jueves, 13 de enero de 2022

AALTO BALLETT ESSEN Y SU LAGO DE ENSUEÑO

Ballet El lago de los cisnes de Piotr Ilich Chaikovski. Aalto Ballett Essen. Ben van Cauenbergh, dirección general y coreografía. Dorin Gal, escenografía y vestuario. Berndt Hagemeyer, iluminación. Valeria Lampadova, video-creación. Wolfram-Maria Märtig, dirección musical. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Intérpretes: Mika Yoneyama, Artem Sorochan, Wataru Shimizu, Moisés León Noriega, Yulia Tsoi, Harry Simmons. Teatro de la Maestranza, miércoles 12 de enero de 2022


La memoria juega malas pasadas y cuando creíamos que El lago de los cisnes se había representado ya demasiadas veces en nuestro teatro, nos damos cuenta de que la última vez fue hace ya nueve años, así que tocaba. Fue entonces una producción del ballet de Kiev realmente decepcionante, en la que no funcionó prácticamente nada, ni siquiera a nivel musical. Por el contrario el prestigioso Ballet del Teatro Aalto de la ciudad alemana de Essen nos encandiló hace seis con su particular y despampanante Romeo y Julieta, por lo que las expectativas ahora eran grandes. Y se cumplieron, gracias al arrojo y el entusiasmo que el coreógrafo belga y director general de la compañía desde hace más de una década, Ben van Cauenbergh, pone en cada empresa que acomete. Esta se estrenó con considerable éxito en 2018 y llega ahora a nuestro escenario con parte del mismo elenco y el mismo entusiasmo demostrado entonces.

La producción de Cauenbergh y el Ballet Aalto de Essen respeta el orden musical de la pieza, su estructura original en cuatro actos y la coreografía de Petipa e Ivanov, que es la que más ha sobrevivido de todas las propuestas a lo largo de los años, a pesar de mostrarse algo desgastada y un poco mustia pero convenientemente puesta al día por el talento y la pericia del director belga. Sin embargo atisba el ingenio de modificar sustancialmente su argumento para hacerlo más creíble, ofrecer un final feliz en el que el rol femenino no tenga que sacrificarse por amor, y prescindir de la escena de caza inicial, desconozco si con intenciones animalistas o no, pero lo cierto es que así es como se actualiza un espectáculo sin traicionar sus cimentos. El sueño profundo en el que cae rendido el príncipe logra encajar estos cambios radicales sin que la partitura ni el baile se resientan. Una meticulosa puesta en escena, cambios de decorado amenizados con sugerentes y poéticas proyecciones en video sobre el telón, espectaculares cambios de vestuario y ambiente según la realidad y el sueño, y un sensacional cuadro final protagonizado por una tela azul elegantemente desplegada por el bailarín Moisés León y convertida en las aguas que zozobran y engullen al enamorado príncipe antes de despertar, hacen de esta una producción memorable y satisfactoria a todos los niveles.

Liam Blair fue el primer Sigfrido de este montaje
Resulta sorprendente cómo esta compañía alemana, al contrario que otras igualmente prestigiosas, confía sus papeles principales a bailarines y bailarinas de todas las nacionalidades, demostrando un aperturismo y una apuesta por la diversidad digna de toda admiración. La japonesa Mika Yoeneyama, que prácticamente se inició en la compañía estrenando este papel en 2018, evoca dulzura y fragilidad mientras se comporta como Odette, mientras que cuando incorpora a Odile, su otro personaje o quizás su otra personalidad - ¡qué bien estaría una versión en la que la heroína sufriera trastorno de personalidad y arrastrara al príncipe a la locura! -, desarrolla siempre desde la compostura y el matiz una personalidad perversa y manipuladora. Un dechado de encanto y flexibilidad que solo se explica con trabajo duro solo apto para personas paradójicamente muy fuertes. Y fuerte y corpulento es el ruso Artem Sorochan, lo que quizás mermó su ligereza y flexibilidad, no obstante exhibir fuertes dotes para la acrobacia no exenta de elegancia. Más limpio y ágil resultó el también japonés Wataru Shimizu como su amigo Benno (fue Mercucio en Romeo y Julieta), que literalmente fue capaz de volar sobre el escenario, su pequeño tamaño ayuda. También en el elenco repitió respecto a aquel excelente título shakesperiano el cubano Moisés León Noriega dando vida a Rothbart o Barbarroja, el pérfido de la función luciendo una extraordinaria capa cuyo plumaje se mecía de manera hipnótica al son de sus sinuosos movimientos. Hubo lugar para el lucimiento de prácticamente todo el elenco, especialmente en los pasos a dos que amenizan el baile del tercer acto, si ben apreciamos algún traspiés en la célebre danza de los cisnes del segundo acto, nada que no se corrigiera inmediatamente.

Aunque al principio nos pareció que la dirección del joven Wolfram-Maria Märtig resultaba algo morosa, enseguida apreciamos la robustez y la agilidad de su cometido, ofreciendo junto a la excelente participación de la Sinfónica un Lago de los cisnes así mismo de ensueño. La bellísima y variadísima partitura de Chaikovski sonó espléndida y esplendorosa, con rendimientos impecables de todas las familias instrumentales, y solos sensacionales de la concertino Alexa Farré, que en la Danza rusa se adaptó con gusto y agilidad al estilo zíngaro del número y en el paso a dos del segundo acto exhibió junto a la arpista Daniela Iolkicheva un dúo henchido de lirismo poético. También lucieron espléndidos los solos de trompeta en la Danza napolitana y de oboe en el famoso tema principal. Es un auténtico lujo poder contar con una orquesta en tan magníficas condiciones en el foso, una todo terreno que cumple tanto en sus conciertos como en sus intervenciones escénicas y que es capaz de enfrentarse al apoteósico final de este emblemático título con tanta fuerza, empuje y decisión.

miércoles, 12 de enero de 2022

WAGNER CORONA UN DELIRIO HOMOERÓTICO

Banco de proyectos ICAS. Margen. Álvaro Romero, cantaor; Antiel Jiménez, actor; Proyecto OCNOS: Gustavo Domínguez, clarinete y Pedro Rojas, guitarra eléctrica; Cachito Vallés, espacio escénico; Rafa Garhés, vestuario; Abelardo Castro, producción y videos; Javier Mora, sonido; Rafael R. Villalobos, concepto, iluminación y dirección. Música de Helmut Lachenmann, Pietro Giramo, Richard Wagner, Álvaro Romero y Proyecto Ocnos sobre textos de Alex Espinoza, Rafael R. Villalobos y Miguel Benlloch. Espacio Turina, martes 11 de enero de 2022


Después de la excelente exposición Diferentes en el Espacio Santa Clara, prometía mucho este proyecto del ICAS con el que el Espacio Turina inaugura el año, basado en textos del escritor mejicano afincado en Los Angeles Alex Espinoza y el artista, poeta, performer y activista político y cultural Miguel Benlloch, nacido en Granada y afincado en Sevilla, donde murió hace poco más de tres años. Cada uno según su estilo y parámetros analizaron y desglosaron el papel de la homosexualidad, sus gozos y calvarios, en sus obras y reivindicaciones, con especial énfasis en esta ocasión en el último libro publicado de Espinoza, Cruising: Historia de un pasatiempo radical. Esto y el hecho de que el espectáculo se desarrolle íntegramente en penumbra, hacía presagiar un interesante y, en el mejor de los casos inteligente, trabajo sobre otros estilos de vida, otras formas de vivir la sexualidad, de disfrutar sin molestar, sin hacer daño a nadie salvo a quien se empeñe en sentirse amenazado o amenazada a través del miedo a lo diferente. Se trataba pues de mostrar que no hay márgenes para el género ni para la sexualidad, ni lo debe haber para el arte, que debe fluir no solo por el río o curso en el que ha sido etiquetado sino también por esas otras zonas fuera del confort al que nos hemos acostumbrado.

Sin embargo, en la práctica nos encontramos con un trabajo en progreso, posiblemente estrenado entre prisas y presiones, en el que se atisban ideas pero falta desarrollo, abunda la confusión y más de un detalle queda por perfilar. En el escenario unas luces de neón se encienden y apagan sin una explicación lógica, mientras unas proyecciones de escasa definición se empeñan en mostrar partes del cuerpo humano a la vez que una voz en off recita textos del propio Rafael Villalobos en torno a la concepción del hombre y la identidad que proponía el filósofo y psicólogo Michel Foucault, un referente y una constante en el laureado director escénico sevillano. Sobre el escenario cuatro personas se dejan la piel, el ecléctico cantaor gaditano Álvaro Romero y el actor Antiel Jiménez, ambos reconocidos activistas homosexuales, además de los músicos de Proyecto Ocnos Gustavo Domínguez y Pedro Rojas, rubricando así una relación entre conjunto musical y director artístico que ha dado ya algunos frutos más o menos reconocidos, como Hafune o Marie.

De izquierda a derecha Rojas, Romero, Jiménez y Domínguez

Con tanto nombre comprometido e interesante sobre el escenario, tras él y bajo las citas literarias y musicales escogidas, este proyecto experimental tendría que haber volado más alto y no quedarse en una mera sucesión de episodios que redundan en la sordidez, lo siniestro y lo tétrico con que habitualmente se ilustra una forma de vivir la sexualidad que en realidad busca en el desprejuicio y la libertad su motivo y razón de ser. El recurrente lamento y el quejío predominan así sobre la celebración y la convicción. Tras los textos de Belloch declamados por Romero con aires flamencos pero una línea parecida a la de los niños de San Ildefonso, un Antiel Jiménez en suspensorios se mueve con una sensualidad ambigua sobre el escenario mientras un excelente Gustavo Domínguez recrea la inquietante música de Helmut Lanchenmann entre acordes, soplos y jadeos, en actitud acosadora al portar el actor la partitura que el clarinetista sigue al dedillo. Este momento constituyó el mejor y más sugerente del programa, mientras Romero encontró su momento de mayor lucimiento cuando ataviado con ropa tradicionalmente considerada de mujer cantó en su particular estilo al compositor barroco napolitano Pietro Antonio Giramo, sin que sus letras merecieran subtitulado alguno, a pesar de lo mucho que la propuesta escénica abunda en sobretítulos. Rojas acompañó en esta ocasión con disonante y perturbadora guitarra eléctrica, demostrando una vez más que lo mejor de la función lo ofreció Proyecto Ocnos. Y finalmente llegó Wagner, adalid del arte total en el que Villalobos parece querer reflejarse. Su Liebestod de Tristán e Isolda, convenientemente distorsionado y manipulado, ilustró un pretendidamente poético final en el que el cuerpo desnudo de Jiménez es bañado y emplumado por un entregado Romero, después de que el primero levite sobre el escenario bajo una capa roja pasión. Hubiésemos preferido mejor teatro y mayor transmisión de alma y emoción, pero al menos nos quedamos con algunas de sus interesantes propuestas musicales.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 10 de enero de 2022

EL DÍA DE LA BANDERA Padre e hija hacia la deriva

Título original: Flag Day
USA 2021 107 min.
Dirección
Sean Penn Guion Jez Butterworth, según el libro de Jennifer Vogel Fotografía Daniel Moder Música Joseph Vitarelli Intérpretes Sean Penn, Dylan Penn, Katheryn Winnick, Hopper Penn, Josh Brolin, Dale Dickey, Eddie Marsan, Regina King Estreno en el Festival de Cannes 10 julio 2021; en Estados Unidos 20 agosto 2021; en España 5 enero 2022

Tras los fiascos que supusieron sus anteriores trabajos como director, Hacia rutas salvajes y Diré tu nombre, esta última a nuestro juicio de manera incomprensible, Sean Penn insiste en el dolor que marcó el desarrollo de la cinta protagonizada por Javier Bardem y Charlize Theron, esta vez adaptando la novela autobiográfica de la periodista Jennifer Vogel
Centrada en la desequilibrada relación con su padre, la autora analiza los motivos por los que esa por momentos feliz y otros tortuosa unión le marcó tanto, cómo se convirtió en un referente del que tanto huir como agarrarse.

Penn enfatiza con recursos pretendidamente poéticos los recuerdos idealizados de la protagonista cuando era niña y disfrutaba junto a su hermano de los juegos y aventuras de su padre, quien no dudaba en abandonarlos junto a su madre si convenía a sus turbios negocios. El paulatino descubrimiento de la bestia dentro del ángel que va experimentando la joven se convierte a la vez en un camino de maduración y una posible redención para el perdido progenitor.

Penn cuenta para este particular via crucis con su propia hija, a quien acompaña también en el reparto, en un papel mucho menos significativo, su otro hijo y hermano de la protagonista en la ficción y la vida real, ambos concebidos junto a su ex esposa Robin Wright. El resultado acumula ese dolor e incomprensión sufrido por la hija, si bien en el camino abusa de lágrimas y ensoñaciones al más puro estilo Terrence Malick, sin llegar a conmover todo lo que una odisea de este tipo reclama.

EL MÉTODO WILLIAMS Padre e hija hacia la gloria

Título original: King Richard
USA 2021 138 min.
Dirección
Reinaldo Marcus Green Guion Zach Baylin Fotografía Robert Elswit Música Kris Bowers Intérpretes Will Smith, Aunjanue Ellis, Saniyya Sidney, Demi Singleton, Joe Bernthal, Tony Goldwyn, Kevin Dunn, Craig Tale, Dylan McDermott Estreno en Estados Unidos 19 noviembre 2021; en España 21 enero 2022


Film aseado y constructivo en el que Will Smith se esfuerza considerablemente para dar vida al padre de las estrellas del tenis Venus y Serena Williams, convirtiéndose con su convicción y su actuación en el auténtico reclamo de una cinta que por otro lado solo ofrece la típica crónica amable y épica de lucha y superación tan afín al espíritu combativo y competidor de los americanos.

Ambientada en Compton, en Los Angeles, la película repasa el esfuerzo y la obstinación de un padre por dar salida al talento de sus hijas, dos de cinco hermanas que destacan por su destreza y habilidad con la raqueta y que a lo largo del film parecen disfrutar tanto de su juego favorito como de un padre siempre dispuesto a todo por ellas. Queda claro que el tono es amable y que todo gira en torno a esta figura paternal, seguro y firme que no duda en imponer su plan a los propios entrenadores a los que convence por la sola genialidad de sus hijas.

El apoyo de la madre, estupendamente interpretada por Aunjanue Ellis, y el repaso a esas primeras gestas de, sobre todo, Venus Williams, incluido su combate con la número uno mundial del momento, Arancha Sánchez Vicario, cuando la primera solo contaba catorce años, aseguran un disfrute y un entretenimiento sano y distendido, a pesar de su larga duración y del convencimiento lógico de que no todo debió ser tan sencillo ni amable como parece, a pesar de escenificar también algunos encuentros accidentados con esa delincuencia de raza que se le presupone a la población afroamericana y tanto mancilla su condición.

jueves, 6 de enero de 2022

DELICIOSO Política entre fogones

Título original: Délicieux
Francia-Bélgica 2021 112 min.
Dirección
Éric Besnard Guion Éric Besnard y Nicolas Boukhrief Fotografía Jean-Marie Dreujou Música Christophe Julien Intérpretes Grégory Gadebois, Isabelle Carré, Benjamin Lavernhe, Guillaume de Tonquédec, Christian Bouillette, Lorenzo Lefèbvre, Marie-Julie Baup Estreno en Australia 3 marzo 2021; en Francia 8 septiembre 2021; en España 5 enero 2021

De su extensa filmografía en España apenas conocemos Pastel de pera con lavanda, con más pena que gloria. Sin embargo Éric Besnard estrena ahora este Delicioso con todos los honores tras haberse pasado todo un año de certamen en certamen y con estrenos y preestrenos escalonados a lo largo y ancho del planeta, desde su preestreno en Francia hace justo un año, clausurar el Festival de San Sebastián y preestrenarse en nuestro país el pasado 13 de diciembre, y aterrizar definitivamente 
en nuestra cartelera a principios de este año y tocarnos (a algunos) la vena sensible con su carácter de fábula sobre gastronomía, romance y política. Todo esto a nuestro juicio bien sazonado y combinado para erigirse en perfecta metáfora culinaria sobre el final del vasallaje y los privilegios de la aristocracia, así como la democratización de los placeres terrenales; todo un preludio en forma de cuento a la Revolución Francesa.

Lamentablemente muchos de estos privilegios y abusos permanecen con el beneplácito e incluso la admiración de una sociedad anestesiada y víctima de la estulticia. Algo no obstante se ha conseguido en estos más de dos siglos desde que el pueblo estallara y se rebelara ante tanto abuso de poder, y esta es una película que lo celebra con sus mejores galas. Porque disfruta de una muy buena ambientación, hermosa fotografía y primorosas interpretaciones siempre desde una óptica amable y distendida que hace digerible la función merced a sus buenos ingredientes. Su pretexto es la supuesta creación del primer restaurante a partir de la expulsión de un magnífico chef del palacio donde sirve como consecuencia de un desafortunado episodio en el que ya se pone en evidencia mediante el trazo deliberadamente grueso y grotesco a una clase social deleznable y parásita, con la Iglesia a la cabeza.

Con tres elementos fundamentales en su estructura, la creatividad del chef, la lucha intelectual a partir de los postulados de Rousseau personificada en el hijo del primero, y el domino del protocolo y la sabiduría femenina en manos de la misteriosa y pertinaz aprendiz de cocina, confluyen para dar forma elegante y cálida a esta fábula sobre la emancipación del pueblo a través del aperturismo de la cocina gourmet a todo tipo de paladares. En el guiso no falta ni el advenedizo, el parásito que se adapta a cualquier régimen con tal de sobrevivir y sacar tajada, en este caso el intendente del palacio del detestable Duque de Chamfort. El conjunto, con la feliz recuperación de la excelente Isabelle Carré en nuestras pantallas, conforma un bodegón humano y político tan didáctico como emotivo, o así nos lo ha parecido a quienes la hemos disfrutado con la emoción y la sensibilidad a punto.

miércoles, 5 de enero de 2022

SEBASTIAN PERLOWSKI MARCA LA DIFERENCIA

Concierto de Año Nuevo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Sebastian Perlowski, director. Programa: Obertura de Die Fledermaus, Frühlingstimmen, Perpetuum Mobile, Kaiserwalzer, Vergnügungszug Polka, Unter Donner und Blitz, Obertura de Der Zigeunerbaron, Rosen aus dem Süden, Tritsch Tratsch Polka, An der schönen blauen Donau, de Johann Strauss II; Pizzicato Polka, de Johann Strauss II y Josef Strauss. Teatro de la Maestranza, martes 4 de enero de 2022


Anoche volvimos a disfrutar de nuestro Concierto de Año Nuevo apenas tres días después de hacerlo con la Filarmónica de Viena bajo la batuta siempre recia y distinguida de Daniel Barenboim, a quien estos días no paran de hacerle reproches sobre su edad, su estado de salud y su extrema seriedad… pero, ¿cuándo no ha tenido el famoso director un semblante serio? Hay quien incluso se atrevió a destacar que tuvo que dirigir infiltrado, como si una infiltración fuera monopolio de gente de avanzada edad o algo sorprendente teniendo en cuenta el exceso de lucha y trabajo desplegado por este insigne director desde hace ya muchas décadas. Lo único destacable de este último concierto de año nuevo de Barenboim fue su extrema delicadeza y calidad para afrontar páginas en su mayoría tan frecuentadas.

En el caso de nuestra Sinfónica nada hacía presagiar, teniendo en cuenta lo desconocido que es Sebastian Perlowski por estas lides, que disfrutaríamos de tan buenos resultados. Este director polaco con desenfadada imagen a lo David Muñoz exhibió un enorme entusiasmo de principio a fin, una atención extrema a cada nota y matiz, controlando al detalle cada familia de instrumentos y extrayendo de la orquesta un máximo rendimiento, y todo ello sin partitura alguna y salpicando de bromas y sorpresas esta primera cita del año con la música de gran formato. En el programa solo obras de Johann Strauss hijo, con piezas infinidad de veces interpretadas como la obertura de El murciélago y su característico vals giratorio, la Polca Pizzicato que compuso junto a su hermano Josef y que tan bien resuelven los maestros y maestras de la orquesta, estas abandonando en su mayoría el negro para atreverse con algo de color en sus atuendos, o los imprescindibles valses del Emperador y de las Rosas del Sur. Así hasta llegar al inevitable Danubio Azul, dirigido con una elegancia y una claridad exquisitas, y la Marcha Radetzky, compuesta por el padre del homenajeado, que el público acompañó con palmas como marca la tradición, aunque esta vez por bloques según indicación del entregadísimo director.


Pero lo verdaderamente destacable fue su destreza en la dirección, el ritmo que imprimió al conjunto, la brillantez de sus formas y la energía electrizante exhibida en todo momento. Un entusiasmo general que contagió a un público que abarrotaba el Maestranza, lo que nos hace reflexionar sobre el éxito de estas propuestas tan populares y mediatizadas, y la fascinación que siguen ejerciendo sobre la población estas evocaciones de lujo monárquico, romanticismo y vasallaje. Vamos, que la gente sigue soñando con príncipes y princesas, bailes de palacio y salones engalanados, algo que deberíamos hacernos revisar. Perlowski supo muy bien traducir este espíritu, sin aspavientos ni salidas de tono, y entre pieza y pieza nos hizo reír con sus ocurrencias, como invitar a una espectadora de primera fila a dirigir la si se quiere interminable coda que justifica el Perpetuum Mobile, o simular la salida del tren mediante una trompetilla en la polca El tren del placer, única pieza que se salió del repertorio habitual. Mucha agilidad y entusiasmo también en las populares polcas Tritsch Tratsch y Entre truenos y relámpagos, con la complicidad jovial y distendida de una percusión en ningún momento excesiva ni estridente. La respuesta de la Sinfónica a toda esta sensación de alegría fue excepcional, y la del público entusiasta. No se puede pedir más.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 4 de enero de 2022

SER LOS RICARDO Radiografía de un sistema enfermo

Título original: Being the Ricardos
USA 2021 132 min.
Guion y dirección
Aaron Sorkin Fotografía Jeff Cronenweth Música Daniel Pemberton Intérpretes Nicole Kidman, Javier Bardem, J.K. Simmons, Nina Arianda, Tony Hale, Alia Shawkat, Jake Lacy, Clark Gregg, Linda Lavin, Ronny Cox, John Rubinstein Estreno en Estados Unidos 10 diciembre 2021; en internet (Amazon Prime) 21 diciembre 2021


Tras el éxito el año pasado de El juicio de los 7 de Chicago, el director y guionista Aaron Sorkin (La red social, El ala oeste de la Casa Blanca) vuelve a radiografiar la política y sociedad norteamericana para poner en evidencia sus orígenes enfermizos a través de un fenómeno concreto, el show de televisión de los años cincuenta I Love Lucy. Nos cuenta así una historia de frustración, prejuicios y caza de brujas en una época crucial para la definición de la cultura que ha imperado en este mundo desde hace ya prácticamente un siglo. Partiendo del matrimonio formado por Lucille Ball y Desi Arnaz, la película de Sorkin se centra sobre todo en el personaje de ella, una mujer despierta e inteligente, sensual y aparentemente ecléctica a la que el sistema sin embargo marginó en papeles siempre cómicos con un punto mamarracho.

Tres ejes conforman el motor de esta cinta, la acusación de comunista de la protagonista, su embarazo y la salvación de su matrimonio, permanentemente amenazado por la promiscuidad sexual de él, un actor y músico de origen cubano que triunfó en Estados Unidos de la mano de su orquesta, el cine y los shows televisivos que primero protagonizó y luego produjo a través de la compañía fundada por él y su esposa, Desilu, detrás de la cual estuvieron también éxitos como Star Trek o Los intocables, antes de venderse y convertirse en Paramount Television. En este marco asistimos a la trágica crónica de una democracia, aparentemente la más sofisticada y adelantada del mundo por entonces, cuyo comportamiento tanto se asemejaba al de una dictadura que casi funcionaba como referente para gobiernos abiertamente totalitarios como Chile o España, según la época, como modelo en el que mirarse. Solo así se comprenden prejuicios como la diferencia de raza en el matrimonio como elemento ahuyentador de audiencia, el embarazo como fenómeno a ocultar en la televisión por sus connotaciones evidentemente sexuales, la simpatía por ideologías de izquierdas como factor de traición a la patria y el sistema, y otras circunstancias que hacían de la ciudadanía carne de presidio y marginación.

Con una férrea estructura que combina hábilmente episodios del pasado de la pareja y esa semana decisiva para sacar adelante el show, amenazado por las referidas acusaciones y el empeño del matrimonio por hacer valer sus opiniones y criterios por encima de los del productor y guionista de la serie, Jess Oppenheimer, asistimos a momentos relevantes de la vida de ambas estrellas, especialmente de ella, sensacionalmente interpretada con toda riqueza de matices y momentos de lucimiento excepcionales, por Nicole Kidman. Su frustrante carrera cinematográfica viene reflejada por su complejo de sustituta de Rita Hayworth (Su última danza) o Judy Holliday (Los apuros de Sally), a pesar de aglutinar éxitos como La Dubarry era una dama junto a Red Skelton, Un remolque larguísimo con el propio Arnaz, o ya en el último tramo de su carrera Tuyos, míos, nuestros con Henry Fonda, o el musical Mame, siempre explotando su vena cómica sin que se le permitiese abordar otros géneros para los que sin duda estaba dotada. Kidman encuentra en su meticulosa interpretación ese punto vulnerable y frustrado de la estrella, su innata inteligencia y su ingenio creativo, mientras Bardem nos ofrece otra de sus memorables actuaciones, en este caso atreviéndose incluso a cantar con resultados muy estimables. La música de Daniel Pemberton potencia en cada secuencia y situación la intensidad dramática que exige, mientras unos falsos testimonios de los tres guionistas de I Love Lucy imprimen carácter documental al agridulce conjunto.