lunes, 1 de julio de 2024

HENRY MANCINI EN ÚBEDA CON LA FILARMÓNICA DE MÁLAGA


No nos hemos podido resistir a acudir al concierto de clausura del Festival de Úbeda de este año. Visitar la monumental ciudad siempre vale la pena. Escuchar la música de Henry Mancini a toda orquesta en nuestro país resulta bastante complicado, y hacerlo en el centenario de su nacimiento, para nosotros un acontecimiento. Lo hizo el pasado sábado 29 de junio de la mano de la Filarmónica de Málaga, quizás la orquesta de nuestra comunidad que más arriesga y mejor se compromete con la lectura de otras disciplinas, las lleva por otras plazas e incluso las graba. Un ejemplo a seguir, que en este caso se traduce en un programa que la orquesta lleva paseando por otras ciudades desde hace aproximadamente un año, y que en Úbeda ha servido para clausurar su ya longevo festival con treinta y seis ediciones a la espalda. 
Una ciudad y un espacio, el hermoso Hospital de Santiago, que no son ajenos a la música de cine. Ya albergó un festival dedicado al género durante varios años a principios de este siglo, con la presencia de destacados compositores de un lado y otro del Atlántico.

Con José María Moreno, el apasionado y enérgico director mallorquín titular de la orquesta malagueña, la Filarmónica desplegó un programa en el que se alternaron versiones originales de su autor (Lujon, Lightly Latin de Mr. Lucky, Peter Gunn, La pantera rosa, El carnaval de las águilas) con piezas de concierto del homenajeado, grabadas con su orquesta u orquestas que en el mundo anglosajón denominan Pops (Royal Philharmonic Pops, Cincinnati Pops), como la versión ofrecida de Charada, March with Mancini, Strings on Fire, Ohio Riverboat u Overture to a Pops Concert que sirvió como propina, y arreglos específicos del pianista de jazz José Carra, colaborador de la formación en estos conciertos celebrados también en Rincón de la Victoria y Málaga. Suyas fueron las versiones de Días de vino y rosas en formato suite, El nuevo caso del inspector Clouseau, Querido corazón, un muy reducido Baby Elephant Walk y un muy inspirado Just for Tonight, ambos de Hatarí, también reducido e insuficiente el precioso Dos en la carretera, o ese Nothing to Lose que Claudine Longet cantaba en la más famosa fiesta hollywoodiense, la de El guateque.

Versiones que evidenciaron el buen conocimiento que Carra tiene del estilo y el espíritu manciniano, si bien con tendencia a una grandilocuencia que el compositor sólo empleaba en esos temas de concierto que servían en la mayoría de los casos para lucir las posibilidades de la orquesta. Del más querido de sus temas, Moon River, se optó por esa supuesta obertura cuyo hallazgo se adjudicó Luis Cobos en su disco dedicado a los Oscars en la década de los noventa del pasado siglo, y que sirvió también a Martínez-Orts para su último concierto con la valenciana Film Symphony Orchestra. Otro ejemplo de grandilocuencia mal empleada en la música de un compositor siempre caracterizado por su elegante y sutil glamour.

Una Pantera rosa con palmas y palillos del público, evidenciando el buen sentido del ritmo del que gozamos en Andalucía, sirvió como bis, dejando clara la versatilidad de la orquesta, su adaptación a otros lenguajes, como el jazz y la música ligera y melódica, y los magníficos resultados obtenidos, en algún caso mimetizando a la perfección las grabaciones existentes, como en Charada, Lujon (pieza utilizada en muchas películas, pero no concebida para ninguna en particular) o The Great Waldo Pepper March. El excelente comportamiento del público y el emblemático auditorio en el que se celebró, ayudaron a redondear una noche mágica y emocionante.

UN LUGAR TRANQUILO: DÍA 1 Para amantes de los gatos

Título original: A Quiet Place: Day One
USA 2024 100 min.
Dirección
Michael Sarnoski Guion Michael Sarnoski y John Krasinski Fotografía Patrick Scola Intérpretes Lupita N’yongo, Joseph Quinn, Alex Wolff, Djimon Hounsou Estreno en Estados Unidos y España 28 junio 2024

John Krasinski obtuvo su mayor éxito como actor y director hace cinco años con Un lugar tranquilo, película que a nosotros nos pareció tramposa hasta el infinito a pesar de partir de una base argumental bastante original. Aquello tuvo una continuación que en sus primeros minutos hizo pensar en una precuela, pero que después adoptaba el formato definitivo de secuela en toda regla. La verdadera y oportunista precuela llega ahora de la mano de Michael Sarnoski, cuya única incursión en la dirección cinematográfica fue una inspirada película de título Pig que a su vez supuso una de las mejores películas recientes del algo perdido Nicolas Cage. Esto, unido al hecho de que esta precuela sucede en Nueva York, con todo el posible añadido de espectacularidad 
que se espera de cualquier cinta apocalíptica ambientada en la ciudad de los rascacielos, nos hizo confiar en el posible interés de una película que finalmente sólo ofrece más de lo mismo.

Volvemos a enfrentarnos a esos alienígenas ciegos, que se mueven gracias a un oído súper desarrollado, lo que obliga a mantenerse muy calladito, si bien eso no les impide moverse con agilidad entre muros y obstáculos inanimados. Sarnoski intenta seguir las reglas básicas del género, empezando por la consecución de un objetivo exacto por parte de su heroína, por absurdo que éste nos pueda parecer. La única variable inteligente que aporta es una reflexión sobre la muerte, no importa lo que hagamos, siempre llega. N'yongo y un trajeado estudiante, interpretado por el televisivo Joseph Quinn, son los únicos protagonistas de una cinta en la que sobresale un gato extremadamente silencioso, encargado de generar algunos de los episodios de más tensión de la función.

En el camino se desaprovecha el carácter de génesis que tiene la trama, de forma que en lugar de asistir al proceso de descubrimiento de la población de cómo mantenerse a salvo, se presupone que todos y todas conocen ya el secreto de estos agresivos y sangrientos invasores. Sarnoski no sabe cómo innovar o aportar algo de personalidad a una cinta que se desinfla paulatinamente y acaba por provocar tanto desinterés como desidia absoluta. Ni siquiera destaca su carácter catastrofista, y al final sólo queda disfrutar con el gato, especialmente quienes sean amantes de ellos, que ya se sabe que en las redes sociales arrasan.

viernes, 28 de junio de 2024

MARC SOUSTROT PROTAGONIZA UNA DESPEDIDA DECIBÉLICA

11º Concierto de abono Ciclo Gran Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Pérez Floristán, piano; Marc Soustrot, dirección. Programa: Obertura festiva Op. 96, de Shostakóvich; Concierto para piano nº 3 en Mi mayor Sz.119, de Bartók; Sinfonía nº 9 en mi menor Op. 95 “Del Nuevo Mundo”, de Dvorák. Teatro de la Maestranza, jueves 27 de junio de 2024


Ha pasado más de un mes desde el último concierto de abono del ciclo Gran Sinfónico de la ROSS, aunque en este tiempo la hemos disfrutado en el concierto extraordinario de Juventudes Musicales y en la ópera Nabucco. Casualmente hemos tenido la oportunidad de reencontrarnos en una misma semana, por separado, con el director Lorenzo Viotti, que nos acompañó el pasado lunes junto a la Filarmónica de Viena, y el pianista sevillano Juan Pérez Floristán. Juntos protagonizaron un concierto de la ROSS en abril de 2015. Si no fuera por un colega de profesión no nos hubiéramos acordado de aquella ocasión en la que vaticinábamos un triunfal futuro para el suizo, mientras Floristán ha acumulado madurez y confianza, convirtiéndose en el excelente pianista que es hoy.

Para Marc Soustrot éste supuso su último concierto como director titular de la orquesta, que volverá a dirigir como invitado la próxima temporada. Para su despedida, el maestro eligió piezas muy enraizadas en el imaginario norteamericano. La de Shostakovich es una obra alegre y desenfadada cuyos acordes parecen imitar a las épicas películas hollywoodienses cuyo estilo tanto debe a los grandes compositores eslavos. Bartók posiblemente suavizó sus formas no sólo para adecuarse a las limitaciones de su esposa pianista, ni por aproximarse a sus últimos días de vida, sino por adaptarse a la estética estadounidense, el país en el que residía, menos proclive a fagocitar las corrientes vanguardistas que imperaban en el viejo continente. Y de Dvorák y su última sinfonía poco hay que añadir, sino que de alguna manera cimentó el estilo que tiempo después Copland acuñaría para desarrollar su música a la americana.

Sin embargo, esa sutileza y esa elegancia que siempre hemos asociado al maestro galo, surgió en menor proporción en este concierto de despedida, optando más por una exhibición decibélica y una estética apoteósica, aún a costa de someter el auditorio a una saturación acústica que en ocasiones se tornó incluso estridente. Nada que objetar en este sentido a esa Obertura festiva que Shostakóvich concibió por encargo en los años cincuenta para celebrar el aniversario de la Revolución. Abstrayéndonos de sus verdaderas intenciones, queda la lectura sin dobleces ni ironía de Soustrot, centrada en exhibir fuerza y alegría, con notables intervenciones de los metales, excepto las trompas, que no tuvieron ni en ésta ni en el concierto de Bartók, su mejor noche.

Floristán se reafirma concentrado y responsable

La última obra del autor de El mandarín maravilloso, es sin duda su concierto para piano más amable y distendido, también en lo técnico, aunque reviste las suficientes dificultades y merece la atención al detalle y a su intrincada expresividad que Floristán fue capaz de ofrecerle. El joven pianista se adaptó a su atmósfera tranquila de texturas impresionistas, respetando sus ocasionales resonancias perturbadoras y el ritmo obsesivo y exuberante que de vez en cuando aparece. Especialmente lúcido estuvo en el movimiento lento central, evocando esa hechizante yuxtaposición de radiante coral con una brillante música nocturna casi mística. El dominio del fugato y la vitalidad rítmica sin agresividad primaron en el allegro final. Pero lo mejor devino en la fluida complicidad entre solista y orquesta, gracias al mimo con el que Soustrot acompañó en todo momento. Como propina, parte del sentimiento y la delicadeza que impregnó en el Preludio en mi menor Op. 28 nº 4 de Chopin se perdió debido a las toses, ruidos inclasificables y recurrentes caídas de objetos que lo agredieron.

Soustrot despachó la Sinfonía del Nuevo Mundo haciendo un gran alarde de exhibición pirotécnica, ahora con las trompas más disciplinadas y una tendencia general a lo apoteósico, si bien echamos en falta más presencia de la cuerda grave, lo que acabó provocando un sonido más metálico de lo conveniente e incluso puntualmente estridente. Esto no impidió que el buen gusto del maestro asomara en páginas como el hermoso largo, todo un triunfo melódico del que batuta y conjunto extrajeron su potencial nostálgico y evocador, antes de enfrentarse a los continuos saltos en staccato del scherzo y al vigor y el dinamismo del finale.

Foto: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 26 de junio de 2024

DESCANSA EN PAZ Muertos en vida

Título original: Handtering av udode
Noruega-Suecia 2024 97 min.
Dirección
Thea Hvistendahl Guion Thea Hvistendahl y John Ajvide Lindqvist, según la novela del segundo Fotografía Pal Ulvik Rokseth Música Peter Raeburn Intérpretes Renate Reinsve, Anders Danielsen Lie, Bahar Pars, Bjorn Sundqvist, Bente Borsum, Jan Hrynkiewicz, Inesa Dauksta, Olga Damani, Dennis Ostry Ruud Estreno en el Festival de Sundance 20 enero 2024; en Noruega 9 febrero 2024; en España 19 junio 2024


Promocionada como un nuevo giro en el cine de terror, en línea con otras películas del género en los países nórdicos como Border o Déjame entrar, Handling the Undead (Manejando los muertos), título internacional más apropiado que la traducción española, víctima de las habituales connotaciones religiosas que nos persiguen, pretende decir algo nuevo sobre los no muertos, dándole en cierto modo la vuelta a partir de los muertos en vida
Son ellos y ellas, quienes han padecido una pérdida insuperable, quienes dan la perspectiva en esta película atmosférica, pretenciosa en sus delirios poéticos y al margen del terror convencional, en la que una nueva oportunidad se les brinda en forma de peligrosa relación con esos seres sobrenaturales que desde antaño jalonan nuestras pantallas.

El problema reside en que su debutante directora, y seguramente la novela en que se basa, cuyo autor se permite una intervención fugaz como actor, no sabe desarrollar tan estimulante material, sometiéndolo primero a una narrativa algo exasperante, y terminando por no provocar un estímulo intelectual suficientemente sólido, así como dejando la conclusión algo inacabada o irresoluta.

Entre los intérpretes destacan los protagonistas de La peor persona del mundo, Renate Reinsve y Anders Danielsen Lie, este último actualmente en pantalla dando vida al esposo de Jessica Chastain en Vidas perfectas. En Sundance recibió el premio a la mejor banda sonora, un trabajo místico y misterioso del compositor británico de origen sudafricano Peter Raeburn (Años de sequía, Tu fotografía), curtido en el cine de Jonathan Glazer.

DEL REVÉS 2 Las emociones que nos definen

Título original: Inside Out 2
USA 2024 96 min.
Dirección
Kelsey Mann Guion Kelsey Mann, Meg LaFauve y Dave Holstein Música Andrea Datzman Voces (en versión original) Amy Poehler, Maya Hawke, Kensington Tallman, Liza Lapira, Tony Hale, Lewis Black, Phyllis Smith, Ayo Edebiri, Lilimar, Grace Lu, Sumayyah Nuriddin-Green, Adèle Exarchopoulos, Diane Lane, Kyle MacLachlan, Paul Walter Hauser, Ron Funches, James Austin Johnson, Yvette Nicole Brown Estreno en Estados Unidos 14 junio 2024; en España 19 junio 2024

Casi una década después del éxito de Inside Out (traducción literal: Desde dentro), surge su inevitable secuela. En la ficción ha pasado menos tiempo y la protagonista sufre la transición de la pubertad a la adolescencia, con nuevas emociones y otro pretexto para psicoanalizar al ser humano desde la perspectiva más descaradamente occidental y neoliberal. Hemos pasado de la familia tradicional a los retos propios de una clase y una educación abocada al éxito, a la superación y a la competencia. Afortunadamente ésta surge en el ámbito del deporte, mientras el miedo al rechazo, la inseguridad y el cambio de amistades y de ambiente se convierten en el acicate para que la que fuera niña y ahora jovencita con acné y aparato en los dientes, acumule en su interior nuevas voces.

Así, la envidia, el aburrimiento (con aspecto de Juliette Greco y voz afrancesada de Adèle Exarchopoulos), la vergüenza y sobre todo la ansiedad, se suman a la alegría, la tristeza, el miedo, la ira y el asco que ya protagonizaban la anterior entrega. La meta seguirá siendo la búsqueda y consecución de la felicidad, esas bolas amarillas que acumula Alegría y que la convierten en auténtica preservadora del bienestar y la buena educación de la joven desorientada a la que el guion y la historia del debutante Kelsey Mann, a partir del original de Pete Docter a su vez inspirado sin duda en aquel episodio de Todo lo que usted quería saber… de Woody Allen, someten al psicoanálisis más riguroso y peliagudo.

De esta forma, aunque la sorpresa ya no abunda, sigue habiendo imaginación y creatividad, y una factura técnica que de tan perfecta, evidente sobre todo en los partidos de hockey sobre hielo, ya no merece ni atención. Por su parte, la compositora Andrea Datzman se adapta a las nuevas aventuras aprovechando al máximo los temas originales de Michael Giacchino para la anterior entrega.

martes, 25 de junio de 2024

GLORIOSA LLEGADA A META DE LA FILARMÓNICA DE VIENA

Gran Selección. Orquesta Filarmónica de Viena. Lorenzo Viotti, dirección. Programa: Capricho español Op. 34, de Rimsky-Kórsakov; La isla de los muertos Op. 29, de Rachmáninov; Sinfonía nº 7 en re menor Op. 70, de Dvorák. Teatro de la Maestranza, lunes 24 de junio de 2024

Foto: Guillermo Mendo

Era la de la Filarmónica de Viena una cita a la que acercarse con mucha ilusión, pero a la vez con toda clase de prejuicios. Podía pensarse que la inclusión del Capricho español era un detalle con el público español, pero lo cierto es que el programa no se ha alterado en ninguna de las plazas que han recorrido en esta gira por Europa. Podía pensarse que para la ocasión la famosa orquesta se limitaría a eso que en la jerga del espectáculo llamamos bolos, pero ni la obra de Rachmaninov ni la de Dvorák son piezas convencionales y fáciles como para encajar en ese concepto. Y cabría pensar que Lorenzo Viotti fue el elegido para esta gira por su vinculación a Suiza, su país natal y sede de la famosa empresa de relojes de lujo que patrocina a la orquesta, dada su juventud y su currículum todavía algo escueto. Pero la verdad es que derrochó talento, madurez y capacidad en este sensacional y estremecedor concierto.

Un encuentro con una orquesta mítica, que no pisaba nuestro suelo desde septiembre de 1992, cuando Sevilla ofreció el programa musical más envidiable que pueda imaginarse y Abbado se puso al frente del conjunto para dirigir Haydn y la Titán de Mahler, y que culminó aquí una gira que en los últimos días les llevó a Oviedo para celebrar el cuarto de siglo del Auditorio Príncipe Felipe y al Festival de Granada. Una llegada a meta gloriosa, sin atisbo de desfallecimiento, plagada de satisfacciones y momentos para el recuerdo, como cuando lanzaron un olé en pleno Rimsky-Korsakov, como si del mambo de Bernstein se tratara, dejando clara su tendencia a esas bromas musicales que salpican sus icónicos conciertos de Año Nuevo.

Lorenzo Viotti, con voz propia y mucha confianza

La batuta invitada para la ocasión tan sólo tiene un año más que el Teatro de la Maestranza, y sin embargo goza ya de una sabiduría y unas ideas tan claras que resulta envidiable. Su bagaje pasa por ser hijo del reconocido operista Marcello Viotti, ganar un puñado de concursos internacionales, practicar otras disciplinas como el jazz y el rock, y haber dirigido la Orquesta Gulbelkian durante cinco años y la de los Países Bajos desde 2021. Ciertamente no parece mucho para quien recibe el honor de acompañar por toda una gira internacional a la Filarmónica de Viena, forjada y definida desde su creación hace casi doscientos años por las más insignes batutas imaginables.

Podría pensarse que su atractiva presencia influyera decisivamente. Sin embargo, su presteza y su talento quedaron marcados ya desde los primeros acordes de un Capricho español exuberante y enérgico, henchido de ideas frescas, virtuosismo y un alarde pirotécnico preciso y reservado. Tras una muy animada alborada inicial, el canto lírico de las variaciones fluyó con una elegancia inusitada, quizás lo mejor de la propuesta. Los solistas se lucieron a gusto, con el violín encandilando en el canto gitano y la cuerda arropando con tersura y decisión en el fandango final, hasta desembocar en una alborada endiablada sin pérdida alguna del control.

Tras tanta alegría, el contraste absoluto llegó de la mano de Rachmaninov y una Isla de los muertos generosa en embrujo, intriga y pasión. Viotti optó aquí por acentuar más el carácter agónico de la pieza que el más puramente terrorífico, haciendo acopio de una paleta orquestal rica y muy contrastada, y haciendo de esta confrontación con la muerte una exhibición reflexiva y sutil sobre el pasado y el inevitable futuro, con una emotiva pausa en las apaciguadoras figuraciones centrales en las que destacan el clarinete y la suavidad de la cuerda. Hubo quizás menos drama pero mucha angustia e intensidad emocional, un trabajo excepcional con las dinámicas y crescendi absolutamente magistrales que llevaron a la orquesta al delirio bien controlado en más de una ocasión.

Foto: Herminia Roldán

Con la Sinfonía nº 7 de Dvorák, Viotti acentuó sus deudas con el espíritu brahmsiano que la informa, especialmente en un allegro inicial caracterizado por su majestuosidad, la robustez que le otorgan los ocho contrabajos empleados y una extraordinaria descarga de energía. Hubo drama y mucha gravedad, seguido de un adagio exquisito, rico e inspirado, potenciando ahora sus influencias wagnerianas, dechado de lirismo y emoción. Los acentos más puramente checos hicieron aparición en un scherzo de ritmo frenético y atención inusitada a los detalles, hasta desembocar en el estilo rapsódico del allegro, con metales y maderas exhibiendo todo su potencial e insuflando vitalidad y ritmo a una página desplegada así con sentido de la mesura pero sin sacrificar expresividad.

En el ambiente se pudo respirar un gran respeto por una ocasión única e irrepetible, tanto en la vestimenta de la mayoría como en el elegante y oportuno comportamiento, aunque no faltaron toses y exabruptos. Los acalorados aplausos merecieron como propina la Danza húngara nº 1 de Brahms, de la que Viotti ofreció una lectura muy trabajada y contrastada a nivel de dinámicas, sin perjudicar su elegante vitalidad. Ahora, los maestros y maestras tienen un mes por delante para descansar antes de incorporarse al Festival de Salzburgo.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 22 de junio de 2024

FIN DE CURSO CON MATRÍCULA DE HONOR

Concierto de clausura del curso 23/24 de la Universidad de Sevilla. 8º concierto de la temporada XIII de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ike Christine Zwaan, arpa; Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Danse sacrée et danse profane, de Debussy; Sinfonía nº 2 en mi menor Op. 27, de Rachmaninov. Auditorio E.T.S. Ingeniería, viernes 21 de junio de 2024


Otro fin de curso universitario sin que ninguna autoridad académica otorgara al evento, celebrado como la inauguración con un concierto de música clásica, la dignidad y la categoría que merece. Menos mal que ahí están los y las jóvenes integrantes de la extraordinaria Sinfónica Conjunta, y su inimitable director, para dar relieve y consistencia a una fecha tan celebrada, este año además coincidiendo con el Día Internacional de la Música. En los atriles una obra fundamental del romanticismo tardío ruso, libre definitivamente de cualquier atisbo de prejuicio, la Sinfonía nº 2 de Rachmaninov, que además de constituir en su momento el salvavidas de su autor, es una pieza majestuosa y espectacular que puede provocar el desorden y el caos si no se articula convenientemente y se es capaz de dosificar todos sus ingredientes para ofrecerla de forma clara y organizada. Pero ahí está Juan García, joya indiscutible de la dirección musical en nuestra ciudad, para lograr de nuevo el milagro y conseguir que una orquesta de estudiantes y principiantes, con algún apoyo magistral camuflado entre sus filas, suene como un conjunto profesional y absolutamente disciplinado, convergiendo en una lectura sobresaliente de tan emocionante página.

Pero antes la joven arpista holandesa, afincada en Sevilla, Ilke Christine Zwaan, hizo una lectura delicada y envolvente de las Danzas para arpa y orquesta de cuerda de Debussy. Se trata de dos piezas breves y encadenadas, encargo de la Casa Pleyel para promocionar un arpa cromática que no llegó a cuajar. Se interpreta por lo tanto con el arpa tradicional, que da ese toque impresionista cultivado por su autor, con el añadido refinado y grave que le otorga su acompañamiento orquestal, a todo lo cual estuvo muy atento García y la versión reducida de la orquesta. Juntos, con la aportación reluciente de Zwaan,  acuñaron el aire místico y discreto, dulce y velado, de la danza sagrada, mientras el elegante ritmo del vals lento que caracteriza a la profana, se deslizó con destreza y calidez.


Con el pabellón tan alto que dejaron en su momento Halffter y la ROSS, y la interpretación que volverá a protagonizar la formación sinfónica hispalense la próxima temporada, la de la Conjunta fue una versión ejemplar, emotiva y emocionante de la Segunda Sinfonía de Rachmaninov, tan grandiosa como inspirada en todos sus resortes, a la que García prestó una atención inusitada y un respeto extraordinario. Alrededor de noventa jóvenes alcanzaron un éxito rotundo con su lectura expansiva y lujuriosa de la célebre página, arrebatadora y apasionada. García ofreció un desarrollo narrativo rico y preciso, con la complicidad de todas las familias orquestales, técnicamente impecables, incluidos los temidos metales, e intervenciones tan sobresalientes como las de Pablo Forte al clarinete, Pablo Moreno a la trompa o Jordi Tur a los timbales.

Con su visible energía habitual, García trabajó con ahínco el juego armónico y contrapuntístico de la partitura, logrando transmitir al oyente toda su carga dramática, amenazante en el allegro inicial, vitalista en el scherzo, noble e inspirado en el hermosísimo adagio capaz de hacernos llorar, resplandeciente, lleno de color y alegría, en el allegro final. Destacaron unas texturas muy trabajadas, que dieron al conjunto ese aire épico y espectacular caracteristico del sonido hollywoodiense que acuñaría este estilo en sus producciones clásicas vía Korngold y Steiner, o directamente con adaptaciones del muy querido en Estados Unidos compositor ruso. Un concierto de cinco estrellas, o en argot universitario, de matrícula de honor.