no deja ninguna marca.

1976 Un animal salvaje

Chile 2022 95 min.
Dirección
Manuela Martelli Guion Manuela Martelli y Alejandra Moffat Fotografía Soledad Rodríguez Música Mariá Portugal Intérpretes Aline Küppenheim, Nicolás Sepúlveda, Hugo Medina, Alejandro Goic, Antonia Zegers, Carmen Gloria Martínez, Marcial Tagle, Amalia Kassai, Gabriel Urzúa Estreno en el Festival de Cannes 26 mayo 2022; en Filmin 13 enero 2023

Tras varios largometrajes como intérprete y un par de cortometrajes como realizadora, Manuela Martelli presentó en el festival de Cannes del año pasado su impecable ópera prima y acaba de ser justamente galardonada con el Platino en dicha categoría. Se trata de un análisis, una variación, sobre el drama de la dictadura chilena desde el prisma de un inquietante thriller rodado con tanto sentido de la elegancia y la discreción como del suspense más envolvente, optando para ello por crear una atmósfera enrarecida a la que no es ajena la excelente banda sonora de la brasileña Mariá Portugal, que juega con la experimentación, los toques herrmannianos y el minimalismo para lograr ese ambiente claustrofóbico que expira la cinta.

Con un portentoso trabajo de interpretación, Aline Küppenheim da vida a una señora de clase acomodada y vida ordenada que ve la oportunidad de convertirse en un animal salvaje (como el disfraz que le pide una de sus nietas) y tomar conciencia en el drama que acosa a la nación desde apenas tres años atrás, cuando se le encomienda la tarea de cuidar de un joven cuyas heridas no parecen provenir de la razón que se esgrime y sí tener más relación con la opresión que sufre gran parte de la población chilena del momento, ese 1976 del título, en su mayoría joven.

En este contexto Martelli articula una intriga absorbente en el que la vida cómoda y burguesa de la protagonista se convierte en el contrapunto de una aventura no al alcance de cualquier abuelita cuyo principal anhelo parezca ser la supervisión de las obras de su casa de veraneo, mientras la familia va y viene, ajena a las vicisitudes que de manera tan salvaje como estimulante está viviendo la otrora enfermera de la Cruz Roja. Todo está milimétricamente planteado y resuelto en esta excelente película, cuya denuncia fuerte y certera queda discretamente envuelta en el entramado de un thriller perfecto que atrapa de principio a fin.

sábado, 22 de abril de 2023

20.000 ESPECIES DE ABEJAS Todo sufrimiento debe cesar

España 2023 129 min.
Guion y dirección
Estibaliz Urresola Solaguren Fotografía Gina Ferrer Intérpretes Sofía Otero, Patricia López Arnaiz, Ane Gabaraín, Itziar Lazkano, Martxelo Rubio, Sara Cózar, Miguel Garcés, Unax Hayden, Andere Garabieta Estreno en el Festival de Berlín 22 febrero 2023; en salas 20 abril 2023

Pocas veces el cine actual es capaz de ofrecer cintas de tanta sensibilidad y emoción sincera como esta película de la directora vasca Estibaliz Urresola Solaguren, que no consiguió con sus dos anteriores trabajos (Cuerdas y Polvo somos) sintonizar tan bien con el público como lo hace ahora. Y pocas veces somos capaces de descubrir una sensibilidad tan indiscutiblemente femenina en películas dirigidas paradójicamente por mujeres como lo hacemos ahora. Suelen mimetizar ese universo masculino que la joven realizadora vasca ha decidido poner en su lugar sin desterrarlo del todo.

El problema de identidad que tiene una niña de ocho años despierta las intrigas y los fantasmas que acosan a las mujeres de una familia rural y acomodada del País Vasco, donde unas vacaciones estivales estarán protagonizadas por las revelaciones y la sanación de heridas. La niña en cuestión es una sobrecogedora Sofía Otero, curiosamente ganadora del premio de interpretación protagonista en Berlín, creemos que por primera vez sin distinción entre actores y actrices. Su mirada, sus líneas de diálogo (¿por qué soy así?) nos conmueven de principio a fin, haciéndonos partícipes de un sufrimiento que nadie, y menos una persona tan joven, debería padecer. Que el personaje de la tía madura y autosuficiente se erija en catalizador de estas emociones y sumidero de comprensión y empatía, casa perfectamente con su condición de apicultura, de quien cuida de esas abejas sin las que no podríamos subsistir, que son germen de vida y de quienes se cuentan tantas especies o muchas más de cuantas razas, géneros imaginables y condiciones humanas se pertrecha este devastado planeta en el que todavía queda un resquicio de esperanza en nuestros paisajes y nuestros corazones.

Solaguren logra el equilibrio perfecto entre las historias de estas mujeres devastadas por su condición, y la más importante, la de la niña que busca su identidad y su futuro para acomodarse a una sociedad que gracias al progreso ideológico y legal poco a poco vamos puliendo en aras de una felicidad plena aquí, y no en los paraísos prometidos durante siglos a los que alguna generación todavía se abraza para sobrevivir en un día a día que hasta hace poco, y todavía en algunos rincones, estaba dominado por el poder castrador del hombre, como demuestra la influencia desde lejos del pater familias de estas mujeres que buscan también su horizonte. Hay poesía pero sobre todo mucha emoción en esta delicada y tierna película de quien además reivindica su nombre en forma de aquel dúo surgido de Mocedades, que entonaba las maravillosas canciones que era capaz de escribir Juan Carlos Calderón, nuestro Burt Bacharach particular.

EMPIEZA EL BAILE Cine para viajar, pero sin tanta carga

Argentina-España 2023 98 min.
Guion y dirección
Marina Seresesky Fotografía Federico Rivares Música Nicolás Guerschberg Intérpretes Darío Grandinetti, Mercedes Morán, Jorge Marrale, Pastora Vega, Agostina Pozzi, Lautaro Zera, Marcelo Xicarts, Carolina Sobisch Estreno en el Festival de Málaga 14 marzo 2023; en España 5 abril 2023; en Argentina 20 abril 2023

Seducidos por el viaje que a través de Argentina, por su pampa, sus bosques y montañas propone el primer trabajo en su país de la directora argentina afincada en España Marina Seresesky (Lo nunca visto, La puerta abierta, ambas con Carmen Machi), no encontramos en esta amable película más que un guion calculado al milímetro en sus ponzoñosas líneas de diálogo, que cuenta sobre todo con dos grandes interpretaciones de unos Grandinetti y Morán de más que contrastada competencia. La de Marrale, aun habiendo conseguido el premio al mejor actor secundario en un Festival de Málaga donde la película también se alzó con el Premio del Público, nos resulta algo sobreactuada.

Hay poco en esta bienintencionada película sobre la madurez y la consecución de sueños pospuestos, que nos parezca creíble o realista. Todo huele a impostado en este viaje de dos días que parecen un mes por lo dilatado que todo resulta y por la cantidad de episodios y anécdotas que se suceden. Mientras algunos de estos episodios tienen su gracia e ingenio, en otros, como el perpetrado a costa de la violencia machista, son más bien de mal gusto.

De cualquier modo lo peor reside en que invita poco a la empatía, se deja ver solo desde la distancia, sin que sus postulados lleguen a interesar el mínimo necesario. Por el camino cabe disfrutar con un paisaje rural y humano, al que los títulos de crédito finales rinden merecido homenaje, que son marca del continente americano, tanto del hemisferio sur como del norte, al menos de los países más desarrollados donde siempre habrá hueco para la América profunda.

viernes, 21 de abril de 2023

VESPRES D'ARNADÍ Y XAVIER SABATA, UNA SERIA COMBINACIÓN

Xavier Sabata, contratenor. Vespres D’Arnadí. Dani Espasa, clave y dirección. Programa: Sinfonías de Albinoni, Lotti y Mancini; Arias de Bononcini, Ristori, Albinoni, Porta, Gasparini, Porpora, Giacomelli y Sarro; Toccata para clave nº 2 en la menor, de Scarlatti.
Espacio Turina, jueves 20 de abril de 2023


Si abrimos la
página del conjunto catalán Vespres d’Arnadí, encontramos varias reseñas de Eduardo Torrico, redactor jefe de la revista especializada Scherzo. A él dedicaron Xavier Sabata y Vespres d’Arnadí su concierto de anoche, el mismo día de su fallecimiento, y curiosamente una jornada en la coincidieron en nuestra ciudad el fútbol de un radiante Sevilla y la música de un buen puñado de compositores barrocos; música y fútbol, las dos grandes pasiones del desaparecido periodista, y las dos disciplinas a la que dedicó su vida profesional. En esta nueva aparición del contratenor y el conjunto catalanes, por primera vez juntos en esta ciudad, la respuesta del público no fue tan generosa como en otras ocasiones en cuanto a ocupación de aforo, que no en cuanto a entusiasmo. En los atriles Dani Espasa y Sabata convocaron hasta diez compositores, en su mayoría poco conocidos o divulgados en la actualidad y sin embargo fundamentales en su época, con partituras así mismo poco o nada frecuentadas. Una ocasión para el descubrimiento que se estructuró en cuatro bloques de idéntica compostura, cada uno con dos piezas vocales precedidas de una instrumental, que llevó al temperamental cantante por sendas expresivas de diferente calado.

Espasa y el conjunto que fundó hace casi veinte años con el oboísta Pere Saragossa, estuvieron ya antes en la ciudad al menos en un par de ocasiones, acompañando a Ruth Rosique hace un buen puñado de años, y justamente el año pasado junto a Juan Sancho y Sonia Prina. Pero aunque con Sabata han formado un matrimonio muy bien avenido, grabando incluso el disco L’amante Alessandro, además del que está por venir con el repertorio presentado en el Turina y que en unos días llevarán al Palau de la Música Catalana, nunca antes habían comparecido juntos en nuestra ciudad. La ocasión ha merecido la pena, con un repertorio bastante variado e interesante que arrancó con una breve Sinfonía u Obertura de Tomaso Albinoni, que aunque más conocido hoy en día por su obra instrumental, sobre todo sus conciertos para violín y oboe y un adagio que no compuso él pero lleva su nombre, fue en su día fundamentalmente operista, siendo Il nascimento dell‘Aurora una de las pocas conservadas de su extenso catálogo, y de la que también se extrajo un aria con acompañamiento de continuo de estética fascinante y especial aportación de la tiorba, en manos de un espléndido Rafael Bonavita, que dio mucho relieve al instrumento prácticamente en todas sus numerosas intervenciones. También las sinfonías de Antonio Lotti, que como otros de los convocados ejerció gran parte de su carrera en Dresde y perteneció a la Escuela Veneciana, y de Francesco Mancini, éste de la Napolitana y en un formato más convencional tipo concierto, encontraron en Vespres d’Arnadí, cuyo nombre procede de un dulce antiguo valenciano, el punto exacto de cocción, con una cuerda precisa liderada por una estupenda Farran Sylvan James como concertino, a pesar de que en ciertos pasajes evidenció alguna estridencia sin importancia. La cuarta pieza instrumental fue una exuberante tocatta de Alessandro Scarlatti, muy arpegiada y fugada que Espasa defendió con un virtuosismo diabólicamente extenuante.


Por su parte, Sabata se mostró algo más comedido de lo acostumbrado, pero siempre en esa línea suya en la que prima el espectáculo. Puede que atisbáramos en esta ocasión alguna pérdida de potencia y proyección en su voz, sobre todo al principio, pero por otro lado nos congratulamos en comprobar que ha depurado técnica y capacidad para mantener la línea de canto, sin cambios bruscos de color ni exhibir una puntual voz de barítono para salvar los extremos más graves de su registro. Por otro lado no cabe duda de que en agilidades y ornamentaciones tiene poca competencia, lo que se hizo patente en arias como Non sempre grandina, de Farnace de Giovanni Porta, autor que trabajó frecuentemente en Londres, otra de las cunas operísticas del momento a la que tanto aportaron los compositores italianos, o en Gelido in ogni vena, una temperamental aria de Siroe, re di Persia, compuesta por Domenico Natale Sarro en estilo muy próximo al de Leonardo Vinci. Como curiosidad, Sarro compuso la primera ópera a la que puso letra Pietro Metastasio.

En el otro extremo, Sabata nos conmovió también en sus arias más melancólicas, como Render mi vuole, de Astinatte, una ópera de Giovanni Bononcini, rival de Haendel, con quien coincidió en Londres cuando compuso este título. También con Bellezze adorate, de Le fate de Giovanni Ristori, o Qui ti scrivo, o nome amato, de L’Oracolo de Francesco Gasparini, cuyas óperas fueron las primeras italianas programadas en Londres. Contando para todo ello con aportaciones diversas de solistas de la orquesta, como el propio Saragossa al oboe, perfecto controlando el fiato pero con puntuales y discretas salidas de tono y un fraseo no siempre bien controlado, o el estupendo violonchelista Oleguer Aymamí. Con un estremecedor Morgen de Richard Strauss como propina, cambiando radicalmente de estilo pero con el particular timbre que ofrecen los instrumentos antiguos, Sabata y sus acompañantes nos dejaron literalmente con la lágrima en la mejilla.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 18 de abril de 2023

RUFUS WAINWRIGHT, UN RENACENTISTA DEL SIGLO XXI

Cita en Maestranza. Rufus Wainwright, voz, piano y guitarra. Programa: Unfollow the Rules. Teatro de la Maestranza, lunes 17 de abril de 2023


En julio cumplirá medio siglo, toda una vida acompañado de música, desde su infancia en una familia tan poética y musical como McGarrigle Sisters and Family, a una carrera dominada por la coherencia derivada de una voz prodigiosa y una rotunda facilidad para comunicar sentimientos y compartir vivencias, que le ha convertido en el más icónico cantautor canadiense de este siglo, un testigo que recoge nada más y nada menos que del irrepetible Leonard Cohen, pero que él ha hecho propio con un sello tan personal como a estas alturas absolutamente inconfundible. Rufus Wainwright es un moderno hombre del Renacimiento, no porque practique todas las artes sino porque la que practica, la música, lo hace desde todos los estilos y géneros, atreviéndose desde el folk al musical de Broadway, los cásicos americanos, la lírica, el pop y hasta la música antigua, ya sea con sus propias composiciones o versionando a otros, como esa idolatrada Judy Garland a quien dedicó un registro en vivo en 2007 y otro en estudio hace apenas un año. A Sevilla, y todas las demás plazas que visita en esta gira, nos ha llegado antes de embarcarse en otra nueva justo cuando salga al mercado su nuevo disco, Folkocrazy, algo así como folcracía en referencia a una especie de sistema político, y no folk loco como lo han entendido según él algunos medios españoles. Arrancará el 2 de junio en Los Angeles y llegará a nuestro país, concretamente a Madrid y Ciutadella en julio, y con él repasará las raíces folk de su infancia a fuerza de dúos y colaboraciones de auténtico lujo, ahora que alcanza los cincuenta años disfrutando de una madurez tranquila y sosegada junto a su marido, Jörn Weisbrodt y la hija que ha tenido mediante la polémica inseminación artificial con la a su vez hija de Leonard Cohen.

Aquí vino con la excusa de presentar su último disco de estudio con composiciones propias, Unfollow the Rules, que aunque tiene ya casi tres años, la pandemia malogró la gira correspondiente ahora retomada. Claro que como pasa siempre, no fue este el trabajo más frecuentado en el programa, que sí contó con labores comerciales de un desvergonzado Wainwright que no dudó en recomendar una y otra vez al público que se hiciera con una copia de cualquiera de sus discos en la tienda del Maestranza, especialmente dos que según él sólo se pueden adquirir en gira, ni streaming ni tiendas especializadas. En uno de ellos, Northern Stars, glosa la música folk de su país de acogida, Canadá (nació en Nueva York), y de ahí extrajo una versión poderosa de So Long, Marianne, otra vez Cohen. Por cierto, que en las propinas aprovechó para entonar uno de los himnos más representativos de éste, el mítico Hallelujah que curiosamente surgió de una película de animación tan gamberra como Shrek. Su relación con las bandas sonoras estuvo representada en el concierto también en forma de propina, con ese Complaint de la Butte incluido en Moulin Rouge!, aunque sin rastro de Brokeback Mountain (The Maker Makes) ni esa festiva marcha que es Another Believer de Descubriendo a los Robinson.

Desnudo de artificios

Rufus Wainwright llegó al Maestranza desnudo de todo artificio, apenas unos juegos lumínicos elegantes y discretos, sin banda, sólo con el piano, que domina a veces de forma tan extraordinaria que no añoramos la colaboración de Randy Kerber al instrumento, y una guitarra que apenas rasga para mantener el ritmo y que tanto le cuesta afinar. Un buen rato le costó hacerlo para cantar el emocionante He Loved, de su segunda ópera, Hadrian; la primera, Prima Donna, refleja su particular interés por la ópera francesa y el estilo romántico melódico de Puccini. Esta segunda se estrenó en Toronto en 2018 y se pudo disfrutar en el Teatro Real de Madrid en única función en julio del año pasado. Cuenta el amor de Adriano por el joven y apolíneo Antinoo siguiendo el clásico de Marguerite Youcenar. Sabía bien que el emperador procedía de Itálica, y demostró también su insaciable inquietud por la cultura celebrando el par de días que llevaba en la ciudad disfrutando junto a unos amigos locales de su gastronomía, el flamenco y las playas cercanas. Su pasión por la lírica también se refleja en el imponente disco Take All My Loves: 9 Shakespeare Sonnets, donde destaca la soprano austriaca Anna Prohaska, pero del que este concierto no se hizo ningún eco… no tocaba.


En el de ayer hizo varias paradas en su disco Want One, del que ahora se cumplen veinte años (cuánto lamentaba el paso de los años cada vez que lo recordaba), como ese melancólico Dinner at Eight. Presentó además casi en primicia, sólo la había interpretado junto a la Sinfonietta de Amsterdam en un concierto especial del pasado año, Westside Waltz, una puesta al día del estilo de los grandes clásicos americanos, desde George Gershwin a Cole Porter, tan elegante como sentida. La amplificación, en un teatro que se disfruta mejor sin ella, llegó a resultar algo estridente al comienzo del concierto, pero pronto lo olvidamos subyugados por la voz rutilante y extraordinaria fuerza de un cantante con tesitura de tenor y un timbre brillante y metálico, de dicción clara y una extraordinaria flexibilidad para llegar a generar un auténtico drama en piezas como Early Morning Madness (ésta sí de Unfollow the Rules), precedida de una introducción de nueva cosecha, Old Song, y con unas inflexiones y modulaciones de la voz que generaron auténtica sensación.

Con su productor Mitchell Froom siempre en mente, atacó el imprescindible y emocionante Going to a Town, original del disco Release the Stars de 2007, candidato indiscutible para incluirse como única composición propia en Folkocrazy, por tratarse según Froom de un título por el que a buen seguro nunca pasarán los años. Y así pudimos disfrutar con su talento y contagioso entusiasmo en canciones como Peaceful Afternoon, de inconfundible regusto folk, el intimista Poses, uno de tantos temas con los que pudimos acercarnos a los sentimientos y las experiencias personales de alguien que vive tan intensamente y tan pegado a sus emociones, o ese Cigarrettes and Chocolate Milk de ambiente decadente y misterioso. También en Go or Go Ahead afloraron sus radicales cambios de registro y portentosas inflexiones en un Maestranza entregado y a rebosar, donde sólo nos quedó rendirle a tan ecléctico y personal artista toda la pleitesía que merece.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía